La imaginación ofrece a la razón, en sus horas de duda, las soluciones que ésta en vano sin su ayuda busca. Es la hembra de la inteligencia, sin cuyo consorcio no hay nada fecundo”.
José Martí

domingo, 18 de enero de 2015

Exitosa gala de “Youth America Grand Prix”

Adiarys Almeida en “Don Quijote”

Por Leonardo Venta

               Nunca percibí tan rejuvenecidos el vestíbulo y la sala del Morsani del Straz Center de Tampa como el pasado sábado, 10 de enero de 2015; y es que entre la nutrida concurrencia que acudió a la decimosexta edición de la gala “Youth America Grand Prix”, resaltaban no pocos erguidos torsos y elegantes cuellos de cisne para evidenciar el carácter danzario de la velada. Si Degas hubiese estado presente, algunas de estas bailarinas hubiesen inspirado uno que otro pastel impresionista.
 
              Llegamos justo al comenzar la función; nos escurrimos en una sala casi llena, entorpeciendo con nuestra agitada respiración y torpe paso el conjuro de la música y el seductor movimiento que se disipa en el mismo instante que se crea, mientras el escenario mutaba tonalidades en un embrujo similar al que originan las hadas en su empeño por escoger el color adecuado al traje disneylezco de la Princesa Aurora en “La bella durmiente”.
 
       Si bien, no asistíamos a la puesta de un ballet completo, presenciábamos un derroche de variaciones solistas, pas de deux, pas de trois y números grupales. La carencia de escenografía, como es habitual en los programas de concierto, asentó el peso del espectáculo en la iluminación, el vestuario, la música y, sobre todo, la proyección escénica de los artistas.
 
            Cada mitad de la gala, titulada “Estrellas de hoy se encuentran con las estrellas del mañana”, comenzó con una selección de lo mejor entre los jóvenes competidores del “Youth America Grand Prix”, que tuvo a Tampa como sede de una de las 15 semifinales regionales en Estados Unidos. La intervención de figuras reconocidas en el celaje de la danza, ofreció realce al concierto.
 
            Un programa de esta índole es como un delicioso festín para los sentidos. Hubo desde danza de salón (Ballroom dance), con “Paso doble”, autoría de Donnie Burns y Gaynor Fairweather, con la soberbia interpretación de Denys Drozdyuk y Antonina Skobina; el aporte de dos figuras del Momix, una compañía con un marcado sello de ilusionismo; la sublimidad de un pas de deux al estilo neoclásico de Antony Tudor; hasta encantadores solos, delicados adagios, briosas variaciones y codas en que cada bailarín y bailarina perfilaba sobre el escenario lo mejor de sí.
 
            La primera parte cerró como debía cerrar, con uno de los pas de deux más interpretados del repertorio clásico, “Diana y Acteón”, en que Amar Ramasar, primer bailarín del New York City Ballet, y la suave y elegante Rebecca King hicieron derroche de todo lo que requiere bailarlo. Los foutées de la estadounidense, actual solista del Ballet Nacional Checo, fueron preciosamente bordados. Ramasar conformó con ella una excelente pareja.
“Acqua Flora”, creación de Moses Pendleton, coreógrafo y director de Momix.
              En una creación de Moses Pendleton, coreógrafo y director de Momix, Nicole Loizides hizo de “Acqua Flora” una fusión de la delicada música de Deva Premale y efectos visuales estéticamente inusitados. No nos atrevemos a reprochar los guiños circenses de la pieza y el alejarse cuantiosamente de lo que consideramos danza, por la belleza que prodiga. El cuerpo de Loizides estuvo todo el tiempo cubierto por una  luminosa jaula elástica, en forma de vestuario, que al ella constantemente girar originaba imágenes fantásticas.
"Millennium skiva", coreografía de Moses Pendleton. 
En "Millennium skiva", también de Pendleton, Loizides y Steven Esdras realizaron todo un paso a dos con esquíes de nieve inicialmente adheridos al escenario, creando una ilusión plateada en que dos seres se interrelacionaban de una manera nada habitual.
 
             Y si es cierto que lo mejor siempre se deja para último, así lo justifica la intervención de las parejas formadas por Stella Abrera, solista del American Ballet Theatre, y Sascha Radetsky, ex solista de dicha compañía; así como Adiarys Almeida, artista independiente, y Brooklyn Mack, del Washington Ballet, al contrastar respectivamente la sutileza neoclásica del paso a dos “Leaves Are Fading (Las hojas se marchitan)”, trabajo casi póstumo de Antony Tudor, con la bravura, el clasicismo y las exigencias técnicas del Grand pas de deux de “Don Quijote”, creado por Marius Petipa sobre música de Ludwig Minkus.
 
             “Las hojas se marchitan” es un bálsamo, corona de suavidad y pureza, en que el lenguaje artístico de la pareja trasluce una grisácea nacarada atmósfera, superponiendo la tosquedad mundanal para remitirnos a un idilio escénico, introspectiva evocación del amor que ha envejecido: fusión de cuerpos en una especie de poesía de la danza. Abrera y Radetsky, esposos fuera del escenario, lograron transmitir admirablemente la magia afectiva de esta pieza.
Adiarys Almeida y Brooklyn Mack, en bastidores, la noche de la gala.
Foto: cortes
ía de 
Adiarys Almeida.
La briosa Adiarys Almeida cerró la gala con Brooklyn Mack, del Washington Ballet. Ya habíamos visto su Odette-Odile, junto a Taras Domitro, en el Jackie Gleason de Miami Beach, en febrero de 2008, a raíz del debut en Estados Unidos del bailarín cubano y actual astro del San Francisco Ballet.
 
            Anticipamos que tanto Almeida como Mack sacarían chispas al sumamente retador pas de deux de “Don Quijote”. Así fue. La Kitri de Almeida (se aprecia el “sello” de la escuela fundada por Fernando y Alicia Alonso) se impuso desde que entró a escena con su lucido abanico para desafiar cada reto que exigía el adagio. La variación fue pulida; la coda, fascinante, con fouettés y triples piruetas intercaladas, algo poco común. Fue un “Don Quijote” de lujo, técnica y artísticamente.
 
  Finalizada la velada, bajo una lluvia de aplausos, los invitados hicieron una fugaz demostración retrospectiva de lo bailado, en la que el joven cubano Reynaldo Vergara (sólo lleva tres meses viviendo en Estados Unidos) nos dejó boquiabiertos con los osadísimos cabrioles dobles correspondientes al pas de deux de “Las llamas de París”. 
          

3 comentarios:

  1. Bravo por Adiarys!!!

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  2. Tremendo comentario de mi gran amigo Leonardo Venta, de verdad una obra de arte, que se repita .! ALBERTO FRANCO. Grayline of New York

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  3. Gracias Alberto, por tus palabras y por visitar mi blog. Sinceramente, Leonardo Venta

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