La imaginación ofrece a la razón, en sus horas de duda, las soluciones que ésta en vano sin su ayuda busca. Es la hembra de la inteligencia, sin cuyo consorcio no hay nada fecundo”.
José Martí

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viernes, 26 de octubre de 2018

Freddy Montes será homenajeado en la Gala del 20.° Aniversario de CDC

Freddy Montes es sobrino del legendario Bebo Valdés y primo del no menos icónico Chucho Valdés 

Por Leonardo Venta 

              El Centro Comunitario del Área de la Universidad (CDC, por sus siglas en inglés), ubicado en el 14013 N 22nd Street, Tampa, Florida 33613, anuncia una espectacular fiesta de máscaras el sábado, 3 de noviembre, en celebración de su 20.º Aniversario, presentada por Florida Hospital Tampa, en un evento en el que no faltarán detalles tan seductores como una galería con demostraciones de arte en vivo, subasta silenciosa, cena y baile, barra de martini, postres, así como la oportunidad de fumarse un puro bajo las estrellas, arrobados por la excelente música de destacados artistas en vivo.
            El eminente percusionista, compositor, arreglista y cantante cubano Freddy Montes –sobrino del legendario Bebo Valdés y primo del no menos icónico Chucho Valdés– recibirá el reconocimiento "Legado de campeones" en el evento, junto a otras personalidades de nuestra comunidad, por su gran aporte a CDC. A raíz de este homenaje, entablamos una conversación con Montes que  ha cobrado felizmente forma de entrevista.


Eres muy popular entre nosotros, pero para quienes son nuevos en nuestra comunidad, ¿cómo le gustaría a Freddy Montes ser presentado?

Me gustaría que me presentaran como una persona sencilla que ama lo que hace, mi carrera o profesión: la música.

¿En qué parte de Cuba naciste y dónde resides actualmente?

Nací en el municipio habanero de Marianao, pero me inscribieron en Quivicán. En La Habana también nació mi madre y es de donde proviene esta familia Valdés . Actualmente resido en Tampa.

Vienes de una familia de grandes músicos, ¿pudieras sintetizarnos su relación contigo e  influencia en tu carrera?

Tenemos una relación familiar sumamente compenetrada, pues a petición de mis abuelos maternos se adquirió una casa bien grande para tratar de mantener a todos los hijos y nietos juntos, o la mayor parte de miembros posibles. Fue una casa muy alegre y con mucho amor, donde ya alrededor de las siete de la mañana se escuchaban estudios de música clásica y afuera la radio con guarachas, sones, boleros, danzones y toda una gama de ritmos de esa época.

¿Cómo descubres y evoluciona tu vocación artística?

Tuve facilidad desde muy pequeño para retener tanto la melodía como la orquestación de piezas clásicas o populares. Bebo [Valdés] lo comenta en la casa y es mi primer maestro de música y me califica como "show man", porque me gustaba mucho bailar. Después, la maestra Chiquitica Herrera me da un impulso muy alto con clases de solfeo y teoría, con el contrabajo como instrumento. Estos fueron mis inicios.

¿Te acompañas siempre de la guitarra o utilizas otros instrumentos?

La guitarra es el instrumento que preferiblemente más ejecuto, pero toco otros instrumentos casualmente para acompañarme.

¿Puedes hablarnos de tu repertorio?

Es muy diverso. Abarca numerosos géneros y estilos, tanto música para escuchar como bailable. Trabajo música pop, funk, blues, jazz, latin jazz, samba, bossa nova, merengue, plena, cumbia y ritmos cubanos y caribeños.

¿Qué significa para ti este reconocimiento en la celebración del 20.º Aniversario de CDC?

Lo recibo con regocijo y mucha alegría, por su esencia de contribución a una causa de apoyo al servicio social. Estoy satisfecho de haber sido elegido en mi campo –el musical–, el cual ayuda, construye, mejora, crea y desarrolla el futuro de nuestros jóvenes en su educación. De mi parte, han sido veinte años de enseñanza.

Tengo entendido que diriges un grupo llamado “Freddy Montes y su Son”. ¿Todavía sigues integrado a esta agrupación?

Mi agrupación musical está activa y hay mucho todavía por hacer.

Sé que enseñas música, ¿cómo te iniciaste en esa práctica?

En Tampa, comencé a impartir clases de guitarra y tambores en Paragon Music Center, con solfeo y teoría. Después, fui incursionando en otros proyectos y, dentro de esos, continúo con este programa donde me encuentro en la actualidad. Siento la satisfacción de haber tenido unos cuantos alumnos de guitarra que son reconocidos  internacionalmente. Algunos son estudiantes que tuve en Cuba.

Como compositor, ¿crees en la inspiración y cómo la experimentas?

Sí, la inspiración y la motivación tienen que convoyarse, ya sea bien para componer una canción o para crear cualquier obra musical. Tienes que darle riendas sueltas a tu sensibilidad y experimentarás diversidad de sentimientos con la finalidad de elaborar puros pensamientos.

¿Cuáles son los estilos musicales y compositores que prefieres  y por qué?

Soy muy diverso en mis gustos. Me encanta la música clásica tanto como la popular, digamos: Mozart, Bach, Chopin, Beethoven, Schubert, Albéniz, Rajmáninov y muchos más. Por otra parte, me gusta la música de Ernesto Lecuona, Osvaldo Farrés, Bebo Valdés, María Grever, José Antonio Méndez, Rafael Hernández, Bobby Capó, Agustín Lara, Armando Manzanero, John Lennon, Paul McCartney y otros. El escuchar esa música me dio para hacer todo lo que hago.

Trabajamos juntos en la obra musical "Antología de Ybor", en la que acompañabas con la guitarra a la cantante Dinorah Rivas y también actuabas. ¿Es la actuación otra faceta tuya como artista?

Sí, te recuerdo en la obra que trabajamos juntos. Acompañé a nuestra Dinorah Rivas con la guitarra y tuve mis partes como un personaje importante, donde ella y yo dialogábamos sobre la historia de Ybor City. Te diré que he estudiado muy poco de actuación y lo hice –aparte de añadir una experiencia más– con el propósito de estudiar y conocer mejor cómo proyectar la voz.

¿Algún modelo a seguir en el aspecto artístico?

