La imaginación ofrece a la razón, en sus horas de duda, las soluciones que ésta en vano sin su ayuda busca. Es la hembra de la inteligencia, sin cuyo consorcio no hay nada fecundo”.
José Martí

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sábado, 9 de febrero de 2019

El Balllet Nacional de Cuba tiene una nueva directora artística

Viengsay Valdés rinde honor a la deidad de la danza universal Alicia Alonso. Foto: Nancy Reyes.

Por Leonardo Venta

 
            El pasado martes, 22 de enero, la primera bailarina Viengsay Valdés fue nombrada subdirectora artística del Ballet Nacional de Cuba (BNC), en momentos en que su directora y fundadora –la casi centenaria prima ballerina assoluta Alicia Alonso– sufre ineludibles quebrantos de salud asociados a la longevidad extrema.
           Si bien, al momento de escribir esta nota ya teníamos confirmación del nuevo nombramiento, los pormenores que se le relacionaban nos seguían resultando vagos y parcialmente inasequibles. Teniendo en consideración lo antedicho, este sastrecillo del alma –con irremediable vocación de balletómano– ha preferido soslayar inexactas particularidades sobre la susodicha designación, obviando los desacertados porqués y cómos  para concretarse en el saludable ejercicio de presentar –como sano objetivo y no como herramienta de inoperantes ideologías– a la admirable dama que asumirá por ley de sus propios méritos el nuevo cargo dentro de la institución danzaria que arrancara del afamado crítico británico Arnold Haskell el calificativo de “milagro cubano".
            El 10 de noviembre de 1976, en el barrio habanero del Vedado nace Viengsay Valdés. En septiembre de 1986, a la edad de 9 años, comenzó sus estudios en la Escuela Elemental de Ballet Alejo Carpentier, hasta graduarse en 1991. Ya en el nivel de secundaria básica, alternaba su aprendizaje artístico en la Alejo Carpentier –en la mañana– con las asignaturas académicas regulares en el plantel Raúl Gómez García –en la tarde–, sólo distantes once cuadras entre sí.  Sobre su férrea voluntad de superación –rasgo que todos coinciden en atribuirle–, dijo su profesora de danzas de carácter Valentina Fernández al periodista Carlos Tablada Pérez, en el 2011: "Hoy es una bailarina que en escena puede dominar cualquier estilo, que transmite seguridad técnica e interpretativa, y lo ha logrado gracias a una disciplina de trabajo, a su constancia y su fuerza".
            Viengsay –como prefiero llamarla, por la unicidad del nombre que significa “victoria” en el idioma laosiano, país en el que sus padres fueron embajadores y a donde fue a vivir con sólo tres meses de edad– continuó sus estudios en la Escuela Nacional de Arte (ENA), en el notorio período especial, una etapa de severa depresión económica en la Isla que se extendió desde 1991 hasta  mediados de la década de los noventa.
            Ya en este período sobresale por sus centrados giros y prolongados balances, pero sobre todo por su singular estilo, dedicación y genuina sensibilidad escénica. "Cuando ella se paraba en escena se transformaba, no era la niña, era ya la casi adulta que salía y se retaba, se retaba en su baile, se retaba en sus asignaciones técnicas y se retaba a hacer más y mejor", ha dicho de Viengsay Mirtha Hermida, una de las profesoras que más confianza tuvo en ella desde el principio.
            En julio de 1994, se gradúa de la ENA con una interpretación espléndida del pas de deux del ballet "Esmeralda". En agosto de ese mismo año, participó en el concurso "Vignale Danza", en Italia, donde obtuvo medalla de oro.  Un mes después, ingresa en la troupe del Ballet Nacional de Cuba. Luego de sólo un año en la compañía es promovida a bailarina principal.
            En julio de 2001, Alicia Alonso le otorga el rango de prima ballerina. Continúa sobresaliendo por su perseverancia, disciplina y entrega. "Mi primer encuentro con Viengsay de hablar de tú a tú, sobre sus cualidades y sobre la historia, en el sentido de la tradición, de la técnica, fue un día en que me le acerqué después de una presentación suya, y le dije: 'Te quiero dar las gracias porque has rescatado una tradición de la técnica del ballet cubano, de una técnica que Alicia Alonso sentó, y es dar los 32 fouettés en el lugar sin desplazarse'. Eso es el virtuosismo", comenta el Dr. Miguel Cabrera, historiador del Ballet Nacional de Cuba y jefe del Centro de Documentación e Investigaciones Históricas de esta institución.
            Viengsay –que el próximo domingo, 3 de febrero cierra las presentaciones de "El lago de los cisnes", que se vienen efectuando desde el 25 de enero en el Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso– debutó en el exigente rol de Odile, en 1995, por una de esos imprevistos que acaecen de vez en cuando en el mundo del espectáculo. Las bailarinas que tenían que interpretar el rol protagónico estaban indispuestas, luego de una extenuante gira por México. La dirección del BNC tomó la decisión de que Catherine Zuasnábar y Viengsay –que tenía solo 18 años– interpretaran los personajes de Odette y Odile, en una misma función.
             "Para el público en general, o sea, para el público que va principalmente a la Sala García Lorca del Gran Teatro de La Habana, aquel cisne negro fue una revelación; para mí fue la confirmación de lo que yo había pensado, tres, cuatro años atrás, cuando la vi en 'La llama de París'. Entonces, se pudiera decir que en aquel momento Viengsay empieza una gran carrera", comenta el crítico y periodista Ahmed Piñeiro, a quien cita Carlos Tablada Pérez en De acero y nube, un excelente texto biográfico de la bailarina.
            Los triunfos de Viengsay –en sus 25 años con el Ballet Nacional de Cuba– son admirables y cuantiosos. Desde ovaciones de pie en las más renombradas salas de teatro del mundo, presentaciones junto a los mejores partenaires, hasta cálidas reseñas realizadas por reconocidos críticos de la danza clásica, que la han ubicado entre las mejores bailarinas de estos tiempos, atesorando loas que sólo pueden ostentar artistas privilegiados.
            En una reseña escrita por mí para el semanario Las Américas Herald, bajo el pseudónimo de Francisco Sisa, a raíz de una presentación del llamado Bolshói del Caribe en Tampa, el 24 de octubre de 2003, dije y sostengo: "Las cuatro joyas del BNC [Mirta Plá, Josefina Méndez, Loipa Araújo y Aurora Bosch], que nombrara de esta forma Arnold Haskell, instituyeron pautas para las nuevas generaciones del ballet cubano. Pero…después de ver bailar a Viengsay hemos tenido que reacomodar nuestras mentes para darle magna entrada a la heredad de nuestras más preciosas memorias. Podemos afirmar, sin temor alguno de equivocarnos, que es otra joya del ballet cubano, en otro tiempo y con un brillo de una magnitud única e indivisible".

lunes, 28 de enero de 2019

Décimo aniversario del fallecimiento de Josefina Méndez


El pasado 26 de enero se cumplieron 10 años del fallecimiento de la primera bailarina Josefina Méndez, una de las cuatro joyas del Ballet Nacional de Cuba, calificativo otorgado por el connotado crítico británico Arnold Haskell. La Méndez murió en La Habana, ciudad donde naciera, a los 65 años de edad.

jueves, 3 de enero de 2019

“Estrellas de hoy se encuentran con las estrellas del mañana”

La Gala del sábado, 5 de enero combina una selección de lo mejor entre los jóvenes competidores del “Youth America Grand Prix” y figuras reconocidas en el celaje de la danza universal. Foto: Siggul/VAM.

