La imaginación ofrece a la razón, en sus horas de duda, las soluciones que ésta en vano sin su ayuda busca. Es la hembra de la inteligencia, sin cuyo consorcio no hay nada fecundo”.
José Martí
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martes, 21 de agosto de 2018
sábado, 14 de octubre de 2017
Exitoso inicio de temporada de la Orquesta de la Florida
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La temporada 2017-18 es la tercera bajo la
dirección musical del británico Michael Francis. Foto: Matt Dine
|
Por Leonardo Venta
La Orquesta de la
Florida, bajo la batuta del británico Michael
Francis, concluyó el programa del primer concierto de su vigésimo quinto
aniversario el pasado viernes, con el famoso oratorio escénico "Carmina Burana", del
compositor alemán Carl Orff , junto a la 'Master Chorale of Tampa Bay', en la colmada espaciosa Sala Morsani del Straz Center de Tampa.
Estrenada en Frankfurt en 1937, pero
cuya génesis se remonta al Medioevo, la monumental obra –compuesta para orquesta, coro y
tres solistas, con duración de 65 minutos y basada en una colección de 24
intensos y sonoros poemas de carácter amoroso, báquico y satírico de los siglos
XII y XIII hallados en 1803 en el monasterio de Benedicktbeuren en la alta
Baviera– fue la primera espiración de las múltiples prometedoras galas que nos
aguardan esta temporada.
La composición de Orff combina el misticismo de la música religiosa escrita en latín y los textos
profanos que inquieren los placeres de la carne, adjunta el ennoblecido
intelecto con los ineludibles instintos primitivos, atiza la tensión entre lo
racional y lo irracional, coteja la sátira con el dramático
de la existencia, lo que justifica la búsqueda de sonidos arcaicos, que suscita el predominio de
las secciones de viento y, muy especialmente, la percusión sobre los
instrumentos de cuerda, marginando el lenguaje romántico de la ópera
tradicional y reduciendo las pomposas escenografías y vestuarios a elementos
básicos de la producción.
La primera intervención del barítono Michael Nyby, henchida de una riqueza interpretativa conmovedora, en “Omnia Sol Temperat”, nos remitió a la experiencia de despertar ante el amor, comparándola
con plácidos elementos de la naturaleza, mientras la apacible cadencia de las voces
femeninas del coro contrastaba con las avidez intemperante de los varones.
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| La bella joven soprano Madison Leonard deslumbró en la interpretación del agraciado y técnicamente exigente solo de “Dulcissime”. Foto: Ale Logan |
En la última parte de la obra, “Cour
d’amour”, Nyby se cuestiona si los dioses le concederán la dicha de
sumergirse en el deleitoso rubor de la virginidad de su amada, a lo que ella,
la bella joven soprano Madison Leonard, poseedora de una voz exquisita de rango
estupendo, consiente mediante el agraciado y técnicamente exigente solo de
“Dulcissime”.
El programa dio inicio con el gran
lirismo y la exuberante orquestación de "Danzas rituales" (extraídas
de la ópera "Boda de verano" de Sir Michael Tippett, uno de los
principales compositores británicos). Esta obra dramática musical de gran
simbolismo, la primera ópera que compuso Tippett, nació a partir de una revelación sensorial: un templo, ubicado en una colina poblada de árboles, donde un
cálido y delicado mancebo es rechazado por una joven insensible y áspera, a tal grado que evoca
la polaridad sugerida por el psiquiatra y psicoanalista suizo Carl Gustav Jung entre
ánima –la imagen arquetípica de mujer en la psique masculina– y animus –el aspecto
masculino interno de la mujer–.
La temporada 2017-18, la tercera bajo
la dirección musical de Francis, incluye desde la "Sinfonía del Nuevo
Mundo" de Antonín Dvorák, el "Réquiem" de Giuseppe Verdi, hasta
la serie "Raymond James Pops", dirigida por el neoyorquino Jeff Tyzik,
que da comienzo este fin de semana con "Swing is the Thing" y comprende la música de la serie televisiva "Star Trek" y la cinematográfica
"Star Wars", así como música para las ya cercanas festividades de fin
de año y piezas de Rodgers & Hammerstein, una de las parejas más exitosas y
creativas del mundo de los musicales.
Por otra parte, la serie de conciertos "Café de la mañana", dirigida por el director invitado Stuart Malina, comenzó ayer jueves, en el Mahaffey Theater de Saint Petersburg, con "El pájaro de fuego" del ruso Ígor Stravinski, "En la gruta del rey de la montaña" del compositor noruego Edvard Grieg, así como "Capricho español" del también natural de Rusia Nikolái Rimski-Kórsakov.
Por otra parte, la serie de conciertos "Café de la mañana", dirigida por el director invitado Stuart Malina, comenzó ayer jueves, en el Mahaffey Theater de Saint Petersburg, con "El pájaro de fuego" del ruso Ígor Stravinski, "En la gruta del rey de la montaña" del compositor noruego Edvard Grieg, así como "Capricho español" del también natural de Rusia Nikolái Rimski-Kórsakov.
sábado, 22 de abril de 2017
Ximena Borges: a raíz de "Rocktopia live"
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| Ximena Borges, una soprano que rompe esquemas |
Por Leonardo Venta
La Sala Morsani del Straz Center de
Tampa presenta este sábado el espectáculo "Rocktopia live" –una fusión
del virtuosismo de la música clásica, el ingenio vibrante del rock clásico y el
dramatismo de la ópera, con cinco vocalistas que han cautivando al público y la
crítica especializada a nivel internacional, igual número de destacados músicos
de rock, una orquesta y un coro– en un concierto intenso e impar que incluye
arreglos musicales de obras de compositores clásicos, bandas de rock y artistas
como Queen, Mozart, Journey, Händel, U2, Chaikovski, Heart, Beethoven, Styx,
Foreigner, Rajmáninov, Pink Floyd, Copland, The Who y otros.
Indagando sobre "Rocktopia"
–una producción filmada en 2016 por la televisión pública nacional de Estados
Unidos (PBS) ante una audiencia en vivo en la mundialmente famosa Ópera de
Budapest (Magyar Állami Operaház), uno de los centros culturales más
importantes de Europa, y cuya actual gira por Estados Unidos hará la susodicha
parada en Tampa– nos enteramos de que una de las vocalistas de la producción,
Ximena Borges, es venezolana. Ella accedió a concedernos una entrevista, cuyo
motivo no es otro que acercarnos al espectáculo de este 22 de abril desde un
ángulo más personal.
¿Cuál es tu participación en el espectáculo "Rocktopia
live"?
Somos 5 cantantes
solistas. Yo canto la parte operática y algo de la parte de rock.
¿Es un espectáculo eminentemente musical? ¿Hay
también baile?
Es puramente
musical. No hay baile
¿Como definirías
el espectáculo?
Es la mezcla de canciones muy
reconocidas del repertorio de rock junto con música clásica sinfónica y ópera.
Es un collage donde se unen piezas que tienen una emoción o espíritu similar,
pero fueron compuestas con decenas de años de separación. Al final del día, los
seres humanos hemos contado las mismas historias por siglos. La música a través
de nuestra historia ha variado en la manera en que ha sido compuesta, pero su
contenido siempre es muy parecido.
¿Cuántos miembros integran el elenco?
Toda la información sobre cada
vocalista esta en el cibersitio rockotpia.com. Ellos son Rob Evan (co-creador
del espectáculo), Tony Vincent, Chloe Lowery, Kimberly Nichole y yo. La banda la
integran Tony Bruno (guitarra), Matt Fields (bajo), Mairead Nesbitt (violín),
Alex Alexander (batería) y Henry Aronson (piano). La orquesta y el coro son de
cada ciudad en que nos presentamos, cuya cantidad siempre varía.
¿Tienes algún inconveniente en decir tu edad?
Tengo 32 años
¿En qué momento te dijiste o te has dicho: yo soy
una artista?