Empiezas imitando a una figura consagrada, que te guste, y después debes encontrarte a ti mismo, que es la parte mas difícil, pues tiene muchos requisitos: el conocimiento, la voluntad, la determinación, la perseverancia y la disciplina. Al final, como resultado, debes gustarle al público.

¿Cuál es la experiencia como artista que te ha marcado?

Continúo adquiriendo experiencia en cada actuación, pero sin duda es inolvidable la primera vez que compartes tarima con figuras extremadamente famosas y tienes frente a ti una audiencia de cientos y cientos de personas y te ganas el aplauso. Nunca olvido cuando escuché los aplausos a una canción de mi autoría.

¿Tu mayor triunfo y mayor decepción?

Triunfar es conquistar al público y tratar de complacerlo, tanto ejecutando una composición original o un tema ajeno. Ese el mayor reto, el mayor triunfo. No agradar a la audiencia es, sin lugar a dudas, la mayor decepción.

¿Tus grandes pasiones?

Amo la música, la escogí como profesión. Generalmente, me encanta tocar la guitarra. Por otra parte, amo la sabiduría, siempre me ha gustado prepararme lo más que pueda cada día.

¿Planes?

Mis planes son infinitos y siempre mi primer objetivo es superarme diariamente, mediante la dedicación y el estudio. Estoy grabando un nuevo CD y hay dos más en proyecto.

¿Sueños, anhelos?

Me gustaría ver y escuchar más sobre la historia de la música que hizo bailar al mundo entero desde el principio del siglo XX.

viernes, 3 de marzo de 2017

Al teléfono con Juan Manuel Cañizares: a raíz de su primera aparición en el área de la bahía de Tampa

Cañizares ha sido el primer y único guitarrista flamenco invitado por la Orquesta Filarmónica de Berlín

Por Leonardo Venta

     "La experiencia de Dalí" es un programa de concierto que la Orquesta de la Florida ha dedicado a la música que inspirara al pintor y escultor catalán Salvador Dalí, uno de los líderes del movimiento surrealista de las artes plásticas.
El destacado guitarrista Juan Manuel Cañizares, directamente desde España, interpretará el "Concierto de Aranjuez" de Joaquín Rodrigo. El programa lo integra también la música para el ballet "El sombrero de tres picos", basado en la novela homónima del escritor Pedro Antonio de Alarcón, con música del compositor Manuel de Falla y la intervención de nueve bailarines de la Universidad del Sur de la Florida, bajo la dirección coreográfica de Paula Núñez.
Por otra parte, se ofrecerá "La Valse", un poema coreográfico para orquesta de Maurice Ravel. Complementa la función el Preludio y Liebestod (apertura y muerte de amor) de la ópera "Tristán e Isolda" de Richard Wagner, con la intervención de la mezzosoprano cubana Yetzabel Arias Fernández, una de las mejores intérpretes especializadas en el repertorio de la música barroca y antigua. Todos estarán bajo la batuta del prestigioso director Michael Francis.
Cañizares, que hará su primera aparición en el área de la bahía de Tampa, conversó con este espacio sobre su carrera, ofreció comentarios del instrumento de mástil largo con trastes y cuerdas que magistralmente entona, así como brindó detalles de su vida. Aquí les ofrecemos lo que nos relató telefónicamente directamente desde España.

¿Cómo le gustaría a Juan Manuel Cañizares presentársenos?

Me preguntas cómo me gustaría presentarme a tocar. Pues, sencillo, siendo muy honesto con lo que llevo, dándole un aire español a los conciertos. Llevando un poco el alma del flamenco al escenario y tratar de transmitirlo al público de la mejor manera posible.

¿Cómo evoluciona tu vocación artística?

Aunque yo nací en Cataluña, en una ciudad que se llama Sabadell, mis padres son de Málaga, Andalucía. Desde muy niño yo escuchaba flamenco en casa. Mi padre cantaba. Venían muchos amigos. Después, en la provincia de Barcelona, en los pueblos, habían muchas peñas flamencas, de andaluces y gente del sur. Cada fin de semana se cantaba flamenco, se tocaba la guitarra y se bailaba en la peña. A los seis años yo ya tocaba la guitarra. Escucho flamenco desde que tengo uso de razón. El haber vivido esa experiencia desde la niñez es muy importante para luego poder expresarme mediante el lenguaje flamenco. Y eso es lo que me ha pasado. Para mí, el flamenco es como el lenguaje, algo muy natural.

¿Qué relación hay entre la música flamenca y la guitarra clásica?

Hay mucha relación. Manuel de Falla, Albéniz, Granados, Turina fueron compositores que se fijaron mucho en la guitarra flamenca, y en el flamenco en sí, para componer sus melodías. Es decir, se inspiraron en el flamenco. Yo creo que ambas guitarras, tanto la clásica como la flamenca, cada día están más cercanas porque en el fondo el lenguaje de la música es uno y es universal.

"La experiencia de Dalí" es el título que identifica a los tres conciertos en que intervendrás este fin de semana. ¿Consideras que existe alguna relación entre estas funciones y la experiencia de Dalí?

En el caso del "Concierto de Aranjuez", la pieza que yo interpretaré, existen muchas melodías relacionadas con vivencias españolas, y ,por consiguiente, ha sido un terreno común para Dalí, así como para muchos grandes pintores y artistas en general. Considero que está muy bien el título.

Tengo entendido que es la primera ocasión que viajas a Tampa y te presentas con la Orquesta de la Florida. ¿Qué referencias tienes acerca de esta  agrupación?

Sí, es la primera vez que vengo a Tampa y me presento con la Orquesta de la Florida. Sus integrantes son muy buenos músicos. Aparte de tener una formación excelente como intérpretes, tienen el ritmo, elemento fundamental para interpretar la música española.

¿Cómo surge la idea de estas presentaciones con la Orquesta de la Florida?

El director Michael Francis y yo coincidimos en unos conciertos en Suecia, el año pasado. En aquella ocasión, interpreté el "Concierto de Aranjuez". Hicimos muy buena química. Él es un gran director, muy rítmico. Le gustó como yo interpretaba la composición de Joaquín Rodrigo. Aquel encuentro, determinó este viaje a Tampa.

¿Qué significación tiene para ti este viaje a Tampa?

