La imaginación ofrece a la razón, en sus horas de duda, las soluciones que ésta en vano sin su ayuda busca. Es la hembra de la inteligencia, sin cuyo consorcio no hay nada fecundo”.
José Martí

Mostrando entradas con la etiqueta Temas españoles. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Temas españoles. Mostrar todas las entradas

sábado, 9 de febrero de 2019

El gran bailaor Juan Manuel Fernández "Farruquito" se presenta en Tampa

Heredero de una tradición fundada por "El Farruco" -su abuelo-, Juan Manuel Fernández ''Farruquito" cree en la existencia de un duende flamenco.

Por Leonardo Venta



El bailaor español "Farruquito" se presenta por primera vez en Tampa el próximo miércoles, 13 de febrero en la Sala Ferguson del Straz Center, acompañado por un grupo de cantantes, músicos y un cuerpo de baile. 

    Iluminado por su duende flamenco y una admirable dosis de humildad, departió conmigo sobre su concierto y otros detalles de su vida y carrera artística.   

                                                                                                 
¿Cuál es tu nombre de bautizo y cómo surge el mote artístico de Farruquito?

Mi nombre es Juan Manuel Fernández Montoya. "Farruquito" me lo puso el público por ser nieto de Antonio Montoya Flores, "El Farruco", gran bailaor de flamenco.

Sabemos que eres muy popular, pero para quienes todavía no te han visto bailar, ¿cómo te gustaría ser presentado?

Como "Farruquito", creo que la personalidad es lo más importante; y aunque venga de una familia de flamenco, mi maestro –El Farruco– me inculcó que esta manifestación cultural no es imitar, si no aprender de todos hasta lograr expresarte tal y como eres.

¿Dónde naciste y resides?

En Sevilla.

¿Cómo atesoras tu vocación artística?

Trato de trabajar cada día, de tener presente que hay mucha gente que lo hace increíblemente bien, y hay que seguir esforzándose, al menos, para tener algo nuevo que contar.

Desde una perspectiva más entrañable, ¿recuerdas algún momento en tu infancia que te dictara la necesidad de ser bailaor?

Sí, cuando tenía 6 años me enamoré del flamenco en una gira por América acompañando a mi familia, a mi abuelo, "El Farruco", y a una serie de artistas de lo mejor que había en la época. La manera con que vivían y disfrutaban del flamenco, fue lo que me empujó a soñar con ser alguno de ellos algún día.

¿Otras inclinaciones artísticas?

Desde niño me ha gustado cantar o tocar la guitarra o el piano, o cualquier cosa que tuviera que ver con la música en general.

¿Qué significa para ti el término flamenco?

Una forma de ser y de sentir. Antes de ser una profesión ha de ser una filosofía con la que te sientas identificado; luego, si te dedicas a ello, hay un trabajo muy duro detrás.

¿Cuánto tiempo llevas subiéndote a un escenario? ¿Recuerdas tu debut?

Llevo 31 años en el escenario. Debuté con mi familia en Broadway, cuando tenía 5 años.

¿Cómo explicas la forma en que ha evolucionado tu arte?

No sería capaz. Creo que la evolución en mí la he notado en las preferencias. Antes, quizás pensaba más en lo que pudiera producir en los demás. Ahora, busco sentir y disfrutar con ese momento.

¿Cuáles han sido las influencias que conforman tu estilo?

Cualquier artista que llame mi atención. Ya sea de flamenco o de otros géneros musicales, mi inspiración viene de cualquier belleza de la vida. Trato de aplicarla a mi persona, por lo tanto a mi baile.

¿Cuáles son los números que más disfrutas bailar?

Depende de mi estado de ánimo. Puedo sonreír por soleá [canto flamenco de tono melancólico] o llorar por alegrías [una de las variedades tradicionales del cante flamenco].


El New York Times te ha llamado "El mejor bailaor de flamenco del siglo". ¿A raíz de qué espectáculo nació ese calificativo y en qué sentido te acoges a esa aseveración, teniendo en consideración el prestigio de los bailaores flamencos que ha tenido y tiene España?

