La imaginación ofrece a la razón, en sus horas de duda, las soluciones que ésta en vano sin su ayuda busca. Es la hembra de la inteligencia, sin cuyo consorcio no hay nada fecundo”.
José Martí

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sábado, 14 de octubre de 2017

Exitoso inicio de temporada de la Orquesta de la Florida

La temporada 2017-18 es la tercera bajo la dirección musical del británico Michael Francis. Foto: Matt Dine

Por Leonardo Venta 

             La Orquesta de la Florida, bajo la batuta del británico Michael Francis, concluyó el programa del primer concierto de su vigésimo quinto aniversario el pasado viernes, con el famoso oratorio escénico "Carmina Burana", del compositor alemán Carl Orff , junto a la 'Master Chorale of Tampa Bay', en la colmada espaciosa Sala Morsani del Straz Center de Tampa.
            Estrenada en Frankfurt en 1937, pero cuya génesis se remonta al Medioevo, la monumental obra –compuesta para orquesta, coro y tres solistas, con duración de 65 minutos y basada en una colección de 24 intensos y sonoros poemas de carácter amoroso, báquico y satírico de los siglos XII y XIII hallados en 1803 en el monasterio de Benedicktbeuren en la alta Baviera– fue la primera espiración de las múltiples prometedoras galas que nos aguardan esta temporada.
            La composición de Orff combina el misticismo de la música religiosa escrita en latín y los textos profanos que inquieren los placeres de la carne, adjunta el ennoblecido intelecto con los ineludibles instintos primitivos, atiza la tensión entre lo racional y lo irracional, coteja la sátira con el dramático de la existencia, lo que justifica la búsqueda de sonidos arcaicos, que suscita el predominio de las secciones de viento y, muy especialmente, la percusión sobre los instrumentos de cuerda, marginando el lenguaje romántico de la ópera tradicional y reduciendo las pomposas escenografías y vestuarios a elementos básicos de la producción.
            La primera intervención del barítono Michael Nyby, henchida de una riqueza interpretativa conmovedora, en “Omnia Sol Temperat”, nos remitió a la experiencia de despertar ante el amor, comparándola con plácidos elementos de la naturaleza, mientras la apacible cadencia de las voces femeninas del coro contrastaba con las avidez intemperante de los varones.
                                                              
La bella joven soprano Madison Leonard deslumbró en la interpretación del agraciado y técnicamente exigente solo de “Dulcissime”. Foto: Ale Logan
            En la última parte de la obra, “Cour d’amour”, Nyby se cuestiona si los dioses le concederán la dicha de sumergirse en el deleitoso rubor de la virginidad de su amada, a lo que ella, la bella joven soprano Madison Leonard, poseedora de una voz exquisita de rango estupendo, consiente mediante el agraciado y técnicamente exigente solo de “Dulcissime”.
            El programa dio inicio con el gran lirismo y la exuberante orquestación de "Danzas rituales" (extraídas de la ópera "Boda de verano" de Sir Michael Tippett, uno de los principales compositores británicos). Esta obra dramática musical de gran simbolismo, la primera ópera que compuso Tippett, nació a partir de una revelación sensorial: un templo, ubicado en una colina poblada de árboles, donde un cálido y delicado mancebo es rechazado por una joven insensible y áspera, a tal grado que evoca la polaridad sugerida por el psiquiatra y psicoanalista suizo Carl Gustav Jung entre ánima –la imagen arquetípica de mujer en la psique masculina– y animus –el aspecto masculino interno de la mujer–.
            La temporada 2017-18, la tercera bajo la dirección musical de Francis, incluye desde la "Sinfonía del Nuevo Mundo" de Antonín Dvorák, el "Réquiem" de Giuseppe Verdi, hasta la serie "Raymond James Pops", dirigida por el neoyorquino Jeff Tyzik, que da comienzo este fin de semana con "Swing is the Thing" y comprende la música de la serie televisiva "Star Trek" y la cinematográfica "Star Wars", así como música para las ya cercanas festividades de fin de año y piezas de Rodgers & Hammerstein, una de las parejas más exitosas y creativas del mundo de los musicales.
          Por otra parte, la serie de conciertos "Café de la mañana", dirigida por el director invitado Stuart Malina, comenzó ayer jueves, en el Mahaffey Theater de Saint Petersburg, con "El pájaro de fuego" del ruso  Ígor Stravinski, "En la gruta del rey de la montaña" del compositor noruego Edvard Grieg, así como "Capricho español" del también natural de Rusia Nikolái Rimski-Kórsakov.

viernes, 16 de diciembre de 2016

La Orquesta de la Florida ofrece concierto gratuito alusivo a la Navidad

              La Orquesta de la Florida (TFO) se contagia de los aires navideños para ofrecer las melodías propias de estas festividades de forma gratuita y en vivo en el centro comercial Westfield Citrus Park, el sábado, 17 de diciembre, a partir de las 6:30 p.m. El director musical Michael Francis será el conductor de TFO.
            Mientras usted realiza sus compras, podrá hacer una pausa y disfrutar de un programa que incluye selecciones de "El cascanueces", "Paseo en trineo", "Blanca Navidad", “Jingle Bells”, "Feliz Navidad" y otras tradicionales melodías decembrinas. El centro comercial está ubicado en el 8021 Citrus Park Town Center, Tampa, FL 33625.

jueves, 7 de abril de 2016

La Orquesta de la Florida presenta música de Mozart, Debussy, Fauré y Stravinski

                               Fawzi Haimor debuta con la Orquesta de la Florida

Como parte de la serie "Obras maestras", la Orquesta de la Florida (TFO) ofrece el debut con esta agrupación del director Fawzi Haimor, con la intervención del concertino Jeffrey Multer interpretando el "Concierto para violín núm. 3" de Wolfgang Amadeus Mozart. El programa también incluye "Preludio a la siesta de un fauno" de Debussy y el estreno de TFO de la suite "Dolly, Opus 56",  una colección de piezas para piano a cuatro manos compuesta por el francés Gabriel Fauré. El programa concluye con la suite "El pájaro de Fuego", considerada una de las obras más populares del compositor ruso Igor Stravinski, la cual compuso para el ballet homónimo de Serguéi Diáguilev, fundador de los Ballets Rusos, una compañía de la que emergerían muchos bailarines y coreógrafos mundialmente famosos. Los conciertos se celebrarán el viernes, 15 de abril, en la Sala Morsani del Straz Center; el sábado, 16, en el Mahaffey Theater; y el domingo, 17, en el Ruth Eckerd Hall. Las funciones del viernes y el sábado son a las 8 p.m. El programa del domingo comienza a las 7:30 p.m. Llegue una hora antes para escuchar a los músicos departir acerca de las composiciones y los autores que interpretarán.  

sábado, 14 de marzo de 2015

Otro abrazo sinfónico Cuba-Tampa

De izq. a der.: Kurt Grissom, Dave Coash, John Shaw y John Bannon, los percusionistas de la Orquesta de la Florida que acompañarán a sus  similares cubanos. Foto: JM Lennon

Por Leonardo Venta

A comienzos de junio de 2011, la Orquesta de la Florida (TFO, por sus siglas en inglés), una de las más prestigiosas agrupaciones sinfónicas de Estados Unidos, anunció públicamente su iniciativa de intercambio plurianual con la Orquesta Sinfónica Nacional de Cuba (OSNC).
     El intercambio, que contempla visitas recíprocas de ambas agrupaciones, se inició ese mismo año cuando cuatro músicos de instrumentos de viento de la institución floridana interpretaron piezas de George Gershwin y otros cinco compositores, en el Oratorio de San Felipe Neri en La Habana Vieja.


Como continuación del proyecto, en mayo de 2012, el director titular de la Orquesta Sinfónica Nacional de Cuba, Enrique Pérez Mesa, en su debut en Estados Unidos, se hizo cargo de la Orquesta de la Florida en conciertos en Tampa, St. Petersburg y Clearwater.


