La imaginación ofrece a la razón, en sus horas de duda, las soluciones que ésta en vano sin su ayuda busca. Es la hembra de la inteligencia, sin cuyo consorcio no hay nada fecundo”.
José Martí

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domingo, 3 de septiembre de 2017

El maestro César Santos, diez años después (y III)


"Autorretrato", César Santos, óleo sobre lino, 21 x 16 pulgadas, 2011

Por Leonardo Venta

     El 14 de abril alboreó esta serie de tres entrevistas que concluye con la presente edición. La genialidad y belleza, la desafiante vigilante irreverencia de la obra de César Santos nos sedujo desde el primer encuentro. La energía de su propuesta artística responde a una sensibilidad creativa sumamente sagaz, a su propia manera de ver el mundo, y en cierto sentido la nuestra, tenaz empeño que innova intuitivamente el orden estético, emocional, intelectual y, ¿por qué no?, los combina magistralmente.
     A través del horizonte trazado por las preguntas y respuestas de este encuentro, hemos anhelado dar a conocer mejor la dimensión humana y artística de César Santos.  Concluyamos, pues, este viaje a través de la obra y la experiencia evolutiva del artífice.


¿En qué parte de Miami vives?

Vivo en Miami Shores.

He podido deducir a través de esta conversación que en ti palpita una disyuntiva entre el clasicismo y el arte contemporáneo. Me explicaste que fuiste a Nueva York buscando algo que no encontraste o quizá lo encontraste y te decepcionó. A partir de esta pauta, ¿cómo pudiéramos definir tu estilo?

     Tengo la mentalidad contemporánea, eso de provocar el "shock", la sorpresa, retar el pensamiento tradicional, aunque sea valiéndome de elementos clásicos. Del romanticismo, idealizo y suscito los componentes más humanos y emocionales.

Teniendo en consideración el pensamiento crítico, reflexivo y creativo que te caracteriza, ¿cómo explicas la manera en que ha evolucionado tu arte?

     Yo empecé haciendo obras de naturaleza muerta para la Galería Cernuda, que fue la primera que me representó. De ahí fui poniendo más atención a la figura humana. A partir de mi interés por la figura humana y el arte clásico, comencé a experimentar con el sincretismo. Abandoné la naturaleza muerta como género y entré en un mundo más figurativo. 
     Después, me di cuenta de que estaba cometiendo un error en términos de lo que es el arte contemporáneo, el cual no debe ocuparse del elemento narrativo. La imagen tiene que tener un valor como imagen y punto. No tiene que tener una historia elaborada que la justifique. Eso es más bien una intención del arte clásico. Paulatinamente fui filtrando, eliminando elementos superfluos de mi obra y minimizándolos para llegar a la esencia de lo que es importante.


"Flamenca", César Santos, óleo sobre lino, 44 x 30 pulgadas, 2016

     En este momento, la evolución de mi arte se refleja en toda una serie de retratos, que siempre me han interesado, excepto en la época de las naturalezas muertas, lo cual considero fue resultado de la influencia de mis estudios académicos. Ahora estoy haciendo una cabeza flotando en un espacio en blanco. Es decir, quiero narrar la historia del individuo solamente con la habilidad de pintar, con el oficio de sacarle el alma a través de la calidad que le de a la piel, a la mirada, a otros elementos. No tengo que agregar atrás una parada de ómnibus para que se sepa que estaba esperando el autobús, ni un taller para justificar que estaba trabajando. Eso es lo que estoy cambiando desde el punto de vista de los principios de las artes clásicas.

 Has publicado cuatro discos de vídeo digital de una serie que se titula "Secretos del retrato pictórico". ¿Pudieras ofrecernos un comentario al respecto?

     Al haber desarrollado la técnica de la pintura, muchas personas se me han acercado pidiéndome que les enseñe cómo pintar retratos. En el 2014, impartí un curso en Brasil. Después, he estado en Italia, Canadá, España. Consecuentemente, una compañía me ofreció hacer un DVD didáctico, que se puede descargar en línea o comprarse en la tienda. En la filmación aparezco explicando, paso por paso, cómo pintar un retrato, en este caso particular el de mi esposa. Es el superventas de la compañía. Al mismo tiempo, me ha ofrecido gran popularidad.