Mis padres son ambos artistas
visuales con gran carrera en Venezuela, así que crecí rodeada de artistas. Creo
que nací artista. No hubo un momento concreto de haberme dicho eso a mí misma.
En la casa en que crecí, era casi inevitable que lo fuera. Nunca hubo ningún
tipo de presión, de hecho mis padres querían que fuera científica. Pero la
influencia a mi alrededor ganó.
¿Cómo te iniciaste en tu carrera como artista?
Comencé a tocar
el violín a los 2 años. Luego tomé clases de piano a los 11. El canto fue una
evolución natural. Estudié la carrera de canto lírico en Manhattan School of
Music, en Nueva York.
¿Prefieres cantar
o tocar algún instrumento?
En verdad,
principalmente canto.
¿Cómo te unes a este proyecto?
Nuestra primera
presentación fue en julio de 2016, en Budapest. Allí grabamos el espectáculo
para PBS.
¿Dónde radican los integrantes de
"Rocktopia"?
Algunos vivimos
en Nueva York, otros en Londres e Irlanda. No somos una compañía fija. Lo que
nos une es este proyecto.
¿Qué punto de la actual gira comprende Tampa?
Tampa comprende la última semana de
nuestra gira de un mes por 23 ciudades de la costa este de Estados Unidos. Es
nuestra primera gira. Se está planificando la segunda para el otoño.
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| "Rocktopia live", una experiencia única entre lo lírico y lo rockero |
¿Cómo te enfrentas a este espectáculo?
Me enfrento con una mente abierta,
siempre con la filosofía de que la música clásica debe renovarse para acceder a
nuevos públicos que de otra manera están prejuiciados. Luego de haber visto
este espectáculo muchas personas me han dicho que nunca habían presenciado una ópera
y que a partir de ese momento sentían curiosidad de asistir a una. Hay muchos
mitos sobre la ópera y los cantantes de ópera. Y es hora de disiparlos.
¿Existe alguna discordancia o armonía entre la
música clásica y el género de rock clásico?
Cuando está bien logrado, puede
haber mucha armonía entre la música clásica y el rock. El rock no existiría sin
el jazz, así como el jazz no existiría sin la música africana y clásica. Toda
la historia de la música está conectada.
¿A qué llamas rock clásico?
Se considera música rock de los
1960-1980 que incorpora una batería y guitarra muy prominente y fueron grandes
éxitos comerciales.
¿Cuántas partes tiene el espectáculo?
Son once partes,
cada una comprende dos o tres canciones.
¿Duración?
Aproximadamente
dos horas
¿Cuáles han sido las influencias que te han
definido como artista?
Muchas. Mis
cantantes preferidas son Maria Callas en la ópera, Ella Fitzgerald en el jazz, Björk
en la música alternativa.
¿Por qué debemos asistir a este evento?
Es sumamente
divertido y todos los músicos son impresionantes. Realmente han logrado un espectáculo increíble.
¿Tus planes inmediatos?
Acabo de sacar un disco con 4 temas
originales llamado "Corners" (se puede encontrar en iTunes, Amazon,
Spotify y mi cibersitio: ximenaborges.com). Así que al regresar a Nueva York
tengo compromisos para publicitar y hacer conciertos basados en esa música. Es
música electrónica alternativa, en la que utilizo aparatos electrónicos para
pasar mi voz por filtros, repetirla, cambiarla y usar mi voz como muchos
instrumentos.
¿Tus planes futuros?
viernes, 3 de marzo de 2017
Al teléfono con Juan Manuel Cañizares: a raíz de su primera aparición en el área de la bahía de Tampa
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| Cañizares ha sido el primer y único guitarrista flamenco invitado por la Orquesta Filarmónica de Berlín |
Por Leonardo Venta
El destacado guitarrista Juan Manuel Cañizares, directamente desde España, interpretará el "Concierto de Aranjuez" de Joaquín Rodrigo. El programa lo integra también la música para el ballet "El sombrero de tres picos", basado en la novela homónima del escritor Pedro Antonio de Alarcón, con música del compositor Manuel de Falla y la intervención de nueve bailarines de la Universidad del Sur de la Florida, bajo la dirección coreográfica de Paula Núñez.
Por otra parte, se ofrecerá "La Valse", un poema coreográfico para orquesta de Maurice Ravel. Complementa la función el Preludio y Liebestod (apertura y muerte de amor) de la ópera "Tristán e Isolda" de Richard Wagner, con la intervención de la mezzosoprano cubana Yetzabel Arias Fernández, una de las mejores intérpretes especializadas en el repertorio de la música barroca y antigua. Todos estarán bajo la batuta del prestigioso director Michael Francis.
Cañizares, que hará su primera aparición en el área de la bahía de Tampa, conversó con este espacio sobre su carrera, ofreció comentarios del instrumento de mástil largo con trastes y cuerdas que magistralmente entona, así como brindó detalles de su vida. Aquí les ofrecemos lo que nos relató telefónicamente directamente desde España.
¿Cómo le gustaría a Juan Manuel Cañizares presentársenos?
Me preguntas cómo me gustaría presentarme a tocar. Pues, sencillo, siendo muy honesto con lo que llevo, dándole un aire español a los conciertos. Llevando un poco el alma del flamenco al escenario y tratar de transmitirlo al público de la mejor manera posible.
¿Cómo evoluciona tu vocación artística?
Aunque yo nací en Cataluña, en una ciudad que se llama Sabadell, mis padres son de Málaga, Andalucía. Desde muy niño yo escuchaba flamenco en casa. Mi padre cantaba. Venían muchos amigos. Después, en la provincia de Barcelona, en los pueblos, habían muchas peñas flamencas, de andaluces y gente del sur. Cada fin de semana se cantaba flamenco, se tocaba la guitarra y se bailaba en la peña. A los seis años yo ya tocaba la guitarra. Escucho flamenco desde que tengo uso de razón. El haber vivido esa experiencia desde la niñez es muy importante para luego poder expresarme mediante el lenguaje flamenco. Y eso es lo que me ha pasado. Para mí, el flamenco es como el lenguaje, algo muy natural.
¿Qué relación hay entre la música flamenca y la guitarra clásica?
Hay mucha relación. Manuel de Falla, Albéniz, Granados, Turina fueron compositores que se fijaron mucho en la guitarra flamenca, y en el flamenco en sí, para componer sus melodías. Es decir, se inspiraron en el flamenco. Yo creo que ambas guitarras, tanto la clásica como la flamenca, cada día están más cercanas porque en el fondo el lenguaje de la música es uno y es universal.
"La experiencia de Dalí" es el título que identifica a los tres conciertos en que intervendrás este fin de semana. ¿Consideras que existe alguna relación entre estas funciones y la experiencia de Dalí?
En el caso del "Concierto de Aranjuez", la pieza que yo interpretaré, existen muchas melodías relacionadas con vivencias españolas, y ,por consiguiente, ha sido un terreno común para Dalí, así como para muchos grandes pintores y artistas en general. Considero que está muy bien el título.
Tengo entendido que es la primera ocasión que viajas a Tampa y te presentas con la Orquesta de la Florida. ¿Qué referencias tienes acerca de esta agrupación?
Sí, es la primera vez que vengo a Tampa y me presento con la Orquesta de la Florida. Sus integrantes son muy buenos músicos. Aparte de tener una formación excelente como intérpretes, tienen el ritmo, elemento fundamental para interpretar la música española.
¿Cómo surge la idea de estas presentaciones con la Orquesta de la Florida?
El director Michael Francis y yo coincidimos en unos conciertos en Suecia, el año pasado. En aquella ocasión, interpreté el "Concierto de Aranjuez". Hicimos muy buena química. Él es un gran director, muy rítmico. Le gustó como yo interpretaba la composición de Joaquín Rodrigo. Aquel encuentro, determinó este viaje a Tampa.
¿Qué significación tiene para ti este viaje a Tampa?
