La imaginación ofrece a la razón, en sus horas de duda, las soluciones que ésta en vano sin su ayuda busca. Es la hembra de la inteligencia, sin cuyo consorcio no hay nada fecundo”.
José Martí

martes, 12 de febrero de 2013

Regreso

Por Dinorah Rivas*

– El orquideario de la abuela ha retoñado dos flores – dijo el tío conmovido.
Será el milagro de los últimos días de invierno...


Te hallé envejecida,
mutilados los huesos,
apenas sosteniendo la estructura
fragmentada en tu agonía.

Surcaban tus callejas aguas turbias:
racimos agrios de desoladas lágrimas.

Amasé la tierra evocando las huellas
por donde entonces corriera ligera
con la sola premura de la inocencia,
y acercaste tu pena hasta mi pecho
como la ola acaricia el arrecife,
rompiendo en conmovido abrazo.

Ya no eran tan blancos los rosales...

Pero el sol, Inmaculado,
aún penetraba en el hogar
por las grietas de los antiguos vitrales.

 

* En “Regreso”, de Dinorah Rivas, la voz poética, a semejanza del Tonio Kröger de la novela homónima de Thomas Mann, describe con imágenes la vuelta al hogar, a la encanecida y maltrecha patria – ya sea un regreso  literal u onírico, ¿qué importa? –. Lo que fija nuestros sentidos, en cernudiano modo, es el reencuentro: el choque emocional entre el mórbido presente y el pasado agazapado en remoto celaje idealizado.

jueves, 7 de febrero de 2013

Borges, otra dimensión de la realidad

"La Salle des Planètes", una de las ilustraciones de Desmazières para “La biblioteca de Babel”, de Jorge Luis Borges.

Por Leonardo Venta

La idea del mundo como representación es una constante en la obra de Jorge Luis Borges. Según esta propuesta, el objeto carece de existencia fuera de la representación. En uno de los tempranos textos del genio argentino, el híbrido cuento-ensayo “Pierre Menard, autor del Quijote”, el narrador formula: “La verdad histórica, para él [Menard], no es lo que sucedió; es lo que juzgamos que sucedió”, es decir, la percepción de la realidad.

Una nueva dimensión fusiona la metafísica y lo fantástico, como parte de una estética literaria que revolucionó la literatura regionalista y el realismo decimonónico que le precediera. Otra propuesta muy presente en la obra de este autor, es la realidad observada cómo un sueño, lo cual implica cierto escepticismo ante el destino y el rol del hombre en el universo.

El uso de la ambigüedad en la trama borgeana, no sólo sostiene la atmósfera de expectativa y misterio que caracteriza al género fantástico, despertando interés en el lector hacia la trama, sino – en su rol de legítima manifestación de una ética filosófica – sugiere la insuficiencia humana para descifrar la esencia de la realidad. En “El Aleph”, cuento que da título al libro compuesto por diecisiete relatos de Borges, publicado en 1949, y revisado por el autor en 1974, el crítico Julio Ortega encuentra esta condición del pensamiento humano ceñida a las limitaciones de la capacidad enunciativa del lenguaje que “(…) sólo puede extraviar, apenas contemplar y parcialmente referir [la visión del Aleph]”.

En el celebrado soneto “El sueño”, el hablante lírico pregunta: “¿Quién serás esta noche en el oscuro / sueño, del otro lado de su muro?”. Borges no se cansa de enunciar la irracionalidad del mundo, la inconsecuencia inexplicable de la existencia, y, por ende, cuestionar el carácter absoluto de la validez universal, satirizándolo con sagaz sutileza. Para él, lo tangible es tan irreal como el sueño y la misma muerte, de la cual el acto de dormir constituye una especie de ensayo, o augurio.

En el cuento “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius”, el Tlön (tierra) es un mundo ficticio, y Herbert Ashe, personaje de la vasta lista de la inventiva de Borges, es “uno de sus modestos demiurgos” [dios creador]. En dicha narración, los objetos físicos existen condicionados por la imaginación: “Los hay [objetos] de muchos [términos]: (…) el vago rosa trémulo que se ve con los ojos cerrados, la sensación de quien se deja llevar por un río y también por un sueño”.

