La imaginación ofrece a la razón, en sus horas de duda, las soluciones que ésta en vano sin su ayuda busca. Es la hembra de la inteligencia, sin cuyo consorcio no hay nada fecundo”.
José Martí

lunes, 3 de junio de 2019

Juana Borrero, "la virgen triste"

"Después de muerto Casal, nadie en Cuba ha tenido un temperamento  tan artístico,
 intuiciones tan precisas ni inspiración tan delicada", dijo Carlos Pío Uhrbach de Juana Borrero
Por Leonardo Venta

              El 18 de mayo de 1877 nace en La Habana la pintora y poetisa Juana Borrero, a quien Julián del Casal inmortalizara en el célebre poema "La virgen triste". Educada en un ambiente de arte y literatura, en 1886 matriculó en la Academia Cubana de Bellas Artes de San Alejandro, donde fue alumna del pintor Armando Menocal.
            En la primavera de 1892, aborda –junto a su padre, el médico y poeta Esteban Borrero Echeverría– el vapor estadounidense "Niágara", con rumbo a Nueva York, donde conoce a José Martí en una velada en su honor en el Chickering Hall. Durante su estancia en la ciudad que no duerme, Martí la presenta a la colonia cubana. Por su parte, Esteban le regala al Apóstol varios cuadros de su hija. El 8 de septiembre de ese año regresa a Cuba junto al padre, en el vapor "Saratoga".
            Julián del Casal y "la virgen triste" se conocieron a principios de 1891, en las tertulias que ofrecía Esteban Borrero en la habanera casona de Puentes Grandes. Dulce María –hermana de Juana– rememoraría aquel encuentro con el Baudelaire cubano: " Vino el bardo a nuestra casa traído de la mano por el mismo padre que cuidaba de nuestros corazones con un celo angustiado y expectante (... ) Nos miró a todos por la primera vez, menos a Juana, que ya la conocía por la miniatura sonora de sus versos primeros, que el padre le había dado a conocer. Sin mirarla –Casal no parecía mirar nunca–, vio desde el primer día la 'tez de ámbar', las 'pupilas de terciopelo' y la testa de la joven Musa erguida en gesto altivo, involuntario. Y vio también el bardo, por esa capacidad adivinatoria que sólo poseen los tristes, que sobre aquellas facciones juveniles de la niña genial, veladas ya de una honda amargura, flotaba 'la tristeza prematura de los grandes corazones'”.
            Unos meses antes de morir, Casal publicó en La Habana Elegante, el 20 de agosto de 1893, “Virgen triste”, cuyos versos aclaran su afecto fraternal hacia la poetisa pintora, al mismo tiempo que proyectan un presagio del final prematuro que le aguardaba a ella: "¡Ah! yo siempre te adoro como un hermano, / no sólo porque todo lo juzgas vano / y la expresión celeste de tu belleza, / sino porque en ti veo ya la tristeza / de los seres que deben morir temprano".
            A fines de 1894, la Biblioteca de La Habana Elegante publica el poemario Gemelas, de los hermanos Carlos Pío y Federico Uhrbach. El libro –cuya dedicatoria iba dirigida "A la memoria del maestro Julián del Casal"– llega a las manos de Juana, que anota en su Diario, en febrero de 1895: “Acabo de pensar algo inaudito, imposible, temerario. Oye Carlos. Antes de dos meses tú serás mío o yo estaré muerta”.
            Francisco García Cisneros, el director de la revista Gris y Azul, la pone en contacto con Carlos Pío. Prorrumpen unas relaciones amorosas breves, marcadas por la prohibición paterna. En una misiva a su amado, Juana expresa: "El jueves si Dios quiere estará papá fuera y podremos hablar mucho porque tengo que decirte que mi Abuelita y Mamá no se muestran hostiles a nuestras simpatías. Aquí el único inabordable es... ¡Ya lo sabes!".
            En 1896, un año después del estallido de "la guerra necesaria", como llamara Martí a la Guerra de Independencia de Cuba, apremiados por razones políticas, los Borrero se marchan de Cuba. Desde el exilio, Juana le escribe a Carlos: “Todavía no he recibido una línea tuya desde que llegué (...) Luego, a mi tristeza se une la triste convicción de mi mal físico que procuro ocultar a mi familia con todo cuidado (…) Anoche creí morirme. La fiebre que jamás se me quita, aumentó con la exaltación del insomnio (…) Convencida como estoy ya de que viviré muy poco”.
            Juana Borrero fallece, víctima de fiebre tífica, en Cayo Hueso, el 9 de marzo de 1896. Carlos Pío Uhrbach murió en combate, entre las filas mambisas, el 17 de diciembre de 1897. Al morir, llevaba cocidos a su camisa de insurrecto los versos dictados en su lecho de muerte por Juana: "Yo he soñado en mis lúgubres noches, / en mis noches tristes de pena y lágrimas, / con un beso de amor imposible, / sin sed y sin fuego, sin fiebre y sin ansias...".