Para mí, lo fundamental es que la gente sea feliz, que vaya al concierto, se la pase bien y tenga una experiencia maravillosa. Todo lo hacemos para el público. Y eso es lo que trataré de conseguir cuando toque en Tampa.
Joaquín Rodrigo murió en el año 1999. ¿Tuviste la oportunidad de conocerlo?
Lo vi en un concierto de Paco de Lucía, en 1991, en el pueblo Torrelodones, en Madrid. El maestro Rodrigo estaba en el público para escuchar el "Concierto de Aranjuez". No tuve la oportunidad de saludarlo.
He leído que has compartido escenarios y grabaciones con grandes artistas, entre ellos el compositor y guitarrista cubano Leo Brouwer, ¿qué puedes decirnos al respecto?
Actué en el teatro Amadeo Roldán de La Habana, en 2004. Ese mismo año, fui invitado por el maestro Leo Brouwer al "Festival Internacional de Guitarra de la Habana". Antes de conocerlo, cuando estudiaba en el Conservatorio, siendo un niño, yo ya tocaba sus estudios. La música de Leo se estudiaba en España desde hacía muchos años. Claro, para mí conocer al maestro Leo Brouwer fue una satisfacción enorme. Cuando tocas la música de una persona que no conoces y tienes la suerte de conocerla, y además que te llame para colaborar en el "Festival Internacional de Guitarra de la Habana", es algo fantástico. Y dicha relación, a partir de ese año, se estrechó de manera amistosa y profesional.
El maestro Paco de Lucía te ofreció unirte a sus espectáculos. De esa forma, durante 10 años (1988-1998) le acompañaste en los mejores escenarios del mundo. Finalmente, decidiste emprender tu carrera como solista. ¿Hasta qué punto esta información es correcta?
Se puede decir que sí. Sin embargo, paralelamente a las giras de Paco ya yo grababa mis propios discos como solista. Yo empecé a tocar a los seis años de edad y mi propia música empecé a sacarla con 8 y 9 años. A partir de ahí, lo de componer el flamenco era algo que ya me venía muy natural. Siempre he estado componiendo, cuando iba con Paco y cuando no iba con Paco. Como solista se puede decir que sí he tenido más trayectoria a partir de que saliera del grupo de Paco. Pero yo venía componiendo mi propia obra desde hacía mucho años.
Tu primer trabajo como solista fue el disco "Noches de imán y luna" (1997). ¿Cuál es tu último trabajo?
Acaba de salir una trilogía de investigación sobre la música del maestro Enrique Granados.
¿Continúas tu trabajo de maestro de guitarra flamenca en la Escuela Superior de Música de Cataluña?
Sí, continúo allí. Afortunadamente, desde hace unos años, en varios conservatorios en España se está estudiando el flamenco como música culta y accesible a la gente que quiera tener un título oficial, para profesionalizar más el flamenco a nivel de instituciones.
Siendo tu procedencia andaluza, ¿qué significa para ti el término flamenco,
independientemente de la definición que pueda ofrecer cualquier diccionario?
Cuando tienes una
experiencia en la vida, sea dolorosa o alegre, necesitas expresarla. Al final
todos somos iguales. Lo importante es que la emoción esté ahí. Toda la música
es muy de raíz, muy del pueblo. Por eso creo que el flamenco se ha
universalizado, ya que los sentimientos que expresa nos pertenecen a todos.
Leí que, cuando tenías 13 años, tu padre y tu
hermano mayor te llevaron a un concierto de Paco de Lucía en el Teatro Griego
de Barcelona. Se dice que prácticamente te colaron en el camerino para que Paco
te escuchara tocar la guitarra. ¿Podrías detallarnos esa experiencia?
(El tono de su voz se proyecta
complacido) Yo tenía 13 años e iba en pantalón corto. Era un niño. Fui allí con
mi padre y mi hermano. Antes, ellos hablaron con el hermano de Paco de Lucía,
Ramón de Algeciras. "Mira, Ramón, te he traído a mi hijo para ver si Paco
lo puede escuchar", le dijo mi padre. Ramón me escuchó primero. Él me
pidió que le tocara algo. Le toqué una par de temas míos, una rondeña y una
granaína, que son dos palos de flamenco. Ramón dijo: "Vale, no os
preocupéis. Después del concierto veniros al camerino que yo os presento a
Paco".
En efecto, al terminar el concierto,
Ramón nos llevó al camerino. Cuando llegué allí, yo pensaba que iba a estar
Paco de Lucía solo. Estaba Paco de Lucía y 15 aficionados que habían ido a
saludarlo al camerino. Yo quería que me tragara la tierra. Yo estaba muy
nervioso. Empecé a tocar delante de Paco. No me atrevía ni a mirarle a la cara.
Entonces, cuando escuchaba que Paco de Lucía decía ¡Ole! y se emocionaba de lo
que yo tocaba, pensé: "Parece que le está gustando". Eso me dio mucha
alegría.
En aquella época, Paco me dijo algo que luego ha sido muy significativo en mi vida. Me expresó: "Sigue estudiando, que cuando seas grande te llamaré". En efecto, seguí estudiando y trabajando. Cuando yo tenía 22 o 23 años, sonó el teléfono de mi casa. Cogí el teléfono y dije: "¿Quién es?". Una voz me respondió: "Soy Paco, Paco de Lucía, quiero que te vengas a trabajar conmigo". A mí se me cayó el teléfono al suelo. Para mí aquello era un sueño. Me hizo mucha ilusión y ahora lo recuerdo con mucho cariño. Aprendí muchísimo a la vera de Paco de Lucía. Teníamos giras de dos o tres meses, y cada día había un concierto, prácticamente alrededor del mundo. Cada noche yo estaba delante de una persona que me estaba dando una Clase Maestra en el escenario. ¡Imagínate durante diez años¡
En aquella época, Paco me dijo algo que luego ha sido muy significativo en mi vida. Me expresó: "Sigue estudiando, que cuando seas grande te llamaré". En efecto, seguí estudiando y trabajando. Cuando yo tenía 22 o 23 años, sonó el teléfono de mi casa. Cogí el teléfono y dije: "¿Quién es?". Una voz me respondió: "Soy Paco, Paco de Lucía, quiero que te vengas a trabajar conmigo". A mí se me cayó el teléfono al suelo. Para mí aquello era un sueño. Me hizo mucha ilusión y ahora lo recuerdo con mucho cariño. Aprendí muchísimo a la vera de Paco de Lucía. Teníamos giras de dos o tres meses, y cada día había un concierto, prácticamente alrededor del mundo. Cada noche yo estaba delante de una persona que me estaba dando una Clase Maestra en el escenario. ¡Imagínate durante diez años¡
¿Por
qué te separaste de Paco de Lucía?
Yo estaba muy a gusto. Vivía muy
feliz trabajando con Paco de Lucía. Sin embargo, las giras eran muy largas y
agotadoras. Yo necesitaba tiempo para componer, para hacer mi música. En un
descanso entre gira y gira –había cuatro o cinco meses entre una y otra–, yo
hablé con Paco y le expliqué. El lo entendió perfectamente. Quedamos muy
amigos. Fuimos muy sinceros. Le di tiempo para que encontrara otra persona. A
petición de Paco, le grabé un video para que el guitarrista que me sustituyera
pudiera estar preparado al observar la manera en que yo hacía mi trabajo.
Fueron diez años de una experiencia maravillosa.
Quizá
no sea justo comparar a Andrés Segovia y Paco de Lucía, a pesar de que son dos
de los guitarristas más grandes de los últimos tiempos, posiblemente de todos
los tiempos. Sin embargo, se dice que una de las directrices de Segovia era
"elevar" la guitarra sobre lo netamente folclórico en la esfera
sinfónica. En tanto, Paco de Lucía se mantuvo fiel a la pasión folclórica, o
duende del flamenco. ¿Qué puedes comentarnos al respecto?