Para mí, lo fundamental es que la gente sea feliz, que vaya al concierto, se la pase bien y tenga una experiencia maravillosa. Todo lo  hacemos para el público. Y eso es lo que trataré de conseguir cuando toque en Tampa.

Joaquín Rodrigo murió en el año 1999. ¿Tuviste la oportunidad de conocerlo?

Lo vi en un concierto de Paco de Lucía, en 1991, en el pueblo Torrelodones, en Madrid. El maestro Rodrigo estaba en el público para escuchar el "Concierto de Aranjuez". No tuve la oportunidad de saludarlo.

 He leído que has compartido escenarios y grabaciones con grandes artistas, entre ellos el compositor y guitarrista cubano Leo Brouwer, ¿qué puedes decirnos al respecto?

Actué en el teatro Amadeo Roldán de La Habana, en 2004. Ese mismo año, fui invitado por el maestro Leo Brouwer al "Festival Internacional de Guitarra de la Habana". Antes de conocerlo, cuando estudiaba en el Conservatorio, siendo un niño, yo ya tocaba sus estudios. La música de Leo se estudiaba en España desde hacía muchos años. Claro, para mí conocer al maestro Leo Brouwer fue una satisfacción enorme. Cuando tocas la música de una persona que no conoces y tienes la suerte de conocerla, y además que te llame para colaborar en el "Festival Internacional de Guitarra de la Habana", es algo fantástico. Y dicha relación, a partir de ese año, se estrechó de manera amistosa y profesional.

El maestro Paco de Lucía te ofreció unirte a sus espectáculos. De esa forma, durante 10 años (1988-1998) le acompañaste en los mejores escenarios del mundo. Finalmente, decidiste emprender tu carrera como solista. ¿Hasta qué punto esta información es correcta?

Se puede decir que sí. Sin embargo, paralelamente a las giras de Paco ya yo grababa mis propios discos como solista. Yo empecé a tocar a los seis años de edad y mi propia música empecé a sacarla con 8 y 9 años. A partir de ahí, lo de componer el flamenco era algo que ya me venía muy natural. Siempre he estado componiendo, cuando iba con Paco y cuando no iba con Paco. Como solista se puede decir que sí he tenido más trayectoria a partir de que saliera del grupo de Paco. Pero yo venía componiendo mi propia obra desde hacía mucho años.

Tu primer trabajo como solista fue el disco "Noches de imán y luna" (1997). ¿Cuál es tu último trabajo?

Acaba de salir una trilogía de investigación sobre la música del maestro Enrique Granados.

¿Continúas tu trabajo de maestro de guitarra flamenca en la Escuela Superior de Música de Cataluña?

Sí, continúo allí. Afortunadamente, desde hace unos años, en varios conservatorios en España se está estudiando el flamenco como música culta y accesible a la gente que quiera tener un título oficial, para profesionalizar más el flamenco a nivel de instituciones.

Siendo tu procedencia  andaluza, ¿qué significa para ti el término flamenco, independientemente de la definición que pueda ofrecer cualquier diccionario?

Cuando tienes una experiencia en la vida, sea dolorosa o alegre, necesitas expresarla. Al final todos somos iguales. Lo importante es que la emoción esté ahí. Toda la música es muy de raíz, muy del pueblo. Por eso creo que el flamenco se ha universalizado, ya que los sentimientos que expresa nos pertenecen a todos.

 Leí que, cuando tenías 13 años, tu padre y tu hermano mayor te llevaron a un concierto de Paco de Lucía en el Teatro Griego de Barcelona. Se dice que prácticamente te colaron en el camerino para que Paco te escuchara tocar la guitarra. ¿Podrías detallarnos esa experiencia?

            (El tono de su voz se proyecta complacido) Yo tenía 13 años e iba en pantalón corto. Era un niño. Fui allí con mi padre y mi hermano. Antes, ellos hablaron con el hermano de Paco de Lucía, Ramón de Algeciras. "Mira, Ramón, te he traído a mi hijo para ver si Paco lo puede escuchar", le dijo mi padre. Ramón me escuchó primero. Él me pidió que le tocara algo. Le toqué una par de temas míos, una rondeña y una granaína, que son dos palos de flamenco. Ramón dijo: "Vale, no os preocupéis. Después del concierto veniros al camerino que yo os presento a Paco".
            En efecto, al terminar el concierto, Ramón nos llevó al camerino. Cuando llegué allí, yo pensaba que iba a estar Paco de Lucía solo. Estaba Paco de Lucía y 15 aficionados que habían ido a saludarlo al camerino. Yo quería que me tragara la tierra. Yo estaba muy nervioso. Empecé a tocar delante de Paco. No me atrevía ni a mirarle a la cara. Entonces, cuando escuchaba que Paco de Lucía decía ¡Ole! y se emocionaba de lo que yo tocaba, pensé: "Parece que le está gustando". Eso me dio mucha alegría. 
           En aquella época, Paco me dijo algo que luego ha sido muy significativo en mi vida. Me expresó: "Sigue estudiando, que cuando seas grande te llamaré". En efecto, seguí estudiando y trabajando. Cuando yo tenía 22 o 23 años, sonó el teléfono de mi casa. Cogí el teléfono y dije: "¿Quién es?". Una voz me respondió: "Soy Paco, Paco de Lucía, quiero que te vengas a trabajar conmigo".  A mí se me cayó el teléfono al suelo. Para mí aquello era un sueño. Me hizo mucha ilusión y ahora lo recuerdo con mucho cariño. Aprendí muchísimo a la vera de Paco de Lucía. Teníamos giras de dos o tres meses, y cada día había un concierto, prácticamente alrededor del mundo. Cada noche yo estaba delante de una persona que me estaba dando una Clase Maestra en el escenario. ¡Imagínate durante diez años¡
             
¿Por qué te separaste de Paco de Lucía?

            Yo estaba muy a gusto. Vivía muy feliz trabajando con Paco de Lucía. Sin embargo, las giras eran muy largas y agotadoras. Yo necesitaba tiempo para componer, para hacer mi música. En un descanso entre gira y gira  había cuatro o cinco meses entre una y otra–, yo hablé con Paco y le expliqué. El lo entendió perfectamente. Quedamos muy amigos. Fuimos muy sinceros. Le di tiempo para que encontrara otra persona. A petición de Paco, le grabé un video para que el guitarrista que me sustituyera pudiera estar preparado al observar la manera en que yo hacía mi trabajo. Fueron diez años de una experiencia maravillosa.