Eso fue motivo de una noche de esas mágicas en New York; creo que la emoción del momento hizo que se dijesen esas cosas sobre mí. De todas formas, yo no me dejo llevar por esos comentarios. En el arte no hay nadie mejor que nadie, afortunadamente.

¿Cómo pudieras describir la función que nos ofrecerás en víspera del "Día del amor y la amistad"? ¿Qué duración tiene y cuántas piezas se interpretarán?

Es un show desnudo, donde la improvisación tiene mucho espacio. Sin embargo, tiene una estructura que la sostiene. Cada músico es un artista que brilla con luz propia, la gente podrá ver un concierto no sólo de baile. No existen bailaores ni músicos acompañantes, porque cada quien como solista es un espectáculo. La función –que dura una hora y 20 minutos, más o menos, dependiendo de cómo nos sintamos– incluye soleá, seguidilla, alegrías, bulería, taranto, tanguillo y fin de fiesta.

¿Crees en la existencia de algún duende flamenco que te visita en el escenario? De ser así, ¿cómo lo experimentas?

Totalmente. Pero al duende hay que llamarlo con esfuerzo, afición, respeto, humildad y muchas voces más … sólo así te visita de vez en cuando.

Aparte de aquellos que cultivan la manifestación cultural a la que te dedicas, ¿algún ídolo artístico?

Uno de mis ídolos es Michael Jackson.

¿Algún modelo a seguir en tu profesión?

Cualquier danza en que la pureza de expresar y transmitir esté por encima de la técnica, llama mi atención y aprendo de ella.


¿Cuál es la experiencia como artista que más te ha marcado?

Mi debut en Broadway, donde me enamoré para siempre del flamenco.


Si no hubieras sido bailarín, ¿qué te hubiera gustado ser?

Músico, pintor, poeta … algo relacionado con el arte.


¿Tus grandes pasiones?

Mis niños, mi mujer, mi familia, mis amigos y las cosas que no pueden comprarse.


¿Sueños, anhelos?

Sueño con un mundo mejor, donde todos los niños tengan cuidado médico, alimentos, ilusiones y posibilidades de ser feliz como todos merecemos.


¿Por qué debemos asistir a esta función en el Straz Center?

Porque creo que un espectáculo flamenco te alegra el alma.

viernes, 27 de octubre de 2017

Tragedia y esperanza en el teatro histórico de Antonio Buero Vallejo

"El tragaluz", de Buero Vallejo, un duro dilema de la libertad de expresión bajo la dictadura de Franco
Por Leonardo Venta

"Escribir  teatro  histórico  es reinventar la historia sin destruirla".
Antonio Buero Vallejo