sábado, 9 de febrero de 2019

El gran bailaor Juan Manuel Fernández "Farruquito" se presenta en Tampa

Heredero de una tradición fundada por "El Farruco" -su abuelo-, Juan Manuel Fernández ''Farruquito" cree en la existencia de un duende flamenco.

Por Leonardo Venta



El bailaor español "Farruquito" se presenta por primera vez en Tampa el próximo miércoles, 13 de febrero en la Sala Ferguson del Straz Center, acompañado por un grupo de cantantes, músicos y un cuerpo de baile. 

    Iluminado por su duende flamenco y una admirable dosis de humildad, departió conmigo sobre su concierto y otros detalles de su vida y carrera artística.   

                                                                                                 
¿Cuál es tu nombre de bautizo y cómo surge el mote artístico de Farruquito?

Mi nombre es Juan Manuel Fernández Montoya. "Farruquito" me lo puso el público por ser nieto de Antonio Montoya Flores, "El Farruco", gran bailaor de flamenco.

Sabemos que eres muy popular, pero para quienes todavía no te han visto bailar, ¿cómo te gustaría ser presentado?

Como "Farruquito", creo que la personalidad es lo más importante; y aunque venga de una familia de flamenco, mi maestro –El Farruco– me inculcó que esta manifestación cultural no es imitar, si no aprender de todos hasta lograr expresarte tal y como eres.

¿Dónde naciste y resides?

En Sevilla.

¿Cómo atesoras tu vocación artística?

Trato de trabajar cada día, de tener presente que hay mucha gente que lo hace increíblemente bien, y hay que seguir esforzándose, al menos, para tener algo nuevo que contar.

Desde una perspectiva más entrañable, ¿recuerdas algún momento en tu infancia que te dictara la necesidad de ser bailaor?

Sí, cuando tenía 6 años me enamoré del flamenco en una gira por América acompañando a mi familia, a mi abuelo, "El Farruco", y a una serie de artistas de lo mejor que había en la época. La manera con que vivían y disfrutaban del flamenco, fue lo que me empujó a soñar con ser alguno de ellos algún día.

¿Otras inclinaciones artísticas?

Desde niño me ha gustado cantar o tocar la guitarra o el piano, o cualquier cosa que tuviera que ver con la música en general.

¿Qué significa para ti el término flamenco?

Una forma de ser y de sentir. Antes de ser una profesión ha de ser una filosofía con la que te sientas identificado; luego, si te dedicas a ello, hay un trabajo muy duro detrás.

¿Cuánto tiempo llevas subiéndote a un escenario? ¿Recuerdas tu debut?

Llevo 31 años en el escenario. Debuté con mi familia en Broadway, cuando tenía 5 años.

¿Cómo explicas la forma en que ha evolucionado tu arte?

No sería capaz. Creo que la evolución en mí la he notado en las preferencias. Antes, quizás pensaba más en lo que pudiera producir en los demás. Ahora, busco sentir y disfrutar con ese momento.

¿Cuáles han sido las influencias que conforman tu estilo?