Quizá no sea justo comparar a Andrés Segovia y Paco de Lucía, a pesar de que son dos de los guitarristas más grandes de los últimos tiempos, posiblemente de todos los tiempos. Sin embargo, se dice que una de las directrices de Segovia era "elevar" la guitarra sobre lo netamente folclórico en la esfera sinfónica. En tanto, Paco de Lucía se mantuvo fiel a la pasión folclórica, o duende del flamenco. ¿Qué puedes comentarnos al respecto?
           
            Son dos mundos diferentes. Aunque ambos interpretan la guitarra española, no se pueden comparar. Yo, egoístamente, me quedo con todo el pastel. Me quedo con la música del maestro Segovia y me quedo también con la fantástica y maravillosa música de Paco de Lucía. Son maestros, cada uno en su campo.
            Yo tengo amigos que son guitarristas clásicos y coincidimos en que lo importante es la música, da igual que uno toque la guitarra flamenca y otro la clásica. Lo que no da igual es que el intérprete no transmitan. Lo importante es transmitir emociones. Son músicas diferentes que no se pueden escuchar desde la misma frecuencia. Los profesionales no creemos que exista rivalidad entre la guitarra clásica y la música flamenca. Nos quedamos, como te dije, con todo el pastel. Considero que es la forma más racional de entender la música.
           
He podido deducir que no solamente la interpretación es importante para ti, sino también la composición. ¿Qué significa componer música para ti?

            Componer es una forma de estar vivo, en el sentido espiritual. En ese proceso, estás tratando de sorprenderte a ti mismo, de inventar algo que no hayas imaginado anteriormente. La composición es difícil. Te lleva muchas horas, y muchas veces no sabes por dónde salir y cómo continuar una melodía. Sin embargo, de pronto te llevas la gran sorpresa y alegría de conseguirlo. En ese momento te sientes vivo y experimentas la satisfacción de que todo el esfuerzo ha merecido la pena. Cuando consigues dar en la tecla para que aquello funcione, te sientes renovado.

¿Cuál es tu composición más entrañable?

            Una de las composiciones musicales más entrañables que he creado ha sido el concierto que le dediqué a Paco de Lucía para guitarra y orquesta clásica, que se llama "Al-Andalus". Cuando él falleció, yo era una de las personas que portaba el féretro camino al cementerio. De todas esas vivencias compuse un concierto triste, que refleja por un lado la alegría de haber sido amigo de Paco y haber vivido muchas giras y momentos con él. Por otro lado, la tristeza de que ya no estaba, Todas esas emociones están reflejadas en ese concierto. Para mí es algo más que notas, más que sonidos. Es mi homenaje sincero a un amigo que ya no está, por eso para mí es un concierto muy significativo.

¿Tus planes inmediatos?

            Luego de un concierto que tengo en España, en el Teatro Lleida, el día 10 de marzo, dedicado a Enrique Granados, dejo la guitarra y me voy unos días a Francia de vacaciones. Llevo mucho tiempo en el estudio de grabación trabajando en la "Trilogía de Granados" y necesito un poco de descanso.
            Estoy concentrado en el proyecto de un disco de música flamenca compuesta por mí que saldrá este año. Estoy también trabajando en una Trilogía de Joaquín Turina y un encargo que tengo para el año que viene que consiste en componer un concierto para guitarra y orquesta. Si a eso le añadimos conciertos y giras que tengo, no se me puede pedir más, porque es bastante.

¿Cuál consideras sea tu logro más grande como artista y ser humano?

           Lo que más me ha hecho feliz es ser consciente de mis limitaciones y ,dentro de esas limitaciones, tratar de ser feliz.

                                                                              

sábado, 18 de febrero de 2017

El destacado guitarrista español Pablo Sáinz se presenta en Tampa

Pablo Sáinz Villegas ha sido comparado con Andrés Segovia, el más destacado guitarrista clásico del siglo XX
Por Leonardo Venta

La Sala Ferguson del Centro David A.Straz para las Artes Escénicas de Tampa tendrá el privilegio de acoger al afamado guitarrista español Pablo Sáinz Villegas, el sábado, 25 de febrero, a las 7:30 p.m., como parte de una serie de actuaciones en Florida bajo el título de su disco "Americano".
            Desde una parada en California de su ocupada agenda artística, vía telefónica, Sáinz Villegas nos concedió una entrevista para precisar un tanto su horizonte artístico y humano. Alleguémonosle.

¿Cómo le gustaría a Pablo Sáinz Villegas presentársenos?

            Me presento con el corazón abierto, como un ser humano cercano a la gente, que comparte esas emociones que todo el mundo tiene, que se acerca a la vida a través de la humanidad y de la inspiración de los valores. Eso es lo que nos hace humanos, al fin y al cabo. Así es como soy y como me expreso a través de la guitarra y de mi música.

Tengo entendido que el 16 de junio celebrarás 4 décadas de haber nacido en España. Si bien, resides en Nueva York por 15 años. ¿Cómo descubres y evoluciona tu vocación artística?

            Soy originario de la Rioja, España. A los 6 años vi un video del maestro Andrés Segovia en la televisión –en blanco y negro– que tenían mis padres. Enseguida me enamoré de ese maravilloso instrumento [la guitarra] que está tan vinculado a la cultura y la tradición española.
            Después, fue creciendo una pasión por la música en mí. La primera vez que salí al escenario fue a los 7 años. Esa experiencia cambió mi vida. Era la primera ocasión que estaba en contacto directo con el público a través de la música, y me fascinó esa luz que sentí. Poco a poco, en la adolescencia, fui definiendo mi deseo de dedicar mi vida a la música.
            Terminé mis estudios en España. A los 18 años, me fui por cinco años a Alemania para continuar mi aprendizaje y empaparme de esa gran tradición musical que tiene todo Centro Europa. A los 24 años, mi instinto me puso rumbo a Nueva York. Tuve la fortuna de llegar a este país becado para estudiar en el Conservatorio Manhattan School of Music de la ciudad de Nueva York. Y después, ha sido un proceso muy bonito de ir abriendo camino a través de la música y transmitir todos estos valores de los que me siento tan orgulloso: la multiculturalidad y ese lenguaje universal que es la música. Toques donde toques, los transmitas donde los transmitas, dichos valores siempre llegan al corazón de las personas.