                Antonio Buero Vallejo (1916-2000) fue un dramaturgo de ingeniosa valentía en un tiempo difícil. Iluminó oscuridades con la penetrante intrepidez de la verdad y el ingenio artístico. “Escribo de las pobres y grandes cosas del hombre; hombre yo también de un tiempo oscuro, sujeto a las más graves pero esperanzadas interrogaciones”, afirmaba. 
"El tragaluz" –una de las mejores creaciones entre sus casi treinta obras teatrales– aborda la funesta experiencia de una familia española en la etapa de la postguerra y que se extiende hasta alrededor de tres decenios más tarde. Si bien, este infortunio familiar, arquetipo de toda una sociedad, modula una crítica subrepticia al régimen de Francisco Franco, así como devela, entre otros elementos, la distorsión de la historia, el pasado colectivo, en el ámbito de uno de los más nefastos episodios de la historia española.
La pieza teatral, cuyo estreno se realizó en 1967, es presentada como un experimento conducido por dos narradores en un tiempo futuro, Él y Ella, los cuales valoran y seleccionan los eventos y pensamientos del pasado. Al levantarse el telón, ya existe una trama preexistente, que será manifiesta a través del diálogo.
Un matrimonio y sus tres niños –Vicente, Mario y Elvirita– esperan el tren a Madrid. El transporte, difícil de abordar, llega repleto de soldados. El padre le entrega a Vicente –el mayor de los chicos– un saco con las únicas provisiones de la familia para que se adelantase a subir al ferrocarril. La bolsa contenía la leche de Elvirita, único alimento de la pequeña de 2 años, viva imagen de los cientos de miles de españoles que fueron víctimas en esa época de la impresionante privación de bienes básicos de consumo. 
Vicente consigue abordar uno de los vagones, pero al resto de la familia se le imposibilita la operación debido al apretujamiento y poca capacidad en el vehículo. El padre, al percatarse de esto, le ordena apearse, pero Vicente no le obedece y sigue su curso solo. Unos días después, la niña muere de hambre y el padre enloquece. 
Al transcurrir los años, el matrimonio, ya mayor, y su hijo Mario viven en un semisótano donde hay un tragaluz, símbolo de una visión parcial de la realidad, intersticio de comunicación y separación entre el sombrío recinto donde habitan (el mundo interior de los personajes) y la realidad exterior. La familia no admite la verdad sobre el suceso que le ocasionara la muerte a Elvirita. Se inventa otra versión, la cual sugiere que Vicente no pudo bajarse del tren porque los soldados se lo impidieron.           
Mario se convierte en un escritor sin éxito que evade el ambiente materialista y corrompido que le rodea. Para él, el mundo está integrado por devoradores y devorados, acercamiento análogo al pesimismo contemplativo de Schopenhauer, el cual le inmoviliza. En contraste, su hermano, dueño de una exitosa editorial, exterioriza un espíritu práctico. No le importan los medios para obtener sus propósitos. Vicente, a lo largo de su vida, ha elegido el tren; Mario, el tragaluz.

El Padre, especie de dios temible, mata con unas tijeras a su propio hijo

Al final de la obra, el hermano mayor, agobiado por la conciencia que nunca dejó de atormentarlo, confiesa el haber asesinado a Elvirita mediante la acción deliberada de no bajarse del tren. Desde su racional demencia, el Padre, especie de dios temible, mata con unas tijeras a su propio hijo, símbolo del mal que hay que eliminar para consumar la justicia poética. Si bien, dentro de la complejidad temática de la obra, Vicente es, al igual que el resto de los personajes, víctima de un sistema opresor. Él procura el perdón paterno, y, a través de la confesión y su propia muerte, exonera su hybris (transgresión). La verdad, aunque trágica, lo libera mediante el consiguiente castigo catártico.
Para Buero Vallejo, la tragedia –que desde la Grecia clásica ha tratado de mostrar los sufrimientos como consecuencia de los errores– bien pudiera ofrecer una salida. Los conflictos entre la libertad y la necesidad, el ser humano y la naturaleza, la razón y los instintos pueden tener solución. La evolución de los personajes buerianos ilustra la lucha por hallar un significado a la existencia. Para él, la trama no puede ser considerada pesimista sólo por el hecho de mostrar sufrimiento y angustia.
El recipiente del Premio Cervantes 1986 –que aprovechó admirablemente todo resquicio que le confiriera la censura franquista– desenmascara y acorrala con "El tragaluz" la injusticia y la mentira. Ingresa en el aposento donde se resguardan y, con la prodigiosa daga de Melpómene, las apuñala, de la misma manera que el Padre, en su papel de divinidad justiciera, acuchilla a su hijo, para, con el sacrificio de su muerte, devolver –afianzado en la verdad– el orden a la subyacente "tragedia esperanzada", oxímoron con que el propio Buero Vallejo definiera la eterna lucha entre lo trágico ineludible y el inmarcesible regalo de la esperanza.  

viernes, 3 de marzo de 2017

Al teléfono con Juan Manuel Cañizares: a raíz de su primera aparición en el área de la bahía de Tampa

Cañizares ha sido el primer y único guitarrista flamenco invitado por la Orquesta Filarmónica de Berlín