Por Leonardo Venta 

               Destacadas personalidades de la danza mundial compartirán escenarios con noveles bailarines y bailarinas en la gran gala “Estrellas de hoy se encuentran con las estrellas del mañana”, el sábado, 5 de enero, a las 8 p.m., en la Sala Ferguson del Straz Center.
            “Youth America Grand Prix" (YAGP, por sus siglas en inglés) –considerado como el mayor evento competitivo internacional para estudiantes de danza y una plataforma para visibilizar las potencialidades de jóvenes figuras de la disciplina en todo el orbe– celebra su vigésima edición y el séptimo año consecutivo en que se efectúan las competencias semifinales de Florida en la ciudad de Tampa, preámbulo de las neoyorquinas finales que se realizarán entre el 12 y el 19 de abril.
            Fundado por Larissa Saveliev y su esposo Gennadi Saveliev, otrora miembros del Ballet Bolshoi, YAGP se integra en 1999 a una confluencia global danzaria que acoge en su seno a jóvenes estudiantes de la danza clásica, maestros, escuelas, compañías, egresados de instituciones de danza, patrocinadores, coreógrafos, así como bailarines en general. De esta manera, se proyecta hacia la comunidad profesional del ballet a nivel internacional, atrayendo el apoyo de benefactores y amantes de la danza hacia prometedores talentos, ofreciéndoles talleres y becas en prestigiosas escuelas y compañías de danza alrededor del mundo.
            Desde su fundación, “Youth America Grand Prix” ha ofrecido oportunidades a numerosas promesas  –entre las edades de nueve a 19 años, de diversos orígenes étnicos y culturales– con el fin de ampliar su radio de acción, otorgarle más confianza escénica, perfeccionamiento técnico e interpretativo, consolidando una red sólida y estable dentro de la comunidad artística, al expandir sus oportunidades para desarrollarse y triunfar en la maravillosa y exigente esfera de la danza.
             Entre los invitados a la presente gala, muchos de los cuales son egresados de YAGP e integrantes de prestigiosas compañías danzarias, figuran Skylar Brandt, Melanie Hamrick, Calvin Royal III, Hee Seo, José Sebastian y Cory Stearns, del American Ballet Theatre; Denys Drozdyuk, World of Dance; Derek Dunn, proveniente de las filas del Boston Ballet; Daniel Ulbricht, bailarín principal del New York City Ballet; Peter Weil, del Ballet de Pensilvania; la bailarina principal del San Francisco Ballet Sasha De Sola, los artistas principales Brooklyn Mack, Joseph Gatti y Juliano Nunes; así como los ucranianos Denys Drozdyuk y Antonina Skobina, prestigiosa pareja de baile de salón a nivel internacional.


David Castillo

             El programa en dos actos intercala presentaciones de las antedichas figuras, así como de los más destacados concursantes, entre los que pudimos conversar brevemente con el joven de 20 años David Castillo –otrora integrante del Ballet de Cali– quien lleva sólo varios meses tomando clases en el Conservatorio Patel –ubicado en el extremo norte del Straz Center, y en cuyas amplias instalaciones se esculpen las susodichas estrellas del mañana, bajo la dirección artística de Philip Neal, exbailarín principal del New York City Ballet; y la maître Ivonne Lemus, proveniente de la prestigiosa escuela cubana de ballet–.
            “Para mí significa mucho representar a 'Next Generation Ballet' en la competencia de YAGP. Es una gran oportunidad y un honor”, nos comentó Castillo, cuyos ballets favoritos son 'El Corsario' y "Don Quijote'. “Voy a competir con un tango-ballet, junto a seis integrantes de la compañía. Somos 4 bailarines y 3 bailarinas”, agregó. 
            Al pedirle unas palabras de aliento para aquellos y aquellas que aspiran a triunfar en el mundo escénico, el joven colombiano expresó: "Todo con esfuerzo se logra y las metas se las impone uno mismo". Con certeza, esta competencia del YAGP forma parte de las metas a las que Castillo se refiere, así como las de los miles de estudiantes de la danza clásica y contemporánea que se han integrado a un concurso en el que ya se gana participando.
            Hasta la fecha, YAGP ha brindado oportunidades a alrededor de 100 mil bailarines de todo el mundo a participar en talleres y audiciones internacionales, ofreciendo más de $4 millones en becas otorgadas por las principales escuelas de danza. Más de 12 mil jóvenes bailarines realizan audiciones cada temporada; 450 alumnos egresados han pasado a integrar alrededor de 80 de las principales compañías de danza del mundo. Para obtener información adicional acerca de Youth America Grand Prix, visite https://yagp.org/

domingo, 9 de diciembre de 2018

La magia del Cascanueces regresa a Tampa


 Gillian Yoder y su partenaire Luke Yee, bailarines principales del New York City Ballet, 
en el Grand pas de deux de "El cascanueces". Foto: cortesía del Straz Center