En entrevista concedida en julio de 2016 a Pablo Vayón, crítico musical del Diario de Sevilla, expones que "la guitarra es el instrumento más popular del mundo, el más cercano a la gente, el más democrático". ¿Cómo justificas esta afirmación?
 
            La guitarra es uno de los pocos elementos musicales totalmente vinculado a una cultura y a un país, en este caso España. A su vez, se ha convertido en el instrumento más democrático del mundo, al alcance de la gente. Sin lugar a duda, es el más popular. Gracias a su versatilidad, en Brasil, por ejemplo, la samba, bossa-nova, toda la música folklórica se toca con guitarra; en Argentina, el tango; si vas a Venezuela, el joropo se interpreta con una guitarra; en Cuba, el son siempre se acompaña de ese instrumento, los cantautores lo utilizan; en Estados Unidos, el bluegrass, el blues, la música country, el jazz; en España, el flamenco.

¿Con cuál movimiento musical te identificas más?

            Posiblemente, me identifico más con los adagios. Me ofrecen, como músico, la oportunidad de explorar una parte muy profunda de la sensibilidad del ser humano y de las emociones del compositor. Es siempre ese lado apasionado, denso, mediante el cual quieres decir algo que con palabras no se puede expresar. El adagio te ofrece esa oportunidad. 

En otro sentido, ¿cuál es tu preferencia como género en la historia de la evolución de la creación musical?

            Sin duda, me he desenvuelto en el ámbito de la música clásica. Aquí viene lo bonito de ser guitarrista. La guitarra siempre ha sido ese elemento mensajero entre la música popular y la clásica. Ahí es donde se mueve con muchísima comodidad, y es ahí donde yo me siento también afortunado y cómodo. Es en ese mundo, que no es ni lo folklórico ni lo clásico, donde se desdobla. Es en ese puente donde se justifica cómo ya desde el Renacimiento los trovadores cantaban canciones y serenatas con los laúdes y las vihuelas en las calles, mientras los laúdes eran igualmente entonados en la Corte para los reyes y duques. Esta dualidad le confiere un valor incalculable a la guitarra que otros instrumentos carecen.
           
¿Cuál es la sala de conciertos donde más te ha impresionado presentarte?

           Pues, tengo varias... Una, sin duda, es el Avery Fisher Hall del Lincoln Center, en Nueva York. Yo había ido como estudiante muchas veces a escuchar conciertos de la Filarmónica de Nueva York. Cuando tuve la fortuna de tocar allí, compartir el escenario con la Filarmónica de Nueva York, y estar en el auditorio desde el otro lado, ya no como público sino como intérprete, fue algo mágico por todo lo que había vivido allí. También, la Sala Chaikovski en Moscú o el Musikverein en Viena.

¿Es la primera vez que viajas a Tampa?

          Es la primera vez que la visito. Y lo haré con la presentación de este disco "Americano", que es un viaje musical a través de los países de América: Brasil, Argentina, Paraguay, Venezuela, Estados Unido; y mezclando géneros, desde tango, bossa-nova, guajiras, joropos, bluegrass. Va a ser un viaje emocional para todos los públicos, desde niños a mayores, estadounidenses o latinos. Todos están bienvenidos, y todos van a disfrutar de este viaje, porque a todos les pertenece y se van a sentir muy identificados con el concierto.

¿Qué músicos te acompañarán?

            Voy a estar en cinco ciudades de Florida – Tallahasse, Jacksonville, Tampa, West Palm Beach y Miami– , acompañado del percusionista Nacho Arimany y el contrabajista Pedro Giraudo.  Todo va a ser un despliegue sonoro muy atractivo, con un amplio despliegue de ritmos de este continente, como he dicho antes

¿Alguna pieza clásica en el programa?

            Habrá piezas clásicas, como "Un Sueño en la Floresta" del compositor paraguayo Agustín Barrios Mangoré, así como otras pinceladas maravillosas que articularán el programa de una manera única y personal.

Aparte de tu temprana admiración por Andrés Segovia, a través del aludido video que te mostraran tus padres, deduzco –conociendo el lanzamiento de tu cuarto trabajo discográfico el año pasado, en el que están recogidos tres conciertos para guitarra y orquesta del maestro Joaquín Rodrigo– tu consiguiente admiración por el susodicho compositor, cuyo "Concierto de Aranjuez" es una de las piezas más populares del repertorio clásico español. ¿Qué puedes comentarnos al respecto?

            Mi última producción discográfica fue el año pasado, en la que están recogidos tres conciertos para guitarra y orquesta del maestro Joaquín Rodrigo: "Concierto de Aranjuez", "Fantasía para un gentilhombre" y "Concierto para una fiesta", grabados con la Orquesta Nacional de España bajo la batuta del afamado director de orquesta Juanjo Mena.
            Sin duda, en la historia más reciente de la guitarra, Andrés Segovia, como asimismo Joaquín  Rodrigo, constituyen una grandísima inspiración. Hicieron que la guitarra apareciera en los más grandes auditorios junto a las más importantes orquestas del mundo. Para mí, siempre han sido una inspiración desde que era niño. Siempre mi sueño fue que llegara el día cuando pudiera tocar "El concierto de Aranjuez". Y llegó. Luego se ha convertido en una de las piezas que más interpreto y disfruto con numerosas orquestas del mundo.
            En cuanto a Andrés Segovia, el legado que el creó, y luego nos dejó a la comunidad guitarrística, es invaluable. Y en estos momentos, en el siglo XXI, yo siento y es mi deseo y mi motivación seguir impulsando la guitarra y explorar otros horizontes.  Explorar otras maneras de hacer que la guitarra siga viva y continúe siendo instrumento catalizador y unificador de diferentes culturas y formas de pensar. Al final, la guitarra tiene eso. Allí donde vas, hay gente que la disfruta y la tiene cerca porque es el instrumento de la gente. Para mí, esto es lo más importante: el tocar para la gente. La música le pertenece a las personas que la disfrutan.