Cualquier artista que llame mi atención. Ya sea de flamenco o de otros géneros musicales, mi inspiración viene de cualquier belleza de la vida. Trato de aplicarla a mi persona, por lo tanto a mi baile.

¿Cuáles son los números que más disfrutas bailar?

Depende de mi estado de ánimo. Puedo sonreír por soleá [canto flamenco de tono melancólico] o llorar por alegrías [una de las variedades tradicionales del cante flamenco].


El New York Times te ha llamado "El mejor bailaor de flamenco del siglo". ¿A raíz de qué espectáculo nació ese calificativo y en qué sentido te acoges a esa aseveración, teniendo en consideración el prestigio de los bailaores flamencos que ha tenido y tiene España?

Eso fue motivo de una noche de esas mágicas en New York; creo que la emoción del momento hizo que se dijesen esas cosas sobre mí. De todas formas, yo no me dejo llevar por esos comentarios. En el arte no hay nadie mejor que nadie, afortunadamente.

¿Cómo pudieras describir la función que nos ofrecerás en víspera del "Día del amor y la amistad"? ¿Qué duración tiene y cuántas piezas se interpretarán?

Es un show desnudo, donde la improvisación tiene mucho espacio. Sin embargo, tiene una estructura que la sostiene. Cada músico es un artista que brilla con luz propia, la gente podrá ver un concierto no sólo de baile. No existen bailaores ni músicos acompañantes, porque cada quien como solista es un espectáculo. La función –que dura una hora y 20 minutos, más o menos, dependiendo de cómo nos sintamos– incluye soleá, seguidilla, alegrías, bulería, taranto, tanguillo y fin de fiesta.

¿Crees en la existencia de algún duende flamenco que te visita en el escenario? De ser así, ¿cómo lo experimentas?

Totalmente. Pero al duende hay que llamarlo con esfuerzo, afición, respeto, humildad y muchas voces más … sólo así te visita de vez en cuando.

Aparte de aquellos que cultivan la manifestación cultural a la que te dedicas, ¿algún ídolo artístico?

Uno de mis ídolos es Michael Jackson.

¿Algún modelo a seguir en tu profesión?

Cualquier danza en que la pureza de expresar y transmitir esté por encima de la técnica, llama mi atención y aprendo de ella.


¿Cuál es la experiencia como artista que más te ha marcado?

Mi debut en Broadway, donde me enamoré para siempre del flamenco.


Si no hubieras sido bailarín, ¿qué te hubiera gustado ser?

Músico, pintor, poeta … algo relacionado con el arte.


¿Tus grandes pasiones?

Mis niños, mi mujer, mi familia, mis amigos y las cosas que no pueden comprarse.


¿Sueños, anhelos?

Sueño con un mundo mejor, donde todos los niños tengan cuidado médico, alimentos, ilusiones y posibilidades de ser feliz como todos merecemos.


¿Por qué debemos asistir a esta función en el Straz Center?

Porque creo que un espectáculo flamenco te alegra el alma.

El Balllet Nacional de Cuba tiene una nueva directora artística

Viengsay Valdés rinde honor a la deidad de la danza universal Alicia Alonso. Foto: Nancy Reyes.