"Secuelas / Aftermath", César Santos, óleo sobre lino, 37 x 54 pulgadas, 2011


¿Cuál es la obra tuya que más amas?

     La que viene mañana. Por alguna razón, cada vez que termino una pintura me parece que no logré lo que había imaginado. Me digo: "No importa, lo voy a dejar para la próxima". Por eso, la obra que me imagino es la que más me gusta.

¿Eres muy exigente contigo mismo como artista?

     Si, bastante exigente.

¿Perfeccionista?

     No tanto perfeccionista como exigente. Para mí es más importante resolver el problema que hacerlo perfectamente.

¿Cuáles son  tus planes futuros?

     Quiero mantenerme haciendo algo de lo que me sienta orgulloso. Conservar el mismo entusiasmo de cuando comencé mi carrera, estar abierto a todas las oportunidades. La evolución vendrá por sí misma. Yo no soy de planear el futuro, sino más bien mantener la dinámica de esta carrera: el descubrir en el camino.

sábado, 2 de septiembre de 2017

El maestro César Santos, diez años después (II)

"Autoretrato a los 35", carboncillo sobre papel, 20x16 pulgadas, 2017
Por Leonardo Venta

     La genialidad de César Santos, el nivel superior de eso que llamamos talento, viene fundida a su apasionada entrega a las artes plásticas. Es joven –tiene sólo 35 años–, acaricia el diestro pincel con el pulso resuelto, mientras nutre su hambre orgánica con los pigmentos que se suspenden, empinan y fusionan en su paleta.
     Lo conocí en 2007, en Miami, a raíz de la presentación de un afiche suyo en un festival internacional de ballet. Hacía alrededor de doce meses que se había graduado en una florentina academia de arte, bajo la tutela de Michael John Angel, discípulo del maestro Pietro Annigoni, uno de los grandes de la pintura realista italiana del siglo XX.
     Hemos conversado en varias oportunidades. En cada ocasión palpo cada vez mejor el horizonte que bosqueja su mirada creativa y emprendedora. Nuestra última charla telefónica, hace cuatro meses, duró 40 largos minutos. La grabé. Procedí luego a transcribirla, precisado a escucharla varias veces.
     El esfuerzo, las palabras, el espacio y el tiempo son insuficientes para exponer –a través del mesurado encogimiento de una entrevista dividida en tres partes– la imaginación exuberante, la excelente técnica, la intemporalidad en equilibrio, la riqueza de detalles, el jadeo sincrético, las inquietudes por resolver, las afinidades e influencias significativas presentes en la obra de César Santos. El pasado 14 de abril amaneció la primera parte. Aspiración que reanuda la presente edición.

¿Sigues casado con la bella Valentina Santos, modelo para muchas de tus obras y tu eterna musa italiana?

     Sí, sigo casado con ella.

Sabemos que eres un hombre renacentista, y dentro de esa cosmovisión te has movido en diversos campos del conocimiento y el arte. Por ejemplo, has tomado clases de teatro con la profesora María Teresa Rojas en el Miami-Dade College y te vi representar a uno de los caballeros de la Corte en la versión del “El lago de los cisnes” del Ballet Clásico Cubano de Miami, en el Jackie Gleason. ¿Cómo equiparas las artes plásticas con la actuación? ¿Qué puedes decirnos sobre tu experiencia como actor?

     Cuando comencé el teatro, me encantó. Creo que Teresa me supo sacar el artista que tenía adentro. Estaba llevando la pintura muy fríamente, muy lógicamente, muy técnicamente. Me quejaba porque no entendía el mundo introspectivo de los artistas. A veces, me decía: “Yo no soy artista”. Entonces, Teresa, a través del teatro, me obliga a profundizar en los sentimientos, a ser más humano. En las artes escénicas, uno tiene que ponerse en el lugar de los demás. Por ejemplo, ¿cómo un viejo se amarra los cordones de los zapatos?, ¿cómo camina una persona que tenga dolor? A través del teatro comencé a identificarme mejor con la gente y a ser más sensible artísticamente. Eso me llevó a expresar más emociones a través de la pintura.
     Por otro lado, lo que menos me gustó de la actuación es la dependencia de que un director me escogiera, el proceso del ‘casting”, toda una serie de elementos que no dependían sólo de ser talentoso, sino de gustar, caer bien, lidiar con la gente. Yo prefiero pintar, ya que puedo controlar el resultado sin depender de nadie, y cuando la obra sale al público ya está filtrada por mí. Esto me resulta más atractivo que estar sujeto a un proceso subjetivo de selección para conseguir actuar en un espectáculo.


