La imaginación ofrece a la razón, en sus horas de duda, las soluciones que ésta en vano sin su ayuda busca. Es la hembra de la inteligencia, sin cuyo consorcio no hay nada fecundo”.
José Martí

domingo, 16 de octubre de 2016

"La realeza del ballet": entrevista a Rodrigo Almarales

Reunión en que Rodrigo Almarales (izq.) invita formalmente a Alicia Alonso a la gala "Royalty Ballet". Matthew Golding se une a ellos en la foto. (La Habana, 16 de agosto de 2016). Foto: cortesía de Ismael Albelo.
Por Leonardo Venta

Rodrigo Almarales, primer bailarín del Ballet de Cincinnati, fue el director artístico y general de la gala “Ballet Royalty (La realeza del ballet)" que se presentó el pasado 20 de agosto en el Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso, organizada por la empresa estadounidense Improvedance y el Consejo Nacional de las Artes Escénicas del Ministerio de Cultura de Cuba.
            Doce notables figuras de la danza clásica mundial participaron en una histórica jornada saturada de emociones: Carlo Di Lanno, del Ballet de San Francisco; Iana Salenko, del Ballet Estatal de Berlín; el primer bailarín del Ballet Bolshoi, Semyon Chudin; Mathew Golding, del Royal Ballet, y Misa Kuranaga, del Ballet de Boston. También actuaron la primera bailarina del Ballet de Canadá, Jurgita Dronina; los exprimeros bailarines del Ballet de Cincinnati Joseph Gatti y Adiarys Almeida, así como el propio Almarales.
            En entrevista exclusiva, Almarales, entre otras informaciones, nos devela detalles sobre su carrera como bailarín y la reciente función de carácter excepcional en La Habana.

¿Cómo le gustaría a Rodrigo Almarales que le presentáremos?

Títulos sobran: director artístico, bailarín principal, director ejecutivo (CEO, por sus siglas en inglés), coreógrafo. Sin embargo, me siento bien con que sólo me llamen Rodrigo Almarales.

Tengo entendido que naciste en Cuba y abandonaste el país a muy temprana edad ¿Cómo, cuándo y por qué?

Nací en Cuba y me fui a los 10 años. Mi mamá se había ido con un contrato a enseñar en México. Después de un año me sacó la visa para ir a estudiar a México con ella.

En el programa de la gala "Ballet Royalty" en el Gran Teatro de La Habana se leía que tus "más lejanos recuerdos de infancia se asocian con este teatro”, refiriéndose a las presentaciones en el mismo de tus padres Miriam González y Héctor Almarales, otrora bailarines del Ballet Nacional de Cuba. ¿Algún recuerdo específico de esa etapa de tu vida?

Me acuerdo que iba a muchas funciones. Mi mamá me decía que me portaba muy bien en el teatro. De ahí deduzco que se dieron cuenta de que me gustaba el ballet.

¿Cómo te iniciaste en la danza clásica?

Yendo a ver clases de ballet y funciones de chiquito. Siempre me ponía a hacer "variaciones" con los estudiantes de mi mamá.

¿Diferencias entre tus primeros pasos como estudiante de ballet en Cuba, México, Canadá y Alemania?

Cuba fue mi base. México fue donde aprendí a hacer todos los "trucos" y practicaba insaciablemente. En Canadá fue donde pulieron mi forma de bailar y, finalmente, en Alemania empecé a apreciar mucho más el ballet contemporáneo y moderno.

 He leído que te graduaste en Canadá con "La sílfide y el escocés", del coreógrafo danés August Bournonville. ¿Por qué escogiste bailarlo en la Gala del pasado mes de agosto en La Habana?

Es uno de mis ballets favoritos. También me gusta batir mis piernas y eso constituye una gran parte del estilo del ballet.

Aunque hay quienes consideran que un premio no determina la calidad de un bailarín, nos gustaría saber cuáles han sido tus logros en concursos internacionales de ballet?

Medalla de bronce en Varna, Corea y Boston. Plata en Helsinki.

¿Qué puedes decirnos sobre tu participación en el programa televisivo italiano "Amici"?