Son dos mundos diferentes. Aunque
ambos interpretan la guitarra española, no se pueden comparar. Yo,
egoístamente, me quedo con todo el pastel. Me quedo con la música del maestro Segovia
y me quedo también con la fantástica y maravillosa música de Paco de Lucía. Son
maestros, cada uno en su campo.
Yo tengo amigos que son guitarristas
clásicos y coincidimos en que lo importante es la música, da igual que uno
toque la guitarra flamenca y otro la clásica. Lo que no da igual es que el
intérprete no transmitan. Lo importante es transmitir emociones. Son músicas
diferentes que no se pueden escuchar desde la misma frecuencia. Los
profesionales no creemos que exista rivalidad entre la guitarra clásica y la
música flamenca. Nos quedamos, como te dije, con todo el pastel. Considero que
es la forma más racional de entender la música.
He
podido deducir que no solamente la interpretación es importante para ti, sino
también la composición. ¿Qué significa componer música para ti?
Componer es una forma de estar vivo,
en el sentido espiritual. En ese proceso, estás tratando de sorprenderte a ti
mismo, de inventar algo que no hayas imaginado anteriormente. La composición es
difícil. Te lleva muchas horas, y muchas veces no sabes por dónde salir y cómo
continuar una melodía. Sin embargo, de pronto te llevas la gran sorpresa y
alegría de conseguirlo. En ese momento te sientes vivo y experimentas la
satisfacción de que todo el esfuerzo ha merecido la pena. Cuando consigues dar
en la tecla para que aquello funcione, te sientes renovado.
¿Cuál
es tu composición más entrañable?
Una de las composiciones musicales
más entrañables que he creado ha sido el concierto que le dediqué a Paco de
Lucía para guitarra y orquesta clásica, que se llama "Al-Andalus".
Cuando él falleció, yo era una de las personas que portaba el féretro camino al
cementerio. De todas esas vivencias compuse un concierto triste, que refleja
por un lado la alegría de haber sido amigo de Paco y haber vivido muchas giras
y momentos con él. Por otro lado, la tristeza de que ya no estaba, Todas esas emociones
están reflejadas en ese concierto. Para mí es algo más que notas, más que
sonidos. Es mi homenaje sincero a un amigo que ya no está, por eso para mí es un
concierto muy significativo.
¿Tus
planes inmediatos?
Luego de un concierto que tengo en
España, en el Teatro Lleida, el día 10 de marzo, dedicado a Enrique Granados,
dejo la guitarra y me voy unos días a Francia de vacaciones. Llevo mucho tiempo
en el estudio de grabación trabajando en la "Trilogía de Granados" y
necesito un poco de descanso.
Estoy concentrado en el proyecto de un
disco de música flamenca compuesta por mí que saldrá este año. Estoy también
trabajando en una Trilogía de Joaquín Turina y un encargo que tengo para el año
que viene que consiste en componer un concierto para guitarra y orquesta. Si a
eso le añadimos conciertos y giras que tengo, no se me puede pedir más, porque
es bastante.
¿Cuál
consideras sea tu logro más grande como artista y ser humano?
domingo, 19 de febrero de 2017
La Orquesta de la Florida presenta "La experiencia de Dalí"
viernes, 16 de diciembre de 2016
La Orquesta de la Florida ofrece concierto gratuito alusivo a la Navidad
La Orquesta de la Florida (TFO) se contagia de los aires navideños para ofrecer las melodías propias de estas festividades de forma gratuita y en vivo en el centro comercial Westfield Citrus Park, el sábado, 17 de diciembre, a partir de las 6:30 p.m. El director musical Michael Francis será el conductor de TFO.
Mientras usted realiza sus compras, podrá hacer una pausa y disfrutar de un programa que incluye selecciones de "El cascanueces", "Paseo en trineo", "Blanca Navidad", “Jingle Bells”, "Feliz Navidad" y otras tradicionales melodías decembrinas. El centro comercial está ubicado en el 8021 Citrus Park Town Center, Tampa, FL 33625.
Mientras usted realiza sus compras, podrá hacer una pausa y disfrutar de un programa que incluye selecciones de "El cascanueces", "Paseo en trineo", "Blanca Navidad", “Jingle Bells”, "Feliz Navidad" y otras tradicionales melodías decembrinas. El centro comercial está ubicado en el 8021 Citrus Park Town Center, Tampa, FL 33625.
jueves, 7 de abril de 2016
La Orquesta de la Florida presenta música de Mozart, Debussy, Fauré y Stravinski
miércoles, 14 de enero de 2015
Puerto Rico y Cuba juntan composición y guitarra
Por Leonardo Venta
"A pesar de que no toco la guitarra, a mí siempre me ha fascinado la idea de escribir para el instrumento. Cuando Manuel Barrueco me hizo la propuesta de componer "Concierto Barroco", no tuve duda alguna en hacer un concierto inspirado en la obra de Alejo Carpentier. Para mí la relación con Manuel no está basada en nuestro origen caribeño, a mí me interesa Manuel, el artista. Él es quizás el más grande guitarrista de la segunda mitad del siglo XX. Yo he tenido la buena fortuna de contar con sus dedos para mi trabajo como compositor".
Roberto Sierra
No hay escenario célebre que no le reconozca. Los acerados cristales del real londinense domo Albertiano han destilado decimonónica cálida humedad al escuchar los acordes de su instrumento de mástil largo con trastes y cuerdas.
La hermosa sala del Musikverein de Viena ha detenido su refinado aliento, enternecida, ante la pauta más simple en que puede vibrar una de las seis cuerdas que revisten su caja de resonancia en forma de ocho.
La perfecta acústica del Concertgebouw de Ámsterdam, se ha detenido a calar con esmero el embelesado conjuro entre artista e instrumento. Le ha sonreido la espaciosa sala de la Philharmonie de Berlín; le ha gritado ¡olé! el monumental Teatro Real de Madrid, y ha intercambiado miradas de complicidad con los animados palcos del Palau de la Música de Barcelona.
El Japón de Toru Takemitsu le ama. Los rasgados ojos de Corea del Sur, Taiwán, Singapur y Hong Kong le reclaman. México, Brasil, Colombia, Costa Rica y, sobre todo, Puerto Rico le recuerdan su amado y distante (en el tiempo) Santiago “de cintura caliente y gota de madera”, al decir de Federico García Lorca.
Estados Unidos, generoso abrigo de la diáspora cubana, conoce cada costado del hombre y el artista, desde Miami, donde emigrara en 1967 con su familia, pasando por Los Ángeles, la siempre afanada afamada Nueva York, hasta la ciudad de Baltimore, en el estado de Maryland, donde ejerce como profesor y reside con su esposa Asgerdur.
Para acercaros a Manuel Barrueco, el artista, he escarbado todo el espacio y el tiempo que me ha sido posible en vísperas a sus conciertos en el Straz Center de Tampa, el 16 de mayo; en el Mahaffey de Saint Petersburg, el 17; y en Clearwater, el 18, junto a la prestigiosa Orquesta de la Florida.
El programa incluye el “Concierto Barroco” del gran compositor puertorriqueño Roberto Sierra, creado a petición de Barrueco, e inspirado en la novela homónima de Alejo Carpentier. En la composición de Sierra, la música tropical se apropia de los aportes del barroco europeo para reformularlos y brindarle un nuevo perfil.
El concierto, bajo la batuta del director invitado de origen rumano Cristian Marcelaru, lo completan “Jeu de Cartes (Juego de cartas)” de Igor Stravinsky, y la “Sinfonía patética” de Chaikovski, que dirigiera el gran compositor ruso en su estreno en San Petersburgo, el 16 de octubre de 1893, nueve días antes de su muerte.
Desde su hogar en Baltimore, vía telefónica, el gran guitarrista Manuel Barrueco nos abrió una ventana para divisar un tanto su horizonte artístico y humano. Alleguémonos confiadamente:
¿Con cuál movimiento musical te identificas?