        "Dancers", foto de César Santos, 
primer premio del concurso de fotografía "It's Time We Met", 
         organizado por el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York, 2010

En el año 2010, con la obra “Dancers” ganaste el primer premio del concurso de fotografía “It's Time We Met”, organizado por el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York. ¿Qué nos puedes decir sobre esa experiencia? ¿Por qué fotografía y no pintura?

     Estaba viviendo en Nueva York con mi esposa. Íbamos todas las semanas, una o dos veces, al Metropolitan para hacer copias de los grades maestros. Un día vimos que estaban anunciando un concurso de fotografía. Nos inscribimos. Presentamos algunas fotos que tomé y me dieron el premio. Fue una linda sorpresa. Yo no soy fotógrafo. Siempre supe que la foto fue un juego visual y que por eso gané, no por el nivel de la fotografía.

¿Por qué escogiste la temática del ballet para concursar?

     El tema era abierto a lo que el artista quisiera representar. Mientras caminaba por el Metropolitan, pensando qué hacer, me di cuenta de que la manera en que mi esposa estaba vestida y la pose que adoptaba guardaban similitud con la escultura de la bailarina de Edgard Degas que allí se exhibía. “Valentina, párate aquí”, le dije. Le tomé una foto, casi improvisada. Y esa fue la foto que ganó el concurso.

En 2013, obtuviste un premio otorgado por la neoyorquina Grand Central Academy. ¿Cómo detallas tu participación en este concurso?

     Aunque estudié pintura clásica, siempre traté de hacer obras contemporáneas, modernas. Sin embargo, yo quería ser parte del movimiento del realismo que había en Nueva York. Como yo estaba pintando obras irreverentes, que rompían con los principios del purismo de los movimientos estéticos tradicionales, se me ocurrió participar en un concurso que ellos tenían en el Grand Central de dibujo al vivo, retrato. Al yo no reverenciar el arte clásico y la elegancia, me dije: “Si compito y gano voy a granjearme el respeto de esa gente que está criticando mi obra, conformada en parte por el sincretismo. Gané, lo que me facilitó ser más aceptado y respetado por ese grupo más tradicional.


"Magra sobre grasa", César Santos, óleo sobre lienzo, 40x30 pulgadas, 2017

He podido entrever a través de tus comentarios que en algún momento de tu carrera experimentaste cierta preocupación por encajar en el microcosmos artístico de Nueva York. ¿En qué sentido tu estancia en esa ciudad cambió tu perspectiva con respecto al arte y por qué regresaste a Miami?

     Menos mal que tú detectaste esa inquietud. Yo fui a Nueva York para conquistar ese microcosmos –al que te refieres– del llamado “arte realista”. Sin embargo, cuando conocí la mentalidad de ese grupo, comprendí que están perdidos en la mímica del arte clásico, oponiéndose al arte contemporáneo. Y se están perdiendo el arte que está en todos lados, ya sea clásico o contemporáneo. Es decir, están viviendo en una lucha constante. Eso no me interesó. Me separé. Volví para Miami porque aquí hay un espacio libre, un campo fresco, una especie de campo abierto donde tú puedes sembrar lo que quieras. Me dije: “Voy para Miami con esta mezcla clásica-contemporánea, aparte de que soy cubano y me gusta estar entre mi cultura, cerquita de mis padres". Regresé a ofrecerle al mundo, sobre todo a Miami, el oficio, la elegancia y lo positivo del arte clásico en correspondencia con el contemporáneo –más lúdico y asequible– a ver qué pasa con esa propuesta. 