Por Leonardo Venta

     "La experiencia de Dalí" es un programa de concierto que la Orquesta de la Florida ha dedicado a la música que inspirara al pintor y escultor catalán Salvador Dalí, uno de los líderes del movimiento surrealista de las artes plásticas.
El destacado guitarrista Juan Manuel Cañizares, directamente desde España, interpretará el "Concierto de Aranjuez" de Joaquín Rodrigo. El programa lo integra también la música para el ballet "El sombrero de tres picos", basado en la novela homónima del escritor Pedro Antonio de Alarcón, con música del compositor Manuel de Falla y la intervención de nueve bailarines de la Universidad del Sur de la Florida, bajo la dirección coreográfica de Paula Núñez.
Por otra parte, se ofrecerá "La Valse", un poema coreográfico para orquesta de Maurice Ravel. Complementa la función el Preludio y Liebestod (apertura y muerte de amor) de la ópera "Tristán e Isolda" de Richard Wagner, con la intervención de la mezzosoprano cubana Yetzabel Arias Fernández, una de las mejores intérpretes especializadas en el repertorio de la música barroca y antigua. Todos estarán bajo la batuta del prestigioso director Michael Francis.
Cañizares, que hará su primera aparición en el área de la bahía de Tampa, conversó con este espacio sobre su carrera, ofreció comentarios del instrumento de mástil largo con trastes y cuerdas que magistralmente entona, así como brindó detalles de su vida. Aquí les ofrecemos lo que nos relató telefónicamente directamente desde España.

¿Cómo le gustaría a Juan Manuel Cañizares presentársenos?

Me preguntas cómo me gustaría presentarme a tocar. Pues, sencillo, siendo muy honesto con lo que llevo, dándole un aire español a los conciertos. Llevando un poco el alma del flamenco al escenario y tratar de transmitirlo al público de la mejor manera posible.

¿Cómo evoluciona tu vocación artística?

Aunque yo nací en Cataluña, en una ciudad que se llama Sabadell, mis padres son de Málaga, Andalucía. Desde muy niño yo escuchaba flamenco en casa. Mi padre cantaba. Venían muchos amigos. Después, en la provincia de Barcelona, en los pueblos, habían muchas peñas flamencas, de andaluces y gente del sur. Cada fin de semana se cantaba flamenco, se tocaba la guitarra y se bailaba en la peña. A los seis años yo ya tocaba la guitarra. Escucho flamenco desde que tengo uso de razón. El haber vivido esa experiencia desde la niñez es muy importante para luego poder expresarme mediante el lenguaje flamenco. Y eso es lo que me ha pasado. Para mí, el flamenco es como el lenguaje, algo muy natural.

¿Qué relación hay entre la música flamenca y la guitarra clásica?

Hay mucha relación. Manuel de Falla, Albéniz, Granados, Turina fueron compositores que se fijaron mucho en la guitarra flamenca, y en el flamenco en sí, para componer sus melodías. Es decir, se inspiraron en el flamenco. Yo creo que ambas guitarras, tanto la clásica como la flamenca, cada día están más cercanas porque en el fondo el lenguaje de la música es uno y es universal.

"La experiencia de Dalí" es el título que identifica a los tres conciertos en que intervendrás este fin de semana. ¿Consideras que existe alguna relación entre estas funciones y la experiencia de Dalí?

En el caso del "Concierto de Aranjuez", la pieza que yo interpretaré, existen muchas melodías relacionadas con vivencias españolas, y ,por consiguiente, ha sido un terreno común para Dalí, así como para muchos grandes pintores y artistas en general. Considero que está muy bien el título.

Tengo entendido que es la primera ocasión que viajas a Tampa y te presentas con la Orquesta de la Florida. ¿Qué referencias tienes acerca de esta  agrupación?

Sí, es la primera vez que vengo a Tampa y me presento con la Orquesta de la Florida. Sus integrantes son muy buenos músicos. Aparte de tener una formación excelente como intérpretes, tienen el ritmo, elemento fundamental para interpretar la música española.

¿Cómo surge la idea de estas presentaciones con la Orquesta de la Florida?

