La imaginación ofrece a la razón, en sus horas de duda, las soluciones que ésta en vano sin su ayuda busca. Es la hembra de la inteligencia, sin cuyo consorcio no hay nada fecundo”.
José Martí

domingo, 28 de octubre de 2018

La herencia literaria latina

Lucio Livio Andrónico introdujo en Roma los géneros griegos épico, lírico y dramático, por lo que se le considera el fundador de la poesía épica y dramática latina.
Por Leonardo Venta

             En su excelente obra La Civilización Romana, el historiador y latinista francés Pierre Grimal (1912-1996), resume la herencia cultural de la Antigua Roma partiendo de "una zona brillante entre las tinieblas de la prehistoria italiana y las no menos densas en que la descomposición del Imperio sumergió al mundo occidental".
            Por su parte, el académico escocés John William Mackail (1859-1945), al analizar la herencia literaria latina, afirma que "la misión y la obra de Roma fue la transformación de la cultura griega en una sustancia apta para su uso universal", así como que "en la literatura es donde el espíritu de la raza latina ha logrado su expresión más completa".
            La tradición fija los orígenes de Roma en la fundación de la ciudad, atribuida a Rómulo, en el año 753 a.C. La hostilidad de los pueblos que la circundaban y la necesidad de adquirir nuevas tierras laborables transformaron a este pueblo agricultor en otro guerrero. Cada ciudadano era un soldado que integraba las filas de un ejército con ambiciones de expansión y conquista.
            Desde tiempos inmemoriales existieron en Roma dos clases sociales: los patricios y los plebeyos. Los primeros integraban los órganos del gobierno: el rex (en el período de la monarquía) y los cónsules, en la República; el Senado, integrado por trescientos patricios; los comicios curiales, que se reunían para discutir y resolver los problemas comunes; así como los colegios sacerdotales y las prácticas de culto.
            Los plebeyos, tal vez una clase formada en sus inicios por extranjeros, permanecían fuera de la organización de los patricios; en otros términos, no pertenecían al pueblo romano, no tenían derecho de ingreso a la tierra pública y estaban privados de derechos políticos. Si bien, individualmente eran libres, podían poseer territorios y estaban obligados a pagar impuestos y cumplir el servicio militar. Por su constante crecimiento, se convirtieron en un peligro para el antiguo populus, constituido por el conjunto de los ciudadanos romanos (civis) y cuya cifra fue languideciendo.
            Muy pronto se entabla una pugna entre patricios y plebeyos. El curso de ascenso de una parte de la plebe se inicia con la Constitución del rey Servio Tulio (578-534 a.C.), que crea los comicios centuriados, organización de carácter militar, que comprende a todos los hombres –lo mismo del populus que de la plebe– y que los obliga a prestar servicio militar, divididos en clases según la fortuna que poseen.
            En las primeras décadas del siglo III a.C., Roma domina toda Italia. Ha llegado a someter, entre otros pueblos vecinos, a las ciudades de la Magna Grecia, la zona colonial griega que se hallaba en la Italia meridional. La ciudad de Tarento, la última en capitular, fue tomada el año 272 a.C. Allí fue hecho prisionero y llevado a Roma como esclavo, el joven poeta heleno Lucio Livio Andrónico, que habría de iniciar a la juventud romana en el conocimiento de la literatura griega. Introdujo los géneros griegos épico, lírico y dramático, por lo que se le considera el fundador de la poesía épica y dramática latina.
            Al extender su poder por Italia, Roma somete paulatinamente a pueblos de civilizaciones más adelantadas (etruscos, itálicos del centro de la península, griegos del sur), de los cuales recibió significativas influencias que supo incorporar a su propio cosmos cultural y transmitir más tarde a los pueblos romanizados.
            En literatura, lo poco que se conoce de manifestaciones de carácter poético anteriores al siglo III a.C., nos remite a la existencia de fórmulas rítmicas, en verso saturnio, único empleado en los tiempos primitivos por los pueblos de la Italia central. Estas fórmulas de composición poética, que se transmitieron en forma oral de generación a generación, comprenden plegarias y cantos religiosos, como era el canto de los Hermanos Arvales, que honraban a la Dea Dia, antigua deidad agrícola