En su relato corto “Las ruinas circulares”, recopilado en Ficciones (1944), relata el empeño audaz de un hombre en soñar a otro y descubrir finalmente que él es también un sueño de un tercer individuo. Encabeza la narración un epígrafe tomado de “A Través del Espejo” de Lewis Carroll: “Y si dejase de soñar contigo”, donde los personajes Tweedledum y Tweedledee le explican a Alicia que ella existe porque el Rey Rojo la está soñando, y si éste dejara de soñarla, ella dejaría de existir.

Roberto Paoli en su ensayo “Borges y Schopenhauer” realiza un acertado análisis del uso del verbo ‘borrar’ en los textos del primero para proponer aspectos oníricos en que hombres y cosas aparecen y desaparecen de la faz de la tierra, mueren: “Ya se había hundido el sol, pero un esplendor final exaltaba la viva y silenciosa llanura, antes de que la ‘borrara’ la noche”; el cuento “La espera”, del El Aleph, termina con la frase “En esta magia estaba cuando lo ‘borró’ la descarga”.

En “El Sur”, incluido en Ficciones, Juan Dahlmann, el protagonista, después de sufrir un accidente, divaga, al igual que el lector, absorto y desorientado, de manos del narrador, en búsqueda de ese espacio abstracto entre la imaginación y la realidad. El señor Villari, el protagonista de “La espera” merodea esas mismas fronteras: “Al fin del sueño, él sacaba el revolver (…) y lo descargaba contra los hombres. El estruendo del arma lo despertaba, pero siempre era un sueño y en otro sueño el ataque se repetía y en otro sueño tenía que volver a matarlos”.

En “La biblioteca de Babel”, el hablante narrativo sugiere la suerte imprecisa del hombre como idea y representación de un alma universal o dios creador: “El hombre, el imperfecto bibliotecario, puede ser obra del azar o de los demiurgos malévolos”. La insuficiencia humana se insignifica más aun ante la inmensidad del universo que anhela aprisionar – alegorizado por la biblioteca –, ente superior metafísico, con propiedades, principios y causas primarias: “Los idealistas arguyen que las salas hexagonales son una forma necesaria del espacio absoluto o, por lo menos, de nuestra intuición del espacio”, apunta el narrador.

En “Los inmortales”, relato escrito por Borges en conjunción con Bioy-Casares, “(…) don Guillermo reputa que los cinco sentidos del cuerpo humano obstruyen o deforman nuestra captación de la realidad y que, si nos liberáramos de ellos, la veríamos como es, infinita”. La narración sugiere la necesidad de emancipación de las obstrucciones engañosas de los sentidos, en el ansia por alcanzar la verdad y el conocimiento.

La realidad, según Borges, se aprehende mejor desde adentro. Dicha propuesta mantiene una estrecha relación con la ceguera literal que le aguijoneó a través de casi toda su existencia, y lo condujo a valerse más de la introspección que de los sentidos. En su poema juvenil, “Amanecer”, la voz poética, en una antonimia de paisaje urbano desolado (espiritual) y poblado (literal), ciñe todos los “arrabales desmantelados del mundo” en la “honda noche universal” (ceguera cognoscitiva del hombre) – como “actividad de la mente” y definitivo “sueño de las almas”. La realidad como sueño cobra vida, para delinear el símil de la ceguera, en su sentido exacto, con la médula ofuscada de la ciudad desolada: “y la noche gastada / se ha quedado en los ojos de los ciegos”.

“Amanecer”
 Jorge Luis Borges


En la honda noche universal
que apenas contradicen los faroles
una racha perdida
ha ofendido las calles taciturnas
como presentimiento tembloroso
del amanecer horrible que ronda
los arrabales desmantelados del mundo.

Curioso de la sombra
y acobardado por la amenaza del alba
reviví la tremenda conjetura
de Schopenhauer y de Berkeley
que declara que el mundo
es una actividad de la mente,
un sueño de las almas,
sin base ni propósito ni volumen.