Por Leonardo Venta

 
            El pasado martes, 22 de enero, la primera bailarina Viengsay Valdés fue nombrada subdirectora artística del Ballet Nacional de Cuba (BNC), en momentos en que su directora y fundadora –la casi centenaria prima ballerina assoluta Alicia Alonso– sufre ineludibles quebrantos de salud asociados a la longevidad extrema.
           Si bien, al momento de escribir esta nota ya teníamos confirmación del nuevo nombramiento, los pormenores que se le relacionaban nos seguían resultando vagos y parcialmente inasequibles. Teniendo en consideración lo antedicho, este sastrecillo del alma –con irremediable vocación de balletómano– ha preferido soslayar inexactas particularidades sobre la susodicha designación, obviando los desacertados porqués y cómos  para concretarse en el saludable ejercicio de presentar –como sano objetivo y no como herramienta de inoperantes ideologías– a la admirable dama que asumirá por ley de sus propios méritos el nuevo cargo dentro de la institución danzaria que arrancara del afamado crítico británico Arnold Haskell el calificativo de “milagro cubano".
            El 10 de noviembre de 1976, en el barrio habanero del Vedado nace Viengsay Valdés. En septiembre de 1986, a la edad de 9 años, comenzó sus estudios en la Escuela Elemental de Ballet Alejo Carpentier, hasta graduarse en 1991. Ya en el nivel de secundaria básica, alternaba su aprendizaje artístico en la Alejo Carpentier –en la mañana– con las asignaturas académicas regulares en el plantel Raúl Gómez García –en la tarde–, sólo distantes once cuadras entre sí.  Sobre su férrea voluntad de superación –rasgo que todos coinciden en atribuirle–, dijo su profesora de danzas de carácter Valentina Fernández al periodista Carlos Tablada Pérez, en el 2011: "Hoy es una bailarina que en escena puede dominar cualquier estilo, que transmite seguridad técnica e interpretativa, y lo ha logrado gracias a una disciplina de trabajo, a su constancia y su fuerza".
            Viengsay –como prefiero llamarla, por la unicidad del nombre que significa “victoria” en el idioma laosiano, país en el que sus padres fueron embajadores y a donde fue a vivir con sólo tres meses de edad– continuó sus estudios en la Escuela Nacional de Arte (ENA), en el notorio período especial, una etapa de severa depresión económica en la Isla que se extendió desde 1991 hasta  mediados de la década de los noventa.
            Ya en este período sobresale por sus centrados giros y prolongados balances, pero sobre todo por su singular estilo, dedicación y genuina sensibilidad escénica. "Cuando ella se paraba en escena se transformaba, no era la niña, era ya la casi adulta que salía y se retaba, se retaba en su baile, se retaba en sus asignaciones técnicas y se retaba a hacer más y mejor", ha dicho de Viengsay Mirtha Hermida, una de las profesoras que más confianza tuvo en ella desde el principio.
            En julio de 1994, se gradúa de la ENA con una interpretación espléndida del pas de deux del ballet "Esmeralda". En agosto de ese mismo año, participó en el concurso "Vignale Danza", en Italia, donde obtuvo medalla de oro.  Un mes después, ingresa en la troupe del Ballet Nacional de Cuba. Luego de sólo un año en la compañía es promovida a bailarina principal.
            En julio de 2001, Alicia Alonso le otorga el rango de prima ballerina. Continúa sobresaliendo por su perseverancia, disciplina y entrega. "Mi primer encuentro con Viengsay de hablar de tú a tú, sobre sus cualidades y sobre la historia, en el sentido de la tradición, de la técnica, fue un día en que me le acerqué después de una presentación suya, y le dije: 'Te quiero dar las gracias porque has rescatado una tradición de la técnica del ballet cubano, de una técnica que Alicia Alonso sentó, y es dar los 32 fouettés en el lugar sin desplazarse'. Eso es el virtuosismo", comenta el Dr. Miguel Cabrera, historiador del Ballet Nacional de Cuba y jefe del Centro de Documentación e Investigaciones Históricas de esta institución.
            Viengsay –que el próximo domingo, 3 de febrero cierra las presentaciones de "El lago de los cisnes", que se vienen efectuando desde el 25 de enero en el Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso– debutó en el exigente rol de Odile, en 1995, por una de esos imprevistos que acaecen de vez en cuando en el mundo del espectáculo. Las bailarinas que tenían que interpretar el rol protagónico estaban indispuestas, luego de una extenuante gira por México. La dirección del BNC tomó la decisión de que Catherine Zuasnábar y Viengsay –que tenía solo 18 años– interpretaran los personajes de Odette y Odile, en una misma función.
             "Para el público en general, o sea, para el público que va principalmente a la Sala García Lorca del Gran Teatro de La Habana, aquel cisne negro fue una revelación; para mí fue la confirmación de lo que yo había pensado, tres, cuatro años atrás, cuando la vi en 'La llama de París'. Entonces, se pudiera decir que en aquel momento Viengsay empieza una gran carrera", comenta el crítico y periodista Ahmed Piñeiro, a quien cita Carlos Tablada Pérez en De acero y nube, un excelente texto biográfico de la bailarina.
            Los triunfos de Viengsay –en sus 25 años con el Ballet Nacional de Cuba– son admirables y cuantiosos. Desde ovaciones de pie en las más renombradas salas de teatro del mundo, presentaciones junto a los mejores partenaires, hasta cálidas reseñas realizadas por reconocidos críticos de la danza clásica, que la han ubicado entre las mejores bailarinas de estos tiempos, atesorando loas que sólo pueden ostentar artistas privilegiados.
            En una reseña escrita por mí para el semanario Las Américas Herald, bajo el pseudónimo de Francisco Sisa, a raíz de una presentación del llamado Bolshói del Caribe en Tampa, el 24 de octubre de 2003, dije y sostengo: "Las cuatro joyas del BNC [Mirta Plá, Josefina Méndez, Loipa Araújo y Aurora Bosch], que nombrara de esta forma Arnold Haskell, instituyeron pautas para las nuevas generaciones del ballet cubano. Pero…después de ver bailar a Viengsay hemos tenido que reacomodar nuestras mentes para darle magna entrada a la heredad de nuestras más preciosas memorias. Podemos afirmar, sin temor alguno de equivocarnos, que es otra joya del ballet cubano, en otro tiempo y con un brillo de una magnitud única e indivisible".