– Me gusta todo tipo de música y todo eso desemboca en lo que cultivo: la guitarra clásica.
¿Otra faceta tuya como guitarrista?
– Una faceta del guitarrista clásico, por lo general, ha sido el desarrollo del instrumento, de asegurarse de que otros compositores escriban música para guitarra.
¿Cuál es la sala de concierto donde más te ha impresionado interpretar la guitarra?
– En el Lincoln Center de Nueva York hay una serie que se llama “Great Performers (Grandes Intérpretes)”. Toqué hace dos años un par de veces allí. Tocar en ese lugar me impresionó, quizá porque viví en Nueva York, pero de momento que estuviera tocando en la serie “Grandes Intérpretes” me impresionó.
¿Era la primera vez que tocabas en el Lincoln Center?
– No, ya había tocado allí varias veces. Si bien, ésta era la primera vez que lo hacía en la serie de “Great Performers”, sin acompañamiento de orquesta.
¿Qué opinas de haber trabajado con la Orquesta de la Florida en 2009?
– Me gusta el ambiente de la orquesta, muy bonito. Me agradó haber trabajado con Daniel Binelli; es un músico estupendo.
Sé que has trabajado con Plácido Domingo. ¿Qué puedes decirnos de esa experiencia?
– Yo hice un disco con él. En el disco toqué dos conciertos con guitarra y orquesta de Rodrigo y él fue el director; en ese disco también hay como cuatro canciones que él canta y yo le acompaño.
¿Planes?
– Ahora mismo estoy terminando un disco titulado “China West”, con un dúo que se llama “Beijing Guitar Duo”, integrado por dos mujeres chinas que se llaman Meng Su y Yameng Wang. Hay un movimiento importante con la guitarra en China. Hay muchos jóvenes talentos que están surgiendo, y ellas son fantásticas. Su maestro en China las trajo una vez a Hong Kong, cuando yo estaba tocando allá, para que yo las escuchara y para trabajar con ellas, y en la actualidad llevan como 6 u 8 años estudiando conmigo.
¿Qué no has logrado que te gustaría lograr?
– Seguir mejorando y seguir haciendo proyectos interesantes. A mí me gusta experimentar. El último disco que hice fue una obra llamada “Medea”, de un compositor flamenco que se llama Manolo SanLúcar. En realidad es un ballet, coreografía de SanLúcar, para el Ballet Nacional de España. SanLúcar me dijo que escogiera movimientos de ese ballet para crear un concierto para guitarra y orquesta, y lo grabamos en Tenerife.
¿Hobbies?
– Me gusta el vino. Me gusta vivir.
¿Qué has sentido de especial en tus presentaciones en Latinoamérica?
– Lo más cercano a Cuba para mí es Latinoamérica, la gente es dulce y agradable. Me gustaría ir a algunos lugares a los que nunca he ido.
¿Cuáles?
– Me gustarla ir a Argentina y Perú, lugares donde no he estado todavía… otros países también.
¿Qué puedes decirnos sobre “Concierto Barroco”?
– Lo he tocado antes y lo he grabado. Es basado en una novela de Carpentier que se llama Concierto Barroco, donde hay un capítulo que se desarrolla en Venecia. Allí, algunos compositores barrocos europeos se tropiezan con un esclavo negro cubano tocando en cazuelas. Le pregunté a Roberto Sierra, un excelente compositor puertorriqueño, si le gustaría escribir sobre la obra, y a él le encantó la idea.
¿Qué hace especial tu trabajo con Roberto Sierra?
– Yo creo que es un gran compositor, uno de los mejores de Latinoamérica e incluso de Estados Unidos, y está el vínculo que él sea puertorriqueño y yo cubano, dos culturas muy parecidas. Además, en sus composiciones el emplea elementos de nuestra música caribeña. Lo conozco desde la década de los ochenta, pero sobre todo me vincula a él su calidad como compositor.
¿Tu conexión con Puerto Rico?
– Yo quiero mucho a Puerto Rico y a su gente. Para mí es lo más cercano a estar en Cuba: estar allí con los muchachos y los maestros, somos muy parecidos. Es un lugar precioso…llegar a San Juan en avión y ver el Mar Caribe es algo hermoso.
¿Algún modelo en el aspecto artístico?
Hay muchas influencias. En lo que se refiere a la guitarra, cada día admiro más a Andrés Segovia.
martes, 20 de mayo de 2014
domingo, 3 de noviembre de 2013
“Fiesta en Tampa”: un homenaje a Ernesto Lecuona
![]() |
| Ernesto Lecuona (izq), junto a César Gonzmart, dueño del restaurante Columbia. Foto cortesía del restaurante Columbia (1950). |
Por Leonardo Venta
Bajo la batuta de
uno de los dos ganadores del III Premio Internacional Eduardo Mata 2007, Damon
Gupton, y patrocinado por el centenario restaurante Columbia, la Orquesta de la
Florida (TFO, por sus siglas en inglés) ofreció el miércoles 16 de octubre de
2013 un concierto especial titulado "Fiesta en Tampa”.
La velada,
programada dentro del marco de las celebraciones del Mes de la Herencia
Hispana, honró la música del gran compositor y pianista cubano Ernesto Lecuona
(1896-1963). Richard Gonzmart, presidente del restaurante Columbia, abrió el
concierto con emotivas palabras: "Mi padre [César Gonzmart] era el
violinista concertino de la Orquesta Sinfónica de La Habana, bajo la dirección
de Ernesto Lecuona en 1945, cuando conoció a mi madre [Adela Hernández], que
recientemente se había graduado de Juilliard y estaba de gira como artista
invitada con la Orquesta Sinfónica de La Habana. Se casaron en 1946 y el resto
es historia. Yo nací escuchando la música de este gran compositor. Si no fuera
por el Maestro Lecuona, no estaría aquí hoy".
Partituras de
Lecuona, Heitor Villa-Lobos, Georges Bizet, Manuel de Falla, Emmanuel Chabrier
y Arturo Márquez se escucharon en la Sala Carol Morsani, la más espaciosa del
Straz Center de Tampa. El programa,a su vez, contó con la actuación de la
bailarina española Carolina Esparza, que ha actuado como figura principal de la
compañía “Sombras Flamencas”, así como con su propia agrupación danzaria
“Candela Flamenco Dance Company”. El homenaje, lleno de emociones, ofreció
además un documental fílmico biográfico del aclamado compositor, el cual
abandonó Cuba el 6 de enero de 1960 para establecerse en Tampa. Murió en 1963
en Santa Cruz de Tenerife, adonde viajó para rastrear el aliento natal que
diera vida a su padre: el periodista Ernesto Lecuona Ramos.
La Orquesta
inició el concierto con “Andalucía”, “Gitanerías” y la muy apludida
“Malagueña”, tres de las seis piezas de la “Suite Española” (1919) de Lecuona,
A continuación, los oídos de la audiencia se deleitaron con la exótica dulzura
de las “Bachianas Brasileiras núm. 5” - la más famosa del ciclo de nueve
compuesta por el compositor brasileño Heitor Villa-Lobos para soprano y ocho
violonchelos –. Aunque esta ocasión no contaron con el servicio de los
violenchos ni de la voz más aguda de las voces humanas. Creadas entre 1930 y
1945, las Bachianas son nombradas de esa forma debido a que Villa-Lobos quiso
fusionar en ellas el folclore carioca con el estilo del compositor barroco
alemán Johann Sebastian Bach, a quien admiraba hondamente.