Por Leonardo Venta 

             Diferentes versiones coreográficas de “El cascanueces” se presentan en numerosos escenarios del mundo esta época del año. Varias producciones tendrán lugar en Manhattan (incluyendo “The Yorkville Nutcracker”, “The Knickerbocker Suite” y “Nut/Cracked”); en Brooklyn, se bailará el singular lúdico arreglo coreográfico de Alexei Ratmansky para el American Ballet Theatre (ABT); y, el recién concluido mes de noviembre fue el estreno de la película “El cascanueces y los cuatro reinos”, adaptación de Disney del relato de uno de los ballets clásicos más célebres, protagonizado por Mackenzie Foy, Keira Knightley y Helen Mirren, y que en corto tiempo ha originado una extensa sarta de críticas negativas.
            Al francés Marius Petipa, que llegó a ser director de coreografía del Ballet Imperial Ruso en el siglo XIX, le debemos el perfeccionamiento de la danza clásica con argumento largo y completo que ha sobrevivido hasta nuestros días. “El cascanueces”, “La bella durmiente” y “El lago de los cisnes” –todos de Petipa– son magníficos ejemplares de este tipo de producciones.
            Creado en 1892, al enfermarse Petipa, “El cascanueces” pasó a manos de su asistente ruso Lev Ivanov. Basado en el cuento de Ernst Theodor Amadeus Hoffmann, este ballet en dos actos narra una historia de Nochebuena, donde la pequeña Clara recibe como regalo de su tío Herr Drosselmeyer un cascanueces con aspecto de soldado, el cual la conducirá por parajes de ensueños.
            Si no hubieran suficientes razones para asistir ininterrumpidamente cada temporada a la puesta de este ballet-cuento de hadas, los seductores matices orquestales de Chaikovski son sobrados motivos melódicos para hacerlo. Entre las muchas producciones de “El cascanueces”, la del genio George Balanchine (1954, revisada en 1964) sigue siendo la más popular. Todo espectador neófito, sin importar su edad, en su primer suspiro de puntas, se quedará boquiabierto ante la colosal creciente gradación del árbol de Navidad en el primer acto, el céfiro sosiego de los copos de nieve al caer, o la Clara que desde su adormecido lecho se deslumbra con soldados de juguete que cobran vida, y principescos moradores de exóticos paisajes remotos.
            El cascanueces balanchiniano, a pesar de tener su hogar en Nueva York, no es exclusivo de la ciudad que nunca duerme. Estas fiestas decembrinas será interpretado por el Ballet de Alabama, el Miami City Ballet, el Oregon Ballet Theatre y el Ballet de Pensilvania, entre otros. Con una producción mucho más ecléctica y espacialmente colindante, el Ballet de Orlando, sitiado por Disney, los Estudios Universales y Sea World,  presentará también su “Cascanueces” en el Bob Carr Performing Arts Centre, bajo la dirección artística de Robert Hill, desde este viernes, 7 de diciembre, a las 7:30 p.m., hasta el domingo, 16, a las 2 p.m.
            Por su parte, “Next Generation Ballet” (NGB), del Conservatorio Patel, bajo el comando artístico de Philip Neal, se ataviará de llamativos accesorios teatrales, coloridos tules y armoniosos brocados para sus presentaciones en el Carol Morsani Hall del Straz Center for Performing Arts, el  viernes, 21 de diciembre, a las 7 p.m.; el sábado, 22, a las 7 p.m. y una función de matinée a las dos de la tarde; para concluir el domingo, 23, a la 1 y 6 p.m. Los artistas invitados Tiler Peck y Tyler Angle –bailarines principales del New York City Ballet– interpretarán los papeles del Hada del Azúcar y su caballero (el sábado y el domingo), así como Katia Carranza y Renán Cerdeiro, artistas de igual rango provenientes del Miami City Ballet (el viernes), junto con los galardonados jóvenes bailarines del Next Generation Ballet. Las actividades previas al espectáculo incluirán fotos familiares con el divertido Santa Claus y villancicos en vivo. 

"El cascanueces", en el Straz Center de Tampa


viernes, 25 de mayo de 2018

El “Don Quijote” del Ballet Nacional de Cuba mantiene un baile glorioso, aun sin renovarse

La Kitri de Viengsay Valdés es considerada una de las mejores del mundo. 
Foto cortesía de Nancy Reyes (BNC)


Por Lauren Warnecke 
(Traducción de Leonardo Venta) 
               La última ocasión que el Ballet Nacional de Cuba (BNC) estuvo en Chicago fue en 2003. La primera bailarina Viengsay Valdés tenía 26 años en aquel entonces. Su actuación en el Teatro Auditorium fue vaticinada por Sid Smith, crítico del Tribune, como realmente impresionante. Si bien, el comentario de Smith fue insuficiente; 15 años después, Valdés volvió a deslumbrar a los espectadores que se dieron cita en el teatro situado en East Congress Parkway.
            Una gira nacional que celebra la 70.ª temporada del BNC comienza aquí en Chicago, con tres actuaciones de "Don Quijote" en el Auditorium Theatre. La superestrella Alicia Alonso, de 97 años, permanece al frente de esta agrupación que fundó en La Habana, en 1948, y a la que Fidel Castro dio el nombre de Ballet Nacional de Cuba, en 1959, ofreciéndole un apoyo anual del gobierno cubano.
            El BNC es conocido por entrenar bailarines fenomenales, muchos de los cuales han abandonado Cuba para integrarse a compañías de danza estadounidenses y europeas. De igual relevancia y dedicación para la Alonso ha sido mantener las tradiciones soviéticas del ballet clásico. Ya sea por este enfoque, las inclinaciones típicamente conservadoras de una organización sufragada por el estado o el impacto de las sanciones políticas y económicas a Cuba (posiblemente todo lo anterior), esta agrupación danzaría se ha visto entorpecida de realizar extensas giras e invertir en nuevas producciones, lo que ha originado que sus presentaciones en la escena internacional siempre estén acompañadas de cierto enigma.  
            De esta forma, aunque la puesta del “Don Quijote” de la Alonso, que data de 1988, sea una joya, también carece de los recursos acostumbrados en la escenografía actual. Esto pudiera no ser tan visible, si el reponer los clásicos no estuviera de moda. “El lago de los cisnes” de Christopher Wheeldon, y “La Bayadera” de Stanton Welch son incorporaciones relativamente nuevas a la reputación del Joffrey Ballet, y el año próximo veremos “Whipped Cream” de Alexei Ratmansky –un ballet de 1924 raramente representado, si es que se ha escenificado alguna vez–, rescatado la temporada pasada para el American Ballet Theatre. Al igual que el “Don Quijote” de la Alonso, cada una de estas reposiciones son relativamente fieles al original, aunque tal vez cambie el entorno o se infundan  matices más contemporáneas a la coreografía.
            Por consiguiente, sería propicio hacer una pausa para reconocer que la Alonso estaba adelantada a la tendencia actual, y, que 30 años después, su versión de "Don Quijote" todavía se mantiene. El resuelto cuerpo de baile ejecuta una dinámica coreografía que nos recuerda la destreza técnica de la Alonso y la elegancia palmariamente cubana que ella trajo a los escenarios estadounidenses. Este “Don Quijote” presenta partes que demuestran el gran talento del BNC. La Alonso añade profundidad al argumento, al crear la secuencia de un sueño en la que el soñador caballero andante (Yansiel Pujada) confunde a Kitri (Valdés) con la elusiva Dulcinea (Yiliam Pacheco), un personaje principal de la novela, ausente en la versión original del ballet.
            Pujada y Dairon Darias, encarnando al torpe escudero Sancho Panza, originan frecuentes motivos de regocijo, al igual que Ernesto Díaz como Camacho, un noble francés que contiende por la mano de Kitri. Los trajes espumosos llenos de vuelos (probablemente reconstruidos, pero todavía muy de la década de 1980), así como los estáticos telones de fondo pudieran carecer de modernidad, pero todo eso se compensa con la calidad del material humano.
            En la antesala del grand pas de deux, Kitri y Basilio –el barbero pobre a quien Kitri verdaderamente ama– se casan, luego de que Basilio finge su muerte. (Sí, “Don Quijote” es, a veces, hilarante. De eso se trata). Valdés ejecutó un balance sobre la punta que parecía una eternidad, cambiando posiciones de arabesque a passé développé. Las impresionantes quíntuples pirouettes de Patricio Revé en la variación de Basilio provocaron expresiones de júbilo en el público, incluidas la de esta crítica.
            He visto innumerables representaciones de este grand pas de deux, a menudo extraídas de contexto como una demostración de habilidad técnica en un programa de concierto. Esta obra es notable por su áspera bravura y su toque español, creado originalmente en 1869 por el coreógrafo Marius Petipa, con música de Ludwig Minkus, un compositor judío-austriaco. En esta presentación, luego de transcurridos los tres actos del ballet, nos percatamos que Kitri y Basilio son seres dados a divertirse, personajes relativamente humildes y complejos, extraídos de un capítulo de la novela homónima de 1605, escrita por Miguel de Cervantes.
            La sensibilidad de la versión creada por la Alonso hacia los detalles de Kitri y Basilio, así como la importancia de “Don Quijote” en el repertorio de una compañía cuya cultura ha estado fuertemente influida por el imperialismo español, no deben subestimarse. Las fallas de este ballet no están en la puesta de la Alonso, sino en el tema en sí mismo como un medio para expresar adecuadamente las muchas complejidades de la obra maestra de Cervantes. El lenguaje del ballet clásico, en particular, es principalmente un vehículo que facilita su representación; los personajes y los insustanciales libretos producidos durante este período –escudriñados por los bailarines e infundidos con menos complejidad de la que quizás merecen– seguramente no están a la altura de los significados más profundos de la novela.
          Pero tal vez no sea necesario, porque, ¡santo cielo!, fue emocionante verlo.