lunes, 28 de enero de 2019

Décimo aniversario del fallecimiento de Josefina Méndez


El pasado 26 de enero se cumplieron 10 años del fallecimiento de la primera bailarina Josefina Méndez, una de las cuatro joyas del Ballet Nacional de Cuba, calificativo otorgado por el connotado crítico británico Arnold Haskell. La Méndez murió en La Habana, ciudad donde naciera, a los 65 años de edad.

jueves, 3 de enero de 2019

“Estrellas de hoy se encuentran con las estrellas del mañana”

La Gala del sábado, 5 de enero combina una selección de lo mejor entre los jóvenes competidores del “Youth America Grand Prix” y figuras reconocidas en el celaje de la danza universal. Foto: Siggul/VAM.

Por Leonardo Venta 

               Destacadas personalidades de la danza mundial compartirán escenarios con noveles bailarines y bailarinas en la gran gala “Estrellas de hoy se encuentran con las estrellas del mañana”, el sábado, 5 de enero, a las 8 p.m., en la Sala Ferguson del Straz Center.
            “Youth America Grand Prix" (YAGP, por sus siglas en inglés) –considerado como el mayor evento competitivo internacional para estudiantes de danza y una plataforma para visibilizar las potencialidades de jóvenes figuras de la disciplina en todo el orbe– celebra su vigésima edición y el séptimo año consecutivo en que se efectúan las competencias semifinales de Florida en la ciudad de Tampa, preámbulo de las neoyorquinas finales que se realizarán entre el 12 y el 19 de abril.
            Fundado por Larissa Saveliev y su esposo Gennadi Saveliev, otrora miembros del Ballet Bolshoi, YAGP se integra en 1999 a una confluencia global danzaria que acoge en su seno a jóvenes estudiantes de la danza clásica, maestros, escuelas, compañías, egresados de instituciones de danza, patrocinadores, coreógrafos, así como bailarines en general. De esta manera, se proyecta hacia la comunidad profesional del ballet a nivel internacional, atrayendo el apoyo de benefactores y amantes de la danza hacia prometedores talentos, ofreciéndoles talleres y becas en prestigiosas escuelas y compañías de danza alrededor del mundo.
            Desde su fundación, “Youth America Grand Prix” ha ofrecido oportunidades a numerosas promesas  –entre las edades de nueve a 19 años, de diversos orígenes étnicos y culturales– con el fin de ampliar su radio de acción, otorgarle más confianza escénica, perfeccionamiento técnico e interpretativo, consolidando una red sólida y estable dentro de la comunidad artística, al expandir sus oportunidades para desarrollarse y triunfar en la maravillosa y exigente esfera de la danza.
             Entre los invitados a la presente gala, muchos de los cuales son egresados de YAGP e integrantes de prestigiosas compañías danzarias, figuran Skylar Brandt, Melanie Hamrick, Calvin Royal III, Hee Seo, José Sebastian y Cory Stearns, del American Ballet Theatre; Denys Drozdyuk, World of Dance; Derek Dunn, proveniente de las filas del Boston Ballet; Daniel Ulbricht, bailarín principal del New York City Ballet; Peter Weil, del Ballet de Pensilvania; la bailarina principal del San Francisco Ballet Sasha De Sola, los artistas principales Brooklyn Mack, Joseph Gatti y Juliano Nunes; así como los ucranianos Denys Drozdyuk y Antonina Skobina, prestigiosa pareja de baile de salón a nivel internacional.