Desde los trabajos primeros hasta tu última producción discográfica, dedicada al compositor Joaquín Rodrigo con la Orquesta y Coros Nacionales de España, en 2016, teniendo en consideración algunas de tus incursiones con géneros no valorados dentro de los preceptos de la música clásica, como es el caso de varias  piezas de tu disco compacto "Americano" (2015), ¿existe  evolución en tu repertorio?

            Mi formación y tradición han sido puramente clásicas. Es algo en lo que he estado absolutamente inmerso para desarrollar todas las habilidades técnicas, que luego me permitieron desplegar las capacidades musicales e interpretativas del repertorio de la guitarra clásica española.
            Esas herramientas son sumamente sofisticadas. Analizándolas a partir del punto de vista técnico –considerando que la guitarra clásica debe tocarse con cuatro dedos de la mano derecha; mientras, la guitarra eléctrica se toca con una púa–, para la guitarra clásica es como estar tocando con cuatro púas. Es decir, se crea toda una serie de recursos expresivos, prácticamente de polifonía y casi de tridimensionalidad musical, que luego te permite prácticamente hacer cualquier tipo de música. Al entender la evolución de lo que ha sido el pasado y donde me encuentro en estos momentos, reconozco que Segovia recuperó y definió a la guitarra como instrumento clásico. En ningún momento, él exploró otros géneros, como pudo haber sido el flamenco y la música de corte más folclórico. Si bien, en el siglo XXI, yo siento que la guitarra especialmente tiene esa oportunidad natural de explorar y de crear vínculos con otras músicas sin perder la esencia de la técnica, la musicalidad y la interpretación clásicas.
           Como guitarrista clásico, pudiendo disponer de todos esos recursos expresivos, es una gran motivación para mí explorar las raíces musicales donde realmente se inspiró el repertorio clásico de este instrumento. Así por ejemplo, Heitor Villa-Lobos se inspiró en la música folclórica brasileña, en gran medida. Entonces, yendo un paso más allá con la guitarra clásica, puedo decir: toco a Villalobos y lo disfruto mucho, esa ha sido mi formación, y ahora quiero explorar también, por ejemplo, la música de Luiz Bonfá, un guitarrista con una influencia más folclórica. Es algo que me motiva mucho hacer. Se puede hablar desde joropos en Venezuela, guajiras en Cuba, guapangos en México, el bluegrass en Estados Unidos, e incluso, el flamenco en España. Deseo seguir llevando la guitarra en movimiento a otros sitios, explorar nuevos horizontes que hagan que la guitarra siga evolucionando, no en una sola dirección sino en muchas.

Desde tus trabajos primeros hasta tu última producción discográfica, dedicada al compositor Joaquín Rodrigo con la Orquesta y Coros Nacionales de España, en 2016, teniendo en consideración algunas de tus experiencias con géneros no valorados dentro de los preceptos de la música clásica, como es el caso de varias  piezas de tu disco compacto "Americano" (2015), ¿existe  evolución en tu repertorio?

            Mi formación y tradición han sido puramente clásicas. Es algo en lo que he estado absolutamente inmerso para desarrollar todas las habilidades técnicas, que luego me permitieron desplegar las capacidades musicales e interpretativas del repertorio de la guitarra clásica española.
            Esas herramientas son sumamente sofisticadas. Analizándolas a partir del punto de vista técnico –considerando que la guitarra clásica debe tocarse con cuatro dedos de la mano derecha; mientras, la guitarra eléctrica se toca con una púa–, para la guitarra clásica es como estar tocando con cuatro púas. Es decir, se crea toda una serie de recursos expresivos, prácticamente de polifonía y casi de tridimensionalidad musical, que luego te permite prácticamente hacer cualquier tipo de música. Al entender la evolución de lo que ha sido el pasado y donde me encuentro en estos momentos, reconozco que Segovia recuperó y definió a la guitarra como instrumento clásico. En ningún momento, él exploró otros géneros, como pudo haber sido el flamenco y la música de corte más folclórico. Si bien, en el siglo XXI, yo siento que la guitarra especialmente tiene esa oportunidad natural de explorar y de crear vínculos con otras músicas sin perder la esencia de la técnica, la musicalidad y la interpretación clásicas.
            Como guitarrista clásico, pudiendo disponer de todos esos recursos expresivos, es una gran motivación para mí explorar las raíces musicales donde realmente se inspiró el repertorio clásico de este instrumento. Así por ejemplo, Heitor Villa-Lobos se inspiró en la música folclórica brasileña, en gran medida. Entonces, yendo un paso más allá con la guitarra clásica, puedo decir: toco a Villalobos y lo disfruto mucho, esa ha sido mi formación, y ahora quiero explorar también, por ejemplo, la música de Luiz Bonfá, un guitarrista con una influencia más folclórica. Es algo que me motiva mucho hacer. Se puede hablar desde joropos en Venezuela, guajiras en Cuba, guapangos en México, el bluegrass en Estados Unidos, e incluso, el flamenco en España. Deseo seguir llevando la guitarra en movimiento a otros sitios, explorar nuevos horizontes que hagan que la guitarra siga evolucionando, no en una sola dirección sino en muchas.

¿Que significa la guitarra para ti?

            Es una extensión de mis propias emociones, una extensión de mi alma. Hay gente que me pregunta si le doy nombre a la guitarra que uso. Yo le respondo que no tiene nombre porque realmente soy yo. Es un medio de expresión de lo que soy como ser humano. Y es ahí precisamente donde invito a la gente a que participe. Es ahí, en esa esencia humana, donde todos podemos comunicarnos.

¿Tocas otro instrumento?

            No, la guitarra es el instrumento al que he dedicado toda mi vida. Cuando era niño, estudié cinco años de piano. Sin embargo, se quedó como un instrumento complementario de mi formación musical. La guitarra es a quien me dedico, exijo y soy fiel todos los días de mi vida.

¿Has tratado de incorporar elementos vocales a tus interpretaciones de la guitarra?

            Entre amigos, lo he hecho en alguna ocasión. Es algo que no descarto hacer en algún momento. Pero para eso debo desarrollar más mi voz con el fin de que sea más agradable de escuchar.

He leído que tu mano izquierda es casi dos centímetros más grande que la derecha. ¿Qué puedes decirme al respecto?