                                                                (continuará)

sábado, 15 de abril de 2017

El maestro César Santos, diez años después (I)

"Autorretrato", 20 x 15 pulgadas, óleo sobre lino, obra de César Santos, 2014 
Por Leonardo Venta

     Lo conocí en septiembre de 2007 en Miami, a raíz de "Danza Imposible", el afiche oficial del XII Festival Internacional de Ballet de esa ciudad, creado por él. Tenía 25 años de edad. Hacía alrededor de doce meses que se había graduado en "Angel Academy of Art", en Florencia, Italia, donde estudió bajo la tutela de Michael John Angel, discípulo del maestro Pietro Annigoni, uno de los grandes de la pintura realista italiana del siglo XX y, a su vez, estudioso de maestros renacentistas como Tiziano Vecellio y Leonardo da Vinci.
     En aquel entonces me dijo: “Mi meta como artista y ser humano es mantenerme con la libertad de expresar mis ideas y lo que siento con respecto al arte. De lograrlo, sería influir en la trayectoria futura del arte y consolidarme como parte de su historia”. Esta declaración pudiera interpretarse como un leve destello de sana presuntuosidad. Sin embargo, aquellos que hemos admirado la obra de César Santos, por alrededor de una década, reconocemos en esas palabras un humilde reflejo de la esencia de un artista exquisitamente consciente de su genialidad. Leamos qué tiene que contarnos diez años después de nuestro primer encuentro, justo cuando comenzaba su carrera. 

He leído que eres sobrino de Raúl Santos Serpa, importante figura de las artes plásticas en Cuba. ¿Es él quien te inspiró a ser pintor?

     Fue parte de la inspiración. Sin embargo, yo opino que nací con la tendencia de poder sentirme inspirado por diferentes experiencias que impresionan mi vida y traducirlas a un nivel artístico.

¿Nos remite esa experiencia con tu tío a Cuba?

     Sí, yo me fui de Cuba a los 12 años. Era un niño. Veía a mi tío teniendo exhibiciones y pintando, y eso me ayudó a percibir la pintura como una profesión. 

Entonces, ¿cómo fue ese primer guiño de luz que te develó el sendero de la pintura?

     El momento inicial que marcó ese cambio drástico, cuando yo me dije que iba a ser artista, ocurrió un año después de haber llegado a Estados Unidos. Yo tenía 13 años. No hablaba inglés todavía. Una maestra de arte de una escuela pública de Hialeah me sugirió que  debía solicitar la matrícula en dos escuelas especializadas en arte: New World School of the Arts y Design and Architecture Senior High (DASH). Hablé con mis padres. Fui a DASH. Averigüé como se hacían los trámites. Solicité la inscripción y fui aceptado a pesar de tener pocos conocimientos de inglés. Sin embargo, mi nivel artístico fue suficiente para que me aceptaran. Eso me motivó a pensar que, si podía alcanzar esa meta a ese nivel, podía llegar a ser pintor. De esa manera, seguí insistiendo en ser artista.

Desde una perspectiva más entrañable, ¿recuerdas algún momento en tu infancia que te dictara la necesidad de ser pintor?

     Cuando tenía alrededor de 10 años, recuerdo haberle hecho un dibujito a una niña que me simpatizaba en la escuela. A ella, Mabel, le gustó. Se lo mostró a su amigas y vinieron a mí pidiéndome que les hiciera dibujos a ellas también. Yo opino que eso me impulsó a seguir dibujando. Me condujo a un nivel de apreciación de la habilidad mía como dibujante.

Sé que te gusta boxear, actuar y, por supuesto, pintar. Detrás de cada artista, hay un ser humano, henchido de inquietudes. Teniendo en consideración esta afirmación, ¿procura algo en tu interior el aplauso a través de estas tres disciplinas?

     Esas tres disciplinas tienen en común que buscan la aprobación. Yo he tenido éxito en la pintura porque busco ser el "showman", hacer algo que a la gente le llame la atención, a partir de la experiencia personal, pero buscando el éxito. De la misma manera, cuando boxeaba procuraba la victoria. Lo mismo sucede con la actuación: el hecho de que me miren, el saber que lo estoy haciendo bien, proyectarme con naturalidad, perseguir el aplauso. Esas inquietudes me han llevado a tener esa actitud con el arte.