Fue una de las experiencias más increíbles que he tenido en mi vida. Como estaba solo, extrañé muchísimo, pero también me divertí y, sobre todo, ¡aprendí muchísimo! Todas las semanas tenía que aprenderme y ensayar casi 10 coreografías diferentes y, tal vez, solamente bailaba dos o tres, como máximo, en el show. También me ayudó mucho con la seguridad en el escenario, ya que el show siempre era en vivo y como era visto por millones de gente tenía que estar en forma óptima, física y mentalmente, para que la presión no me comiera.

En cuanto a tu carrera en Estados Unidos, ¿existe algún contraste entre el Ballet de Boston y el de Cincinnati?

Bastante. Boston Ballet es una compañía más grande. Si no eras uno de los que siempre bailaban, estabas al final de la "cola". En Cincinnati, la atmósfera es mucho más saludable, ya que la competencia es amigable. También bailo más, a pesar de que la compañía tiene menos funciones anualmente. Aquí, además, me dan oportunidades de hacer otras cosas como tener un negocio, crear galas, coreografiar, etc. No creo que hubiese podido hacer lo que he hecho o llegar tan lejos en Boston.


Trasladándonos nuevamente a Cuba, sabemos que en el 2014 bailaste, profesionalmente, por primera vez allí, en calidad de invitado en el 24.° Festival Internacional de Ballet de La Habana. ¿Cómo calificas esa experiencia?

Con una sola palabra: shock. Esa fue la primera vez que fui a Cuba después de 14 años. Todo era extraño, pero al mismo tiempo conocido. Mucha gente me han visto bailar en numerosos países. Mi familia, sin embargo, nunca me bahía visto bailar hasta ese entonces. Por esa parte, fue una experiencia muy linda. 

¿Has sido invitado a participar en el 25.° Festival Internacional de Ballet de La Habana, a celebrarse del 28 de octubre al 6 de noviembre de este año?


Esta vez no.

Rodrigo Almarales y Adiarys Almeida bailan el pas de deux "Chor. #2", creado por Almarales este verano. Se estrenó en una Gala en Mongolia, luego se bailó en Corea del Sur y China, y el pasado 20 de agosto en La Habana.  Foto: cortesía de Ismael Albelo.
En relación a tu labor como coreógrafo, y teniendo en consideración tu formación clásica en Cuba, ¿has considerado la posibilidad de crear contemporáneos que respondan al virtuosismo del llamado período clásico, mucho más exigente técnicamente que otros, con temáticas totalmente actuales?

La verdad es que soy un coreógrafo accidental. Siempre me interesó crear coreografías. Sin embargo, nunca pensé que iba a ser lo suficientemente bueno para no pasar pena a la hora de los aplausos. Cuando fui al concurso en Helsinki me hacía falta un pas de deux contemporáneo y, como no pude encontrar nada, lo creé yo mismo. No quería que nadie supiera que era mi coreografía. Así seguí hasta que mi novia me obligó a ponerle mi nombre a mis trabajos coreográficos. Estoy muy feliz de que lo hizo. Por otra parte, me gusta crear piezas bien contemporáneas pero con bastante técnica. Siempre he dicho que la técnica y lo contemporáneo no tienen que estar divorciados. Una de mis inspiraciones más grande es el brillante coreógrafo William Forsythe.

¿Puede considerarse "Ballet Royalty" una compañía, a pesar de que en su debut intervinieron bailarines que pertenecen a otras agrupaciones? Nos encantaría que nos explicara cómo surge, opera, su propósito y esencia.

Después que surge la idea de hacer esta presentación en La Habana, se me ocurrió el nombre "Ballet Royalty",  puesto que era lo mejor que describía lo que queríamos hacer. Procurábamos unir a los mejores bailarines de la danza clásica, a la realeza del ballet, y hacer una función en formato de gala. "Ballet Royalty" acaba de nacer. Ahora tiene que crecer y madurar. Ya tenemos pensado qué hacer en un futuro pero vamos paso a paso.

¿Quién es el cofundador, junto contigo, de "Ballet Royalty"?

Su nombre es Christopher Lingner. Él también baila aquí en Cincinnati. Es además productor de Broadway y fue nominado a un premio Tony (el más prestigioso de la escena teatral estadounidense).

Si no fueras cubano, ¿hubieses elegido La Habana para el debut de "Ballet Royalty"?

Honestamente, no lo creo. A pesar de que las cosas han cambiado bastante en Cuba, mucha gente todavía tiene una imagen negativa del país. Sin contar que, si yo no hablara español y no tuviera contactos importantes en Cuba, esta Gala hubiese sido casi imposible y el doble de costosa.