            Es algo anecdótico. Cuando tenía 6 años mis padres me compraron una guitarra del mismo tamaño de la que tengo ahora, una guitarra de adulto. En aquel entonces, en las tiendas de música no consideraban que un niño tocara con una guitarra más pequeña. Esa fue siempre mi guitarra. Con el paso del tiempo, poco a poco, mi mano izquierda, por las extensiones, se fue desarrollando más. Curiosamente, hace unos años, mirándome las manos y comparándomelas, con gran sorpresa, descubrí que mi mano izquierda es una pulgada mayor que la derecha. Esto, en cierto sentido, me favorece. Mi mano izquierda tiene una extensión muy larga, lo que me facilita acceder de una manera mas cómoda a diferentes partes del diapasón de la guitarra. En cierta manera, explica cómo el cuerpo se va adaptando cuando está haciendo algo con mucha pasión durante tantos años.

¿Algún modelo en el aspecto artístico?

            Me inspiran muchísimas expresiones artísticas, desde la escultura a la pintura. Son expresiones en las que encuentro mucha inspiración y paralelismo para lo que luego desarrollo en mi interpretación musical. Concentrándonos más en la guitarra y la música, Andrés Segovia ha sido de enorme inspiración para mí, así como otros grandes músicos que acogen su profesión con pasión y genuina entrega a los demás. 

Sé que has trabajado con Plácido Domingo. ¿Qué recuerdos guardas de esas experiencias?

            Ha sido una de las experiencias más conmovedoras e inspiradoras que he tenido como músico y ser humano. Plácido Domingo representa mi ideal de cómo se debe comportar un músico en el siglo XXI, con su público y con la música. Es profundamente humano, generoso con su tiempo, con sus sonrisas, con sus seguidores. Es una de las voces más importantes del siglo XX y, a sus 76 años, lo sigue siendo en el siglo XXI. Su pasión y entrega son admirables. Su intensidad de trabajo –que él no lo llama trabajo, porque para él es un disfrute– es el secreto de que siga cantando con la calidad que lo hace. Su naturalidad al relacionarse en el escenario con el público me conmueve profundamente.

¿Cuántas veces has compartido escenarios con él?

            Han sido dos actuaciones inolvidables junto a él. Tuve el honor de ser invitado a participar en el histórico concierto “Plácido en el Alma”, en el estadio Santiago Bernabéu de Madrid el día 29 de junio de 2016. Unas semanas más tarde, en agosto, tuve la oportunidad de tocar con él en un escenario flotante en la Amazonía brasileña, televisado para 90 millones de personas. Fue algo sumamente inolvidable y emocionante. Me siento muy bendecido, agradecido, de haber tenido estas oportunidades como músico y haber tenido ese gran honor de haber tocado con Plácido Domingo.

¿Planes inmediatos?

            En este momento, estoy en California. Acabo de terminar aquí varias actuaciones. Estoy inmerso en el proceso de preparar la gira. Voy a estar en cinco ciudades de Florida: Tallahassee, Tampa, Miami, West Palm Beach y Jacksonville. Estoy muy emocionado porque esta es mi primera gira en Florida. Luego, tengo actuaciones en México, Nueva  York, una gira por Europa con Amsterdam Sinfonietta, en Nueva Zelanda interpretaré el "Concierto Aranjuez", participaré en el Festival de Música de Grant Park, en Chicago, un concierto al aire libre para miles de personas.

¿Qué información pudieras adelantarnos de tu concierto este sábado?

            Es un programa –de alrededor de 90 minutos, sin intermedio –  que se comunica de manera natural con todos los espectadores, ya sean latinos o estadounidenses. Explora lo que es este gran continente, América, el cual me abrió los brazos hace 15 años, y al que a través de este concierto le ofrezco mi tributo personal.

            Aparte de interpretar la guitarra –junto al percusionista Nacho Arimany y el contrabajista Pedro Giraudo– estaré a cargo de la conducción del espectáculo. Al mismo tiempo, emplearé el factor sorpresa en la animación del concierto. A través de diferentes anécdotas que vinculan a los países de América, y la magia de la música, guiaremos al público a través de este maravilloso viaje musical.  

miércoles, 14 de enero de 2015

Puerto Rico y Cuba juntan composición y guitarra

Por Leonardo Venta

"A pesar de que no toco la guitarra, a mí siempre me ha fascinado la idea de escribir para el instrumento. Cuando Manuel Barrueco me hizo la propuesta de componer "Concierto Barroco", no tuve duda alguna en hacer un concierto inspirado en la obra de Alejo Carpentier. Para mí la relación con Manuel no está basada en nuestro origen caribeño, a mí me interesa Manuel, el artista. Él es quizás el más grande guitarrista de la segunda mitad del siglo XX. Yo he tenido la buena fortuna de contar con sus dedos para mi trabajo como compositor".
                                                           Roberto Sierra
“Hay una expresión que me encanta, la cual dice que uno escoge de quien se enamora; y cuando me preguntan por qué escogí la guitarra, respondo: porque es un instrumento muy importante en la cultura cubana. No es nada extraño para un cubano tocar la guitarra”, afirma Manuel Barrueco.
Sí, es uno de los instrumentistas más importantes de nuestra época. Se comenta – en cualquier idioma, en cualquier latitud – de su estilo elegante, de su impar seductor lirismo. Se le tilda de ‘músico superior’.

No hay escenario célebre que no le reconozca. Los acerados cristales del real londinense domo Albertiano han destilado decimonónica cálida humedad al escuchar los acordes de su instrumento de mástil largo con trastes y cuerdas.

La hermosa sala del Musikverein de Viena ha detenido su refinado aliento, enternecida, ante la pauta más simple en que puede vibrar una de las seis cuerdas que revisten su caja de resonancia en forma de ocho.

La perfecta acústica del Concertgebouw de Ámsterdam, se ha detenido a calar con esmero el embelesado conjuro entre artista e instrumento. Le ha sonreido la espaciosa sala de la Philharmonie de Berlín; le ha gritado ¡olé! el monumental Teatro Real de Madrid, y ha intercambiado miradas de complicidad con los animados palcos del Palau de la Música de Barcelona.