Y ya que las ideas
no son eternas como el mármol
sino inmortales como un bosque o un río,
la doctrina anterior
asumió otra forma en el alba
y la superstición de esa hora
cuando la luz como una enredadera
va a implicar las paredes de la sombra,
doblegó mi razón
y trazó el capricho siguiente:
Si están ajenas de sustancia las cosas
y si esta numerosa Buenos Aires
no es más que un sueño
que erigen en compartida magia las almas,
hay un instante
en que peligra desaforadamente su ser
y es el instante estremecido del alba,
cuando son pocos los que sueñan el mundo
y sólo algunos trasnochadores conservan,
cenicienta y apenas bosquejada,
la imagen de las calles
que definirán después con los otros.

¡Hora en que el sueño pertinaz de la vida
corre peligro de quebranto,
hora en que le sería fácil a Dios
matar del todo Su obra!

Pero de nuevo el mundo se ha salvado.
La luz discurre inventando sucios colores
y con algún remordimiento
de mi complicidad en el resurgimiento del día
solicito mi casa,
atónita y glacial en la luz blanca,
mientras un pájaro detiene el silencio
y la noche gastada
se ha quedado en los ojos de los ciegos.


“El sueño”
Jorge Luis Borges


Si el sueño fuera (como dicen) una
tregua, un puro reposo de la mente,
¿por qué, si te despiertan bruscamente,
sientes que te han robado una fortuna?

¿Por qué es tan triste madrugar? La hora
nos despoja de un don inconcebible,
tan íntimo que sólo es traducible
en un sopor que la vigilia dora

de sueños, que bien pueden ser reflejos
truncos de los tesoros de la sombra,
de un orbe intemporal que no se nombra

y que el día deforma en sus espejos.
¿Quién serás esta noche en el oscuro
sueño, del otro lado de su muro?

César Santos, un clásico del siglo XXI

El óleo sobre lino “Pietá” (2008), de César Santos, que integra la colección familiar del artista, procura –y lo logra augustamente– un punto de contacto entre las obras de los grandes maestros del pasado y temas contemporáneos tratados con la dignidad de los primeros.