    La Orquesta Sinfónica Nacional de Cuba nos contagió su calor de trópico el otoño estadounidense de 2012 en su primera histórica gira por este país. Luego de exitosas presentaciones en once estados de esta gran nación –con más de 70 instrumentistas liderados por Pérez Mesa y Guido López-Gavilán– se presentó en el Círculo Cubano de Ybor City en un programa de música de cámara junto a miembros de TFO, así como ofreció un histórico concierto que nos arrancara lágrimas de cubanía en el Mahaffey Theater de St. Petersburg.


En mayo de 2013, el concertino Jeffrey Multer se presentó como líder y solista con la Orquesta Sinfónica de Cuba, así como ofreció clases magistrales en el Conservatorio Amadeo Roldán y en el Instituto Superior de Arte.
    Y para que los ya habituales fraternales abrazos no se vieran precisados a mayor espera, tres percusionistas de la Orquesta Sinfónica Nacional de Cuba – Luis Antonio Barrera Perea, Jesús Federico Chea Gort y Abiel Chea Guerra – llegaron ayer de La Habana para presentarse junto a sus similares de TFO – John Shaw, John Bannon, Dave Coash y Kurt Grissom – en dos conciertos a realizarse el jueves, 20 de noviembre de 2014 en el tampeño Centro Asturiano, a las 7:30 p.m., y a las 11 de la mañana en el Mahaffey Center de Saint Petersburg.

    El programa matinal, bajo la batuta de Stuart Malina, comprende la Fanfarria del ballet “La Peri”, de Paul Dukas; la Serenata en D menor, Op. 44, de Antonín Dvořák; así como la Serenata núm. 11 en E-flat Major de Wolfgang Amadeus Mozart.
    El concierto, un verdadero tributo a la percusión, se ofrecerá en el Centro Asturiano e incluye dos composiciones de  Agustín Gómez Levín: “La escalera” y “Dos hermanos”. Completan el programa: “Paisaje cubano con rumba”, del gran guitarrista, director de orquesta y compositor cubano Leo Brouwer; “Ogoun Badagris”, del compositor estadounidense Christopher Rouse, recipiente del Pulitzer 1993; “Postlude núm. 6”, del joven tejano Elliot Cooper Cole; “Edge of the World”, del natural de North Carolina, Nathan Daughtrey; “Log Cabin Blues”, obra del ya desaparecido compositor estadounidense George Hamilton Green; y la pieza de Michael Udow, “African Welcome Piece”.
    Asimismo, los distinguidos visitantes ofrecerán una clase de percusión y ritmos cubanos el lunes, 17 de noviembre, de 4 a 6 p.m., en St. Petersburg College/ Gibbs Campus, Humanities Bldg, Aula 117, 6605 5th Ave. N, St Petersburg, FL 33710. Aunque el acceso a los instrumentos es por invitación, todos están bienvenidos.

Clase de percusión cubana en el floridano St. Petersburg College/Gibbs Campus. De izq. a der.: Luis Barrera, Abiel Chea, Lianne Lastre y Federico Chea.  Lianne Lastre era integrante de la Orquesta Sinfónica Nacional de Cuba, en la sección de percusión, pero ya lleva dos años radicada en St. Petersburg. Este fue un encuentro en parte para los músicos cubanos con Lianne, quien participó con ellos en la clase de percusión. Foto: Cortesía de Henry Adams

Como colofón a esta nota, les ofrecemos una entrevista en exclusiva desde La Habana, gentilmente concedida por el destacado percusionista Luis Antonio Barrera Perea, recipiente de la Distinción por la Cultura Nacional de Cuba, Premio de Honor Cubadisco 2014, equivalente al Grammy estadounidense, miembro de la Orquesta Sinfónica Nacional de Cuba (OSNC) desde 1970 y profesor del Instituto Superior de Arte desde su fundación (1976) hasta 1997.


Luis Barrera, Premio de Honor Cubadisco 2014, equivalente al Grammy estadounidense

¿Para aquellos que no te conocen, como te gustaría presentarte?
Lo más sencillo posible: Luis Barrera, percusionista y profesor de percusión.
¿Cómo surge Luis Barrera, el percusionista?
Mi padre era saxofonista de orquestas de cabaret y clarinetista de “La Banda de la Marina”; desde pequeño estuve rodeado de músicos amigos de él. Iba a algunos ensayos de la banda y ya mayorcito pude escuchar los de cabarets. El conocía mi preferencia por la percusión, pero me aconsejó que debía estudiar piano primero como base musical, por ser el instrumento más completo que hay. Por consiguiente, empecé a estudiar piano a los 9 años. Toda mi vida le estaré agradecido de esa larga visión que tuvo como músico, que dicho sea de paso, fue excelente saxofonista.
¿Por qué la percusión?
En ese ambiente musical, dos grandes bateristas eran muy buenos amigos de mi padre: Walfredo de los Reyes y Daniel Pérez, de ahí mi preferencia por la batería, que de hecho me gusta mucho, pero en el Conservatorio de Música comencé la percusión con el destacado profesor Domingo Aragú, timpanista de la Sinfónica Nacional de Cuba...y poco a poco empecé a asistir a los conciertos de la sinfónica, los domingos a las 11 a.m. El propio Aragú me daba invitaciones. Esas audiciones y la gran admiración, respeto y simpatía por mi maestro, me motivaron para elegir el género sinfónico.
¿Es tu primera visita a Estados Unidos?
No, es la segunda visita. La primera fue en el 2012 con mi orquesta, como digo, refiriéndome a la Orquesta Sinfónica Nacional de Cuba.
¿Qué significa para ti este concierto con la Orquesta de la Florida?
Un alto honor, satisfacción y compromiso, porque se trata de una orquesta de primer nivel. Y es el mismo sentir de mis colegas de la Sinfónica Cubana que juntos integramos este proyecto. Ya en noviembre del 2012 hicimos un concierto en el Círculo Cubano de Ybor City, conjuntamente con los músicos de la TFO. Fue una excelente presentación con muy buena acogida del público.
¿Qué puedes decirme sobre las composiciones que interpretarás en Tampa?
Muy interesantes, porque se trata de música contemporánea, muy bien escrita y, sobre todo, muy percusionística.
¿Qué te parece la idea de impartir una clase magistral en St. Petersburg College?
Estamos seguros que va a gustar mucho, por los diferentes géneros musicales que abordamos. La hemos preparado lo mejor posible, con explicaciones, ejemplos escritos de los distintos ritmos, para después tocarlos.
¿Qué opinas sobre los percusionistas cubanos que te acompañan en esta visita?
Son dos excelentes músicos, ya lo verán. Federico y Abiel Chea, padre e hijo, tocan en la Sinfónica Nacional. Trabajaron años en la Orquesta de Ópera y Ballet, además de interpretar el género lírico con mucha experiencia. Debo añadir que también tienen mucha experiencia como profesores de distintas escuelas de música.
¿Tus músicos predilectos del repertorio cubano y universal?
Es difícil enumerarlos a todos. Quiero referirme a los compositores del género sinfónico cubano que abordan la percusión en sus obras con mucha relevancia. Les pido me disculpen si omito alguno, pero de manera general puedo enumerar a los maestros: Leo Brouwer, Guido López Gavilán, Carlos Fariñas, Roberto Valera, Harold Gratmatges, Jorge López Marín, José Loyola, los hermanos Sergio y José María Vitier, Julián Orbón, Juan Blanco, Amadeo Roldán y Alejandro García Caturla, entre otros. Del repertorio universal: Beethoven, Brahms, Tchaikovsky, Wagner, Strauss, Rachmaninov, Bach, entre otros; de Norteamérica: George Gershwin, Aaron Copland, Paul Creston (toco su "Concertino para Marimba y Orquesta"), Leonard Bernstein y otros; de América Latina: Carlos Chávez, Silvestre Revueltas, Jorge Sarmientos (toco su "Concierto para Marimba y Orquesta"), Alberto Ginastera, Heitor Villa-Lobos, y otros.
Sabemos que trabajaste en el recién concluido Festival Internacional de Ballet de La Habana, ¿qué relación existe entre el ballet y la orquesta Sinfónica Nacional de Cuba?
Históricamente la Sinfónica y el Ballet han trabajado juntos en la mayoría de los Festivales de Ballet, además muchos bailarines y músicos estudiamos juntos en la Escuela Nacional de Arte, hecho que nos vincula y une más, siempre nos produce mucha alegría encontrarnos y trabajar juntos, recordando los años juveniles.
¿Cómo identificas la idiosincrasia cubana, la percusión y la música en general?
El pueblo cubano lleva la música y el ritmo dentro, es muy musical, le gusta cantar y bailar, es como bien dices parte de su idiosincrasia, y específicamente le gusta y siente la percusión. Muchos cubanos disfrutan tocar claves, güiro, tumbadoras, bongoes...y si no tienen el instrumentos cogen una cuchara y tocan en la mesa, en una silla, en una cazuela; en fin, pienso que muchos disfrutan la percusión y forman una rumba dondequiera y en cualquier momento.
¿Cuál ha sido tu mayor logro y sinsabor como músico?
Puedo decir que son varios los logros que hacen un todo. En primer lugar, ser miembro de la Orquesta Sinfónica Nacional durante 44 años, haber realizado 20 conciertos para percusión y orquesta con la misma. Haber recibido este año el Premio de Honor Cubadisco. Y sobre todo, tener el respeto y reconocimiento de muchos músicos, directores, profesores y público en general. Es muy satisfactorio que a cada rato me encuentro en la calle un desconocido que me felicita por haberme visto tocando en la televisión cubana… eso vale mucho y me motiva a seguir estudiando y dando todo lo mejor que pueda. Con respecto a los sinsabores, fundamentalmente son dos: primero, cuando mis alumnos no estudian y subestiman su carrera; y como segundo, aquellos directores de orquesta que jamás felicitan públicamente a la percusión. Lo hacen con el resto de las secciones y solistas de viento, madera, metal y cuerdas, pero la percusión es como si no existiera, a pesar de que en muchos casos tenemos más protagonismo que el resto de las secciones.