"Picasso sobre la mesa" , 28 x 48 pulgadas, óleo sobre lino, obra de César Santos, 2009 
En el 2010, te mudas a Nueva York. A partir de tu estancia en suelo neoyorquino, teorizas lo que llamas el sincretismo en tu arte. ¿Cómo explicas esa teorización?

     El término sincretismo lo aplico primeramente en Nueva York para referirme a mi arte. Si bien, siempre existió en mi obra. Esa mezcla de Cuba con Estados Unidos, lo atípico con lo clásico, el arte contemporáneo con el tradicional, reflejan el resultado de esa influencia en mí. Me puse a desarrollar una obra en Nueva York, con seriedad, y tuve la exhibición en la galería Eleanor Ettinger Chelsea. "Sincretismo" fue el título de la serie que estaba trabajando y también el nombre que le puse a la exhibición de esa serie.

¿Cuántos cuadros componían esa serie?

     En general, terminé la serie con 50 o 60 cuadros. La exhibición en aquel tiempo tuvo 25 obras. 

¿Cómo ha evolucionado tu trabajo en estos últimos diez años?

     Antes me dedicaba casi exclusivamente a pintar. Ahora, me proyecto más en el aspecto estratégico. Hago una pintura pensando bien en el concepto, el porqué la estoy haciendo. También trabajo con los contactos de las galerías que me representan y con proyectos nuevos. Hace un mes comencé el proyecto "Cesar Santos vlog", en Youtube, un canal donde hablo sobre filosofía y arte.

¿En cuántos lugares has vivido?

      Además de vivir en Cuba mis primeros años, he residido en Miami gran parte de mi tiempo. También he vivido en Nueva York, del 2010 al 2012; en Suecia, del 2008 al 2009, y en Italia, del 2005 al 2007.
                                                                                                                                                                      (continuará)

jueves, 7 de febrero de 2013

César Santos, un clásico del siglo XXI

El óleo sobre lino “Pietá” (2008), de César Santos, que integra la colección familiar del artista, procura –y lo logra augustamente– un punto de contacto entre las obras de los grandes maestros del pasado y temas contemporáneos tratados con la dignidad de los primeros.