            Datan también de esa etapa los cantos heroicos, que se entonaban en los banquetes públicos y en los que se ensalzaban las virtudes de los antepasados y de los héroes. Por otra parte, los cantos de triunfo –en honor de los vencedores– y las neniae o cantos fúnebres –en honra de los difuntos– comprendían los aludidos rituales.
            Representaciones primitivas de un arte escénico popular se registran en el marco de las fiestas agrícolas, matizadas por un despliegue de improvisación y creatividad. La bufonada, la obscenidad, la sátira, la mascarada interactúan libremente. Estas expresiones escénicas enriquecieron la literatura latina. La mezcla de bailes, coplas y mímicas ataviaban lo mismo una acción dramática que satírica.
            Los juegos religiosos de Roma (ludi), con sus danzas, exhibiciones, concursos atléticos, carreras y combates de gladiadores adquirieron su forma sistematizada de los etruscos. De sus tierras llegaron a Roma los flautistas (tibicines), los danzarines de mimos (histriones), los usos de las máscaras (persona). La tradición afirma que en el 364 se originó una intrusión masiva de componentes etruscos (para conjurar una peste pertinaz), de donde probablemente provienen las raíces del teatro latino (Tito Livio, VII, 2).
            Los cantos fesceninos y las saturae son, por consiguiente, las formas dramáticas populares con que se recrearon los romanos antes de la llegada del teatro griego, en el siglo III a.C. Luego de la evolución de las primeras manifestaciones poéticas romanas, en gran parte plebeyas, las grandes obras latinas aparecen estrechamente vinculadas con la aristocracia política y religiosa.
            Los aristócratas escriben sus memorias (commentarii), la custodia de archivos (acta), los libros de cuenta (tabulae), entre otros, que se conservan en las pertinentes magistraturas. Entre estos documentos, sobresalen los Anales de los Pontífices, donde se registraban anualmente los acontecimientos más importantes de la historia de la ciudad. Igualmente, las grandes familias tenían sus archivos privados (stemmata, especie de árbol genealógico), las inscripciones que acompañaban los retratos de los antepasados notables (tituli imaginum), que comprendían los panegíricos pronunciados en sus exequias y los grabados sobre sus monumentos funerales. Hasta nuestros días han llegado las inscripciones de los Escipiones, que constituyen una valiosa fuente para descifrar los orígenes de Roma y de la lengua latina.
            Sin embargo, no florecerá una forma artística depurada de la literatura latina hasta más tarde, cuando la lengua logra asimilar los modelos griegos. "El derecho, en cambio
–afirma el latinista Jean Bayet –, al desarrollarse desde una base sustancialmente latina, formuló pronto sus principios de modo tan original, que puede considerarse la primera expresión artística de la prosa latina". La Ley de las XII Tablas, primera codificación de leyes, válida tanto para patricios como para plebeyos, redactada por los decenviros a mediados del siglo V a.C., es la primera manifestación de la prosa latina con carácter de excelsitud. Caracterizada por el rigor de sus procedimientos, así como por la concisión y claridad de su lenguaje, es el ideal cultural de la sobriedad, la fuerza y la autoridad del carácter romano.
            No podemos arriesgarnos a afirmar que existiera antes del siglo III a.C. una verdadera literatura latina. No había condiciones ni intención ni juicio de carácter estético para operar en el campo literario. En sus orígenes, el latín era uno de los dialectos que se hablaban en la Italia central, para luego irse fortaleciendo durante los siglos de expansión de Roma por la península. Al consumarse la conquista de Italia, no era todavía un instrumento bruñido para una expresión artística elaborada. Las prácticas literarias fundacionales requerirían de un mayor desarrollo cultural del pueblo romano, la asimilación de la portentosa cultura helena, y el advenimiento y progresión de escritores, como el susodicho Lucio Livio Andrónico, dedicados a su perfeccionamiento.