El Japón de Toru Takemitsu le ama. Los rasgados ojos de Corea del Sur, Taiwán, Singapur y Hong Kong le reclaman. México, Brasil, Colombia, Costa Rica y, sobre todo, Puerto Rico le recuerdan su amado y distante (en el tiempo) Santiago “de cintura caliente y gota de madera”, al decir de Federico García Lorca.

Estados Unidos, generoso abrigo de la diáspora cubana, conoce cada costado del hombre y el artista, desde Miami, donde emigrara en 1967 con su familia, pasando por Los Ángeles, la siempre afanada afamada Nueva York, hasta la ciudad de Baltimore, en el estado de Maryland, donde ejerce como profesor y reside con su esposa Asgerdur.

Para acercaros a Manuel Barrueco, el artista, he escarbado todo el espacio y el tiempo que me ha sido posible en vísperas a sus conciertos en el Straz Center de Tampa, el 16 de mayo; en el Mahaffey de Saint Petersburg, el 17; y en Clearwater, el 18, junto a la prestigiosa Orquesta de la Florida.

El programa incluye el “Concierto Barroco” del gran compositor puertorriqueño Roberto Sierra, creado a petición de Barrueco, e inspirado en la novela homónima de Alejo Carpentier. En la composición de Sierra, la música tropical se apropia de los aportes del barroco europeo para reformularlos y brindarle un nuevo perfil.

El concierto, bajo la batuta del director invitado de origen rumano Cristian Marcelaru, lo completan “Jeu de Cartes (Juego de cartas)” de Igor Stravinsky, y la “Sinfonía patética” de Chaikovski, que dirigiera el gran compositor ruso en su estreno en San Petersburgo, el 16 de octubre de 1893, nueve días antes de su muerte.

Desde su hogar en Baltimore, vía telefónica, el gran guitarrista Manuel Barrueco nos abrió una ventana para divisar un tanto su horizonte artístico y humano. Alleguémonos confiadamente:

¿Con cuál movimiento musical te identificas?

– Me gusta todo tipo de música y todo eso desemboca en lo que cultivo: la guitarra clásica.

¿Otra faceta tuya como guitarrista?

– Una faceta del guitarrista clásico, por lo general, ha sido el desarrollo del instrumento, de asegurarse de que otros compositores escriban música para guitarra.

¿Cuál es la sala de concierto donde más te ha impresionado interpretar la guitarra?

– En el Lincoln Center de Nueva York hay una serie que se llama “Great Performers (Grandes Intérpretes)”. Toqué hace dos años un par de veces allí. Tocar en ese lugar me impresionó, quizá porque viví en Nueva York, pero de momento que estuviera tocando en la serie “Grandes Intérpretes” me impresionó.

¿Era la primera vez que tocabas en el Lincoln Center?

– No, ya había tocado allí varias veces. Si bien, ésta era la primera vez que lo hacía en la serie de “Great Performers”, sin acompañamiento de orquesta.

¿Qué opinas de haber trabajado con la Orquesta de la Florida en 2009?

– Me gusta el ambiente de la orquesta, muy bonito. Me agradó haber trabajado con Daniel Binelli; es un músico estupendo.

Sé que has trabajado con Plácido Domingo. ¿Qué puedes decirnos de esa experiencia?

– Yo hice un disco con él. En el disco toqué dos conciertos con guitarra y orquesta de Rodrigo y él fue el director; en ese disco también hay como cuatro canciones que él canta y yo le acompaño.

¿Planes?

 – Ahora mismo estoy terminando un disco titulado “China West”, con un dúo que se llama “Beijing Guitar Duo”, integrado por dos mujeres chinas que se llaman Meng Su y Yameng Wang. Hay un movimiento importante con la guitarra en China. Hay muchos jóvenes talentos que están surgiendo, y ellas son fantásticas. Su maestro en China las trajo una vez a Hong Kong, cuando yo estaba tocando allá, para que yo las escuchara y para trabajar con ellas, y en la actualidad llevan como 6 u 8 años estudiando conmigo.

¿Qué no has logrado que te gustaría lograr?

 – Seguir mejorando y seguir haciendo proyectos interesantes. A mí me gusta experimentar. El último disco que hice fue una obra llamada “Medea”, de un compositor flamenco que se llama Manolo SanLúcar. En realidad es un ballet, coreografía de SanLúcar, para el Ballet Nacional de España. SanLúcar me dijo que escogiera movimientos de ese ballet para crear un concierto para guitarra y orquesta, y lo grabamos en Tenerife.

¿Hobbies?

– Me gusta el vino. Me gusta vivir.

¿Qué has sentido de especial en tus presentaciones en Latinoamérica?

– Lo más cercano a Cuba para mí es Latinoamérica, la gente es dulce y agradable. Me gustaría ir a algunos lugares a los que nunca he ido.

¿Cuáles?

– Me gustarla ir a Argentina y Perú, lugares donde no he estado todavía… otros países también.

¿Qué puedes decirnos sobre “Concierto Barroco”?

– Lo he tocado antes y lo he grabado. Es basado en una novela de Carpentier que se llama Concierto Barroco, donde hay un capítulo que se desarrolla en Venecia. Allí, algunos compositores barrocos europeos se tropiezan con un esclavo negro cubano tocando en cazuelas. Le pregunté a Roberto Sierra, un excelente compositor puertorriqueño, si le gustaría escribir sobre la obra, y a él le encantó la idea.

¿Qué hace especial tu trabajo con Roberto Sierra?

 – Yo creo que es un gran compositor, uno de los mejores de Latinoamérica e incluso de Estados Unidos, y está el vínculo que él sea puertorriqueño y yo cubano, dos culturas muy parecidas. Además, en sus composiciones el emplea elementos de nuestra música caribeña. Lo conozco desde la década de los ochenta, pero sobre todo me vincula a él su calidad como compositor.

¿Tu conexión con Puerto Rico?

– Yo quiero mucho a Puerto Rico y a su gente. Para mí es lo más cercano a estar en Cuba: estar allí con los muchachos y los maestros, somos muy parecidos. Es un lugar precioso…llegar a San Juan en avión y ver el Mar Caribe es algo hermoso.

¿Algún modelo en el aspecto artístico?

Hay muchas influencias. En lo que se refiere a la guitarra, cada día admiro más a Andrés Segovia.