(Reseña publicada en el Chicago Tribune, el 19 de mayo de 2018)


martes, 22 de mayo de 2018

El Ballet Nacional de Cuba presenta “Giselle” en Tampa

Después de 15 años de ausencia, el Ballet Nacional de Cuba vuelve a Tampa con la gema del ballet romántico “Giselle”, 
la obra más emblemática de su repertorio

Por Leonardo Venta 

“… Daniel Lesur, administrador de la Ópera [de París], se acercó a nuestra gran bailarina: ‘Alicia –le dijo– desde hacía mucho tiempo, desde el siglo pasado, Giselle era una pieza de museo, una cosa muerta. Usted con su genio, la ha revivido, nos la ha restituido. Gracias a usted la vimos esta noche como hubiese querido verla Théophile Gautier’. Creo que nada tendría yo que añadir a estas palabras”.
 Fragmento de la crónica “Como hubiese querido verla Théophile Gautier”, Alejo Carpentier


              ‘’Giselle’’, obra cumbre del ballet romántico, en cuyo rol protagónico la prima ballerina assoluta y directora del mundialmente aclamado Ballet Nacional de Cuba, Alicia Alonso, una leyenda viva de la danza clásica, debutara el 2 de noviembre de 1943 en el neoyorquino Metropolitan Opera House, llega a Tampa, después de 15 años de ausencia, para una presentación histórica, el miércoles, 23 de mayo, a las 8 p.m., en la Sala Morsani del Straz Center for the Performing Arts.
            Concebido por el poeta Théophile Gautier, el argumento de “Giselle” se inspira en las Lettres de l’Allemagne (Cartas de Alemania) de Heinrich Heine, del siglo XIX, cuyo lenguaje poético, henchido de referencias míticas y paisajes fantásticos, sustentó la imaginación creativa del libretista Saint George, así como la de los coreógrafos Coralli y Perrot, y, finalmente, conllevó a la revisión de Marius Petipa.
            La puesta en escena cubana en el Straz Center –una de sus solamente cuatro presentaciones en Estados Unidos este año, que incluyen el Kennedy Center, en Washington, D.C., y el histórico Auditorium Theatre, en Chicago– cuenta con la versión coreográfica de la Alonso en dos actos sobre la original de Jean Coralli y Jules Perrot.
            Los roles protagónicos serán interpretados por la primera bailarina Sadaise Arencibia (Giselle) y el bailarín principal Raúl Abreu (Albrecht). Además de su presentación el miércoles, la compañía ofrecerá una clase magistral el martes, 22 de mayo.

Fotografía inédita de la primera bailarina Sadaise Arencibia en el segundo acto de “Giselle”, 
cortesía del artista fotográfico Artyom Shlapachenko

            En la heroína de esta gema danzaria se combinan los dos grandes tipos de bailarinas. En el primer acto, es la campesina terrenal. Sin embargo, destella un implícito presagio etéreo desde el fondo de esa caracterización tan francamente humana. A su vez, tiene que hacer gala de una férrea técnica clásica y un variado prisma de emociones. Atraviesa sentimientos que van desde el amor ingenuo y la dicha compartida a la desilusión, la impotencia, la locura y la muerte.
            En el segundo acto, se transforma en un espíritu alado para hilvanar la más sublime poesía de la danza. Según el ya extinto Arnold Haskell, uno de los críticos más substanciales de la danza clásica, existe un fuerte lazo dramático entre el primer y el segundo acto. Giselle, transformada en espectro de los bosques, o willis, supera los obstáculos que le tiende el desamor y la muerte, pero, al mismo tiempo, se debate entre su nueva naturaleza espectral, sujeta a las exigencias de Myrta, la vengativa reina de las willis, y su inmenso amor por el príncipe Albrecht.
            En este espacio, he recogido impresiones de Ivonne Lemus, maître del Next Generation Ballet y otrora bailarina del Ballet Nacional de Cuba, la propia Sadaise Arencibia, que en 2009 fue promovida al rango de primera bailarina, así como de Judy Lisi, presidenta ejecutiva del Straz Center.
            “Todavía no se sabe si Alicia Alonso vendrá con la compañía. Encontrarme con ella y Pedro Simón, su esposo, en Tampa, sería muy emotivo para mí. Yo viví muy en el seno del Ballet Nacional de Cuba”, nos comenta Lemus. “Van a venir muchos bailarines que yo conozco, así como otros nuevos. Tengo que verla [Alicia Alonso], estar con ella, tocarla, darle las gracias por todo. Si no hubiera sido por Alicia, yo no fuera maître hoy. Ninguno de nosotros hubiéramos sobrevivido en este arte sin la formación que hemos recibido de Alicia”, agrega con contagiosa franqueza.
            En 2016, alrededor de esta fecha, Next Generation Ballet estrenó “Giselle” en el Straz Center, con tres funciones que evidenciaron la reputación que ha ido consolidando esta joven compañía, de la cual Lemus ha sido impulso vital por casi once años. Al respecto nos comenta: “Cuando yo monté este ballet a Next Generation Ballet, me remonté a Cuba con la mente, porque la escuela cubana de ballet le otorga a cada personaje de 'Giselle', por simple que sea, una estupenda precisión y profundidad en la caracterización”.
            Por otra parte, hemos sido sumamente afortunados al conseguir declaraciones desde La Habana de la primera bailarina que nos deleitará con la interpretación de un personaje que –al decir de Haskell– “hace o deshace la reputación de una bailarina”.