Más allá de la danza, ¿qué significa Cuba para Rodrigo Almarales?

            Cuba es mi país de nacimiento. Casi toda mi familia todavía reside en la Isla. También es el país donde me inicié en el ballet (muy buen lugar para empezar –y terminar– los estudios de ballet). Después de irme a los 10 años, y no haber vuelto por casi 14 años, Cuba ahora es algo en el medio. Siempre que voy de vuelta (y lo hago mucho más a menudo ahora) es una experiencia surrealista. Siento que soy un extranjero en mi propio país. A pesar de esto me encanta bailar allí. El público es fanático y sabe de ballet. Cuando fui al Festival, en el 2014, supe que tenía que hacer algo nuevamente en Cuba.

Reconocemos que no es fácil agrupar a bailarines de procedencias tan múltiples y sujetos a numerosos compromisos en una sola gala, como la celebrada en La Habana. Además, nos hemos enterado que todos recibieron con entusiasmo la idea de participar en este proyecto. ¿A qué atribuyes esa excelente disposición? ¿En qué se basó el criterio para invitarlos? ¿Hubo otros invitados que no pudieron asistir? ¿Cómo se determinó la cifra de 12 bailarines?

            Como dije anteriormente, el público cubano sabe de ballet. También la escuela y la compañía de Cuba son famosas mundialmente, así como lo es Alicia Alonso. El país también está cambiando y mucha gente quiere ir antes de que cambie demasiado. Por todas estas razones, todos los bailarines estaban muy entusiasmados con la visita.
            El criterio para invitar a los bailarines era simple: tenían que ser estrellas mundiales. Queríamos lo mejor de lo mejor y basado en eso se hizo la lista inicial. Hubo varios bailarines invitados que no pudieron asistir. Leonid Sarafanov y Roberto Bolle fueron dos de ellos. Desmond Richardson nos informó, un mes antes de la función, que tenía una emergencia y no podía asistir, por lo cual invitamos en el último momento a Carlo di Lanno, del San Francisco Ballet. Con relación a la cifra de bailarines, las galas de ballet por lo general cuentan entre 8 y 12 invitados.

 Estoy seguro que esta reciente presentación en el Gran Teatro despertó muchas emociones en ti. ¿Cómo las resumirías?

Cuando era chico, se hizo el ballet "Los Millones de Arlequín", en el cual bailé. Esa fue mi primera función en el Lorca (ahora Gran Teatro, por supuesto). Me acuerdo lo impresionado que estaba con ese lugar. Hoy en día, sigo impresionado con la belleza de ese teatro y cuando bailé en la Gala fue uno de esos momentos raros que te da la vida en los cuales completas un ciclo. Empecé mi carrera ahí y el 20 de agosto no solamente volví a presentarme en ese bello escenario, sino que también dirigí la función a mis 27 años de edad.

Si es posible, me gustaría recoger tu opinión sobre la actuación de la bailarina Adyaris Almeida, la otra figura que volvía a presentarse en su suelo natal.

Adiarys Almeida, aparte de ser mi amiga, es una estrella reconocida mundialmente. Para ella, volver a bailar en Cuba fue un sueño que tuvo desde que dejo el país. La emoción que sintió después de bailar fue asimilada por todo el público presente, la gente que la vio a través de una inmensa pantalla al costado del teatro, y todos los otros bailarines desde las patas del teatro. Nunca olvidaré ese momento y no creo que ella lo hará tampoco.

¿Prefieres bailar los clásicos o los contemporáneos?

Lo clásico me encanta. Lo contemporáneo también me gusta mucho, sobre todo, cuando es una pieza que me reta.

¿Tus papeles favoritos?

James en "La sílfide y el escocés", Romeo en "Romeo y Julieta" y Basilio en "Don Quijote".

¿Algún bailarín que te haya servido de inspiración en tu carrera?

Carlos Acosta.

¿Planes futuros con "Ballet Royalty"?

Ya estamos trabajando en ese proyecto. No puedo decir mucho, porque todavía no tenemos asegurados los teatros, pero pensamos realizar una gira por diferentes países.

 ¿Algo que te hubiera gustado que te preguntara y no llegué a hacerlo?

No. Creo que abarcó bastante. ¡Gracias!

Gracias a ti, Rodrigo Almarales, por darle valioso aliento a esta entrevista. 

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