David Castillo

             El programa en dos actos intercala presentaciones de las antedichas figuras, así como de los más destacados concursantes, entre los que pudimos conversar brevemente con el joven de 20 años David Castillo –otrora integrante del Ballet de Cali– quien lleva sólo varios meses tomando clases en el Conservatorio Patel –ubicado en el extremo norte del Straz Center, y en cuyas amplias instalaciones se esculpen las susodichas estrellas del mañana, bajo la dirección artística de Philip Neal, exbailarín principal del New York City Ballet; y la maître Ivonne Lemus, proveniente de la prestigiosa escuela cubana de ballet–.
            “Para mí significa mucho representar a 'Next Generation Ballet' en la competencia de YAGP. Es una gran oportunidad y un honor”, nos comentó Castillo, cuyos ballets favoritos son 'El Corsario' y "Don Quijote'. “Voy a competir con un tango-ballet, junto a seis integrantes de la compañía. Somos 4 bailarines y 3 bailarinas”, agregó. 
            Al pedirle unas palabras de aliento para aquellos y aquellas que aspiran a triunfar en el mundo escénico, el joven colombiano expresó: "Todo con esfuerzo se logra y las metas se las impone uno mismo". Con certeza, esta competencia del YAGP forma parte de las metas a las que Castillo se refiere, así como las de los miles de estudiantes de la danza clásica y contemporánea que se han integrado a un concurso en el que ya se gana participando.
            Hasta la fecha, YAGP ha brindado oportunidades a alrededor de 100 mil bailarines de todo el mundo a participar en talleres y audiciones internacionales, ofreciendo más de $4 millones en becas otorgadas por las principales escuelas de danza. Más de 12 mil jóvenes bailarines realizan audiciones cada temporada; 450 alumnos egresados han pasado a integrar alrededor de 80 de las principales compañías de danza del mundo. Para obtener información adicional acerca de Youth America Grand Prix, visite https://yagp.org/

viernes, 21 de diciembre de 2018

El mejor regalo de Navidad

"El Nacimiento de Jesús" (1302-1305), de Giotto di Bondone, es un punto de inflexión en la evolución de la rígida estilización medieval hacia el renacimiento florentino.

