La imaginación ofrece a la razón, en sus horas de duda, las soluciones que ésta en vano sin su ayuda busca. Es la hembra de la inteligencia, sin cuyo consorcio no hay nada fecundo”.
José Martí
José Martí
viernes, 9 de diciembre de 2011
En el 93 aniversario de la muerte de Edmond Rostand
El 2 de diciembre de 1918, muere el escritor Edmond Rostand, célebre por Cyrano de Bergerac (1897), un brillante clásico teatral en verso, basado en la vida de un personaje real.
Su protagonista, un desventurado e intrépido poeta con una nariz enorme, ha sido interpretado por actores de la talla de los franceses Benoît Constant Coquelin y Gérard Depardieu, los estadounidenses Richard Mansfield y Walter Hampden, así como el puertorriqueño José Ferrer, que obtuvo el Óscar en 1950 con dicha interpretación.
Presentamos la escena final de la versión fílmica de Jean-Paul Rappeneau (1990), uno de los dos únicos filmes franceses que ha recibido el premio César de Césars, junto con El viejo fusil. Depardieu desempeña el rol protagónico y Jean-Claude Carrière rescribió para el mismo unos cien alejandrinos al modo de Rostand. A MUST SEE!
jueves, 8 de diciembre de 2011
Los 360 años de sor Juana (IV)
Por Leonardo Venta
El ambiente conventual – en el que transita sor Juana Inés de la Cruz – es el medio ideal y el preciso pretexto para cubrir la sedición femenina tras el literal augusto velo religioso y tras el manto figurativo de la poesía.
El villancico que sor Juana le dedica a “Santa Catarina”, según la erudita Georgina Sabat de Rivers, es la manifestación más sincera y férvida de su defensa a la inteligencia y al derecho de saber de la mujer: “Porque es bella la envidian, / porque es docta la emulan: / ¡oh qué antiguo en el mundo / es regular los méritos por culpas!”.
Los escritos de la monja jerónima están poblados de figuras mitológicas de osadía y trasgresión, de amados sufridos indios, de la sofisticada magnificencia del ambiente virreinal, y hasta de avasallados negros cuyas quejas se leen con encantador ritmo tórrido.
En el soneto de carácter sagrado número 206, dedicado a la “Virgen de la Guadalupe”, la Virgen Morena escoge a un indio, Juan Diego, para revelarse por primera vez; así inserta lo mexicano dentro del marco de la importada cristiandad, y al mismo tiempo asienta el sincretismo de la cultura europea y la amerindia.
En el Villancico 224 cobra voz el negro en un “Tocotín” escrito en la lengua del indio mexicano, el náhuatl. El hablante lírico elige el vocablo Tonantzin, que significa “Nuestra Madre”, para referirse a la Virgen criolla.
Del mismo modo, en el Villancico 232, la voz poética se vale nuevamente de un negro para denunciar la discriminación racial en la América Colonial. Éste anhela adorar a la Virgen, pero el opresor blanco se lo impide: “– ¿Quién es? – Un Neglyo / – ¡Vaya, vaya fuera, / que en Fiesta de luces, toda purezas, / no es bien se permita / haya cosa negra! El oprimido contradice al colonizador resaltando el carácter níveo de su alma: “Aunque negro, blanco / Somo, lela, lela, / que il alma rivota / blanca sá no prieta”.
El sufrimiento del negro se vierte nuevamente en las Coplas del Villancico 241, a San Pedro Nolasco, santo redentor de los esclavos. En esta composición el náhuatl y el castellano se funden, originando un grácil tocotín mestizo: “La otra noche con mi conga / turo sin durmí pensaba / que no quiele gente plieta / como ella so gente branca. / Sola saca la Pañola; / ¡Pues Dioso, mila la trampa, / que aunque neglo, gente somo, / aunque nos dicí cabaya!