Luego, la
destacada agrupación floridana interpretó selecciones de la ópera “Carmen” de
Georges Bizet, tan asociado al apellido Alonso para aquellos que admiramos el
arte de las puntas, incluyendo "Aragonaise", de la Suite núm. 1; así
como "Habanera" y "Danse Bohème", de la Suite núm. 2. Antes
de la llegada del coqueto intermezzo, “La danza española núm. 1” de la ópera
“La vida breve” de Manuel de Falla – apasionante fusión de estilos flamencos y
variados perfiles melódicos y rítmicos –, cobró movimiento y forma en la
cadencia danzaria de Carolina Esparza, acompañada de Jennifer Tellone y Gelsy
Torres, en un 'paso a tres' sin muchas variaciones coreográficas.
Terminado el
acostumbrado ritual de vestíbulo de teatro, con el tintinear de luces
convocándonos nuevamente a nuestra íntima cita con la música, desde la radiante
penumbra de nuestras acechantes melifluas butacas, gustamos de la rapsodia para
orquesta “España”, compuesta por un francés de estilo y armonías poco
convencionales: Emmanuel Chabrier (1841-1894), para dar paso al genio gaditano
de Falla, esta vez mediante “La danza del Molinero” de la ópera “El sombrero de
tres picos” – en una doble seducción a nuestros sentidos visuales y auditivos,
a través del vivificante colorido orquestal de TFO y la exuberante entrega
danzaria de Carolina Esparza, quien esta vez nos inmergió indubitablemente en
el arrebatador espíritu del folclore español desperezado en el impresionismo
heredado por Falla de compositores franceses como Claude Debussy y Maurice
Ravel.
De Europa, nos
trasladamos otra vez a la efusión sinfónica cubana, fundida al legado africano,
español y a contenidas exiguas y cuestionadas espiraciones amerindias. De los
exitosos recitales de Lecuona en París, en 1928, donde interpretó selecciones
de su primera colección de danzas cubanas, dijo Maurice Ravel, uno de los
maestros modernos de la orquestación: “Esto es más que tocar el piano”. Se
publicaron dos colecciones más de danzas de Lecuona en 1929 y 1930, la última
fue denominada danzas afrocubanas. De esta serie, “Danza lucumí”, la cual se
popularizó en Estados Unidos como “From One Love to Another (De un amor a
otro)”, fue interpretada por la Orquesta de la Florida en la segunda mitad del
concierto. Le siguió “La comparsa”, para muchos, una de las danzas que mejor
define la cubanía, compuesta por un Lecuona de sólo 17 años de edad. El
escritor e intelectual Jorge Mañach la definió como la “lejanía que se va
haciendo poco a poco presencia, que tiene un momento de auge frenético y vuelve
a perderse luego en melancólico disminuendo”, para catalogarla como “una de las
composiciones de Lecuona en que la inspiración negra es más evidente, pero sin
que se sobreponga al matiz criollo, a ciertas nostalgias de otras cosas que no
son la selva pura y que están metidas en nuestra alma con no menos raigambre:
la tristeza siboney y la alegría blanca”.
Finalmente, la
Orquesta de la Florida interpretó el delicioso “Danzón No. 2” del compositor
mexicano Arturo Márquez, en el que el clarinete establecía un diálogo henchido
de sabor cubano con el resto de los instrumentos solistas. No tuvimos que
suspirar por el siempre ansiado estimulante ‘encore’, para luego deslizarnos
con musicalidad en fuga por lo corredores del teatro rumbo a la rutinaria
cotidianidad de una ciudad que acogiera, en sus últimos años de vida, al genio
musical cubano que compuso más de 176 piezas solamente para piano, 37 obras
para orquesta (entre ella tres para piano y orquesta), 406 canciones, muchas de
las cuales han sobrevivido el embate del tiempo, así como notables operetas,
ballets, zarzuelas, revistas y óperas.
martes, 24 de septiembre de 2013
Lecuona en Tampa
Un concierto celebrando el Mes Nacional de la Herencia Hispana, incluyendo música de Ernesto Lecuona y otros compositores. El concierto no es parte de la temporada regular de la Orquesta de la Florida.
martes, 27 de agosto de 2013
miércoles, 19 de junio de 2013
Edificando el puente La Habana-Tampa (I)
La visita a La Habana del notable concertino Jeffrey Multer respondió al proyecto de intercambio plurianual de la Orquesta de la Florida (TFO) y la Orquesta Sinfónica Nacional de Cuba (OSN). Foto: Thomas Bruce
Por Leonardo Venta
Por Leonardo Venta
El concertino estadounidense Jeffrey Multer fue el principal atractivo del programa que ofreció la Orquesta Sinfónica Nacional de Cuba (OSN), el pasado 12 de mayo, Día de las Madres, en el Teatro Nacional de la cadenciosa isla caribeña. Multer, que ha labrado una sólida reputación en su trayectoria como músico, desempeña el puesto de primer violín de la Orquesta de la Florida (TFO) desde la temporada 2005/06.
La visita a La Habana del notable violinista respondió al proyecto de intercambio plurianual de la agrupación sinfónica floridana con la Orquesta Sinfónica Nacional de Cuba, el cual comenzó en 2011, cuando un quinteto de músicos de viento de TFO interpretaron piezas de George Gershwin y otros cinco compositores en el Oratorio de San Felipe Neri, en la hechicera Habana Vieja.
A su vez, en mayo de 2012, el director titular de la Orquesta Sinfónica Nacional de Cuba, Enrique Pérez Mesa, se hizo cargo de la Orquesta de la Florida en conciertos ofrecidos en Tampa, St. Petersburg y Clearwater, en ese orden. En octubre y noviembre del mismo año, la Orquesta Sinfónica Nacional de Cuba se presentó en el histórico Círculo Cubano de Ybor City, junto a solistas de la Orquesta de la Florida, así como en el Mahaffey Theater de St. Petersburg.
Junto a Multer, esta vez viajaron a La Habana, Michael Pastreich, director ejecutivo (CEO, por sus siglas en inglés) de la Orquesta de la Florida, y Henry Adams, director adjunto de marketing y comunicaciones de dicho organismo, con el propósito de afianzar los lazos de reciprocidad entre ambas instituciones. De esta forma, la intervención del concertino como líder y solista con la OSN, y las clases magistrales que ofreciera en el Conservatorio Amadeo Roldán y el Instituto Superior de Arte (ISA, por sus siglas en español) ratificaron ese propósito.
El concierto del 12 de mayo, en su primera parte contó con piezas de Händel, Bartók y Bach. Multer, a la par que ejecutó el violín, guió a sus colegas cubanos desde su estrado musical, prescindiendo de los servicios de un director de orquesta, a la usanza de los conciertos barrocos del siglo XVII y primera mitad del XVIII, uno de los períodos históricos más revolucionarios en la historia de la música. En la segunda mitad del concierto, todos los oídos se aguzaron para escuchar las notas emanadas por el violín de Multer, quien en calidad de solista interpretó el “Concierto para violín en re menor, opus 47” (1903), de Sibelius, bajo la batuta de Enrique Pérez Mesa.
En tanto, Michael Pastreich se reunió con Enrique Pérez Mesa para planear la ejecución de otros movimientos de la solidaria sinfonía compuesta por ambas agrupaciones musicales. El próximo movimiento – "vivace e ritmico" – constituye una visita a la bahía de Tampa de cuatro percusionistas de la OSN, en marzo de 2014, los cuales colaborarán con los percusionistas de TFO al interpretar música cubana de cámara. Del mismo modo, los solistas antillanos ofrecerán clases magistrales de percusión y ritmos cubanos.
Henry Adams, que a pesar de ser estadounidense, habla un castellano admirable, sirvió en este viaje, entre otras valiosas funciones, de intérprete. Si bien, la institución sinfónica de la isla proveyó los valiosos servicios de Teresa Fernández – en palabras de Adams –, “una traductora e intérprete de primera categoría, una virtuosa del castellano, la cual facilitó la comunicación entre Multen y los músicos cubanos en los ensayos, las clases magistrales – impartidas a jóvenes violinistas con altas aspiraciones profesionales – y muchas otras actividades en las que intervinieron los huéspedes estadounidenses junto a sus colegas cubanos”. Si bien, el lenguaje universal de la música no requería de intermediarios bajo el armonioso firmamento de la solidaridad.