El director Michael Francis y yo coincidimos en unos conciertos en Suecia, el año pasado. En aquella ocasión, interpreté el "Concierto de Aranjuez". Hicimos muy buena química. Él es un gran director, muy rítmico. Le gustó como yo interpretaba la composición de Joaquín Rodrigo. Aquel encuentro, determinó este viaje a Tampa.

¿Qué significación tiene para ti este viaje a Tampa?

Para mí, lo fundamental es que la gente sea feliz, que vaya al concierto, se la pase bien y tenga una experiencia maravillosa. Todo lo  hacemos para el público. Y eso es lo que trataré de conseguir cuando toque en Tampa.

Joaquín Rodrigo murió en el año 1999. ¿Tuviste la oportunidad de conocerlo?

Lo vi en un concierto de Paco de Lucía, en 1991, en el pueblo Torrelodones, en Madrid. El maestro Rodrigo estaba en el público para escuchar el "Concierto de Aranjuez". No tuve la oportunidad de saludarlo.

 He leído que has compartido escenarios y grabaciones con grandes artistas, entre ellos el compositor y guitarrista cubano Leo Brouwer, ¿qué puedes decirnos al respecto?

Actué en el teatro Amadeo Roldán de La Habana, en 2004. Ese mismo año, fui invitado por el maestro Leo Brouwer al "Festival Internacional de Guitarra de la Habana". Antes de conocerlo, cuando estudiaba en el Conservatorio, siendo un niño, yo ya tocaba sus estudios. La música de Leo se estudiaba en España desde hacía muchos años. Claro, para mí conocer al maestro Leo Brouwer fue una satisfacción enorme. Cuando tocas la música de una persona que no conoces y tienes la suerte de conocerla, y además que te llame para colaborar en el "Festival Internacional de Guitarra de la Habana", es algo fantástico. Y dicha relación, a partir de ese año, se estrechó de manera amistosa y profesional.

El maestro Paco de Lucía te ofreció unirte a sus espectáculos. De esa forma, durante 10 años (1988-1998) le acompañaste en los mejores escenarios del mundo. Finalmente, decidiste emprender tu carrera como solista. ¿Hasta qué punto esta información es correcta?

Se puede decir que sí. Sin embargo, paralelamente a las giras de Paco ya yo grababa mis propios discos como solista. Yo empecé a tocar a los seis años de edad y mi propia música empecé a sacarla con 8 y 9 años. A partir de ahí, lo de componer el flamenco era algo que ya me venía muy natural. Siempre he estado componiendo, cuando iba con Paco y cuando no iba con Paco. Como solista se puede decir que sí he tenido más trayectoria a partir de que saliera del grupo de Paco. Pero yo venía componiendo mi propia obra desde hacía mucho años.

Tu primer trabajo como solista fue el disco "Noches de imán y luna" (1997). ¿Cuál es tu último trabajo?

Acaba de salir una trilogía de investigación sobre la música del maestro Enrique Granados.

¿Continúas tu trabajo de maestro de guitarra flamenca en la Escuela Superior de Música de Cataluña?

Sí, continúo allí. Afortunadamente, desde hace unos años, en varios conservatorios en España se está estudiando el flamenco como música culta y accesible a la gente que quiera tener un título oficial, para profesionalizar más el flamenco a nivel de instituciones.

Siendo tu procedencia  andaluza, ¿qué significa para ti el término flamenco, independientemente de la definición que pueda ofrecer cualquier diccionario?

Cuando tienes una experiencia en la vida, sea dolorosa o alegre, necesitas expresarla. Al final todos somos iguales. Lo importante es que la emoción esté ahí. Toda la música es muy de raíz, muy del pueblo. Por eso creo que el flamenco se ha universalizado, ya que los sentimientos que expresa nos pertenecen a todos.

 Leí que, cuando tenías 13 años, tu padre y tu hermano mayor te llevaron a un concierto de Paco de Lucía en el Teatro Griego de Barcelona. Se dice que prácticamente te colaron en el camerino para que Paco te escuchara tocar la guitarra. ¿Podrías detallarnos esa experiencia?