sábado, 27 de octubre de 2018

"Juana lunera cascahabanera" o el contrahecho mito de lo cubano

El volumen Traficantes de belleza, 1998, recoge el cuento "Juana lunera cascahabanera",  sobresaturado de clichés dirigidos a desvirtuar la esencia de lo cubano  
Por Leonardo Venta 

             Se dice que los libros de Zoé Valdés suspiran por La Habana. De eso no estoy plenamente convencido. Habría que analizar qué clase de suspiros son los exhalados y si realmente son genuinos.
             En 1998, la Valdés publicó el volumen Traficantes de belleza, que reúne quince cuentos de extensión diversa, entre los que he seleccionado "Juana lunera cascahabanera" para imbuirme en el tema de los susodichos habaneros suspiros.
            A partir de esta reseña, algunos tendrán su primer contacto con el cosmos creativo de esta escritora cubana de 59 años, exiliada en París desde hace casi tres décadas; mientras otros, familiarizados con su obra, podrán recorrer conmigo, desenfadadamente, el sendero al que la escritora parece querer encaminarnos, y así establecer sus propias conclusiones sobre la narración que hemos de utilizar como muestra de una producción más vasta pero no por eso en su esencia diferente
            El cuento trata sobre una negra coqueta de cincuenta años, que se conserva muy bien, llamada Juana, a quien le entró súbitamente la idea de retratarse en su Habana, luego de dos décadas que no lo hacía, debido a la escasez de las cámaras y otros aparejos relacionados con la fotografía.
            Juana decide salir a la calle en búsqueda de un fotógrafo y, con ese propósito, se da un buen baño. La narradora detalla la manera jocosa en que se acicala para lanzarse a su aventura. A través de este episodio, la voz narrativa aborda el tema de la carestía de ropa y el carácter obsoleto de la moda en Cuba.
            Al salir, Juana se encontró con el anhelado fotógrafo en la esquina de su casa, un extranjero descrito con todos los atributos de un turista de la sociedad de consumo. Al momento del inusitado encuentro, éste estaba retratando a unos vecinos de la presumida mujer. Después que terminó su maniobra, Juana intentó atraer desesperadamente su atención, empinando las nalgas y colocando los labios y las cejas en forma ridícula. No obstante, él la ignoró.
            Con La Habana de fondo, el hablante narrativo atrapa la imagen de los cándidos isleños mediante el empleo de lentes extranjeros; los cuales parecen acercarse a ellos de la manera tradicional en que un antropólogo se allega a animales o a ciertas tribus lejanas y exóticas. Se nos antoja europea la mirada que ofrece la voz narrativa, particularmente afrancesada, en su histórico afán de examinar lo afrocubano con la curiosidad antropológica que hemos mencionado.
            Esa manera de mostrar a los habaneros como especies de un zoológico primitivo ha originado juicios desfavorables sobre Zoé Valdés. El escritor y periodista Fernando J. Hugo afirma al respecto: "En todo caso el común denominador en los relatos de Traficantes… son ciertos rasgos que desde hace algún tiempo tipifican la narrativa de Zoé Valdés como un producto turístico y folklórico dirigido fundamentalmente al mercado europeo".  
            En "Juana lunera cascahabanera" se establecen puntos de referencia negativos de los cubanos en la Isla mediante expresiones como "¡Qué cantidad de gente vagueando, caballero!". Se les tilda de promiscuos, pendencieros, exhibicionistas y alardosos. Valdés recrea indiscriminadamente estereotipos de sus compatriotas para vender una literatura sensual, erótica, inescrupulosa que se orienta hacia la comercialización e ideas demasiado formularias.
            De esa misma forma, elabora un mito que no debemos aceptar, aunque no los envíe desde la capital gala, envuelto en reluciente satinado y perfumado papel europeo, decorado con tiernas florecillas y colosales elegantes lazos. Sí, Zoé Valdés nos despacha este subliminal neocolonial  paquete. No los expide una cubana, a quien no le importa crear infundados frívolos arquetipos de sus connacionales. Esta especie de mito perfila al cubano como un ser caliente, sensual, indolente, de moral relajada.
            Las generalizaciones negativas que espolea son, más bien, propias del positivismo determinista, tan ligado al naturalismo de finales del siglo XIX, que establece que la naturaleza del ser humano, sin derecho albedrío, es determinada por la herencia genética y el medio en que vive.
            La autora de Traficantes de belleza no titubea en bombardearnos con una imagen inescrupulosa de la sociedad del país en que nació, con el lucrativo afán de sufragar los propios costosos gastos que implica subsistir en la sociedad europea que le ciñe. Leamos nuevamente lo que tiene que decirnos el señor Lugo sobre los textos de Zoé Valdés: "Resulta que ahora ya no somos más que unos supersensuales, supersabrosones… y por añadidura proclives a formar el relajo donde quiera y como quiera que se presente la ocasión".
            Juana prosigue su recorrido en búsqueda del anhelado fotógrafo. Se tropieza con las hijas de su amiga Lola. Entra en El Floridita. Sale de allí frustrada. Se dirige hacia los portales del Centro Asturiano. La necia mujer –cubana, no francesa– decide dirigirse en ómnibus a Cojimar. Allí tampoco encuentra a nadie que la fotografíe.
            Vuelve decepcionada a La Habana Vieja. Cuando ya la noche y su ánimo se hundían, se encontró con alguien que retrataba a una pareja de "besuqueadores". A este fotógrafo, de porte ridículo, le pidió desesperadamente una foto. Éste aceptó, pero con la condición de que Juana le retratara primero. Al intentarlo ella, ya el último rollo de fotografía se había acabado. La mujer se desplomó entre una mezcla de agravio, cansancio y decepción, golpeándose la sien sobre un pico afilado del arrecife del malecón habanero. De esa manera murió. Finalmente, la voz narrativa lanza una sentencia sobre los sueños habaneros: "No hay que obsesionarse –y agrega– pues pueden ser benditos o malditos oráculos".
            La idea del cuento pudiera considerarse jocosa. Sin embargo, es lamentable que la narración esté sobresaturada de prejuiciosos clichés, que las descripciones sean excesivamente esquemáticas y especulativas, dirigidas hacia un mercado, que, en su mayor parte, sólo conoce el contrahecho mito de lo cubano.