Imagen inédita de un pulido arabesque penché de Sadaise Arenciba en el ‘promenade’ 
del segundo acto de “Giselle”, cortesía del artista fotográfico Artyom Shlapachenko
               “Tengo varios roles favoritos, pero de los que he bailado mis preferidos son Carmen y Giselle”, nos confiesa Sadaise. “Para mí, bailar Giselle en esta gira significa un honor inmenso por varios motivos”, reflexiona cuando tratamos de indagar la trascendencia que tiene para ella esta su primera presentación en Tampa.
            “Giselle es el ballet ícono de Alicia Alonso, con el que se reveló como gran estrella, precisamente en Estados Unidos cuando era aún muy joven”, agrega la talentosa bailarina cubana. “Es una de las obras que más prestigio le ha dado al Ballet Nacional de Cuba como compañía, no sólo por lo que representa Alicia en “Giselle” para el mundo, sino también por las características de la versión. Además, este 2018 se cumplen 40 años de la primera vez que nuestra compañía actuó en Estados Unidos. Entonces, es una gran responsabilidad y un orgullo para mí ser la Giselle aquí”, añade para concluir su razonamiento.
            Desde otro ángulo, Judy Lisi, presidenta ejecutiva del Straz Center, también nos comenta sobre la histórica función que se nos avecina. “Cuando pienso en el Ballet Nacional de Cuba interpretando “Giselle” en el Straz Center –la obra más importante en la carrera de su directora artística Alicia Alonso– la frase que primero me viene a la mente es: ‘una oportunidad única en la vida’. Tendremos el privilegio de aplaudir a algunos de los mejores bailarines del mundo, formados bajo el legado de la prima ballerina assoluta cubana. Son sus descendientes directos. Ella les ha transmitido la impecable técnica del ballet clásico con el inconfundible y emotivo sello artístico cubano, el cual ninguna otra agrupación del mundo posee”, afirma. “Nos ha tomado tres años de ardua labor el traer a esta distinguida compañía, y cada paso que realicen sus bailarines sobre el escenario de la Sala Morsani nos certificará que el esfuerzo que hemos realizado en traerlos ha valido la pena”, concluye.

miércoles, 28 de marzo de 2018

"Dance Theatre of Harlem": entrevista al bailarín Jorge Andrés Villarini

             
El puertorriqueño Jorge Villarini, figura destacada de Dance Theatre of  Harlem. 
Fotógrafo: Francois Rousseau
                                        
Por Leonardo Venta

         Dance Theatre of Harlem (DTH, por sus siglas en inglés) –una compañía con logros impresionantes en la escena danzaria estadounidense, fundada en el sótano de una iglesia del vecindario del neoyorquino Harlem, en 1969, por Arthur Mitchell, otrora bailarín principal del renombrado New York City Ballet, y Karel Shook, su difunto mentor– presenta un sólido programa de ballet ecléctico a través del espectáculo "Power en Pointe", el sábado, 3 de marzo de 2018, a las 8 p.m., en la Sala Morsani del Straz Center. También, ofrecerá una clase magistral para los estudiantes del Conservatorio Patel y Next Generation Ballet.
            Embajadora multicultural del ballet clásico, esta compañía ha realizado numerosas exitosas presentaciones en escenarios nacionales e internacionales, redelineando la danza clásica con tentadores elementos de un estilo innovador y contemporáneo que exalta los valores y la belleza de la cultura afroamericana y de los llamados grupos étnicos minoritarios en Estados Unidos. En nuestro anhelo de acercarnos a Dance Theatre of Harlem, hemos entrevistado a Jorge Andrés Villarini, destacado bailarín de esa entidad artística.


            Jorge Andrés Villarini, ¿cuál es tu formación como bailarín?

            Comencé a bailar a los once años en Puerto Rico, bajo la tutela de Rodney Rivera,  María Carrera, Miguel Campanería y el maestro Joaquín Banegas. Al terminar la escuela superior, fui a estudiar un bachillerato en danza en Marymount Manhattan College, el cual completé en 2011. Al mismo tiempo, cursé estudios en la escuela Jacqueline Kennedy Onassis, del American Ballet Theatre, como estudiante becado. Mientras entrenaba en Puerto Rico, participé de programas intensivos de verano en Estados Unidos, entre ellos con las escuelas del Ballet de Orlando y el American Ballet, así como The Ailey School.

             ¿Por qué Dance Theatre of Harlem?

            Luego de pasar tres años bailando para el BalletMet, en Columbus, Ohio regresé a la ciudad de Nueva York. Me instalé en Harlem, con mi hermano menor. Al finalizar una temporada bailando con la compañía de Martha Graham, me di a la tarea de buscar una agrupación que, además de sustentar mi lado artístico, me desarrollara como líder comunitario y agente de cambio social. Los programas de educación comunitaria de DTH han sido el motor principal para llevar nuestro mensaje a favor de la accesibilidad a las artes, en específico la clásicas. Amo poder servir a mi comunidad y a las miles de comunidades con las que constantemente interactuamos.

            ¿Cuál es tu edad y cuánto tiempo llevas con esta compañía?

            Tengo 28 años de edad. Llevo cuatro años con la compañía.

            ¿Cómo fundes tu identidad puertorriqueña con la afroamericana, personalmente, y en otro plano, al nivel de la compañía?

            El natural de Puerto Rico que niegue su identidad afroantillana, no merece llamarse puertorriqueño. Ser boricua es ser hijo de la mezcla de razas. El colonialismo en la Isla nos obliga a reconocer que somos el resultado de la fusión de las razas taína, negra y europea. Es un deber cultural reconciliar la presencia de estas identidades. En Estados Unidos la lucha de la comunidad afroamericana es un concepto que recoge el sentir de todos los grupos minoritarios. Dance Theatre of Harlem presenta una visión de la comunidad a la que servimos. Harlem siempre a sido un nido de creatividad y conciencia social para inmigrantes de todos los grupos sociales, razas y credos. Mi identidad puertorriqueña está muy presente en mi forma de bailar y, por ende, es mi más grande aporte a la visión de la compañía.


Jorge Villarini hace alarde de sus admirables extensiones
            ¿Hay jerarquía entre ustedes?

            En el papel no tenemos rangos, pero en la práctica sí habemos ciertos bailarines a los que se nos confía más con papeles principales y de solistas.

            Se me informó que la cubana Yinet Fernández, que abandonó el Ballet Nacional de Cuba en 2014, forma parte de la compañía; sin embargo, en el cibersitio  de Dance Theatre of Harlem no aparece su nombre bajo la lista de bailarines, ¿cuántos hispanos, aparte de varios brasileros, bailan en esta agrupación?

            El sitio Web no ha sido optimizado en buen tiempo. Adicional a Yinet y a mí, contamos con otros tres bailarines de origen hispano para un total de cinco.