Continuaremos el recuento de este entrañable abrazo entre dos culturas vecinas, vinculadas por históricos lazos de hermandad, con anécdotas e impresiones en exclusiva de Jeffrey Multer, Henry Adams y Michael Pastreich.
Edificando el puente La Habana-Tampa (II)
La cálida mañana del miércoles, 9 de mayo, Henry Adams, director general adjunto de marketing y comunicaciones de la orquesta floridana, arriba al aeropuerto José Martí; le acompañan dos reporteros de Bay News 9: Tony Rajek y Verónica Cintrón. Ese mismo día, Jeff Multer realiza su primer ensayo junto a la OSN en el Teatro Nacional de Cuba. Cuando la tarde comienza a dilatar su tramoya de mar, brisa, diáfanos colores y acechantes sombras, los visitantes realizan un paseo por el Castillo del Morro, a la entrada de la bahía, con esencia a vaivén de agua y cantos marineros.
Jueves, viernes y sábado – desde horas de la mañana hasta ya bien arrinconado el mediodía – se repiten los edificantes necesarios ensayos, en tanto el violín de Jeffrey se empeña en lanzar reverentes guiños a sus colegas isleños.
El programa incluye la “Entrada de la Reina de Saba”, del oratorio “Salomón” (1749), de Händel; “Danzas folklóricas rumanas” (1915), de Bartók; y la “Suite orquestal núm. 3 en re mayor BWV 1068”, de Bach. En la segunda mitad, el artista invitado, en calidad de solista, acompañado de la OSN, bajo la batuta de Pérez Mesa, ejecuta el “Concierto para violín en re menor, opus 47” (1903), de Sibelius.
Cesa la música. El público, consciente del momento histórico que vive, ofrece una ovación de pie. Los aplausos cobran entrañable relevancia. Las emociones afloran, aúnan, consuelan, sanan, liberan, edifican; a la salida del teatro, miradas fraternales de aprobación, y fuertes estrechones de manos profieren expectativas de un mañana mejor.
La cálida mañana del miércoles, 9 de mayo, Henry Adams, director general adjunto de marketing y comunicaciones de la orquesta floridana, arriba al aeropuerto José Martí; le acompañan dos reporteros de Bay News 9: Tony Rajek y Verónica Cintrón. Ese mismo día, Jeff Multer realiza su primer ensayo junto a la OSN en el Teatro Nacional de Cuba. Cuando la tarde comienza a dilatar su tramoya de mar, brisa, diáfanos colores y acechantes sombras, los visitantes realizan un paseo por el Castillo del Morro, a la entrada de la bahía, con esencia a vaivén de agua y cantos marineros.
Ensayos y camaradería
El concertino de la Orquesta de la Florida, Jeff Multer, junto a su similar de la Orquesta Sinfonica Nacional de Cuba, Augusto Diago, ensayan en la Sala Covarrubias del Teatro Nacional de Cuba. Foto: cortesía de Henry Adams
Jueves, viernes y sábado – desde horas de la mañana hasta ya bien arrinconado el mediodía – se repiten los edificantes necesarios ensayos, en tanto el violín de Jeffrey se empeña en lanzar reverentes guiños a sus colegas isleños.
Jeffrey imparte clases
El habanero Instituto Superior de Arte (ISA), una gema arquitéctonica
El cuarto día de la semana – “Jovis dies” – Jeffrey ofrece su primera clase magistral en el Conservatorio Amadeo Roldan, edificio de fachada neoclásica, interior ecléctico, y solemne exterior manierista. Su última clase la imparte el lunes, 13 de mayo, en el Instituto Superior de Arte (ISA, por sus siglas en español) – Cubanacán – una sutileza arquitectónica donde el espacio fluye; se integra al éxtasis de la naturaleza caribeña; asila la luz de un bruñido sol tropical; se tiende magnificente sobre la falda del surrealismo, para sorprender con el sagaz salto de un inaprensible insubordinado gesto, henchido de metáforas culturales que abrazan la tradición colonial y la cultura negra en Cuba.
Disfrutando La Habana
Jeff Multer y Michael Pastriech departen con el artista gráfico e impresor Ibrahim Miranda, notorio por haber transcrito a la plástica el genio poético de José Lezama Lima.
Foto: cortesía de Henry Adams
El sábado, finalizado el ensayo, los visitantes no deponen su feraz apetito habanero. Se dirigen al estudio del artista gráfico e impresor Ibrahim Miranda, notorio por haber transcrito a la plástica el genio poético de José Lezama Lima. A la caída del sol, como rescindiendo de un salto el ancestral reposo sabático, Henry y Michael acuden a una cita con la danza, otro de los gestos culturales más significativos de 'la cubanía', para el erudito Fernando Ortiz, “cubanidad plena, sentida, consciente y deseada”.
Esta vez, la ‘cubanía-española’ – ¿si cabe el término? –, que da al cubano un vibrante matiz – a la par de la herencia africana – agasajó a sus vecinos estadounidenses con una fascinante función de danza ibérica ofrecida por la Compañía de Irene Rodríguez, directora artística, primera bailarina, maître y coreógrafa, licenciada en arte teatral y directora general de dicha agrupación.
Después de catar el embrujo español de una cálida noche habanera, Henry y Michael regresan a su casi centenario acicalado hotel, para caer en los brazos de Somnus, en vísperas del concierto del domingo.
Antesala al concierto
El sábado, finalizado el ensayo, los visitantes no deponen su feraz apetito habanero. Se dirigen al estudio del artista gráfico e impresor Ibrahim Miranda, notorio por haber transcrito a la plástica el genio poético de José Lezama Lima. A la caída del sol, como rescindiendo de un salto el ancestral reposo sabático, Henry y Michael acuden a una cita con la danza, otro de los gestos culturales más significativos de 'la cubanía', para el erudito Fernando Ortiz, “cubanidad plena, sentida, consciente y deseada”.
Esta vez, la ‘cubanía-española’ – ¿si cabe el término? –, que da al cubano un vibrante matiz – a la par de la herencia africana – agasajó a sus vecinos estadounidenses con una fascinante función de danza ibérica ofrecida por la Compañía de Irene Rodríguez, directora artística, primera bailarina, maître y coreógrafa, licenciada en arte teatral y directora general de dicha agrupación.
Después de catar el embrujo español de una cálida noche habanera, Henry y Michael regresan a su casi centenario acicalado hotel, para caer en los brazos de Somnus, en vísperas del concierto del domingo.
Antesala al concierto
Vista del Convento de San Francisco de Asís y la populosa Plaza Vieja, en La Habana Vieja, que actualmente sirve de local/sitio para conciertos y festivales de música. Foto: cortesía de Henry Adams
Amanece la híbrida urbe con sus rumores cotidianos de insomnes tambores solariegos, soneras claves, rumberas caderas mulatas, lacrimosas señoriales tendederas, amodorrados transeúntes – con la cruda de la noche anterior a cuestas – sin tener en cuenta que es domingo, mucho menos Día de las Madres – aplastados por la máxima maslowiana: resolver, inventar, inventar… soñar, si se puede. En tanto, otro tipo de mañaneros comienza a llegar a la Sala Covarrubias del Teatro Nacional, en busca del néctar de un concierto que se ofrece demasiado temprano – las once de la mañana – para el trasnochador espíritu habanero.
Se ensancha la armonía
Jeffrey Multer Foto: Thomas Bruce
Comienza el concierto. El barroco europeo se pone guayabera y smoking americano. Todas las miradas se vuelven hacia Jeffrey Multer, todos los oídos se aguzan para escuchar su interpretación del menudo admirable instrumento; para sopesar su pasión, entrega y virtuosismo; los músicos de la OSN repasan con admiración, cada vez que la lectura del pentagrama se los permite, su semblante, sus entregados gestos. Jeffrey, a la par que ejecuta el violín, guía a sus colegas cubanos desde su estrado musical a la usanza de los conciertos barrocos del siglo XVII y primera mitad del XVIII.