Un concierto a la fraternidad


De izq a der.: Dave Coash, Luis Barrera, Patrick Hernly, en los tambores batá; Abiel Chea en las tumbadoras; John Bannon en el vibráfono; al fondo, en los timbales, Federico Chea . Foto: Cortesía de Henry Adams. 


Como parte del intercambio plurianual entre la Orquesta de la Florida (TFO) y la Orquesta Sinfónica Nacional de Cuba (OSNC), tres percusionistas procedentes de La Habana – Luis Antonio Barrera Perea, Jesús Federico Chea Gort y Abiel Chea Guerra – compartieron el pasado sábado, 20 de noviembre de 2014 el escenario del Centro Asturiano de Tampa con cuatro percusionistas de TFO – John Shaw, John Bannon, Dave Coash y Kurt Grissom, así como Patrick Hernly, catedrático de música de St. Petersburg College/Gibbs Campus, para ofrecer un concierto de cámara (percusión) que exploraba elementos melódicos sumamente interesantes, experimentales, de música estadounidense y cubana, todo bajo el espectro de una rica gama rítmica.

El programa comenzó con “Ogoun Badagris” de Christopher Rouse – merecedor del Pulitzer 1993 –, composición que se inspira en los patrones de tambores haitianos, en particular los de la danza de Juba o Hambone. Según el ritual vudú, Ogoun Badagris es una de las más temibles deidades del vudú, la cual solamente puede ser apaciguada con el sacrificio de sangre humana. En esta dirección, la ejecución de esta pieza transmitió místico sosiego.

Dio continuación al programa, “Postlude núm. 6”, del joven tejano Elliot Cooper Cole, una pieza en que cuatro músicos arrancan  de un vibráfono notas exquisitas e inusitadas con ocho arcos de contrabajo. La interacción de los arcos y la percusión con las manos desperezaron armonías enternecedoras, trenzando un contrapunto tan íntimo como embrollado, tan digno de ver como de ser escuchado. Esta pieza experimental nos sumergió en una atmósfera sorprendentemente encantadora y espiritual.

Al punto, nos trasladamos a Cuba, mediante sus embajadores musicales acompañados de sus colegas estadounidenses. Escuchamos dos composiciones de Agustín Gómez Lavín, “La escalera” y “Dos hermanos”. Para el distinguido percusionista cubano, Luis Barrera, “el concepto que tiene Gómez Lavín de estas piezas es el uso de ritmos cubanos e instrumentos de percusión de la isla, populares y folclóricos, mezclados con instrumentos de percusión sinfónicos”. Dentro de este enriquecedor contexto experimental, disfrutamos de un híbrido popular-sinfónico que nos hizo pensar involuntariamente en Alejandro García Caturla y Amadeo Roldán.

Le siguió, “Edge of the World (Borde del mundo)”, del natural de North Carolina, Nathan Daughtrey. El concierto, originalmente un dueto de marimba y vibráfono, fue inspirado por el poema y hermosa obra plástica “Cosas verdaderas” del escritor, artista plástico y editor estadounidense Brian Andreas. La música nos transmitió la idea original del poema: la esencia de dos seres que inician sus vidas juntas mirando hacia a lo que les deparará el futuro.

Para presentar la pieza del gran músico cubano Leo Brouwer, bajo el sugestivo título de “Paisaje cubano con rumba”, Luis Barrera se dirigió a la audiencia, asistido como intérprete por Patrick Hernly, para explicar la manera en que Brouwer ideó originalmente la pieza para ser interpretada por el recientemente fallecido flautista holandés Frans Brüggen, a quien el cubano le dedicó la composición. Según explicó Barrera, se pone la grabación de las cuatro flautas, y sobre la misma, el flautista solista toca, todo dentro de un estilo minimalista. Posteriormente, Brouwer hizo la transcripción para cinco guitarras, y entre 1989 y 1990, con motivo de la configuración de un disco de percusión realizado por Barrera, Brouwer le sugirió que hiciera la transcripción para teclados de percusión, que fue lo que pudimos disfrutar con sumo deleite en el concierto.

“Log Cabin Blues”, obra del ya desaparecido compositor estadounidense George Hamilton Green, en el muy bailable estilo del “Rag Time”; así como la pieza de Michael Udow, “African Welcome Piece”, un contagioso himno al Continente de Ébano, cerraron el programa. En la obra de Udow nos impresionó el empleo del instrumento spagane, constituido por bloques de madera ejecutados en el piso. El resto son instrumentos tradicionales sinfónicos y afrocubanos.

Terminado el concierto, fue tan cerrada la ovación, que los músicos se vieron precisados a ofrecer una rumba improvisada.  La velada deleitó por la calidad de los ejecutantes, las excelentes piezas interpretadas, las explicaciones de John Bannon, principal ejecutante del tímpano de TFO, y John Shaw, principal percusionista de la misma agrupación, pero sobre todo por la fraternidad que experimentaron y transmitieron los músicos. El ver a cubanos y estadounidenses unirse para honrar el idioma universal de la música, en un abrazo solidario, fue la nota más sobresaliente del concierto, así como lo fue la clase magistral ofrecida por los músicos cubanos el lunes, 17 de noviembre, y el concierto brindado el mismo jueves, 20 de noviembre poco antes del mediodía en el Mahaffey Theater.

Para Barrera, los cubanos fueron capaces de ahondar lazos profesionales y personales con sus colegas estadounidenses, entre ellos, con Henry Adams, director de marketing y comunicaciones de dicha institución, cuya entrega, capacidad organizativa y apoyo fueron determinantes en el éxito de esta fase del proyecto. Fue un abrazo de todos, entre todos, que inspira a seguir transitando juntos el sendero de la música, pero sobre todo el de la fraternidad.

miércoles, 14 de enero de 2015

Puerto Rico y Cuba juntan composición y guitarra

Por Leonardo Venta

"A pesar de que no toco la guitarra, a mí siempre me ha fascinado la idea de escribir para el instrumento. Cuando Manuel Barrueco me hizo la propuesta de componer "Concierto Barroco", no tuve duda alguna en hacer un concierto inspirado en la obra de Alejo Carpentier. Para mí la relación con Manuel no está basada en nuestro origen caribeño, a mí me interesa Manuel, el artista. Él es quizás el más grande guitarrista de la segunda mitad del siglo XX. Yo he tenido la buena fortuna de contar con sus dedos para mi trabajo como compositor".
                                                           Roberto Sierra
“Hay una expresión que me encanta, la cual dice que uno escoge de quien se enamora; y cuando me preguntan por qué escogí la guitarra, respondo: porque es un instrumento muy importante en la cultura cubana. No es nada extraño para un cubano tocar la guitarra”, afirma Manuel Barrueco.
Sí, es uno de los instrumentistas más importantes de nuestra época. Se comenta – en cualquier idioma, en cualquier latitud – de su estilo elegante, de su impar seductor lirismo. Se le tilda de ‘músico superior’.

