La imaginación ofrece a la razón, en sus horas de duda, las soluciones que ésta en vano sin su ayuda busca. Es la hembra de la inteligencia, sin cuyo consorcio no hay nada fecundo”.
José Martí

martes, 15 de junio de 2010

José Olallo Valdés: primer santo cubano


Por Leonardo Venta

Fray. Orlando Barrios Otero, ex Superior de la Comunidad de los Hermanos de San Juan de Dios de la Orden Hospitalaria de la Clínica San Rafael en el Distrito Federal de México, fue quien nos informó primero en una de sus visitas a Florida sobre la decisión del Vaticano de autorizar la beatificación del Fraile cubano José Olallo Valdés de dicha Orden.

Con motivos de la celebración del centenario de la muerte del Padre Olallo, en marzo de 1989, un grupo de laicos, junto al obispo de Camagüey, Monseñor Adolfo Rodríguez Herrera, y hermanos de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios en Cuba, manifestaron su deseo de llevar a cabo el Proceso de Canonización del Padre Olallo; también ansiaban que se volviera a establecer en esa provincia una comunidad juanina.

En marzo de 1990, se abrió el Proceso Canónico Diocesano y, un año después, se dio a conocer la Promulgación del Decreto de Aprobación por parte de la Congregación para la Causa de los Santos. Asimismo, se abrió nuevamente en la ciudad de Camagüey el Hogar de Ancianos “Padre Olallo”, al cuidado de los hermanos hospitalarios.

Con las buenas nuevas "se aprobó el milagro atribuido" al Padre Olallo y se inició la organización de la ceremonia de beatificación en la ciudad de Camagüey. Éste es el primer beato para la Iglesia Católica cubana, a quien se le atribuye, según la Iglesia, "la curación de la niña Danielita Cabrera Ramos".

Olallo Valdés nació el 12 de febrero de 1820. Un mes más tarde fue depositado en la Casa-Cuna de San José de La Habana, donde el 15 de marzo del mismo año fue bautizado.

A los 15 años de edad ingresó en la Orden de San Juan de Dios. Después de consumar los votos perpetuos, se trasladó a Camaguey (antiguo Puerto Príncipe) para asistir a los afectados por el cólera morbo durante la epidemia de 1835, quedándose después como enfermero en el hospital.

Durante 54 años, con el carisma de la piedad y la misericordia, atendió a pobres y enfermos, hasta el 7 de marzo de 1889, fecha de su muerte, un día antes del aniversario del nacimiento de San Juan de Dios, su Padre fundador. En la ciudad de Camagüey, donde desarrolló toda su obra hospitalaria, fue elevado a los altares a principios de noviembre de 2008.

Una de las historias que más lo vinculan con esta ciudad es aquella que narra cómo rescató el cadáver del General Ignacio Agramonte y Loynaz. Se narra que con su propio pañuelo limpió el rostro ensangrentado del héroe ante la mirada estupefacta de los militares españoles.

Así evoca Juan Torres Lasqueti, bienhechor del hospital por ese tiempo, el espíritu del Siervo de Dios: “De carácter bondadoso, dulce y afable por naturaleza, y de verdadera vocación para el desempeño de sus funciones hospitalarias, vive exclusivamente dedicado al cumplimiento de la fatigosa tarea de enfermero mayor, que no descuida ni de día ni de noche, sin dejar por eso de atender, curar y proporcionar hilas y medicinas a cuantos enfermos pobres y necesitados acudan a su celda en solicitud de sus auxilios (…)”.

Fray. Orlando Barrios Otero, por su parte, afirma: “Esta ha sido una gran noticia para los naturales de Cuba, nos hace sentir bendecidos por Dios, y más aun, ya que perteneció a nuestra Orden Hospitalaria de San Juan de Dios. Siguiendo los pasos de Nuestro Padre fundador, se entregó por completo a favor de los más pobres y necesitados, cubriendo las necesidades de los enfermos que en aquellos tiempos acudían a él”.

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