              Por Leonardo Venta

             Con su virtuoso pincel manifiesta pericia y hálitos renacentistas, así como de los grandes maestros decimonónicos, en temáticas del siglo XXI y otros novedosos proyectos. Aquel que domina las técnicas más exigentes dentro de las artes plásticas, de la manera que lo hace César Santos, puede darse el lujo de incursionar triunfalmente en cualquier modalidad estilística.
            Cuando lo entrevisté en 2007, a raíz de "Danza Imposible", el afiche oficial del XII Festival Internacional de Ballet de Miami creado por él, Santos no tenía televisor, ahora nos confiesa que tiene uno enfrente de su cama, si bien permanece entre 10 a 13 horas diarias en su estudio. Sus modelos preferidas, las mujeres, especialmente su esposa Valentina, aparecen sensualmente en obras en las que usualmente él se autorretrata.
            “Mi meta como artista y ser humano es mantenerme con la libertad de expresar mis ideas y lo que siento con respecto al arte. De lograrlo, sería influenciar la trayectoria del arte del futuro y mantenerme como parte de la historia del arte”, afirma Santos, quien nació el 10 de julio de 1982 en Santa Clara, Cuba, y emigró con su familia a Estados Unidos a la edad de 13 años.
            Nuestro pintor ha explorado desde temprana edad el oficio de figurar ideas y objetos en una superficie, con los trazos y colores pertinentes. Estudió arte en el New World College de Miami, ciudad en la que creció. De allí se trasladó a Angel Academy of Art, en Florencia, Italia, hasta graduarse, bajo la tutela de Michael John Angel –discípulo del Gran Maestro Pietro Annigoni, uno de los grandes de la pintura realista italiana del siglo XX y, a su vez, estudioso de maestros renacentistas como Tiziano y Da Vinci, de quienes no sólo captó el esplendor artístico de una época, sino los más particulares procedimientos pictóricos–.
            El estilo de Santos se caracteriza por extraer elementos cotidianos fuera de su contexto natural para crear un novedoso entorno para ellos, una nueva realidad –a juicio de este columnista– más sublime, ideal y asequible. Para él, “su arte es una metáfora de la vida, y cada cual debe poner un poco de sí mismo a la hora de interpretarlo”. Le atraen y divierten las oposiciones, diríamos (literariamente) el oxímoron –combinación de expresiones de significado opuesto, que originan un nuevo sentido–, rara mixtura pictórica que nos interpola a la creación literaria del genio Jorge Luis Borges.
            Otro rasgo distintivo de la obra de Santos es la armonía que enarbola tal plácido celaje, complaciente paz interior que se desliza cual alado espíritu de adentro hacia fuera. Nada es explicito para él, siempre le ronda una metáfora de lo sobrehumano humanizado, lo cotidiano divinizado, lo imposible posible, lo mefítico purificado, el dechado reverente de lo canónico. En un lenguaje postmoderno diríamos la venganza de la copia.  Observamos en casi todos los cuadros del joven artista plástico una fuerza –fluida– que se imbuye de conceptos contemporáneos, refrescantes, así como de una filosofía personal que establece “el maridaje entre lo clásico y lo moderno yuxtapuesto y fundido en un mismo nivel”, en perfecta armonía estética pero lanzando guiños que transcienden el marco de la propuesta original.
            “Mis herramientas son la imaginación y la técnica: la esencia y la base de mi trabajo. Siento la necesidad de plasmar figuras y objetos evasivos en diseños conceptuales que tienten a la verosimilitud, que convenzan", confiesa nuestro deslumbrante maestro. Los logros alcanzados por Santos –a una edad en que no sobreabundan en otros artistas– son significativos. Ha exhibido en espacios tan prestigiosos como la exposición “El legado de Annigoni”, en Villa Bardini, en la mítica Florencia; en el Museo de Arte de Beijing, localizado en el “Templo de la Longevidad”, construido en 1577; en la neoyorquina galería Eleanor Ettinger Chelsea; en el "World of Art Showcase", perteneciente a la exposición internacional de arte en el Hotel Wynn de Las Vegas, Nevada, celebrado entre el 20 y el 22 de diciembre de 2012, donde de las 17 obras que exhibió todas fueron vendidas.
            En la plástica de Santos prevalece una distribución muy acusada de la luz y de las sombras. El artista, que demuestra un especial interés por los tonos ocres, persigue
–insistimos– lo ideal, lo estético, el ennoblecimiento de la imagen y la pureza. ¿Especie de evasión de una realidad nada exenta de imperfecciones? Efluvio de dicha apreciación es la “Pietá”, la obra de la imagen que encabeza este artículo, trabajo que le tomó aproximadamente tres semanas pintar en un frío invierno de Estocolmo.
            En contraste con la escultura de Michalengo –célebre por registrar la vulnerabilidad de Cristo que aglomera en sí todas las flaquezas nuestras–, en la “Pietá” de Santos, el pintor exánime es la figura central, mientras su esposa y un modelo en calidad de ayudante lo sostienen en su estudio. “Con este cuadro quise representarme como un artista tradicional caído por el peso y el dominio del arte conceptual y modernista; a quien está levantando la nueva generación de jóvenes deseosos de resucitar al oficio del arte”, indica Santos. “La iluminación proyectada sobre la figura del creador –entiéndase la analogía creacionista entre éste y Dios– sugiere la luz que necesita un artista para representar al mundo que lo rodea y resaltar al mismo tiempo su propia humanidad”, manifiesta el pintor. “Mi pintura no se refiere a ninguna religión. Aunque uso la pose y composición que aparecen en las obras religiosas del renacimiento, me valgo del significado de la palabra "pietá", en sí misma, para indicar compasión y devoción, en mi caso al arte”, añade.“En estos últimos años ha habido un renacimiento del realismo en la pintura, yo ya dediqué años al estudio de la teoría y el arte conceptual. Después, fui a Italia para aprender las técnicas de los grandes maestros; quiero ser el punto de encuentro entre estos dos mundos y crear pinturas actualizadas con temas de nuestros tiempos pero ejecutadas con la dignidad de las pinturas del pasado”, rubrica.
            Lo plasmado por Santos en el lienzo se sabe destino. Sin dejar de emitir guiños de verosimilitud, se descubre y arrebuja en la unisonancia polifónica –valga el oxímoron– de una sutil parodia, para desnudarnos la fantasía del artista, tal cual creación onírica, o cuento encantado. Imaginar la vida como la anhelamos forma parte de nuestras diarias quimeras –al menos para los soñadores–, y en eso radica, a mi juicio, uno de los legados conceptuales más trascendentes del arte de César Santos. Cada cuadro es para él, y consecuentemente para nosotros, efugio, mejor dicho, retorno feliz a lo ancestral, de manos del virtuosismo –paleta de los grandes artistas– con ‘grazia’ y, sobre todo, eco de una emanación estética íntima que seduce la voluntad de los sentidos, a través de la delicadeza del detalle acabado, del arte de la figura, refugio atávico de los renacentistas, cimentado con sinceridad presente.
            Sus lienzos, especialmente sus numerosos autorretratos, no desaprovechan el legado de los recursos expresivos del arsenal creativo de la mitología eternizada en su suntuosidad de tradición. El propio pintor se nos presenta, en ellos, como dios, semidios
–quizá– arropado en una sediciosa lúdica beatífica humanidad, héroe redentor, amoroso mártir, en un horizonte hilarante que llega a serlo tenuemente –por creíble–. Lo imaginativo y lo genuino se abrazan en esa propuesta abierta, osada, sutil, admirable. Está en el espectador descifrarla, asirla y deleitarse en ella.
            La próxima exposición personal del pintor villaclareño, "The Artist's Accomplice (El cómplice del artista)", será del 17 de enero al 15 de febrero, donde se exhibirán ocho obras de gran formato que abordan el tema del maniquí de Annigoni. La recepción será el 24 de enero en Oxenberg Fine Arts, 50 N.E. 29 St., Miami, Florida 33137.