Réquiem - Silvio Rodríguez

viernes, 26 de octubre de 2018

Freddy Montes será homenajeado en la Gala del 20.° Aniversario de CDC

Freddy Montes es sobrino del legendario Bebo Valdés y primo del no menos icónico Chucho Valdés 

Por Leonardo Venta 

              El Centro Comunitario del Área de la Universidad (CDC, por sus siglas en inglés), ubicado en el 14013 N 22nd Street, Tampa, Florida 33613, anuncia una espectacular fiesta de máscaras el sábado, 3 de noviembre, en celebración de su 20.º Aniversario, presentada por Florida Hospital Tampa, en un evento en el que no faltarán detalles tan seductores como una galería con demostraciones de arte en vivo, subasta silenciosa, cena y baile, barra de martini, postres, así como la oportunidad de fumarse un puro bajo las estrellas, arrobados por la excelente música de destacados artistas en vivo.
            El eminente percusionista, compositor, arreglista y cantante cubano Freddy Montes –sobrino del legendario Bebo Valdés y primo del no menos icónico Chucho Valdés– recibirá el reconocimiento "Legado de campeones" en el evento, junto a otras personalidades de nuestra comunidad, por su gran aporte a CDC. A raíz de este homenaje, entablamos una conversación con Montes que  ha cobrado felizmente forma de entrevista.


Eres muy popular entre nosotros, pero para quienes son nuevos en nuestra comunidad, ¿cómo le gustaría a Freddy Montes ser presentado?

Me gustaría que me presentaran como una persona sencilla que ama lo que hace, mi carrera o profesión: la música.

¿En qué parte de Cuba naciste y dónde resides actualmente?

Nací en el municipio habanero de Marianao, pero me inscribieron en Quivicán. En La Habana también nació mi madre y es de donde proviene esta familia Valdés . Actualmente resido en Tampa.

Vienes de una familia de grandes músicos, ¿pudieras sintetizarnos su relación contigo e  influencia en tu carrera?

Tenemos una relación familiar sumamente compenetrada, pues a petición de mis abuelos maternos se adquirió una casa bien grande para tratar de mantener a todos los hijos y nietos juntos, o la mayor parte de miembros posibles. Fue una casa muy alegre y con mucho amor, donde ya alrededor de las siete de la mañana se escuchaban estudios de música clásica y afuera la radio con guarachas, sones, boleros, danzones y toda una gama de ritmos de esa época.

¿Cómo descubres y evoluciona tu vocación artística?

Tuve facilidad desde muy pequeño para retener tanto la melodía como la orquestación de piezas clásicas o populares. Bebo [Valdés] lo comenta en la casa y es mi primer maestro de música y me califica como "show man", porque me gustaba mucho bailar. Después, la maestra Chiquitica Herrera me da un impulso muy alto con clases de solfeo y teoría, con el contrabajo como instrumento. Estos fueron mis inicios.