Por Leonardo Venta

            Cuando nos disponemos a celebrar la Navidad, retomamos el recurrente empeño de idearnos una experiencia feliz. Cada persona esgrime un dictamen diferente sobre la felicidad. Para Sócrates, "no se encuentra en la búsqueda de más, sino en el desarrollo de la capacidad para disfrutar de menos”. El novelista y filósofo ruso Liev Nikoláievich Tolstói concuerda con el pensador griego al escribir: “Mi felicidad consiste en que sé apreciar lo que tengo y no deseo con exceso lo que no tengo".
            La arbitrariedad, con sus veleidosas desinencias, no constituye el fundamento que nos ha motivado a hurgar en los entresijos de este tema. La sociedad actual ha vaciado la Navidad de su verdadero significado religioso, desvirtuando la profundidad de su mensaje y celebración. Cristo, epítome del Amor, es su razón y esencia.
            Es posible dar la impresión de ser felices cuando no lo somos. La dicha navideña –que no tiene nada que ver con el consumismo que cada año prolifera en la conmemoración del nacimiento de Jesucristo– pudiera ser espejismo de un principio de amor y fraternidad que hemos damnificado con nuestra indolencia y malas acciones durante todo el año.
            No son los regalos ni las fiestas ni las bulliciosas manifestaciones de cordialidad la esencia del misterio de la Navidad, sino el ejercicio de virtudes y valores que nos identifican con la Segunda Persona de la Trinidad. Santo Tomás define la virtud como un “hábito operativo bueno". Una disposición habitual y firme a hacer el bien debe ser uno de los ornamentos de nuestros arbolitos navideños.
            Cuentan los biógrafos de San Francisco de Asís, que en el mes de diciembre de 1223, en una localidad italiana de la provincia de Rieti, región de Lazio, el Santo de los santos se lamentaba de que la observancia de la Navidad había sido ensombrecida por el consumismo. Angustiado, congregó a varios amigos, junto con algunos animales, y recreó la escena del pesebre, conocida como la Natividad.
            La experiencia de Rieti fue singular y edificante, y a lo largo de los años esa práctica –a la que se agregaron los villancicos– se integró a la celebración del nacimiento del Mesías, oficializada en el año 345 por influencia de San Juan Crisóstomo y San Gregorio Nacianceno, padres y doctores de la Iglesia Primitiva. Aunque hay quienes consideran que la celebración del 25 de diciembre es el resultado de la degeneración que sufrió el cristianismo a manos del paganismo, sigue siendo la fiesta más importante del año eclesiástico cristiano.
            Sin embargo, no todo los rituales navideños son de origen pagano. En 1742, Georg Friedrich Händel estrenó en Dublín el oratorio "El Mesías", con su célebre coro 'Aleluya'. Como sugiere el título, la composición recorre el nacimiento de Jesús, su muerte y  resurrección. Una de las piezas más populares de la sección de Navidad es "Porque un niño nos es nacido", que se basa en dos versículos del libro de Isaías: "Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz".
            Policromos compromisos, disimulados estreses, embriagados efugios, desiguales obsequios, producciones de "El cascanueces" integran la nutrida lista de elementos que aderezan esta celebración. Para lenitivo de quien escribe esta nota, no todo es consumismo en las festividades decembrinas; hay padres, que a pesar de tener medios para comprar costosos obsequios, precisan a sus hijos a intercambiar presentes confeccionados por ellos mismos, sin gran valor material, pero con una significación emocional edificante.
            La Navidad es el tiempo propicio para fijar la mirada en "el iniciador y perfeccionador de nuestra fe", cuyas enseñanzas nos exhortan a amarnos los unos a los otros, perdonarnos al igual que Él nos perdona; fraternizar –con amor de madre a hijo– en tiempos favorables y de conflictos; así como cuidar de aquellos que, por la razón que sea, necesiten nuestro auxilio.
            No importa cuánto anhelemos la paz, vivimos en un mundo amenazado constantemente por la violencia, la división y la codicia. Queremos ser honestos, pero la impudicia constantemente nos tiende emboscadas. Procuramos repartir buenas acciones; sin embargo, nos dejamos atrapar por los afanes de la vida y así procrastinamos –o anulamos– dichos buenos propósitos. Necesitamos perdonar, pero no lo hacemos. Afirmamos proponernos el bien ajeno, pero nos deslizamos hacia el egoísmo, la manipulación, la enfermiza competitividad, la xenofobia, el racismo, los prejuicios y el pernicioso orgullo.
            No es el costoso regalo, ni el humilde gesto de cumplido, ni la entrañable cena de Nochebuena, ni el rencuentro con ese distante ser amado, ni la magia que desvanece el desaliento para transformarlo en esperanza, ni la ociosa lágrima que se sublima en tierno detenido gesto, celebrar la Navidad es atesorar la más meritoria de todas las dádivas: Jesucristo, cuyo nacimiento celebramos para que –según establece Tito 3:7– "justificados por su gracia fuésemos hechos herederos según la esperanza de la vida eterna".