sábado, 5 de enero de 2013

Para llegar a María Zambrano


“Si se hubiera de definir la democracia podría hacerse diciendo que es la sociedad en la cual no sólo es permitido, sino exigido, el ser persona”.

María Zambrano

Por  Leonardo Venta

Luis Ortega, editor de la revista Antígona y miembro de la Fundación María Zambrano en España, presentó en la tarde del 15 de noviembre la exposición de carteles “El legado de María Zambrano en el mundo actual”, y un video de carácter documental sobre la insigne filósofa y escritora española, en la sala Grace Allen de la Biblioteca Central de la Universidad del Sur de la Florida (USF).

La participación entusiasta del público asistente, así como el patrocinio de diferentes unidades administrativas de docencia e investigación de USF, tales como el Departamento de Lenguas Extranjeras, el Departamento para el Estudio de Latinoamérica y el Caribe (ISLAC), el Instituto de Humanidades y el Estudio Gráfico, entre otros, hicieron del indispensable evento un exitoso suceso.

Entre las personalidades asistentes figuraron la vicepresidenta y la decana de Relaciones Internacionales de la Universidad del Sur de la Florida, Karen A. Holbrook y María Crummett, respectivamente; el señor José Vivero, vicecónsul honorario de España en Tampa; la profesora, investigadora literaria y organizadora del evento, Madeline Cámara; el director de las Colecciones Especiales y Digitales de USF, Mark I. Greenberg; el profesor de alemán y presidente del Departamento de Lenguas Extranjeras de la propia entidad académica, Stephan K. Schindler, así como el honorable juez Emiliano J. Salcines.

El señor Ortega destacó durante la celebración que Zambrano es “en la actualidad una de las pensadoras más importantes, no del pasado siglo, sino de todos los tiempos. Como prueba de ello, el amplio número de tesis doctorales dedicadas al estudio de la filósofa, la multitud de publicaciones y reediciones de sus obras”.

El conferencista invitado, en su afán por explicar la resonancia del pensamiento zambriano entre nosotros, expuso cinco puntos esenciales del mismo: ‘La razón poética’, que va más allá de la razón discursiva; ‘la metafísica’, como estudio de los principios intuitivos básicos que viabilizan nuestro pensamiento racional; ‘una nueva antropología’, en el decir de la filósofa, “una herencia que arrastra consigo algo de todas las fases de la historia”; ‘una nueva concepción política’, donde, “en cada hombre están todos los hombres”; y por último, ‘el exilio como patria’, en que propone el destierro en su calidad de patria inexplorada, y que una vez descubierta resulta irrenunciable.