¿Te acompañas siempre de la guitarra o utilizas otros instrumentos?

La guitarra es el instrumento que preferiblemente más ejecuto, pero toco otros instrumentos casualmente para acompañarme.

¿Puedes hablarnos de tu repertorio?

Es muy diverso. Abarca numerosos géneros y estilos, tanto música para escuchar como bailable. Trabajo música pop, funk, blues, jazz, latin jazz, samba, bossa nova, merengue, plena, cumbia y ritmos cubanos y caribeños.

¿Qué significa para ti este reconocimiento en la celebración del 20.º Aniversario de CDC?

Lo recibo con regocijo y mucha alegría, por su esencia de contribución a una causa de apoyo al servicio social. Estoy satisfecho de haber sido elegido en mi campo –el musical–, el cual ayuda, construye, mejora, crea y desarrolla el futuro de nuestros jóvenes en su educación. De mi parte, han sido veinte años de enseñanza.

Tengo entendido que diriges un grupo llamado “Freddy Montes y su Son”. ¿Todavía sigues integrado a esta agrupación?

Mi agrupación musical está activa y hay mucho todavía por hacer.

Sé que enseñas música, ¿cómo te iniciaste en esa práctica?

En Tampa, comencé a impartir clases de guitarra y tambores en Paragon Music Center, con solfeo y teoría. Después, fui incursionando en otros proyectos y, dentro de esos, continúo con este programa donde me encuentro en la actualidad. Siento la satisfacción de haber tenido unos cuantos alumnos de guitarra que son reconocidos  internacionalmente. Algunos son estudiantes que tuve en Cuba.

Como compositor, ¿crees en la inspiración y cómo la experimentas?

Sí, la inspiración y la motivación tienen que convoyarse, ya sea bien para componer una canción o para crear cualquier obra musical. Tienes que darle riendas sueltas a tu sensibilidad y experimentarás diversidad de sentimientos con la finalidad de elaborar puros pensamientos.

¿Cuáles son los estilos musicales y compositores que prefieres  y por qué?

Soy muy diverso en mis gustos. Me encanta la música clásica tanto como la popular, digamos: Mozart, Bach, Chopin, Beethoven, Schubert, Albéniz, Rajmáninov y muchos más. Por otra parte, me gusta la música de Ernesto Lecuona, Osvaldo Farrés, Bebo Valdés, María Grever, José Antonio Méndez, Rafael Hernández, Bobby Capó, Agustín Lara, Armando Manzanero, John Lennon, Paul McCartney y otros. El escuchar esa música me dio para hacer todo lo que hago.

Trabajamos juntos en la obra musical "Antología de Ybor", en la que acompañabas con la guitarra a la cantante Dinorah Rivas y también actuabas. ¿Es la actuación otra faceta tuya como artista?

Sí, te recuerdo en la obra que trabajamos juntos. Acompañé a nuestra Dinorah Rivas con la guitarra y tuve mis partes como un personaje importante, donde ella y yo dialogábamos sobre la historia de Ybor City. Te diré que he estudiado muy poco de actuación y lo hice –aparte de añadir una experiencia más– con el propósito de estudiar y conocer mejor cómo proyectar la voz.

¿Algún modelo a seguir en el aspecto artístico?

Empiezas imitando a una figura consagrada, que te guste, y después debes encontrarte a ti mismo, que es la parte mas difícil, pues tiene muchos requisitos: el conocimiento, la voluntad, la determinación, la perseverancia y la disciplina. Al final, como resultado, debes gustarle al público.

¿Cuál es la experiencia como artista que te ha marcado?

Continúo adquiriendo experiencia en cada actuación, pero sin duda es inolvidable la primera vez que compartes tarima con figuras extremadamente famosas y tienes frente a ti una audiencia de cientos y cientos de personas y te ganas el aplauso. Nunca olvido cuando escuché los aplausos a una canción de mi autoría.

¿Tu mayor triunfo y mayor decepción?

Triunfar es conquistar al público y tratar de complacerlo, tanto ejecutando una composición original o un tema ajeno. Ese el mayor reto, el mayor triunfo. No agradar a la audiencia es, sin lugar a dudas, la mayor decepción.

¿Tus grandes pasiones?