            (El tono de su voz se proyecta complacido) Yo tenía 13 años e iba en pantalón corto. Era un niño. Fui allí con mi padre y mi hermano. Antes, ellos hablaron con el hermano de Paco de Lucía, Ramón de Algeciras. "Mira, Ramón, te he traído a mi hijo para ver si Paco lo puede escuchar", le dijo mi padre. Ramón me escuchó primero. Él me pidió que le tocara algo. Le toqué una par de temas míos, una rondeña y una granaína, que son dos palos de flamenco. Ramón dijo: "Vale, no os preocupéis. Después del concierto veniros al camerino que yo os presento a Paco".
            En efecto, al terminar el concierto, Ramón nos llevó al camerino. Cuando llegué allí, yo pensaba que iba a estar Paco de Lucía solo. Estaba Paco de Lucía y 15 aficionados que habían ido a saludarlo al camerino. Yo quería que me tragara la tierra. Yo estaba muy nervioso. Empecé a tocar delante de Paco. No me atrevía ni a mirarle a la cara. Entonces, cuando escuchaba que Paco de Lucía decía ¡Ole! y se emocionaba de lo que yo tocaba, pensé: "Parece que le está gustando". Eso me dio mucha alegría. 
           En aquella época, Paco me dijo algo que luego ha sido muy significativo en mi vida. Me expresó: "Sigue estudiando, que cuando seas grande te llamaré". En efecto, seguí estudiando y trabajando. Cuando yo tenía 22 o 23 años, sonó el teléfono de mi casa. Cogí el teléfono y dije: "¿Quién es?". Una voz me respondió: "Soy Paco, Paco de Lucía, quiero que te vengas a trabajar conmigo".  A mí se me cayó el teléfono al suelo. Para mí aquello era un sueño. Me hizo mucha ilusión y ahora lo recuerdo con mucho cariño. Aprendí muchísimo a la vera de Paco de Lucía. Teníamos giras de dos o tres meses, y cada día había un concierto, prácticamente alrededor del mundo. Cada noche yo estaba delante de una persona que me estaba dando una Clase Maestra en el escenario. ¡Imagínate durante diez años¡
             
¿Por qué te separaste de Paco de Lucía?

            Yo estaba muy a gusto. Vivía muy feliz trabajando con Paco de Lucía. Sin embargo, las giras eran muy largas y agotadoras. Yo necesitaba tiempo para componer, para hacer mi música. En un descanso entre gira y gira  había cuatro o cinco meses entre una y otra–, yo hablé con Paco y le expliqué. El lo entendió perfectamente. Quedamos muy amigos. Fuimos muy sinceros. Le di tiempo para que encontrara otra persona. A petición de Paco, le grabé un video para que el guitarrista que me sustituyera pudiera estar preparado al observar la manera en que yo hacía mi trabajo. Fueron diez años de una experiencia maravillosa.

Quizá no sea justo comparar a Andrés Segovia y Paco de Lucía, a pesar de que son dos de los guitarristas más grandes de los últimos tiempos, posiblemente de todos los tiempos. Sin embargo, se dice que una de las directrices de Segovia era "elevar" la guitarra sobre lo netamente folclórico en la esfera sinfónica. En tanto, Paco de Lucía se mantuvo fiel a la pasión folclórica, o duende del flamenco. ¿Qué puedes comentarnos al respecto?
           
            Son dos mundos diferentes. Aunque ambos interpretan la guitarra española, no se pueden comparar. Yo, egoístamente, me quedo con todo el pastel. Me quedo con la música del maestro Segovia y me quedo también con la fantástica y maravillosa música de Paco de Lucía. Son maestros, cada uno en su campo.
            Yo tengo amigos que son guitarristas clásicos y coincidimos en que lo importante es la música, da igual que uno toque la guitarra flamenca y otro la clásica. Lo que no da igual es que el intérprete no transmitan. Lo importante es transmitir emociones. Son músicas diferentes que no se pueden escuchar desde la misma frecuencia. Los profesionales no creemos que exista rivalidad entre la guitarra clásica y la música flamenca. Nos quedamos, como te dije, con todo el pastel. Considero que es la forma más racional de entender la música.
           