            Se menciona un repertorio clásico, neoclásico –con piezas de Balanchine– y contemporáneo en Dance Theatre of Harlem. Desde un acercamiento a las obras que interpretan, ¿qué es lo clásico, lo neoclásico y lo contemporáneo en esta agrupación de baile, es decir, cuál es el estilo que la sella?

            En nuestro repertorio, clásicos serían los ballets de Marius Petipa, como los pas de deux de "El Corsario" y el "Cisne Negro". El neoclásico estadounidense nos llega vía George Balanchine ("Valse Fantasy", "Chaikovski Pas de Deux", "Agón") y nuestro coreógrafo residente Robert Garland, quien fusiona el vernáculo del baile social afroamericano con en el ballet ("Return", "Brahms Variations"). El contemporáneo integra la mayoría de piezas originales de la compañía. Se le llama contemporáneo por el tiempo en el que fueron creados. Entre los coreógrafos contemporáneos cuyos obras bailamos, entre muchos otros, figuran Darell Moultrie, Christopher Wheeldon, Francesca Harper, Nacho Duato, Ulysses Dove.

            ¿Hay diferencias entre la danza y el ballet en cuanto a gusto, posibilidades interpretativas y de desarrollo artístico?

            El movimiento es un lenguaje universal del cuerpo. El ballet, la danza moderna y la contemporánea solo presentan distintos principios o diferentes formas de usar el cuerpo para llevar este mensaje. He tenido el privilegio de estudiar y desarrollarme como artista en estas disciplinas. Considero que soy el tipo de bailarín que está más interesado en conectarme con el público, hacer que ellos se vayan conmigo en un paseo por sus propias experiencias. En todas estas técnicas existe la posibilidad de lograr estos objetivos, lo que los distingue es el vocabulario corporal que se utiliza. No tengo preferencia a estas alturas de mi carrera. Me motiva seguir descubriéndome a mí mismo en todos estos diferentes idiomas.

             Los grandes clásicos de ballet tienen temáticas eminentemente europeas  y protagonistas de una "blancura" idealizada. Hay compañías como el Ballet Nacional de Cuba, y otras, en menor escala, que han incorporado bailarines "no blancos" al repertorio de grandes clásicos, como es el caso del Royal Ballet con el cubano Carlos Acosta. Según tu punto de vista, ¿deberían los bailarines de minorías étnicas interpretar clásicos del siglo XIX  o su origen no caucasiano debiese restringir la diversidad des repertorio en una compañía de bailarines en su mayoría de origen afroamericano?

            El primer clásico que presencié en vivo fue "El lago de los cisnes", en Puerto Rico. Este montaje fue muy especial para mí, ya que contaba con Lorna Feijóo y Carlos Acosta como principales. El impacto que me dejó ver a un bailarín afroantillano interpretar el papel del príncipe Sigfrido hasta el día de hoy me recuerda que nada es imposible. Los bailarines no blancos necesitamos vernos representados en el escenario. Me resulta francamente absurdo que vivamos en un mundo donde la idea de un príncipe negro, latino o asiático resulte ser un tabú. Nuestras culturas también tienen jerarquías o ¿acaso en el África precolonizada no había reyes y reinas, en la América precolombina no había gobernantes mayas, aztecas y taínos, las dinastías asiáticas no tenían sus propios imperios? El eurocentrismo, al que se remonta el nacimiento del ballet, no puede subestimar la humanidad de aquellos que interpretan estos clásicos.
            La idea de limitar roles interpretativos –basándose en la raza– es arcaica y necia, limita la creatividad restringiendo la evolución de este arte. Le invito a buscar en YouTube el montaje de Arthur Mitchell de "Creolle Giselle", con Virginia Johnson como Giselle. La historia recrea la realidad de finales del siglo XIX en Louisiana.

            En otras palabras, ¿deberían bailarines negros y de las llamadas minorías étnicas interpretar clásicos como el "Lago de los cisnes", "Giselle", "Las sílfides", creados originalmente para bailarines y bailarinas blancos? En tu caso, ¿has interpretado o te hubiera gustado interpretar roles como Sigfrido, Albrecht o el poeta de "Las sílfides"?

            Seguro que todos tenemos derecho a interpretar estos papeles. Es la única forma que este arte evolucionará. El ballet tiene que ser accesible, nos pertenece a todos, no sólo a la élite. En la mayoría de mi repertorio bailo ballets creados para bailarines blancos y es mi perspectiva racial, social y moral lo que distingue mi interpretación, no el color de mi piel ni mi origen.

            ¿Consideras que para un bailarín, o bailarina –proveniente de las llamadas "minorías" en Estados Unidos– es tarea ardua incorporarse a una compañía tradicional de ballet, por ejemplo, el American Ballet Theatre?

            Tristemente se nos hace difícil, pero las cosas están cambiando y cada vez vemos más compañías interesadas en representar a las comunidades a las que pertenecen. Los bailarines no blancos existimos y somos mucho más que bailarines con cierto color de piel: somos bailarines en todo nuestro derecho.
Chyrstyn Fentroy y Jorge Villarini, en "Coming Together". Fotógrafa:  Rachel Neville. 
           ¿Pudieras compartiros información sobre el espectáculo que presentarán en Tampa?

            Estaremos bailando cuatro ballets muy distintos. Comenzaremos con "Valse Fantasy", de George Balanchine. Esta coreografía para dos bailarines principales y un cuerpo de baile de cuatro es pura expresión musical hecha danza. Le sigue el solo "Chaconne", de José Limón. Creado en 1942, este solo explora la dignidad humana desde el punto de vista del inmigrante en una conversación entre criollismo y eurocentrismo cultural. Este es uno de mis trabajos favoritos y tendré el privilegio de bailarlo durante nuestra estadía en Tampa.
            "Change", de Dianne McIntyre, es un ballet para tres bailarinas que honra la lucha de las mujeres de color en Estados Unidos. Cierra el programa el ballet "Harlem On My Mind (Hamlet en mi mente)", del coreógrafo Darrell Grand Moultrie. Original de Harlem, Darell nos brinda una composición que representa lo mejor de Harlem, utilizando el jazz como punto de partida para su expresión coreografía. 

            ¿Por qué debemos asistir a esta función?

            Porque presenta lo mejor de nuestra humanidad, traemos un espectáculo de primera y los bailarines son excelentes.

             ¿Planes futuros de la compañía?