Amo la música, la escogí como profesión. Generalmente, me encanta tocar la guitarra. Por otra parte, amo la sabiduría, siempre me ha gustado prepararme lo más que pueda cada día.

¿Planes?

Mis planes son infinitos y siempre mi primer objetivo es superarme diariamente, mediante la dedicación y el estudio. Estoy grabando un nuevo CD y hay dos más en proyecto.

¿Sueños, anhelos?

Me gustaría ver y escuchar más sobre la historia de la música que hizo bailar al mundo entero desde el principio del siglo XX.

Aventura del Retablo de Maese Pedro en El Quijote

Es posible que el episodio de Maese Pedro responda a una imitación por Cervantes de su plagiario Avellaneda, a pesar de que la obra ilegítima la menciona por primera vez después.

Por Leonardo Venta 


            La confusión dramática de lo que se cree ver en el escenario y lo que realmente ocurre en el mismo, es fielmente representada en el episodio de Maese Pedro, cuando Don Quijote y Sancho Panza  presencian una comedia de títeres en la obra más universal de la literatura española.
            A su vez, esta aventura es un buen ejemplo de metalepsis (tropo, especie de metonimia, que consiste en tomar el antecedente por el consiguiente, o al contrario), que consiste en la intrusión unilateral de un personaje de la obra, en este caso don Quijote, dentro de otra obra, elemento dramático sumamente revolucionario para su época.
            La crítica parece coincidir en que la Aventura del Retablo de Maese Pedro es uno de los pasajes escritos por Cervantes después de enterarse de la existencia del Quijote de Avellaneda de 1614. En la versión apócrifa, don Quijote interrumpe violentamente el ensayo de una comedia de Lope de Vega titulada El testimonio vengado, tal como lo hace don Quijote en la representación de títeres de Maese Pedro en la obra de Cervantes.
            El ingenioso hidalgo se absorbe en lo que ocurre en el retablo y su preocupación por la verdad es tal que interrumpe al narrador pidiéndole se mantenga fiel a los hechos: “Niño, niño –dijo con voz alta a esta sazón don Quijote–, seguid vuestra línea recta y no os metáis en las curvas o transversales; que para sacar una verdad en limpio menester son muchas pruebas y repruebas”. 
            Maese Pedro también amonesta a su criado: “Llaneza, muchacho: no te encumbres; que toda afectación es mala”. Luego, don Quijote corrige detalles, “entre moros no se usan campanas sino atabales”, y al impacientarse el titiritero le replica: “No mire vuesa merced en niñerías, señor don Quijote, ni quiera llevar las cosas tan por el cabo, que no se le halle. ¿No se representan por ahí, casi de ordinario, mil comedias llenas de mil impropiedades y disparates, y, con todo eso, corren felicísisamente su carrera, y se escuchan no sólo con aplauso, sino con admiración y todo. Prosigue, muchacho, y deja decir; que como yo llene mi talego [saco que sirve para guardar dinero], siquiera representase más impropiedades que tiene átomos el sol”, a lo que responde don Quijote  afirmativamente. Pero tal espíritu de mesura y razonamiento dura poco; momentos después la acción teatral súbitamente le conmueve a tal punto que siente la necesidad de intervenir y arremete contra los moros que persiguen a Don Gaiferos, el protagonista de la verdadera historia, y su mujer.
            Si bien la historia de Don Gaiferos nos llega sólo a través de las palabras del narrador, podemos imaginar la escena, es decir, lo que don Quijote percibe. La introducción recitada por el criado de Maese Pedro no deja lugar a duda de que se trata de una representación: “Esta verdadera historia que aquí a vuesas mercedes se representa es sacada al pie de la letra de las corónicas francesas y de los romances españoles que andan en boca de las gentes y los muchachos por esas calles”.   
            Don Quijote parece advertir que las aventuras de Don Gaiferos son una interpretación, pues objeta el carácter escénico de la representación en diferentes oportunidades. Parece aceptar la explicación del titiritero acerca de las libertades que se suelen tomar en el teatro. Dicho de otro modo, reconoce el teatro como un juego, y por eso nos sorprende cuando súbitamente da rienda suelta a su desatinada cólera, tomando como realidad lo que ocurre en el tablado.
            A través de la representación teatral en el Maese Pedro, con todo el artificio y la ficción que implica –no olvidemos que los que actúan no son ni siquiera actores, sino títeres– Cervantes enfatiza la realidad en la novela. El juego teatro-realidad y la confusión y angustia que genera en don Quijote este episodio, iluminan de algún modo la realidad interior del gran protagonista de la obra cumbre cervantina.
            Don Quijote interrumpe al narrador para amonestarle sobre la falta de verosimilitud de lo representado sobre el escenario, agregándole una confusión a la ya latente disyuntiva en el personaje del ingenioso hidalgo, cuya problemática esencial es precisamente determinar qué es realidad y qué no lo es, lo que constituye un valioso aporte teatral a las estrategias narrativas de la novela para enarbolar la tesis central de la misma: realidad versus fantasía.  Como representación escénica de la existencia humana, el episodio enfatiza en los principios de simulación de la sociedad, de la misma manera que los actores lo representan en una obra de teatro.
             Como colofón a lo ya expuesto, en el episodio de las Cortes de la Muerte, en el capítulo XII, del Segundo libro, don Quijote reflexiona sobre la comedia como espléndida acción de espejo, en “donde se ven al vivo las acciones de la vida humana, y ninguna comparación hay que más al vivo nos represente lo que somos y lo que habemos de ser como la comedia y los comediantes”.