He podido deducir que no solamente la interpretación es importante para ti, sino también la composición. ¿Qué significa componer música para ti?

            Componer es una forma de estar vivo, en el sentido espiritual. En ese proceso, estás tratando de sorprenderte a ti mismo, de inventar algo que no hayas imaginado anteriormente. La composición es difícil. Te lleva muchas horas, y muchas veces no sabes por dónde salir y cómo continuar una melodía. Sin embargo, de pronto te llevas la gran sorpresa y alegría de conseguirlo. En ese momento te sientes vivo y experimentas la satisfacción de que todo el esfuerzo ha merecido la pena. Cuando consigues dar en la tecla para que aquello funcione, te sientes renovado.

¿Cuál es tu composición más entrañable?

            Una de las composiciones musicales más entrañables que he creado ha sido el concierto que le dediqué a Paco de Lucía para guitarra y orquesta clásica, que se llama "Al-Andalus". Cuando él falleció, yo era una de las personas que portaba el féretro camino al cementerio. De todas esas vivencias compuse un concierto triste, que refleja por un lado la alegría de haber sido amigo de Paco y haber vivido muchas giras y momentos con él. Por otro lado, la tristeza de que ya no estaba, Todas esas emociones están reflejadas en ese concierto. Para mí es algo más que notas, más que sonidos. Es mi homenaje sincero a un amigo que ya no está, por eso para mí es un concierto muy significativo.

¿Tus planes inmediatos?

            Luego de un concierto que tengo en España, en el Teatro Lleida, el día 10 de marzo, dedicado a Enrique Granados, dejo la guitarra y me voy unos días a Francia de vacaciones. Llevo mucho tiempo en el estudio de grabación trabajando en la "Trilogía de Granados" y necesito un poco de descanso.
            Estoy concentrado en el proyecto de un disco de música flamenca compuesta por mí que saldrá este año. Estoy también trabajando en una Trilogía de Joaquín Turina y un encargo que tengo para el año que viene que consiste en componer un concierto para guitarra y orquesta. Si a eso le añadimos conciertos y giras que tengo, no se me puede pedir más, porque es bastante.

¿Cuál consideras sea tu logro más grande como artista y ser humano?

           Lo que más me ha hecho feliz es ser consciente de mis limitaciones y ,dentro de esas limitaciones, tratar de ser feliz.

                                                                              

domingo, 19 de febrero de 2017

La Orquesta de la Florida presenta "La experiencia de Dalí"

El destacado guitarrista español Juan Manuel Cañizares interpretará el "Concierto de Aranjuez" de Joaquín Rodrigo, junto a  la Orquesta de la Florida, en las ciudades floridanas de Tampa, Clearwater y Saint Petersburg
Por Leonardo Venta 

"La experiencia de Dalí" es un concierto que la Orquesta de la Florida (TFO, por sus siglas en inglés) ha dedicado a la música que inspirara a Salvador Dalí. El destacado guitarrista español Juan Manuel Cañizares interpretará el "Concierto de Aranjuez" de Joaquín Rodrigo. El programa lo integra también la música para el ballet "El sombrero de tres picos", basado en la novela homónima del escritor Pedro Antonio de Alarcón, con música del compositor Manuel de Falla y la intervención de nueve bailarines de la Universidad del Sur de la Florida. Por otra parte, se ofrecerá "La Valse", un poema coreográfico para orquesta de Maurice Ravel. Complementa la función el Preludio y Liebestod (apertura y muerte de amor) de la ópera "Tristán e Isolda" de Richard Wagner, con la intervención de la excelente mezzosoprano cubana Yetzabel Arias Fernández. Todos estarán bajo la batuta del director Michael Francis. Los conciertos se celebrarán el viernes, 3 de marzo, en la Sala Morsani del Straz Center; el sábado, 4, en el Mahaffey Theater; y el domingo, 5, en el Ruth Eckerd Hall. Las funciones del viernes y el sábado son a las 8 p.m. El programa del domingo comienza a las 7:30 p.m.