El programa incluye la “Entrada de la Reina de Saba”, del oratorio “Salomón” (1749), de Händel; “Danzas folklóricas rumanas” (1915), de Bartók; y la “Suite orquestal núm. 3 en re mayor BWV 1068”, de Bach. En la segunda mitad, el artista invitado, en calidad de solista, acompañado de la OSN, bajo la batuta de Pérez Mesa, ejecuta el “Concierto para violín en re menor, opus 47” (1903), de Sibelius.
Epílogo
Cesa la música. El público, consciente del momento histórico que vive, ofrece una ovación de pie. Los aplausos cobran entrañable relevancia. Las emociones afloran, aúnan, consuelan, sanan, liberan, edifican; a la salida del teatro, miradas fraternales de aprobación, y fuertes estrechones de manos profieren expectativas de un mañana mejor.
Edificando el puente La Habana-Tampa (y III)
Por varias semanas consecutivas venimos publicando un reportaje acerca de la reciente visita a La Habana de Jeffrey Multer, concertino de la Orquesta de la Florida (TFO); Henry Adams, director general adjunto de marketing y comunicaciones de dicha institución; y su director ejecutivo Michael Pastreich.
Hemos recreado – con perceptivas pinceladas – los datos referentes al viaje, algunos detalles del concierto en que intervino Multer, como solista invitado junto a la Orquesta Sinfónica Nacional de Cuba (OSN), en el habanero Teatro Nacional; las clases magistrales ofrecidas por el mencionado violinista en el Conservatorio Amadeo Roldán y el Instituto Superior de Arte (ISA).
No obstante, todo reportaje tiene un imprescindible eje: la enseña del buque llamado información. A nuestro juicio, las impresiones de estos tres hombres constituyen el más elocuente eslabón de este trabajo periodístico. Apoyándonos en nuestro indagador inalámbrico, hemos recopilado de un modo directo sus anécdotas y opiniones; de la misma manera en que aquí se las ofrecemos. ¡Recíbanlas fraternalmente!
“Es mi primera visita a Cuba. Sólo tuve la oportunidad de conocer La Habana, una ciudad con muchos contrastes: zonas muy hermosas y otras lo opuesto”, indica Multer. Sobre la relevancia de su viaje, aclara: “Es una experiencia estimulante, parte del proyecto de intercambio cultural de la Orquesta de la Florida con nuestros colegas cubanos”.
Al preguntarle, en el plano personal, qué resultó lo más apasionante del viaje para él, Multer resalta: “Lo que más disfruté fue enseñar a los estudiantes de música, así como los ensayos con los artistas cubanos. El concierto en sí fue muy bueno; pero como he tocado en numerosos conciertos, los ensayos fueron la parte más atractiva y amena para mí, a pesar de que no hablo castellano y necesité del auxilio de una intérprete”.
Luego de una afinada pausa, insiste el violinista: “Para mí, lo mejor de todo el viaje fue el contacto directo con los músicos cubanos. A pesar de que ellos estuvieron en Tampa en 2012, en aquella oportunidad solamente tocamos juntos una pequeña pieza de un concierto de Bach, y compartimos en un solo ensayo de una hora y media. En La Habana tuve la oportunidad de trabajar por más tiempo con la Orquesta Sinfónica Nacional de Cuba. Fueron cinco días de extensos ensayos”.
Al referirse al concierto del domingo, 12 de mayo, en el Teatro Nacional de Cuba, junto a sus colegas caribeños, explica Multer: “Fue el Día de las Madres, a las 11 de la mañana. A pesar de haber aire acondicionado en el teatro, el intenso calor del mediodía habanero se adueñó de la sala. Al punto agrega: “La razón del programa era tener la habilidad de trabajar con los músicos cubanos en la mayor cantidad de formas posibles. En la primera parte tocamos música barroca, sin un director. Yo dirigí desde mi sitial de primer violín a la usanza del período barroco. En la segunda mitad, el director titular de la OSN, Enrique Pérez Mesa, nos dirigió en el “Concierto para violín” de Jean Sibelius. Yo me desempeñé como solista”.
Al inquirirle sobre el sello interpretativo de los músicos cubanos, Multer no vacila en calificarlos de “apasionados y energéticos”, pero en ningún sentido encuentra diferencias entre ellos y otros músicos con los que ha tocado en orquestas de Estados Unidos. Sobre si desea volver a la isla, comenta: “Regresaría a Cuba. Todos disfrutamos mucho del viaje. Me gustó trabajar con el director, con los músicos; además me agradaría conocer algo más que La Habana”.
Hemos recreado – con perceptivas pinceladas – los datos referentes al viaje, algunos detalles del concierto en que intervino Multer, como solista invitado junto a la Orquesta Sinfónica Nacional de Cuba (OSN), en el habanero Teatro Nacional; las clases magistrales ofrecidas por el mencionado violinista en el Conservatorio Amadeo Roldán y el Instituto Superior de Arte (ISA).
No obstante, todo reportaje tiene un imprescindible eje: la enseña del buque llamado información. A nuestro juicio, las impresiones de estos tres hombres constituyen el más elocuente eslabón de este trabajo periodístico. Apoyándonos en nuestro indagador inalámbrico, hemos recopilado de un modo directo sus anécdotas y opiniones; de la misma manera en que aquí se las ofrecemos. ¡Recíbanlas fraternalmente!
Jeffrey Multer, la fraterna armonía de un violín
EL concertino Jeffrey Multer ofrece una clase magistral en el habanero Conservatorio Amadeo Roldán.
Foto: cortesía de Henry Adams |
Al preguntarle, en el plano personal, qué resultó lo más apasionante del viaje para él, Multer resalta: “Lo que más disfruté fue enseñar a los estudiantes de música, así como los ensayos con los artistas cubanos. El concierto en sí fue muy bueno; pero como he tocado en numerosos conciertos, los ensayos fueron la parte más atractiva y amena para mí, a pesar de que no hablo castellano y necesité del auxilio de una intérprete”.
Luego de una afinada pausa, insiste el violinista: “Para mí, lo mejor de todo el viaje fue el contacto directo con los músicos cubanos. A pesar de que ellos estuvieron en Tampa en 2012, en aquella oportunidad solamente tocamos juntos una pequeña pieza de un concierto de Bach, y compartimos en un solo ensayo de una hora y media. En La Habana tuve la oportunidad de trabajar por más tiempo con la Orquesta Sinfónica Nacional de Cuba. Fueron cinco días de extensos ensayos”.
Al referirse al concierto del domingo, 12 de mayo, en el Teatro Nacional de Cuba, junto a sus colegas caribeños, explica Multer: “Fue el Día de las Madres, a las 11 de la mañana. A pesar de haber aire acondicionado en el teatro, el intenso calor del mediodía habanero se adueñó de la sala. Al punto agrega: “La razón del programa era tener la habilidad de trabajar con los músicos cubanos en la mayor cantidad de formas posibles. En la primera parte tocamos música barroca, sin un director. Yo dirigí desde mi sitial de primer violín a la usanza del período barroco. En la segunda mitad, el director titular de la OSN, Enrique Pérez Mesa, nos dirigió en el “Concierto para violín” de Jean Sibelius. Yo me desempeñé como solista”.
Al inquirirle sobre el sello interpretativo de los músicos cubanos, Multer no vacila en calificarlos de “apasionados y energéticos”, pero en ningún sentido encuentra diferencias entre ellos y otros músicos con los que ha tocado en orquestas de Estados Unidos. Sobre si desea volver a la isla, comenta: “Regresaría a Cuba. Todos disfrutamos mucho del viaje. Me gustó trabajar con el director, con los músicos; además me agradaría conocer algo más que La Habana”.
Henry Adams, un cubano por ósmosis
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