Reinaldo Arenas, 75 años de su nacimiento

"Yo soy ese niño repulsivo que improvisa una cama / con cartones viejos y espera, seguro, que venga usted a / hacerle compañía", Reinaldo Arenas.
Por Leonardo Venta 

"Te hemos mandado el libro de Reynaldo (sic) Arenas, Celestino antes del alba. Es un muchacho naturalmente nacido para escribir, esa obra la escribió cuando tenía 22 años y revela talento innato para la prosa". (José Lezama Lima, en  Cartas a Eloisa y otra correspondencia, ed. cit., pp. 153 y 159)

El próximo 16 de julio se cumplen 75 años del nacimiento –en Aguas Claras, un pequeño poblado rural cerca de Holguín, en la región oriental de Cuba– del novelista, ensayista, poeta y dramaturgo Reinaldo Arenas, la voz literaria más polémica y desgarradora de la literatura cubana del siglo XX, así como una de las voces más innovadoras y turbulentas de la Latinoamérica finisecular. Este escritor posee una extraordinaria capacidad para narrar; su técnica literaria, su irreverencia, sus reflexiones, su frontal enfrentamiento a las ideologías represivas han enriquecido de manera singular las letras hispanoamericanas.
Su obra y su vida encarnan el drama del escritor contra un sistema político que lo persiguió hasta las últimas consecuencias. La publicación de su autobiografía Antes que anochezca, en 1992, y su subsecuente traducción en diferentes idiomas lo hizo más reconocido después de su muerte. Sus memorias fueron llevadas al cine por Julian Schnabel, en el 2000.  Como muchos otros escritores latinoamericanos de su época, fue un abierto inculpador del sistema imperante en su patria, al que en sus inicios apoyó y rechazó abiertamente a partir de mediados de la década de los sesenta. 
Arenas creció en un ambiente de pobreza, pero rodeado de un paisaje de gran riqueza vivificante. A pesar de la estrechez económica que sufrió en su infancia, consideraba esa etapa como la más creativa por la libertad que podía respirar en el ambiente exuberante de la naturaleza que le rodeaba. “Yo pienso que el esplendor de mi niñez fue único porque fue de absoluta pobreza, pero al mismo tiempo de absoluta riqueza”.  Casi no había cumplido los 13 años cuando ya escribía sus primeros poemas.
En 1962, se instaló en la capital cubana. Un año después, comenzó a trabajar en la Biblioteca Nacional José Martí, donde inició su primera novela, Celestino antes del alba, que narra la historia de un niño incomprendido por su familia en un precario ambiente rural, quien se apoyaba en el poder de su imaginación para poder sobrevivir. 
Arenas contribuyó con cuentos y artículos literarios para La Gaceta de Cuba y Unión, dos periódicos publicados por la UNEAC (Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba).  En este medio, tuvo la oportunidad de conocer diferentes artistas y escritores, quienes ejercieron influencia en su orientación literaria y, al mismo tiempo, a través de ellos, tuvo la oportunidad de conocer a José Lezama Lima y a Virgilio Piñera, dos de los escritores hispanoamericanos más sobresalientes del siglo XX, quienes se convirtieron en sus mentores.
El joven escritor fue perseguido y encarcelado por el régimen cubano. En una de las prisiones donde estuvo comenzó a escribir El mundo alucinante (1966), que algunos críticos consideran su mejor novela.  El texto fue sacado clandestinamente del país y publicado en el extranjero, con lo que se ganó la total hostilidad del gobierno de la Isla.