              Por Leonardo Venta

             Con su virtuoso pincel manifiesta pericia y hálitos renacentistas, así como de los grandes maestros decimonónicos, en temáticas del siglo XXI y otros novedosos proyectos. Aquel que domina las técnicas más exigentes dentro de las artes plásticas, de la manera que lo hace César Santos, puede darse el lujo de incursionar triunfalmente en cualquier modalidad estilística.
            Cuando lo entrevisté en 2007, a raíz de "Danza Imposible", el afiche oficial del XII Festival Internacional de Ballet de Miami creado por él, Santos no tenía televisor, ahora nos confiesa que tiene uno enfrente de su cama, si bien permanece entre 10 a 13 horas diarias en su estudio. Sus modelos preferidas, las mujeres, especialmente su esposa Valentina, aparecen sensualmente en obras en las que usualmente él se autorretrata.
            “Mi meta como artista y ser humano es mantenerme con la libertad de expresar mis ideas y lo que siento con respecto al arte. De lograrlo, sería influenciar la trayectoria del arte del futuro y mantenerme como parte de la historia del arte”, afirma Santos, quien nació el 10 de julio de 1982 en Santa Clara, Cuba, y emigró con su familia a Estados Unidos a la edad de 13 años.
            Nuestro pintor ha explorado desde temprana edad el oficio de figurar ideas y objetos en una superficie, con los trazos y colores pertinentes. Estudió arte en el New World College de Miami, ciudad en la que creció. De allí se trasladó a Angel Academy of Art, en Florencia, Italia, hasta graduarse, bajo la tutela de Michael John Angel –discípulo del Gran Maestro Pietro Annigoni, uno de los grandes de la pintura realista italiana del siglo XX y, a su vez, estudioso de maestros renacentistas como Tiziano y Da Vinci, de quienes no sólo captó el esplendor artístico de una época, sino los más particulares procedimientos pictóricos–.
            El estilo de Santos se caracteriza por extraer elementos cotidianos fuera de su contexto natural para crear un novedoso entorno para ellos, una nueva realidad –a juicio de este columnista– más sublime, ideal y asequible. Para él, “su arte es una metáfora de la vida, y cada cual debe poner un poco de sí mismo a la hora de interpretarlo”. Le atraen y divierten las oposiciones, diríamos (literariamente) el oxímoron –combinación de expresiones de significado opuesto, que originan un nuevo sentido–, rara mixtura pictórica que nos interpola a la creación literaria del genio Jorge Luis Borges.
            Otro rasgo distintivo de la obra de Santos es la armonía que enarbola tal plácido celaje, complaciente paz interior que se desliza cual alado espíritu de adentro hacia fuera. Nada es explicito para él, siempre le ronda una metáfora de lo sobrehumano humanizado, lo cotidiano divinizado, lo imposible posible, lo mefítico purificado, el dechado reverente de lo canónico. En un lenguaje postmoderno diríamos la venganza de la copia.  Observamos en casi todos los cuadros del joven artista plástico una fuerza –fluida– que se imbuye de conceptos contemporáneos, refrescantes, así como de una filosofía personal que establece “el maridaje entre lo clásico y lo moderno yuxtapuesto y fundido en un mismo nivel”, en perfecta armonía estética pero lanzando guiños que transcienden el marco de la propuesta original.
            “Mis herramientas son la imaginación y la técnica: la esencia y la base de mi trabajo. Siento la necesidad de plasmar figuras y objetos evasivos en diseños conceptuales que tienten a la verosimilitud, que convenzan", confiesa nuestro deslumbrante maestro. Los logros alcanzados por Santos –a una edad en que no sobreabundan en otros artistas– son significativos. Ha exhibido en espacios tan prestigiosos como la exposición “El legado de Annigoni”, en Villa Bardini, en la mítica Florencia; en el Museo de Arte de Beijing, localizado en el “Templo de la Longevidad”, construido en 1577; en la neoyorquina galería Eleanor Ettinger Chelsea; en el "World of Art Showcase", perteneciente a la exposición internacional de arte en el Hotel Wynn de Las Vegas, Nevada, celebrado entre el 20 y el 22 de diciembre de 2012, donde de las 17 obras que exhibió todas fueron vendidas.
            En la plástica de Santos prevalece una distribución muy acusada de la luz y de las sombras. El artista, que demuestra un especial interés por los tonos ocres, persigue
–insistimos– lo ideal, lo estético, el ennoblecimiento de la imagen y la pureza. ¿Especie de evasión de una realidad nada exenta de imperfecciones? Efluvio de dicha apreciación es la “Pietá”, la obra de la imagen que encabeza este artículo, trabajo que le tomó aproximadamente tres semanas pintar en un frío invierno de Estocolmo.
            En contraste con la escultura de Michalengo –célebre por registrar la vulnerabilidad de Cristo que aglomera en sí todas las flaquezas nuestras–, en la “Pietá” de Santos, el pintor exánime es la figura central, mientras su esposa y un modelo en calidad de ayudante lo sostienen en su estudio. “Con este cuadro quise representarme como un artista tradicional caído por el peso y el dominio del arte conceptual y modernista; a quien está levantando la nueva generación de jóvenes deseosos de resucitar al oficio del arte”, indica Santos. “La iluminación proyectada sobre la figura del creador –entiéndase la analogía creacionista entre éste y Dios– sugiere la luz que necesita un artista para representar al mundo que lo rodea y resaltar al mismo tiempo su propia humanidad”, manifiesta el pintor. “Mi pintura no se refiere a ninguna religión. Aunque uso la pose y composición que aparecen en las obras religiosas del renacimiento, me valgo del significado de la palabra "pietá", en sí misma, para indicar compasión y devoción, en mi caso al arte”, añade.“En estos últimos años ha habido un renacimiento del realismo en la pintura, yo ya dediqué años al estudio de la teoría y el arte conceptual. Después, fui a Italia para aprender las técnicas de los grandes maestros; quiero ser el punto de encuentro entre estos dos mundos y crear pinturas actualizadas con temas de nuestros tiempos pero ejecutadas con la dignidad de las pinturas del pasado”, rubrica.
            Lo plasmado por Santos en el lienzo se sabe destino. Sin dejar de emitir guiños de verosimilitud, se descubre y arrebuja en la unisonancia polifónica –valga el oxímoron– de una sutil parodia, para desnudarnos la fantasía del artista, tal cual creación onírica, o cuento encantado. Imaginar la vida como la anhelamos forma parte de nuestras diarias quimeras –al menos para los soñadores–, y en eso radica, a mi juicio, uno de los legados conceptuales más trascendentes del arte de César Santos. Cada cuadro es para él, y consecuentemente para nosotros, efugio, mejor dicho, retorno feliz a lo ancestral, de manos del virtuosismo –paleta de los grandes artistas– con ‘grazia’ y, sobre todo, eco de una emanación estética íntima que seduce la voluntad de los sentidos, a través de la delicadeza del detalle acabado, del arte de la figura, refugio atávico de los renacentistas, cimentado con sinceridad presente.
            Sus lienzos, especialmente sus numerosos autorretratos, no desaprovechan el legado de los recursos expresivos del arsenal creativo de la mitología eternizada en su suntuosidad de tradición. El propio pintor se nos presenta, en ellos, como dios, semidios
–quizá– arropado en una sediciosa lúdica beatífica humanidad, héroe redentor, amoroso mártir, en un horizonte hilarante que llega a serlo tenuemente –por creíble–. Lo imaginativo y lo genuino se abrazan en esa propuesta abierta, osada, sutil, admirable. Está en el espectador descifrarla, asirla y deleitarse en ella.
            La próxima exposición personal del pintor villaclareño, "The Artist's Accomplice (El cómplice del artista)", será del 17 de enero al 15 de febrero, donde se exhibirán ocho obras de gran formato que abordan el tema del maniquí de Annigoni. La recepción será el 24 de enero en Oxenberg Fine Arts, 50 N.E. 29 St., Miami, Florida 33137.