            Este año estamos celebrando nuestro aniversario número 50; en lo planes de la compañía está aumentar el número de bailarines, seguir solidificando nuestra organización, continuar encaminados a inspirar cambios en nuestras comunidades e inspirar a nuevas generaciones de bailarines.

lunes, 19 de marzo de 2018

Dance Theatre of Harlem se presenta en el New York City Center



La presente temporada 2018 promete funciones emocionantes de la compañía Dance Theatre of Harlem, con obras únicas e inspiradoras que reflejan el rico legado de esa agrupación danzaria y la diversidad del repertorio balletístico del siglo XXI. Habrá cuatro actuaciones en el New York City Center, del 4 al 7 de abril. Consigue boletos e infórmate mejor sobre la compañía en: http://www.dancetheatreofharlem.org/newyorkseason

miércoles, 14 de marzo de 2018

El New York City Ballet ofrece un homenaje a Jerome Robbins



           Esta primavera, el New York City Ballet honra al innovador de la danza estadounidense, coreógrafo y co-fundador de esta importante compañía con el festival "Robbins 100". Conocido mundialmente como uno de los mejores coreógrafos del siglo XX, Robbins transformó el mundo de la danza con sus obras para ballet, Broadway y cine.
            Disfrute de una presentación especial, el lunes, 7 de mayo, a las 6:30 p.m., en el teatro David H. Koch –que ocupa el lado sur de la plaza principal del Lincoln Center, frente a Avery Fisher Hall–, ofrecida por el bailarín principal Adrian Danchig-Waring, en la cual explora la carrera de un artista que capturó el espíritu de una generación estadounidense. Este programa incluirá una discusión con artistas que fueron profundamente influenciados por el trabajo de Robbins, así como presentaciones de extractos de su catálogo de ballets atemporales.

sábado, 23 de diciembre de 2017

La singular experiencia artística de Amar Ramasar

Ramasar se unió al New York City Ballet como aprendiz en el 2000, se integró al cuerpo de baile en 2001. 
Fue ascendido a solista en 2006 y a bailarín principal en 2009. Foto: cortesía de Paul Kolsnik
Por Leonardo Venta


            Next Generation Ballet (NGB), bajo la dirección artística de Philip Neal, viene presentando en la espaciosa Sala Morsani del Straz Center su versión del clásico navideño "Cascanueces". 
            Ayer, jueves, Renan Cerdeiro –bailarín principal del Miami City Ballet– y Patricia Delgado –que encabezara esa compañía por diecisiete años hasta su retiro este 2017– fueron los artistas invitados. Viernes y sábado, el programa incluye en los roles protagónicos a Sara Mearns y Amar Ramasar, bailarines principales del New York City Ballet (NYCB).
            La forma de bailar de Ramasar –galardonado con el Premio Bessie, al Mejor Intérprete en 2015, y el Premio Mae L. Wien, a la Mejor Promesa en el año 2000– ha sido calificada por la crítica del New York Times Jennifer Dunning de “contagiosa alegría" y "sumamente comprometida con el rendimiento".
            Por otra parte, Ramasar figura en la película "NY Export: Opus Jazz", una adaptación con guión del ballet homónimo de Jerome Robbins, que se difundiera en la cadena pública estadounidense PBS y ganara el Premio del Público en el "South by Southwest Film Festival" de 2010. También aparece en el documental de Magnolia Pictures "Ballet 422", que documenta la creación del ballet "Paz de La Jolla", del joven coreógrafo Justin Peck para el New York City Ballet.
            Con el objetivo de abordar la singular experiencia artística de Amar Ramasar y ofrecérsela a nuestros lectores, le realizamos una entrevista en inglés, que hemos traducido al castellano.

            Saludos, Amar. ¿Cómo te iniciaste en el mundo de la danza?

            Tomé mi primera clase de ballet a la edad de 12 años en la Escuela del American Ballet, en 1993. Mi tío, Daniel Catanach, era bailarín principal en el Kansas City Ballet y después de un vistazo a mi estructura física, me dijo que estaba hecho para el ballet.

¿Por qué escogiste el ballet a una edad que para muchos resulta tardía?

            Aunque para algunos la edad de 12 años resulta tardía, la primera vez que vi un video de ballet –"Agon", coreografía de George Balanchine–,  me enamoré de esta forma de arte escénico. No me importaron los desafíos que me esperaban, ¡tenía que bailar! Pero, ¡ay!, hubo muchos desafíos.

            Eres fruto de una mezcla étnica muy interesante, incluyendo una madre puertorriqueña. ¿Cómo eso ha influido en tu estilo?

            Tengo una mezcla étnica interesante, tanto puertorriqueña como de Trinidad y Tobago. Ambas culturas rebosan alegría, amor y ritmo. Lo he aplicado a la forma en que bailo, por suerte, las virtudes de cada descendencia sobresalen.
           
            Como bailarín, ¿cuál ha sido tu mayor logro y mayor frustración?

            Mi mayor logro es haber sido nombrado bailarín principal en el New York City Ballet. Fue la primera compañía que yo vi bailar y supe, desde el primer momento, que quería bailar solamente para esta agrupación. Mi mayor frustración es el no haber descubierto el ballet a una edad más temprana.

                                                  
Amar Ramasar en "Agon" de George Balanchine. Foto: cortesía de Paul Kolnik

            ¿Qué te ha aportado el New York City Ballet?

            Me ha ofrecido la oportunidad de interpretar un repertorio incomparable. Al mismo tiempo, me ha transformado en un bailarín mucho más versátil.

            ¿Es cierto que el actual director del Next Generation Ballet, Philip Neal, fue tu profesor en el New York City Ballet? ¿Cómo recuerdas esa experiencia?
           
            Fui uno de sus estudiantes. Es un gran maestro y todavía me parece escuchar su voz cuando bailo ciertos ballets. ¡Espero hacerlo sentir orgulloso!

            ¿Cómo has vivido tu carrera?

            ¡Trabajando duro! El ballet es una forma de arte extremadamente difícil y he tenido que dedicarle mi mente, mi cuerpo y mi alma. Al haber comenzado tan tarde, había muchos aspectos en los que tenía que ponerme al día. No me malinterpreten, la vida necesita equilibrio y de igual forma el ballet, y,  dado que ésta es una carrera corta, también es importante divertirse.

            ¿Tu relación con el dolor y el ballet?

            La relación entre el dolor y el ballet es más que una relación, ¡es un matrimonio! A lo largo de toda la carrera de un bailarín, es inevitable el dolor diario. Uno debe amar mucho el ballet para poder soportar los torturantes dolores que sufre nuestro cuerpo.

            ¿Cómo defines tu estilo?

            Es una pregunta difícil. Sí, soy una bailarín de ballet. Sin embargo, considero, que en la actualidad, el ballet ha incorporado todos los estilos de la danza. Es por eso que he tratado de tomar de todos y canalizarlos en mi movimiento. Tal vez mi estilo sea el de un bailarín híbrido de ballet. No estoy seguro de cómo poder llamarlo.

            ¿Bailas lo que realmente te gusta o existen roles que te interesaría desempeñar y nunca los has interpretado?

            He sido muy bendecido con interpretar múltiples papeles en todos los espectros del ballet; uno que todavía estoy esperando bailar es el Pas de deux Diamonds, de George Balanchine. En realidad, me sentí inspirado en ver a Philip Neal representarlo; su interpretación fue estupenda y me infundió deseos de bailarlo algún día.

            ¿Han creado algún rol específico para ti?

            Uno de los mayores honores que atesoro junto a mi corazón es el haber estrenado papeles específicamente creados para mí por coreógrafos importantes de nuestro tiempo, entre muchos otros, Chris Wheeldon, Alexei Ratmansky y Justin Peck.