En 1973, fue encausado por contrarrevolucionario al intentar huir de la prisión donde había ingresado debido a una falsa acusación de abuso sexual. El intento de huida le convirtió en un fugitivo hasta que fue capturado e internado en "El Morro", una cárcel para criminales comunes. Allí sufrió dos años de palizas, torturas y trabajos forzados (1974-1976) hasta que el régimen cubano consiguió arrancarle una autoinculpación. 
Durante los años setenta, mientras sus novelas eran admiradas en Europa y Latinoamérica, Arenas se debatía en medio de vicisitudes económicas y una hostil persecución policial en su país. Escritor compulsivo, casi todas sus obras fueron censuradas, escondidas y destruidas.
De Arenas, dijo Guillermo Cabrera Infante: "Tres pasiones rigieron la vida y la muerte de Reinaldo Arenas: la literatura no como juego, sino como fuego que consume; el sexo pasivo y la política activa (...) De las tres, la pasión dominante era, es evidente, el sexo. No sólo en su vida sino en su obra".
El 4 de mayo de 1980 se exilia en Estados Unidos por la vía Mariel-Cayo Hueso. En diciembre del mismo año, se trasladó a Nueva York. Es en esa etapa cuando, por primera vez, pudo escribir con plena libertad. Durante sus once años de destierro, elaboró casi toda su obra. También se dedicó a reelaborar viejos manuscritos que había sacado clandestinamente de Cuba. En 1983, viajó por primera vez a Europa. Visitó Suecia, donde realizó varias conferencias en la Universidad de Estocolmo. También estuvo en España. En 1985, fue asignado “Profesor Visitante” en la Universidad de Cornell. En 1990, publicó “Un plebiscito a Fidel Castro” con Jorge Camacho.
A pesar de la libertad que pudo disfrutar en Estados Unidos, su existencia fue infeliz y trágica en la patria adoptiva. Se sintió “odiado y traicionado” por el exilio cubano de Miami, al que consideró, por su proyección política y sus juicios sobre la moralidad, hipócrita. Allí se sintió como un fantasma, una mera sombra de quien una vez fuera.
La estancia de Arenas en la Gran Manzana culminó con una nueva y demoledora pesadilla que, esta vez, sellaría su final. Tras ser diagnosticado con SIDA, en 1987, y tras el consiguiente deterioro de su salud, se obligó a sí mismo a concluir todas las obras que había planeado escribir.  El 7 de diciembre de 1990, sumamente enfermo, decidió suicidarse. En una breve y conmovedora misiva de despedida, dirigida a sus seres queridos y diversas publicaciones, dejó establecido que su suicidio no debía ser interpretado como un acto de fracaso, sino de esperanza: “No escribo para enviar un mensaje de derrota –declaró– pero de continua lucha y esperanza. Cuba será libre, Yo ya lo soy”.

martes, 2 de octubre de 2018

Elegía


Raúl y su amada esposa Carmen

(A la memoria de Raúl García Huerta)
Por Leonardo Venta

Se te borró la sonrisa, amigo,
el entusiasmo.
Se te apretaron los labios
y se te doblegó la mirada,
como quien no encuentra ese "hermano
que llevarse a la boca",
o no divisa la mano extendida
que antaño bosquejara su jubiloso idealismo.
Pintor de sueños,
poeta, dramaturgo,
sabio humilde jovial maestro,
la nostalgia de Carmen te encorvó el deseo de vivir,
en ese su paulatino prolongado silencio
rumbo a la eternidad.

¿Qué pensarías en tu irremediable hora?

¿Repasarías el último parlamento del personaje protagónico
de tu tablado de duendes,
desde esa inexplicable dimensión llamada sueño,
o una turbia nada nublaría tu horizonte?
Sea lo que fuere,
que no pude compartir contigo,
me arropo de tu senectud de claustro,
anegada en esa inmerecida soledad
cósmica de hombre bueno.