No hay escenario célebre que no le reconozca. Los acerados cristales del real londinense domo Albertiano han destilado decimonónica cálida humedad al escuchar los acordes de su instrumento de mástil largo con trastes y cuerdas.

La hermosa sala del Musikverein de Viena ha detenido su refinado aliento, enternecida, ante la pauta más simple en que puede vibrar una de las seis cuerdas que revisten su caja de resonancia en forma de ocho.

La perfecta acústica del Concertgebouw de Ámsterdam, se ha detenido a calar con esmero el embelesado conjuro entre artista e instrumento. Le ha sonreido la espaciosa sala de la Philharmonie de Berlín; le ha gritado ¡olé! el monumental Teatro Real de Madrid, y ha intercambiado miradas de complicidad con los animados palcos del Palau de la Música de Barcelona.

El Japón de Toru Takemitsu le ama. Los rasgados ojos de Corea del Sur, Taiwán, Singapur y Hong Kong le reclaman. México, Brasil, Colombia, Costa Rica y, sobre todo, Puerto Rico le recuerdan su amado y distante (en el tiempo) Santiago “de cintura caliente y gota de madera”, al decir de Federico García Lorca.

Estados Unidos, generoso abrigo de la diáspora cubana, conoce cada costado del hombre y el artista, desde Miami, donde emigrara en 1967 con su familia, pasando por Los Ángeles, la siempre afanada afamada Nueva York, hasta la ciudad de Baltimore, en el estado de Maryland, donde ejerce como profesor y reside con su esposa Asgerdur.

Para acercaros a Manuel Barrueco, el artista, he escarbado todo el espacio y el tiempo que me ha sido posible en vísperas a sus conciertos en el Straz Center de Tampa, el 16 de mayo; en el Mahaffey de Saint Petersburg, el 17; y en Clearwater, el 18, junto a la prestigiosa Orquesta de la Florida.

El programa incluye el “Concierto Barroco” del gran compositor puertorriqueño Roberto Sierra, creado a petición de Barrueco, e inspirado en la novela homónima de Alejo Carpentier. En la composición de Sierra, la música tropical se apropia de los aportes del barroco europeo para reformularlos y brindarle un nuevo perfil.

El concierto, bajo la batuta del director invitado de origen rumano Cristian Marcelaru, lo completan “Jeu de Cartes (Juego de cartas)” de Igor Stravinsky, y la “Sinfonía patética” de Chaikovski, que dirigiera el gran compositor ruso en su estreno en San Petersburgo, el 16 de octubre de 1893, nueve días antes de su muerte.

Desde su hogar en Baltimore, vía telefónica, el gran guitarrista Manuel Barrueco nos abrió una ventana para divisar un tanto su horizonte artístico y humano. Alleguémonos confiadamente:

¿Con cuál movimiento musical te identificas?

– Me gusta todo tipo de música y todo eso desemboca en lo que cultivo: la guitarra clásica.

¿Otra faceta tuya como guitarrista?

– Una faceta del guitarrista clásico, por lo general, ha sido el desarrollo del instrumento, de asegurarse de que otros compositores escriban música para guitarra.

¿Cuál es la sala de concierto donde más te ha impresionado interpretar la guitarra?

– En el Lincoln Center de Nueva York hay una serie que se llama “Great Performers (Grandes Intérpretes)”. Toqué hace dos años un par de veces allí. Tocar en ese lugar me impresionó, quizá porque viví en Nueva York, pero de momento que estuviera tocando en la serie “Grandes Intérpretes” me impresionó.

¿Era la primera vez que tocabas en el Lincoln Center?

– No, ya había tocado allí varias veces. Si bien, ésta era la primera vez que lo hacía en la serie de “Great Performers”, sin acompañamiento de orquesta.

¿Qué opinas de haber trabajado con la Orquesta de la Florida en 2009?

– Me gusta el ambiente de la orquesta, muy bonito. Me agradó haber trabajado con Daniel Binelli; es un músico estupendo.

Sé que has trabajado con Plácido Domingo. ¿Qué puedes decirnos de esa experiencia?

– Yo hice un disco con él. En el disco toqué dos conciertos con guitarra y orquesta de Rodrigo y él fue el director; en ese disco también hay como cuatro canciones que él canta y yo le acompaño.

¿Planes?

 – Ahora mismo estoy terminando un disco titulado “China West”, con un dúo que se llama “Beijing Guitar Duo”, integrado por dos mujeres chinas que se llaman Meng Su y Yameng Wang. Hay un movimiento importante con la guitarra en China. Hay muchos jóvenes talentos que están surgiendo, y ellas son fantásticas. Su maestro en China las trajo una vez a Hong Kong, cuando yo estaba tocando allá, para que yo las escuchara y para trabajar con ellas, y en la actualidad llevan como 6 u 8 años estudiando conmigo.

¿Qué no has logrado que te gustaría lograr?

 – Seguir mejorando y seguir haciendo proyectos interesantes. A mí me gusta experimentar. El último disco que hice fue una obra llamada “Medea”, de un compositor flamenco que se llama Manolo SanLúcar. En realidad es un ballet, coreografía de SanLúcar, para el Ballet Nacional de España. SanLúcar me dijo que escogiera movimientos de ese ballet para crear un concierto para guitarra y orquesta, y lo grabamos en Tenerife.

¿Hobbies?

– Me gusta el vino. Me gusta vivir.

¿Qué has sentido de especial en tus presentaciones en Latinoamérica?

– Lo más cercano a Cuba para mí es Latinoamérica, la gente es dulce y agradable. Me gustaría ir a algunos lugares a los que nunca he ido.

¿Cuáles?

– Me gustarla ir a Argentina y Perú, lugares donde no he estado todavía… otros países también.

¿Qué puedes decirnos sobre “Concierto Barroco”?

– Lo he tocado antes y lo he grabado. Es basado en una novela de Carpentier que se llama Concierto Barroco, donde hay un capítulo que se desarrolla en Venecia. Allí, algunos compositores barrocos europeos se tropiezan con un esclavo negro cubano tocando en cazuelas. Le pregunté a Roberto Sierra, un excelente compositor puertorriqueño, si le gustaría escribir sobre la obra, y a él le encantó la idea.

¿Qué hace especial tu trabajo con Roberto Sierra?

 – Yo creo que es un gran compositor, uno de los mejores de Latinoamérica e incluso de Estados Unidos, y está el vínculo que él sea puertorriqueño y yo cubano, dos culturas muy parecidas. Además, en sus composiciones el emplea elementos de nuestra música caribeña. Lo conozco desde la década de los ochenta, pero sobre todo me vincula a él su calidad como compositor.

¿Tu conexión con Puerto Rico?

– Yo quiero mucho a Puerto Rico y a su gente. Para mí es lo más cercano a estar en Cuba: estar allí con los muchachos y los maestros, somos muy parecidos. Es un lugar precioso…llegar a San Juan en avión y ver el Mar Caribe es algo hermoso.

¿Algún modelo en el aspecto artístico?

Hay muchas influencias. En lo que se refiere a la guitarra, cada día admiro más a Andrés Segovia.

domingo, 3 de noviembre de 2013

“Fiesta en Tampa”: un homenaje a Ernesto Lecuona

Ernesto Lecuona (izq), junto a César Gonzmart, dueño del restaurante Columbia. Foto cortesía del restaurante Columbia (1950).

Por Leonardo Venta

Bajo la batuta de uno de los dos ganadores del III Premio Internacional Eduardo Mata 2007, Damon Gupton, y patrocinado por el centenario restaurante Columbia, la Orquesta de la Florida (TFO, por sus siglas en inglés) ofreció el miércoles 16 de octubre de 2013 un concierto especial titulado "Fiesta en Tampa”.

