La imaginación ofrece a la razón, en sus horas de duda, las soluciones que ésta en vano sin su ayuda busca. Es la hembra de la inteligencia, sin cuyo consorcio no hay nada fecundo”.
José Martí

sábado, 22 de enero de 2011

El cuarto de atrás de Carmen Martín Gaite


Por Leonardo Venta

Carmen Martín Gaite, una de las máximas exponentes de la narrativa española actual, es la autora de El cuarto de atrás, inusitada obra que forma parte de la ruptura que marcó la producción novelística de los años setenta en España.

Adentrada la noche, Martín Gaite, en calidad de protagonista de su propia novela, recibe una llamada telefónica de un desconocido. Éste afirma haber concertado una cita con ella para realizarle una entrevista. A pesar de no recordar haber convenido dicho encuentro, acepta la visita del extraño entrevistador a esa inusual hora.

La protagonista y el enigmático sujeto vestido de negro entablan un diálogo/monólogo en el que ella rememora sus vivencias, desde sus primeros años hasta el presente, repasando memorias de la Guerra Civil española, de la dictadura del general Francisco Franco, y de la etapa del postfranquismo.

Otra llamada telefónica interrumpe su relato. Se trata de una mujer desconocida… Detengamos, pues, en este punto la sinopsis de la novela con la franca ilusión de que usted, amigo(a) lector(a), si aún no la ha leído, se entusiasme a hacerlo. A nadie le agrada que le cuenten el final de una novela o película que planea leer o ver. Si bien, les anticipo que la trama en El cuarto de atrás no es lo más importante, sino las ideas propuestas en el texto y las virtudes narrativas de la obra en sí.

El libro, de corte autobiográfico, desde sus primeras páginas devela el turbio rostro del duende de la literatura fantástica. Está encabezado por una cita del escritor francés George Bataille: “La experiencia no puede ser comunicada sin lazos de silencio, de ocultamiento, de distancia”, que junto a la dedicatoria a Lewis Carroll – “que todavía nos consuela de tanta cordura y nos acoge en su mundo al revés”, refiriéndose a la célebre Alicia en el país de las maravillas (1865), y su continuación, en 1872, A través del espejo y lo que Alicia encontró allí –, constituye la antesala de un texto tan ilusorio como real y tan absurdo como lógico.

El "mundo al revés" creado por Carroll se apoya en la propuesta del espejo, el cual refleja una imagen invertida de quien se contempla en él, y donde se funden la realidad y la ficción. En la segunda parte de las aventuras de Alicia, el espejo es la puerta de acceso al País de las Maravillas; mientras, en la primera novela, ésta, persiguiendo a un conejo llega a su madriguera, a su vez, la entrada a un mundo fantástico y desconocido.

Martín Gaite aborda en El cuarto de atrás el tema de la soledad humana, la necesidad de comunicación, de hallar el interlocutor ideal; además de cuestionar la verdad absoluta, para objetarla y deconstruirla en el espejo de las pequeñas verdades individuales, no necesariamente ideales ni ordenadas, mucho menos concretas, ineludiblemente híbridas e impuras; pero sí, genuinamente propias.

El real pero inverosímil laberinto de la mente humana que explora Martín Gaite, remite al lector (en calidad de testigo inmerso) al cuarto de atrás de la narradora, cálido, íntimo y enmarañado. Según ella, un lugar concreto de su infancia, pero cuyo tropo sugiere el sitio donde se almacenan los recuerdos, el subconsciente, ese espacio en que yacen, según Bataille, "lazos de silencio, de ocultamiento, de distancia", y que la escritora reaviva en las memorias y reflexiones que comparte con el misterioso hombre vestido de negro y, obviamente, con el lector.

El cuarto de atrás es una joya de la literatura contemporánea, leerla, más que un esparcimiento literario, resulta un saludable ejercicio para el alma y el intelecto.

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