En calidad de dramaturga, sor Juana también registra su palpitar criollo. Yolanda Martínez-San Miguel profiere la audacia de la escritora al introducir personajes indios dentro un reparto concebido para ser visto por peninsulares. Más que eso, en la “Loa al auto del Divino Narciso”, Martínez-San Miguel destaca cómo “el personaje indígena representa una capacidad racional americana que entra abiertamente en un debate teológico e intelectual con los personajes que representan el poder religioso y político de la metrópolis sobre la Nueva España”.
En la comedia Los empeños de una casa, sor Juana crea un pícaro llamado Castaño, el cual destila ese nuevo humor local de la comedia novo-hispana. Aunque la trama de la obra se desarrolla en Toledo, Castaño es un mulato americano que se mofa de los valores de los peninsulares. El pícaro, que llama despectivamente “gachupines” a los españoles que residen en América, insiste en aclarar su criollismo, e incluso tiene por santo de su devoción a otro pícaro paisano suyo, Martín Garatuza: “¡Quién fuera aquí Garatuza, / de quien en las Indias cuenta / que hacia muchos prodigios! / Que yo, como nací en ellas, le he sido siempre devoto / como a santo de mi tierra”.
Los 360 años de sor Juana (III)
Por Leonardo Venta
Josefina Ludmer puntualiza en el ensayo “Las tretas del débil” las diferencias y conflictos existentes entre lo que la mujer, como ente individual, cree y acepta como su derecho, con lo que “la institución y la palabra del Otro [de naturaleza patriarcal]” juzga debe ser su rol.
Cuando en su célebre misiva Respuesta a Sor Filotea de la Cruz (1691) – el primer manifiesto feminista de todos los tiempos – sor Juana Inés de la Cruz afirma "que el callar no es no haber qué decir, sino caber en las voces lo mucho que hay que decir", indudablemente propone que el silencio – que le era impuesto a su sexo – no significaba la cavidad ociosa del no conocimiento.
La monja jerónima emulaba con el pensamiento ilustrado masculino de su época mediante el dominio de la escritura y del saber. Al decir de la sorjuanista Georgina Sabat de Rivers en su libro En busca de Sor Juana: “... estaba consciente de que no era la cuestión biológica lo que constituía un impedimento para las mujeres, sino de que era una cuestión político-social: eran los hombres los que detentaban la riqueza y el poder, y de ahí se derivaba la marginación de la mujer; esta impuesta limitación era pues, el efecto del hecho de ser mujer y no la causa”.
Para la monja literata, la hegemonía masculina no era obligadamente secundada por el poder divino, más bien veía en la justicia celestial la repartición equitativa de dones a ambos sexos. Para demostrarlo, enumera en la Respuesta una extensa lista de mujeres prominentes: “Veo tantas y tan insignes mujeres: unas adornadas del don de profecía, como una Abigail; otras de persuasión, como Ester; otras de piedad, como Rahab; otras de perseverancia, como Ana, madre de Samuel; y otras infinitas, en otras especies de prendas y virtudes”.
A través de su obra, sor Juana equipara la sabiduría con la grandeza del mal llamado sexo débil. Las figuras mitológicas femeninas, de una manera u otra, desempeñan en su obra un papel protagónico, así como están relacionadas con temas de trasgresión, osadía y castigo, insinuando, de esa manera, el lado injusto de los códigos y ordenanzas de la sociedad y de la propia vida.
Reconoce en la Respuesta que ella misma ha sido atacada principalmente por ser mujer. Al respecto comenta Octavio Paz en Las trampas de la fe: “Se da cuenta de que la atacan sobre todo por ser mujer y de ahí que su defensa se transforme inmediatamente en una defensa de su sexo. Ésta es la parte más viva y actual de su alegato”.
En la susodicha epístola, atavía a sus insignes congénitas de espléndidos epítetos: “…y en fin a toda la gran turba de las que merecieron nombres, ya de griegas, ya de musas, ya de pitonisas; pues todas no fueron más que mujeres doctas, tenidas y celebradas y también veneradas de la antigüedad por tales”.