La velada, programada dentro del marco de las celebraciones del Mes de la Herencia Hispana, honró la música del gran compositor y pianista cubano Ernesto Lecuona (1896-1963). Richard Gonzmart, presidente del restaurante Columbia, abrió el concierto con emotivas palabras: "Mi padre [César Gonzmart] era el violinista concertino de la Orquesta Sinfónica de La Habana, bajo la dirección de Ernesto Lecuona en 1945, cuando conoció a mi madre [Adela Hernández], que recientemente se había graduado de Juilliard y estaba de gira como artista invitada con la Orquesta Sinfónica de La Habana. Se casaron en 1946 y el resto es historia. Yo nací escuchando la música de este gran compositor. Si no fuera por el Maestro Lecuona, no estaría aquí hoy".

Partituras de Lecuona, Heitor Villa-Lobos, Georges Bizet, Manuel de Falla, Emmanuel Chabrier y Arturo Márquez se escucharon en la Sala Carol Morsani, la más espaciosa del Straz Center de Tampa. El programa,a su vez, contó con la actuación de la bailarina española Carolina Esparza, que ha actuado como figura principal de la compañía “Sombras Flamencas”, así como con su propia agrupación danzaria “Candela Flamenco Dance Company”. El homenaje, lleno de emociones, ofreció además un documental fílmico biográfico del aclamado compositor, el cual abandonó Cuba el 6 de enero de 1960 para establecerse en Tampa. Murió en 1963 en Santa Cruz de Tenerife, adonde viajó para rastrear el aliento natal que diera vida a su padre: el periodista Ernesto Lecuona Ramos.

La Orquesta inició el concierto con “Andalucía”, “Gitanerías” y la muy apludida “Malagueña”, tres de las seis piezas de la “Suite Española” (1919) de Lecuona, A continuación, los oídos de la audiencia se deleitaron con la exótica dulzura de las “Bachianas Brasileiras núm. 5” - la más famosa del ciclo de nueve compuesta por el compositor brasileño Heitor Villa-Lobos para soprano y ocho violonchelos –. Aunque esta ocasión no contaron con el servicio de los violenchos ni de la voz más aguda de las voces humanas. Creadas entre 1930 y 1945, las Bachianas son nombradas de esa forma debido a que Villa-Lobos quiso fusionar en ellas el folclore carioca con el estilo del compositor barroco alemán Johann Sebastian Bach, a quien admiraba hondamente.

Luego, la destacada agrupación floridana interpretó selecciones de la ópera “Carmen” de Georges Bizet, tan asociado al apellido Alonso para aquellos que admiramos el arte de las puntas, incluyendo "Aragonaise", de la Suite núm. 1; así como "Habanera" y "Danse Bohème", de la Suite núm. 2. Antes de la llegada del coqueto intermezzo, “La danza española núm. 1” de la ópera “La vida breve” de Manuel de Falla – apasionante fusión de estilos flamencos y variados perfiles melódicos y rítmicos –, cobró movimiento y forma en la cadencia danzaria de Carolina Esparza, acompañada de Jennifer Tellone y Gelsy Torres, en un 'paso a tres' sin muchas variaciones coreográficas.

Terminado el acostumbrado ritual de vestíbulo de teatro, con el tintinear de luces convocándonos nuevamente a nuestra íntima cita con la música, desde la radiante penumbra de nuestras acechantes melifluas butacas, gustamos de la rapsodia para orquesta “España”, compuesta por un francés de estilo y armonías poco convencionales: Emmanuel Chabrier (1841-1894), para dar paso al genio gaditano de Falla, esta vez mediante “La danza del Molinero” de la ópera “El sombrero de tres picos” – en una doble seducción a nuestros sentidos visuales y auditivos, a través del vivificante colorido orquestal de TFO y la exuberante entrega danzaria de Carolina Esparza, quien esta vez nos inmergió indubitablemente en el arrebatador espíritu del folclore español desperezado en el impresionismo heredado por Falla de compositores franceses como Claude Debussy y Maurice Ravel.

De Europa, nos trasladamos otra vez a la efusión sinfónica cubana, fundida al legado africano, español y a contenidas exiguas y cuestionadas espiraciones amerindias. De los exitosos recitales de Lecuona en París, en 1928, donde interpretó selecciones de su primera colección de danzas cubanas, dijo Maurice Ravel, uno de los maestros modernos de la orquestación: “Esto es más que tocar el piano”. Se publicaron dos colecciones más de danzas de Lecuona en 1929 y 1930, la última fue denominada danzas afrocubanas. De esta serie, “Danza lucumí”, la cual se popularizó en Estados Unidos como “From One Love to Another (De un amor a otro)”, fue interpretada por la Orquesta de la Florida en la segunda mitad del concierto. Le siguió “La comparsa”, para muchos, una de las danzas que mejor define la cubanía, compuesta por un Lecuona de sólo 17 años de edad. El escritor e intelectual Jorge Mañach la definió como la “lejanía que se va haciendo poco a poco presencia, que tiene un momento de auge frenético y vuelve a perderse luego en melancólico disminuendo”, para catalogarla como “una de las composiciones de Lecuona en que la inspiración negra es más evidente, pero sin que se sobreponga al matiz criollo, a ciertas nostalgias de otras cosas que no son la selva pura y que están metidas en nuestra alma con no menos raigambre: la tristeza siboney y la alegría blanca”.


Finalmente, la Orquesta de la Florida interpretó el delicioso “Danzón No. 2” del compositor mexicano Arturo Márquez, en el que el clarinete establecía un diálogo henchido de sabor cubano con el resto de los instrumentos solistas. No tuvimos que suspirar por el siempre ansiado estimulante ‘encore’, para luego deslizarnos con musicalidad en fuga por lo corredores del teatro rumbo a la rutinaria cotidianidad de una ciudad que acogiera, en sus últimos años de vida, al genio musical cubano que compuso más de 176 piezas solamente para piano, 37 obras para orquesta (entre ella tres para piano y orquesta), 406 canciones, muchas de las cuales han sobrevivido el embate del tiempo, así como notables operetas, ballets, zarzuelas, revistas y óperas.

martes, 24 de septiembre de 2013

Lecuona en Tampa


Un concierto celebrando el Mes Nacional de la Herencia Hispana, incluyendo música de Ernesto Lecuona y otros compositores. El concierto no es parte de la temporada regular de la Orquesta de la Florida.

miércoles, 19 de junio de 2013

Edificando el puente La Habana-Tampa (I)

La visita a La Habana del notable concertino Jeffrey Multer respondió al proyecto de intercambio plurianual de la Orquesta de la Florida (TFO) y la Orquesta Sinfónica Nacional de Cuba (OSN). Foto: Thomas Bruce

Por Leonardo Venta

El concertino estadounidense Jeffrey Multer fue el principal atractivo del programa que ofreció la Orquesta Sinfónica Nacional de Cuba (OSN), el pasado 12 de mayo, Día de las Madres, en el Teatro Nacional de la cadenciosa isla caribeña. Multer, que ha labrado una sólida reputación en su trayectoria como músico, desempeña el puesto de primer violín de la Orquesta de la Florida (TFO) desde la temporada 2005/06.


La visita a La Habana del notable violinista respondió al proyecto de intercambio plurianual de la agrupación sinfónica floridana con la Orquesta Sinfónica Nacional de Cuba, el cual comenzó en 2011, cuando un quinteto de músicos de viento de TFO interpretaron piezas de George Gershwin y otros cinco compositores en el Oratorio de San Felipe Neri, en la hechicera Habana Vieja.

A su vez, en mayo de 2012, el director titular de la Orquesta Sinfónica Nacional de Cuba, Enrique Pérez Mesa, se hizo cargo de la Orquesta de la Florida en conciertos ofrecidos en Tampa, St. Petersburg y Clearwater, en ese orden. En octubre y noviembre del mismo año, la Orquesta Sinfónica Nacional de Cuba se presentó en el histórico Círculo Cubano de Ybor City, junto a solistas de la Orquesta de la Florida, así como en el Mahaffey Theater de St. Petersburg.