jueves, 7 de abril de 2011

“César Santos, más allá del realismo”

"Este último bloque de mi trabajo transmite la impresión de pinturas del pasado, pero imbuidas de conceptos contemporáneos, frescos, así como de mi filosofía personal. Mis herramientas son la imaginación y la técnica: la esencia y la base de mi trabajo. Siento la necesidad de plasmar figuras y objetos evasivos en diseños conceptuales que tienten a la verosimilitud".

César Santos

Oxenberg Fine Art presenta en Miami la exhibición “César Santos, más allá del realismo”, desde el 7 al 9 de abril de este 2011. Se exhiben más de veinte piezas esmeradamente seleccionadas de este inmenso joven artista cubano: una invitación muy especial del Señor Arte, ungida en la provocativa magnificencia de su más ancestral lozanía.

lunes, 21 de febrero de 2011

En el estudio con César Santos


     Cesar Santos es un joven artista natural de Santa Clara, Cuba, que reside en Nueva York. Pintor íntegro, incursiona técnicas y conceptos del Renacimiento, con temáticas del siglo XXI, y otros novedosos proyectos. Quien domina las exigencias técnicas más estrictas dentro de la pintura, como lo hace Santos, puede darse el lujo de incursionar triunfalmente cualquier modalidad estilística.
     Muy joven, estudió arte en el New World College de Miami, ciudad en la que creció. De allí se trasladó a “Angel Academy of Art”, en Florencia, Italia, hasta graduarse, bajo la tutela de Michael John Angel, discípulo del Gran Maestro Pietro Annigoni, uno de los grandes de la pintura realista italiana del siglo XX y, a su vez, estudioso de maestros renacentistas como Tiziano y Da Vinci, de quienes no sólo captó el esplendor artístico de una época, sino los más particulares procedimientos pictóricos. Santos ha exhibido en Europa, América Latina y Estados Unidos, en espacios tan importantes como el Museo Villa Bardini en Florencia, por sólo mencionar uno.

jueves, 27 de mayo de 2010

“Después de la partida”, obra de César Santos


Por Leonardo Venta

Suspiramos por la patria ausente, al mismo tiempo que tanteamos con temblorosa avidez la adoptiva; mientras, allende, borrosos rostros acunan nuestras memorias. “Después de la partida”, la obra más reciente del joven y gran pintor César Santos –adjetivos que raras veces van juntos–, navega dichos proscritos piélagos.