No sólo en la Respuesta sor Juana redime la grandeza femenina. En su poesía religiosa, se auxilia de la imagen de la Virgen María – mujer – para equipararla con la de Dios – hombre. “Loa a la Concepción” es ejemplo notable de esta aspiración de paridad genérica: “Su Nobilísima madre, / claro está, que en el festejo / no es lo menos, pues la Iglesia / aclama devoto el Sexo”. Es notable el empleo del término Sexo para referirse al género de María, recurso sagaz que esgrime el hablante lírico para conferirle a la mujer una relevancia equitativa a la de su opuesto. (continuará la próxima semana)
domingo, 20 de noviembre de 2011
Los 360 años de sor Juana (II)
Por Leonardo Venta
Emprendimos la semana pasada un viaje literario en el tiempo con motivo del tricentésimo sexagésimo (360) aniversario del natalicio de sor Juana Inés de la Cruz, el 12 de noviembre de 1651, en San Miguel de Nepantla, localidad perteneciente al virreinato de la Nueva España, actual México.
Así, con vuestra fiel complicidad, nos referimos a la ya aludida Respuesta a Sor Filotea de la Cruz (1691), considerada el primer manifiesto feminista de todos los tiempos, en el que la Fénix de América da contestación al texto del obispo Fernández de Santa Cruz, donde éste la acusa de mundana, la conmina a abandonar las reflexiones teológicas – ocupación reservada sólo para hombres –, y le reclama una mayor santidad y dedicación a la vida monástica.
Sor Juana es poeta por gracia divina, e intelectual por ejercicio y determinación inquebrantable. Desde muy temprana edad, siente gran inclinación por los estudios. Así afirma en la antedicha misiva: “Acuérdome que en estos tiempos, siendo mi golosina la que es ordinaria en aquella edad, me abstenía de comer queso, porque oí decir que hacía rudos, y podía conmigo más el deseo de saber que el de comer, siendo éste tan poderoso en los niños”.
Es evidente que la Décima Musa entendió, desde muy temprano, la gran desventaja que significaba ser mujer. En la edad cuando se depende de otros para tomar decisiones, le ruega a su madre que la vista de varón para ir a estudiar a la ciudad de México: “…oí decir que había Universidad y escuelas en que se estudiaban las ciencias, en Méjico; y apenas lo oí cuando empecé a matar a mi madre con instantes e importunos ruegos sobre que, mudándome el traje, me enviase a Méjico”. El que el panorama universitario fuese reservado sólo para hombres, debió significar un hallazgo demoledor para su temprana vocación intelectual.
A través de la Respuesta a Sor Filotea de la Cruz discernimos la manera en que la sapientísima monja valoraba y ejercía su naturaleza femenina, demoliendo patrones erigidos y diseñados por una sociedad patriarcal. Es así como prefiere prescindir de la holgura de su cabello para obtener un cetro más preciado, el saber: “…que no me parecía razón, que estuviese vestida de cabellos cabeza que estaba tan desnuda de noticias, que era más apetecible adorno”.
Los afeites tradicionalmente loados en la mujer no eran parte de la vanidad femenina de Sor Juana. Estaba consciente de la codificación de objeto, vano, dependiente y carente de inteligencia, que la apreciación masculina le otorgaba a su sexo. No debe confundirse la irreverencia de la monja ante este paradigma con lesbios rasgos de su naturaleza. No obstante, se habla de una masculinidad en Sor Juana que se refleja a través de su posición social e histórica.