Junto a Multer, esta vez viajaron a La Habana, Michael Pastreich, director ejecutivo (CEO, por sus siglas en inglés) de la Orquesta de la Florida, y Henry Adams, director adjunto de marketing y comunicaciones de dicho organismo, con el propósito de afianzar los lazos de reciprocidad entre ambas instituciones. De esta forma, la intervención del concertino como líder y solista con la OSN, y las clases magistrales que ofreciera en el Conservatorio Amadeo Roldán y el Instituto Superior de Arte (ISA, por sus siglas en español) ratificaron ese propósito.

El concierto del 12 de mayo, en su primera parte contó con piezas de Händel, Bartók y Bach. Multer, a la par que ejecutó el violín, guió a sus colegas cubanos desde su estrado musical, prescindiendo de los servicios de un director de orquesta, a la usanza de los conciertos barrocos del siglo XVII y primera mitad del XVIII, uno de los períodos históricos más revolucionarios en la historia de la música. En la segunda mitad del concierto, todos los oídos se aguzaron para escuchar las notas emanadas por el violín de Multer, quien en calidad de solista interpretó el “Concierto para violín en re menor, opus 47” (1903), de Sibelius, bajo la batuta de Enrique Pérez Mesa.

En tanto, Michael Pastreich se reunió con Enrique Pérez Mesa para planear la ejecución de otros movimientos de la solidaria sinfonía compuesta por ambas agrupaciones musicales. El próximo movimiento – "vivace e ritmico" – constituye una visita a la bahía de Tampa de cuatro percusionistas de la OSN, en marzo de 2014, los cuales colaborarán con los percusionistas de TFO al interpretar música cubana de cámara. Del mismo modo, los solistas antillanos ofrecerán clases magistrales de percusión y ritmos cubanos.

Henry Adams, que a pesar de ser estadounidense, habla un castellano admirable, sirvió en este viaje, entre otras valiosas funciones, de intérprete. Si bien, la institución sinfónica de la isla proveyó los valiosos servicios de Teresa Fernández – en palabras de Adams –, “una traductora e intérprete de primera categoría, una virtuosa del castellano, la cual facilitó la comunicación entre Multen y los músicos cubanos en los ensayos, las clases magistrales – impartidas a jóvenes violinistas con altas aspiraciones profesionales – y muchas otras actividades en las que intervinieron los huéspedes estadounidenses junto a sus colegas cubanos”. Si bien, el lenguaje universal de la música no requería de intermediarios bajo el armonioso firmamento de la solidaridad.

Continuaremos el recuento de este entrañable abrazo entre dos culturas vecinas, vinculadas por históricos lazos de hermandad, con anécdotas e impresiones en exclusiva de Jeffrey Multer, Henry Adams y Michael Pastreich.

Edificando el puente La Habana-Tampa (II)


A un costado del Capitolio, se encuentra el Gran Teatro de La Habana, un icono arquitectónico de la capital de la Mayor de las Antillas, sede del Ballet Nacional de Cuba. Mientras se realizan tareas de renovación en el mismo, el ballet cubano se presenta en la Sala Avellaneda del Teatro Nacional de Cuba. Foto: cortesía de Henry Adams

Por Leonardo Venta

“Esta vez, teníamos amigos en La Habana. Ya no éramos extraños".
Michael Pastreich

La llegada 


Una soleada tarde caribeña – el lunes 6 de mayo de 2013, para ser más precisos – llega un avión proveniente de Miami a La Habana entre cuyos pasajeros figuran el concertino Jeffrey Multer, y el director ejecutivo de la Orquesta Sinfónica de la Florida (TOF), Michael Pastreich. En el aeropuerto les espera una cubana –Teresa Fernández – que metamorfoseaba, como por magia, el sabroso español caribeño en relajado inglés estadounidense, y viceversa. Alrededor de las seis de la tarde, los visitantes se instalan en el Hotel Presidente, que fuera el edificio más grande de la ciudad en la década de los veinte. Luego cenan con el director titular de la Orquesta Sinfónica Nacional de Cuba (OSN), Enrique Pérez Mesa, y su esposa.  

Dos días después 

 

Una espléndida puesta del sol en el Malecón habanero. Foto: cortesía de Henry Adams
La cálida mañana del miércoles, 9 de mayo, Henry Adams, director general adjunto de marketing y comunicaciones de la orquesta floridana, arriba al aeropuerto José Martí; le acompañan dos reporteros de Bay News 9: Tony Rajek y Verónica Cintrón. Ese mismo día, Jeff Multer realiza su primer ensayo junto a la OSN en el Teatro Nacional de Cuba. Cuando la tarde comienza a dilatar su tramoya de mar, brisa, diáfanos colores y acechantes sombras, los visitantes realizan un paseo por el Castillo del Morro, a la entrada de la bahía, con esencia a vaivén de agua y cantos marineros.

Ensayos y camaradería


El concertino de la Orquesta de la Florida, Jeff Multer, junto a su similar de la Orquesta Sinfonica Nacional de Cuba, Augusto Diago, ensayan en la Sala Covarrubias del Teatro Nacional de Cuba. Foto: cortesía de Henry Adams


Jueves, viernes y sábado – desde horas de la mañana hasta ya bien arrinconado el mediodía – se repiten los edificantes necesarios ensayos, en tanto el violín de Jeffrey se empeña en lanzar reverentes guiños a sus colegas isleños.
 

Jeffrey imparte clases  

 

 El habanero Instituto Superior de Arte (ISA), una gema arquitéctonica
 
El cuarto día de la semana – “Jovis dies” – Jeffrey ofrece su primera clase magistral en el Conservatorio Amadeo Roldan, edificio de fachada neoclásica, interior ecléctico, y solemne exterior manierista. Su última clase la imparte el lunes, 13 de mayo, en el Instituto Superior de Arte (ISA, por sus siglas en español) – Cubanacán – una sutileza arquitectónica donde el espacio fluye; se integra al éxtasis de la naturaleza caribeña; asila la luz de un bruñido sol tropical; se tiende magnificente sobre la falda del surrealismo, para sorprender con el sagaz salto de un inaprensible insubordinado gesto, henchido de metáforas culturales que abrazan la tradición colonial y la cultura negra en Cuba.
 
Disfrutando La Habana

 
Jeff Multer y Michael Pastriech departen con el artista gráfico e impresor Ibrahim Miranda, notorio por haber transcrito a la plástica el genio poético de José Lezama Lima.
Foto: cortesía de Henry Adams

El sábado, finalizado el ensayo, los visitantes no deponen su feraz apetito habanero. Se dirigen al estudio del artista gráfico e impresor Ibrahim Miranda, notorio por haber transcrito a la plástica el genio poético de José Lezama Lima. A la caída del sol, como rescindiendo de un salto el ancestral reposo sabático, Henry y Michael acuden a una cita con la danza, otro de los gestos culturales más significativos de 'la cubanía', para el erudito Fernando Ortiz, “cubanidad plena, sentida, consciente y deseada”.

Esta vez, la ‘cubanía-española’ – ¿si cabe el término? –, que da al cubano un vibrante matiz – a la par de la herencia africana – agasajó a sus vecinos estadounidenses con una fascinante función de danza ibérica ofrecida por la Compañía de Irene Rodríguez, directora artística, primera bailarina, maître y coreógrafa, licenciada en arte teatral y directora general de dicha agrupación.

Después de catar el embrujo español de una cálida noche habanera, Henry y Michael regresan a su casi centenario acicalado hotel, para caer en los brazos de Somnus, en vísperas del concierto del domingo.


Antesala al concierto


Vista del Convento de San Francisco de Asís y la populosa Plaza Vieja, en La Habana Vieja, que actualmente sirve de local/sitio para conciertos y festivales de música. Foto: cortesía de Henry Adams

Amanece la híbrida urbe con sus rumores cotidianos de insomnes tambores solariegos, soneras claves, rumberas caderas mulatas, lacrimosas señoriales tendederas, amodorrados transeúntes – con la cruda de la noche anterior a cuestas – sin tener en cuenta que es domingo, mucho menos Día de las Madres – aplastados por la máxima maslowiana: resolver, inventar, inventar… soñar, si se puede. En tanto, otro tipo de mañaneros comienza a llegar a la Sala Covarrubias del Teatro Nacional, en busca del néctar de un concierto que se ofrece demasiado temprano – las once de la mañana – para el trasnochador espíritu habanero.