            ¿Cuáles son las obras que más disfrutas?

            Por supuesto, las coreografías de George Balanchine y Jerome Robbins han sido mis primeros amores. Si bien, puedo considerarme sumamente afortunado de que todas las obras nuevas que he llegado a bailar tienen algo que ha ocupado un lugar especial en mi corazón.
                                                             
María Kowroski y Amar Ramasar en "Agon" de George Balanchine. Foto: cortesía de Paul Kolnik



          
            ¿Alguna compañera de baile favorita?
           
            El haber sido partenaire de todas las más recientes bailarinas principales del New York City Ballet ha sido un gran honor para mí, y me resulta imposible elegir una sola como la favorita. Cada una tiene cualidades maravillosas y únicas, algo que para un compañero de baile ¡no tiene precio!

            ¿Qué significa para ti bailar con Sara Mearns?

            Sara Mearns y yo hemos mantenido una larga y maravillosa relación bailando juntos. Siempre me atrajo su enfoque libre y audaz del ballet. Es fenomenal dentro y fuera del escenario.

            ¿Has tenido alguna experiencia con el Ballet Nacional de Cuba y la escuela cubana de ballet?

            Recientemente bailé en Cuba. Quedé favorablemente impresionado con la compañía y la escuela cubana. Crean bailarines y artistas prodigiosos.

           
            Si no hubieras sido bailarín, ¿qué te hubiera gustado ser?

            Si no hubiera sido bailarín, probablemente me hubiera involucrado en la ciencia. Siempre fue mi asignatura favorita.


            ¿Algún sueño por realizar?
           
            Un pequeño sueño mío ha sido interpretar un papel protagónico en Broadway y, de hecho, ese sueño se hará realidad el año que viene cuando personifique a Jigger Craigin en la obra "Carousel". ¡Soy muy afortunado!

            ¿Ya vislumbras el retiro a la edad de 36 años? ¿Cómo te gustaría fuera tu función de despedida?


            Al entrar en el mundo del ballet, sabía que sería una carrera corta. Ahora que tengo 36 años, no me imagino bailando más allá de los 40. En cuanto a una despedida, me siento humildemente honrado de tener muchos ballets increíbles para escoger y ese es un problema igualmente increíble que tendré que resolver.

Next Generation Ballet presenta "Cascanueces"


     
Esta producción de "Cascanueces" cuenta con la acertada adaptación coreográfica de Peter Stark,
 otrora director artístico de Next Generation Ballet
    Por Leonardo Venta

             Como parte de las tradicionales festividades decembrinas, Next Generation Ballet (NGB) presenta su producción de "Cascanueces" en la espaciosa Sala Morsani del Straz Center de Tampa, desde el jueves, 21 al sábado, 23 de diciembre, con funciones los tres días a las 7 p.m y una matinée el sábado a las 2 de la tarde.  
            Al francés Marius Petipa, que llegó a ser director de coreografía del Ballet Imperial Ruso en el siglo XIX, le debemos el perfeccionamiento del modelo de ballet con argumento largo y completo que ha sobrevivido hasta nuestros días. "La bella durmiente", "El lago de los cisnes" y "Cascanueces", coreografías suyas, son magníficos ejemplares de estos tipos de producciones.
            "Cascanueces" fue creado en 1892 bajo el minucioso cuidado de Petipa. Sin embargo, al enfermarse, la obra fue completada por su asistente ruso, Lev Ivanov. El libreto fue escrito por Ivan Vsevolozhsky y el propio Petipa, basándose en la adaptación de Alexandre Dumas (padre) del cuento “El cascanueces y el rey de los ratones” de Ernst Theodor Amadeus Hoffmann.
            Este ballet narra la historia de Clara, una niña que recibe como regalo de Nochebuena un cascanueces, juguete maravilloso que la transportará por quiméricos lugares poblados por inusitados moradores, así como le develará la magia de soldados de juguete que cobran vida para enfrentar batallas contra jocosos ratones.
            Las estrellas invitadas –quienes interpretarán el famoso "Grand Pas de Deux" del segundo acto en las cuatro funciones– son Sara Mearns y Amar Ramasar, bailarines principales del New York City Ballet; Renan Cerdeiro, bailarín principal del Miami City Ballet, y Patricia Delgado, bailarina principal de esa misma compañía desde el año 2000, cuando tenía sólo 18 años de edad, y este 2017 dijera adiós a la llamada Ciudad del Sol para establecerse en la Gran Manzana. Por otra parte, el talento emergente de una briosa “troupe” de alrededor de 175 noveles bailarines del NGB –algunos reconocidos en el  Concurso Internacional Youth America Grand Prix–, gimnastas y otros artistas prodigarán su hechizante gracia y profesionalismo.
            "Amar Ramasar tenía unos 17 años cuando comencé a ejercer como profesor invitado en la Escuela del American Ballet (SAB). Al mismo tiempo, yo era bailarín principal del New York City Ballet. Amar era un estudiante destacado, no sólo por su destreza técnica, sino también por su tremendo entusiasmo y atractiva presencia escénica. Su pasión por la danza emanaba a través de todos sus gestos. A lo largo de los años, ha madurado con elegancia, asumiendo papeles principescos y abordando coreografías más contemporáneas. Es un experto en todos los estilos y se ha convertido en uno de los mejores partenaires del New York City Ballet", nos comentó Philip Neal, actual director artístico de NGB y otrora profesor de Ramasar en la célebre escuela neoyorquina.
            De esa forma, llega a Tampa este clásico a través de la acertada adaptación coreográfica del otrora director artístico de NGB Peter Stark, con algunas incorporaciones de Philip Neal, la maître cubana Ivonne Lemus, Susan Downey, Laurie Jones y Melissa Stafford. La puesta en escena cuenta con graciosas "matrioshkas", el tradicional colosal árbol de Navidad de la mansión Stahlbaum –que durante el sueño de Clara aumenta considerablemente en estatura–,  vistosos accesorios teatrales, espléndidos decorados, coloridos tules y brocados, adquiridos del Omaha Theatre Ballet (OBT) en el 2011, concebidos por la entonces directora artística de OBT, Robin Welch, y diseñados expresamente para esa compañía por el profesor de Yale Thom J. Peterson.
            Como novedad incorporada el año pasado,  un coro de niños del Departamento de Música del Conservatorio Patel, ubicado en los balcones del primer piso del teatro, vocalizará el "Vals de los copos de nieve", mientras el céfiro sosiego de la nieve al caer sobre el escenario deslumbrará a los espectadores.
           Si no hubiera suficientes razones para asistir ininterrumpidamente cada temporada a la puesta de este ballet-cuento de hadas, los seductores matices orquestales creados por el célebre compositor Piotr Ilich Chaikovski –con el uso de la celesta, el instrumento solista en la "Danza del hada de azúcar" y otras partes del segundo acto– son sobrados motivos melódicos para hacerlo.