Al término de su charla, el editor de la revista Antígona exaltó una Zambrano que tuvo una visión del ámbito cultural de occidente como maridaje entre la filosofía griega y la religión judeo-cristiana, dos realidades que en los tiempos modernos entran en crisis. También incidió en que el pensamiento de la discípula de José Ortega y Gasset “es como un nuevo horizonte que se nos abre ante esta angosta encrucijada donde la cultura occidental se encuentra en estos momentos.

Concluido el programa quedó oficialmente inaugurada la colección “María Zambrano”, como parte de los llamados estudios transatlánticos interesados en la obra de la escritora considerada una de las mejores del pensamiento contemporáneo junto a Hannah Arendt, Simone Weil y Simone de Beauvoir.

Con este homenaje, 21 años después de la muerte en Madrid de María Zambrano, la fundación española que lleva su nombre y la Universidad del Sur de la Florida alzan esperanzadoras antorchas de futuro, con resplandores de una mujer poco conocida fuera de los círculos literarios, pero que fulgura lo suficiente para que se le tenga en altísima estima.

martes, 1 de enero de 2013

"Serenata Mulata", una tarde con Xiomara Alfaro



Por Leonardo Venta

El concierto que Xiomara Alfaro brindara el domingo, 3 de junio de 2007, en Tampa, ha sido indiscutiblemente el que más expectativas ha causado, en lo que va de año, entre los seguidores de la música tradicional cubana en esta ciudad floridana.

Desde que empezó a anunciarse la presentación de esta legendaria artista en nuestra Bahía, aquellos que la recordaban afirmada en la gloria de sus éxitos, comenzaron a preguntarse si sería capaz de desafiar al indetenible tren del tiempo, para bajarse airosa en la estación que le ofrecía, esta vez, la Sala Ferguson del Tampa Bay Performing Arts Center.

Sin embargo, esta pequeña gran cantante, cuya imagen ilustra antiguas carátulas de numerosos discos long play de acetato, adormecidos hoy en nuestro impasible presente de CDs, iPods y MP3, supo acelerar el palpitar de los corazones de un conmovido público, que de pie y con lágrimas en los ojos, la ovacionó hasta el último aliento de su concierto "Una tarde con Xiomara Alfaro".

Alfaro – cuyo solo nombre rememora la glamorosa Habana de los años cincuenta con sus centros nocturnos repletos de alegría, en lugares como Tropicana, Sans Souci y el Cabaret Montmartre, en un ir y devenir de ritmos tropicales – más que convencer, conmovió.

Su incomparable voz, difícil de categorizar, bañada por la ligereza de una soprano de coloratura, adornó sentidas canciones en escalas rápidas y trinos. Sorprendió, asimismo, con algunos registros agudos que evocaron la gran voz y técnica que la hicieran tan famosa. Sin embargo, la excepcionalidad de Xiomara Alfaro, fue precisada por la forma en que logró fundir sus gorjeos, tan operáticos, con la cadencia de un timbre, más grave, que se percibía como la más pura brisa tropical de los campos de su añorada tierra.

El director musical del espectáculo fue el excelente pianista panameño Rafael Benítez, esposo y compañero musical de la cantante por las últimas cinco décadas. El cantante Roberto Ferrer, por su parte, no sólo coordinó el evento, sino que lo condujo, así como interpretó dos canciones en una especie de adecuado preámbulo musical a la matinée.

De la misma forma, los puertorriqueños Eddy Mercado, bajista, y Luis Laicea, percusionista, acompañaron, con gran profesionalismo, a la legendaria cantante durante todo el recital.

Fue una tarde en que algunos repasaron con honda melancolía el ayer; mientras otros, más jóvenes, lo tanteaban por vez primera. No hizo mella al éxito del concierto que las piernas de la gran artista ya no sobrelleven el rigor de la fuerza de gravedad, y los achaques propios de la edad provecta le obligaran a sentarse en una silla, para desde allí cantarnos, con esa ternura y cubanía que destila por los cuatros costados, desde su firmamento sideral. El resto fue “magia”.

Terminado el concierto, se ofreció un cóctel, en el cual la prensa y diferentes personalidades invitadas compartieron con Xiomara Alfaro. Todos querían tomarse fotos con la legendaria artista, mientras su esposo Rafael y su sobrina Gloria, la contemplaban amorosos y satisfechos.