Se ensancha la armonía

Jeffrey Multer Foto: Thomas Bruce

Comienza el concierto. El barroco europeo se pone guayabera y smoking americano. Todas las miradas se vuelven hacia Jeffrey Multer, todos los oídos se aguzan para escuchar su interpretación del menudo admirable instrumento; para sopesar su pasión, entrega y virtuosismo; los músicos de la OSN repasan con admiración, cada vez que la lectura del pentagrama se los permite, su semblante, sus entregados gestos. Jeffrey, a la par que ejecuta el violín, guía a sus colegas cubanos desde su estrado musical a la usanza de los conciertos barrocos del siglo XVII y primera mitad del XVIII.


El programa incluye la “Entrada de la Reina de Saba”, del oratorio “Salomón” (1749), de Händel; “Danzas folklóricas rumanas” (1915), de Bartók; y la “Suite orquestal núm. 3 en re mayor BWV 1068”, de Bach. En la segunda mitad, el artista invitado, en calidad de solista, acompañado de la OSN, bajo la batuta de Pérez Mesa, ejecuta el “Concierto para violín en re menor, opus 47” (1903), de Sibelius.

Epílogo

Cesa la música. El público, consciente del momento histórico que vive, ofrece una ovación de pie. Los aplausos cobran entrañable relevancia. Las emociones afloran, aúnan, consuelan, sanan, liberan, edifican; a la salida del teatro, miradas fraternales de aprobación, y fuertes estrechones de manos profieren expectativas de un mañana mejor. 

Edificando el puente La Habana-Tampa (y III)

 Por varias semanas consecutivas venimos publicando un reportaje acerca de la reciente visita a La Habana de Jeffrey Multer, concertino de la Orquesta de la Florida (TFO); Henry Adams, director general adjunto de marketing y comunicaciones de dicha institución; y su director ejecutivo Michael Pastreich.


Hemos recreado – con perceptivas pinceladas – los datos referentes al viaje, algunos detalles del concierto en que intervino Multer, como solista invitado junto a la Orquesta Sinfónica Nacional de Cuba (OSN), en el habanero Teatro Nacional; las clases magistrales ofrecidas por el mencionado violinista en el Conservatorio Amadeo Roldán y el Instituto Superior de Arte (ISA).

No obstante, todo reportaje tiene un imprescindible eje: la enseña del buque llamado información. A nuestro juicio, las impresiones de estos tres hombres constituyen el más elocuente eslabón de este trabajo periodístico. Apoyándonos en nuestro indagador inalámbrico, hemos recopilado de un modo directo sus anécdotas y opiniones; de la misma manera en que aquí se las ofrecemos. ¡Recíbanlas fraternalmente!

Jeffrey Multer, la fraterna armonía de un violín

EL concertino Jeffrey Multer ofrece una clase magistral en el habanero Conservatorio Amadeo Roldán.
Foto: cortesía de Henry Adams
“Es mi primera visita a Cuba. Sólo tuve la oportunidad de conocer La Habana, una ciudad con muchos contrastes: zonas muy hermosas y otras lo opuesto”, indica Multer. Sobre la relevancia de su viaje, aclara: “Es una experiencia estimulante, parte del proyecto de intercambio cultural de la Orquesta de la Florida con nuestros colegas cubanos”.

Al preguntarle, en el plano personal, qué resultó lo más apasionante del viaje para él, Multer resalta: “Lo que más disfruté fue enseñar a los estudiantes de música, así como los ensayos con los artistas cubanos. El concierto en sí fue muy bueno; pero como he tocado en numerosos conciertos, los ensayos fueron la parte más atractiva y amena para mí, a pesar de que no hablo castellano y necesité del auxilio de una intérprete”.

Luego de una afinada pausa, insiste el violinista: “Para mí, lo mejor de todo el viaje fue el contacto directo con los músicos cubanos. A pesar de que ellos estuvieron en Tampa en 2012, en aquella oportunidad solamente tocamos juntos una pequeña pieza de un concierto de Bach, y compartimos en un solo ensayo de una hora y media. En La Habana tuve la oportunidad de trabajar por más tiempo con la Orquesta Sinfónica Nacional de Cuba. Fueron cinco días de extensos ensayos”.

Al referirse al concierto del domingo, 12 de mayo, en el Teatro Nacional de Cuba, junto a sus colegas caribeños, explica Multer: “Fue el Día de las Madres, a las 11 de la mañana. A pesar de haber aire acondicionado en el teatro, el intenso calor del mediodía habanero se adueñó de la sala. Al punto agrega: “La razón del programa era tener la habilidad de trabajar con los músicos cubanos en la mayor cantidad de formas posibles. En la primera parte tocamos música barroca, sin un director. Yo dirigí desde mi sitial de primer violín a la usanza del período barroco. En la segunda mitad, el director titular de la OSN, Enrique Pérez Mesa, nos dirigió en el “Concierto para violín” de Jean Sibelius. Yo me desempeñé como solista”.

Al inquirirle sobre el sello interpretativo de los músicos cubanos, Multer no vacila en calificarlos de “apasionados y energéticos”, pero en ningún sentido encuentra diferencias entre ellos y otros músicos con los que ha tocado en orquestas de Estados Unidos. Sobre si desea volver a la isla, comenta: “Regresaría a Cuba. Todos disfrutamos mucho del viaje. Me gustó trabajar con el director, con los músicos; además me agradaría conocer algo más que La Habana”.
 
Henry Adams, un cubano por ósmosis

(De izquierda a derecha) Henry Adams, Teresa Fernández, Jeffrey Multer y Enrique Pérez Mesa, en El Vedado. Foto: cortesía de Henry Adams

Con el señor Henry Adams – un estadounidense que habla impecablemente el castellano – dialogamos por largo rato. Él sirvió en este viaje, entre otras valiosas funciones, de intérprete. Si bien, la institución sinfónica antillana proveyó los servicios de Teresa Fernández – según Adams –, “una traductora e intérprete de suma calidad”. Al respecto comenta con amable humildad: “Claro que tuve que desempeñar el papel de intérprete y lo que yo llamo ‘embajador callejero’, en que fui el que hablaba con todo el mundo allí representándonos, no sólo como integrantes de TFO sino como norteamericanos y seres humanos forjando amistades en Cuba”.


No sólo le impactaron favorablemente los músicos de la OSN – entre los cuales conoce a varios después de dos encuentros con ellos (primero en octubre de 2011, en La Habana; y el segundo, en noviembre de 2012, en el área de la Bahía de Tampa) –, sino también el pueblo cubano en general. A propósito, señala Adams: “La gente es sumamente acogedora, muy agradable, muy amable, y no sólo hablo de los músicos de la Orquesta Sinfónica Nacional de Cuba, también me refiero a los cubanos con los cuales hablé en la calle…sean amas de casa, taxistas, estudiantes, soldados, obreros, camareros y hasta pescadores en el Malecón”.

Este viaje, su segundo a la isla, tuvo una doble significación para él. Profesionalmente, constituyó la responsabilidad histórica de saberse protagonista del antedicho intercambio cultural; y en el aspecto personal robusteció lo que él califica su “cubanía por osmosis”. Adams vivió parte de su vida en España – nación que ha mantenido uno de los vínculos históricos más fuertes y amplios con Cuba entre todos los países latinoamericanos –. En sus años estudiantiles en la universidad, tuvo dilectos profesores y amistades originarias de la Mayor de las Antillas; de igual manera, su esposa, Haydée Gutiérrez, es una habanera que radica junto a él en la hermosa ciudad floridana de Saint Petersburg.