“Mi idea inicial era reconstruir una versión onírica de una balsa cubana. Terminé extrayendo todos los elementos fuera de su contexto natural para crear un nuevo entorno para ellos, una nueva realidad o un mundo para nosotros”, nos reveló el artista, natural de Santa Clara, Cuba, que cumplirá 28 años el próximo mes de julio.

“Quise dar a esta pintura una atmósfera velada, y opté por un gris frío que subordinara al resto de los colores a su fuerza dominante. Aparte – agregó Santos, quien emigró a Estados Unidos a los 13 años de edad –, fue un desafío para mí, el insertar seis figuras en tan reducido espacio, pero el amontonamiento ascendente de las mismas era esencial para mi propósito de crear la sensación de refugiados desesperados”.


Al preguntársele a Santos – egresado de la Angel Academy of Art de Florencia, Italia, donde estudió bajo la tutela de Michael John Angel, discípulo, a su vez, de Pietro Annigoni (1910-1988), uno de los más renombrados pintores italianos contemporáneos –, cuál es la temática de “Después de la partida”, respondió: “Esta pintura es una metáfora de la vida y del arte, y cada cual debe poner un poco de sí mismo a la interpretación de la misma”.

“Después de la partida” es una persiana abierta a los sentidos, tras la cual se establece un diálogo con acento realista, pero que orea la imaginación dentro de una propuesta sumamente polisémica. El cuadro, a mi juicio, deconstruye estigmas con su estética. Los seis “balseros” (término usado frecuentemente de manera peyorativa) irradian “grazia”, aun dentro de la espinosa situación que los sacude.


La obra, que parte del flujo de la conciencia de Santos, presenta una embarcación que en lugar de encontrarse en medio del mar, está dentro de un jacuzzi, aislado de éste por un muro impregnado de arte callejero, graffiti, tomado de un paisaje imaginario.

El pintor, que se autorretrata como una especie de Virgilio de la Divina Comedia de Dante, el torso erguido, con su brazo izquierdo extendido apunta hacia un futuro que avizora, como figura de anunciación, frente a un cielo tempestuoso. Junto a él, una especie de Beatriz, enamorada, sigue el curso de su mirada, mientras reposa la cabeza sobre su hombro como buscando amparo, con leve aire de abandonada confianza.


El cuadro, majestuoso, nos remite además a la historia bíblica de un Mesías, que, en la barca con sus atemorizados discípulos, calma una fuerte tormenta en medio del mar. Sólo el pintor se proyecta con seguridad, decidido, especie de Salvador que sabe la dirección correcta. Los demás se perciben temerosos, desorientados, acurrucados, confundidos, algo dejados llevar por el azar (¿acaso intenta Santos esbozar una propuesta sobre la psiquis de los protagonistas de tan arriesgada empresa?).


El hallarse la balsa en un jacuzzi, símbolo de una forma de vida propia de un país desarrollado, como Estados Unidos, en una superficie aparentemente estable, asediada por el caos, ¿qué nos sugiere?, ¿dónde realmente están los balseros?, ¿a dónde apunta el pintor que se autorretrata?, ¿simboliza la prevalencia del color gris un superado pasado, o la augurada nostalgia de un suelo sin el calor patrio y familiar?

“Después de la partida”, y otra obra de César Santos, “Head study”, han sido elegidas para la exhibición “El legado de Annigoni”, a celebrarse en Villa Bardini, en la mítica Florencia, del 13 al 30 de mayo del presente año. ¡Enhorabuena por el gran pintor cubano!
"Head Study",10x16 pulgadas,Óleo sobre Lienzo,obra de César Santos