Al calificar el concierto celebrado en La Habana, al que asistieron destacadas personalidades de la vida cultural cubana, Adams no escatima elogios. Asimismo, pondera la disposición de ánimo del concertino Multer, especialmente en los ensayos: “La actitud de Jeffrey se caracterizó sobre todo en los ensayos por una admirable humildad. En todo momento mantuvo un contacto de sencillez con los músicos cubanos, como si fuera uno más de ellos: algo no muy frecuente cuando nos referimos a solistas de conciertos. En este caso, el lenguaje de la música y la fraternidad se fundieron admirablemente para superar los obstáculos de dos idiomas diferentes”.

“Lo bueno de observar el proceso de los ensayos – que al igual que el concierto se efectuó en la Sala Covarrubias del Teatro Nacional de Cuba, ya que el Teatro Amadeo Roldán, sede permanente de la OSN, estaba cerrado por renovaciones – me permitió constatar personalmente como Jeff comunicaba a los integrantes de la orquesta cubana lo que quería de la música de Händel, Bartók y Bach. Se comunicaban admirablemente entre sí, a través de un simple gesto de cabeza, marcando un ritmo con la voz, o entonando una frase con el violín para ilustrar alguna sutileza. Así, desde el primer ensayo hasta el día del concierto, se fue obrando el milagro de la metamorfosis oruga a mariposa”, expone Adams, mientras su tono cobra noble aliento.

Al instante asevera, como gustando con la inflexión de su voz estrenadas memorias: “Esta segunda visita a Cuba ha fortalecido mis relaciones profesionales y amistosas con músicos y otros artistas cubanos. Nos hemos familiarizado un poquito más con los barrios habaneros: La Habana Vieja, Centro Habana y El Vedado, principalmente. También, fuimos a Vistamar para cenar con colegas, y tuve la suerte de visitar Alta Habana, donde vivía mi esposa cuando niña”.

Su expresión excede amordazados horizontes, cuando añade: “Parte del intercambio es también familiarizarnos con otros aspectos de la vida cultural y artística cubana fuera de la sala de conciertos y la música”, para depositar en el espacio otra edificante frase en búsqueda de entrañables ecos receptivos: “Somos seres humanos con más elementos comunes y fraternos que aquellos que nos separan y dividen”.

Michael Pastreich, colofón de un sentir común   


El concertino y el presidente de la Orquesta de la Florida, Jeff Multer y Michael Pastreich, respectivamente, en su visita al estudio del artista plástico cubano Ibrahim Miranda. Foto: cortesía de Henry Adams

Para Michael Pastreich, lo más significativo de la reciente visita a tierra antillana, se puede explicar en varios niveles. “En última instancia, TFO persigue aunar nuestras dos comunidades. La música, un área en la que nuestros dos países se acoplan perfectamente, puede desempeñar un papel decisivo en sanar heridas y salvar diferencias. En otro nivel, hemos afianzado una relación más estrecha con nuestros colegas cubanos a través de los años. Esta vez, teníamos amigos en La Habana. Ya no éramos extraños”. 
 
Por último, afirma Pastreich – quien se reunió con Enrique Pérez Mesa para programar los venideros conciertos y clases magistrales que ofrecerán cuatro percusionistas cubanos en la bahía de Tampa, para marzo de 2014 –, “me fascinó constatar como ha progresado la restauración de La Habana Vieja desde mi última visita hace dos años. La ciudad es fascinante y hermosa".

lunes, 6 de mayo de 2013

Se presenta en Cuba concertista de la Orquesta de la Florida



El concertino Jeff Multer salió el pasado martes, 6 de mayo, rumbo a la capital cubana para ser el solista invitado en el concierto que ofrecerá la Orquesta Sinfónica Nacional de Cuba el domingo, 12 de mayo, en el Teatro Nacional, como parte de un intercambio cultural con instituciones musicales de la isla que comenzara en 2011.
Fotógrafo: Thomas Bruce

Por Leonardo Venta

El concertino Jeffrey Multer será el solista invitado del programa que ofrecerá la Orquesta Sinfónica Nacional de Cuba, el 12 de mayo, en el Teatro Nacional de la vecina isla antillana; espacio donde interpretará el “Concierto para violín en re menor, opus 47” (1903), del compositor finés Jean Sibelius, uno de los últimos exponentes del romanticismo musical del siglo XIX.


Multer comenzó sus estudios de violín a la temprana edad de cinco años. A los 16, se trasladó a Nueva York para continuar su aprendizaje en la exclusiva Juilliard School: el sueño docente de cualquier artista. Se ha presentado en escenarios de la magnitud del neoyorquino Lincoln Center, el Mozarteum de Salzburgo, el praguense Rudolphinium, así como los washingtonianos Kennedy Center y la Galería Nacional de Arte. En calidad de primer violín ha trabajado con destacadas orquestas sinfónicas y grupos de música de cámara. Sirvió de concertino interino durante ocho conciertos de la serie “Obras Maestras” que ofreció la Orquesta de la Florida durante la temporada 2004/05. Fue designado primer violinista oficial de dicha agrupación durante la temporada 2005/06.

La visita a la Mayor de las Antillas del destacado violinista estadounidense responde al proyecto de intercambio plurianual de la importante agrupación musical floridana con la Orquesta Sinfónica Nacional de Cuba. La primera fase sobrevino en 2011, cuando Robert Rearden (corno francés), Clay Ellerbroek (flauta), Katherine Young (oboe), Anthony Georgeson (fagot) y Brian Moorhead (clarinete), en representación de la institución estadounidense interpretaron piezas de George Gershwin y otros cinco compositores en un histórico concierto en el Oratorio de San Felipe Neri, en La Habana Vieja.

A su vez, en mayo de 2012, el laureado director titular de la Orquesta Sinfónica Nacional de Cuba, Enrique Pérez Mesa, en su debut en Estados Unidos, se hizo cargo de la Orquesta de la Florida en conciertos en Tampa, St. Petersburg y Clearwater, respectivamente. El programa incluyó el solo para timbal y orquesta “Cubanitis”, del compositor James Lewis; y el estreno por la Orquesta de la Florida de dos temas de compositores cubanos: “Penthesilea: Preludio”, de Carlos Fariñas; y “Ritmotiv”, de Guido López-Gavilán.

En octubre y noviembre de 2012, la Orquesta Sinfónica Nacional de Cuba realizó su primera histórica gira de un mes por Estados Unidos, haciendo emotivas presentaciones el martes, 6 de noviembre, en el Círculo Cubano de Ybor City, junto a solistas de la Orquesta de la Florida; y el miércoles, 7 de noviembre, en el abarrotado Mahaffey Theater de St. Petersburg, en un programa que incluyó “Tributo a Lecuona” y “Guaguancó”, del maestro Guido López-Gavilán, quien compartió la batuta con Enrique Pérez Mesa. El pianista invitado fue Ignacio “Nachito” Herrera, cubano residente en Minneapolis.

El dominical concierto del próximo 12 de mayo será netamente barroco. Multer, a la par que ejecutará el más pequeño y agudo de los instrumentos de cuerda, guiará a sus colegas cubanos desde su estrado musical como primer violín. El programa incluirá la “Entrada de la Reina de Saba”, del oratorio “Salomón” (1749), de Händel; “Danzas folklóricas rumanas” (1915), de Bartók; y la “Suite orquestal núm. 3 en re mayor BWV 1068”, de Bach. En la segunda mitad, los instintos sonoros de la audiencia se enfocarán en el violín de Multer, cuando éste interprete en calidad de solista el “Concierto para violín en re menor, opus 47” (1903), de Sibelius, bajo la batuta de Enrique Pérez Mesa.

Pérez Mesa asimismo ha preparado condiciones para que Multer ofrezca clases magistrales en el Conservatorio Amadeo Roldán y en el Instituto Superior de Arte (ISA), este último dentro del hechizante espacio de Cubanacán. En octubre de 2012, escribimos un artículo sobre el laureado documental “Espacios inacabados (Unfinished Spaces)”, que aborda la conmovedora odisea de las escuelas de arte de Cubanacán y sus arquitectos.

A su vez, funcionarios de la orquesta floridana planean reunirse en La Habana con líderes del Instituto Cubano de la Música (ICM), además de importantes personalidades del ámbito cultural cubano para explorar nuevas y fructíferas avenidas de intercambio entre ambas instituciones.