Así valora dicha aparente masculinidad Octavio Paz en su texto Sor Juana Inés de la Cruz, o las trampas de la fe: "Los valores de su mundo eran valores masculinos. Niña quiso disfrazarse de hombre para apoderarse de ellos; mujer, extremó la división platónica entre el alma y el cuerpo para afirmar que la primera es neutral. El estado religioso fue la neutralización de su sexualidad corporal y la liberación y transmutación de su libido. En su jerarquía de valores el conocimiento estaba antes que el sexo porque sólo por el conocimiento podía neutralizar o trascender su sexo. Cualesquiera que hayan sido las causas psicológicas de su actitud, toda su vida estuvo dominada por la voluntad de penetrar en el mundo del saber: un mundo masculino”. (continuará…)
Los 360 años de sor Juana (I)
Por Leonardo Venta
El pasado 12 de noviembre se efectuaron en diversos lugares del orbe numerosas actividades en conmemoración del tricentésimo sexagésimo aniversario del natalicio de Sor Juana Inés de la Cruz (1651-1695), la figura literaria más insigne de Hispanoamérica del siglo XVII, la poeta más aclamada, tanto en el llamado Nuevo Mundo como en la segunda mitad de dicho siglo en España.
Como parte de dichas celebraciones, la Universidad del Claustro de Sor Juana (UCSJ), ubicada en la ciudad de México, organizó diversas actividades bajo el lema "Sor Juana: un sueño en espiral", que incluían conferencias, mesas redondas, actividades artísticas y culturales.
Posiblemente, el más significativo de los eventos fue la inauguración de una celda-museo (aposento religioso) en el antiguo convento de San Jerónimo, donde se afirma permaneció la monja-genio los últimos 26 años de su existencia. En la celda han sido recreados pasajes de su vida y de su obra con proyecciones multimedia.
La rectora del alto centro docente, Carmen López-Portillo Romano, expresó durante la inauguración que el proyecto honra su antiguo sueño "de vislumbrar la vida de Sor Juana, oír sus sonidos, la música que escuchó, los poemas que expresan su amor por la libertad y el conocimiento".
Nos aunamos a estos homenajes, de la mejor forma que sabemos, escribiendo – como quien coce su plato preferido – sobre la vida y la obra de la personalidad intelectual que quizá más admiramos. ¿Listos para abordar mi máquina literaria del tiempo? Ajustemos, pues, nuestros cinturones…
Juana Ramírez de Asbaje, nombre secular de nuestra monja jerónima, nació en San Miguel de Nepantla, localidad perteneciente al virreinato de la Nueva España, actual México. Era la hija segunda del vasco Pedro Manuel de Asbaje y la criolla Isabel Ramírez de Santillana: estirpe híbrida que rubrica su condición de nativa y que subyace en el vuelo de su producción literaria.
Su existencia se desenvolvió en medio de la dicotomía que caracteriza a la literatura conceptista barroca: pasión terrenal y obligaciones religiosas, realeza y convento, ansias de saber y el oscurantismo circundante. Su obra más discutida, junto al colosal poema Primero Sueño, es Respuesta a Sor Filotea de la Cruz. La muy estudiada epístola tiene su origen en la polémica surgida a raíz de su trabajo Crisis de un Sermón o Carta atenagórica, en el que rivaliza con algunas ideas expresadas por el Padre y predicador jesuita Antonio de Vieyra en su Sermón del Mandato. La Carta atenagórica significó un desafío frontal a la jerarquía eclesiástica masculina europeizante desde su posición de mujer, religiosa, intelectual y criolla.
El obispo de Puebla, Manuel Fernández de Santa Cruz publicó la Carta atenagórica, adicionándole un prólogo bajo el seudónimo de Sor Filotea de la Cruz, en el cual, a pesar de encomiar el texto de la monja, que califica digno de la diosa Atenea, como bien sugiere el título que le otorga, la reprende en nombre de una sociedad definida bajo directrices religiosas patriarcales. Dicha reprensión, que bien tomara de sorpresa a la monja escritora, la cual aparentemente redactó la Carta con la intención de que no fuese publicada, y, al mismo tiempo, fue incitada por el propio Fernández de Santa Cruz a escribirla, le compelió a escribir su Respuesta a Sor Filotea de la Cruz, su célebre autodefensa ante las acusaciones del obispo de Puebla, obra maestra de la retórica en lengua castellana.
La Respuesta, como es conocida la famosa epístola en el ambiente literario, es uno de los más valiosos documentos para discernir los rasgos esenciales que perfilan a la mujer escritora en sor Juana. Les sugiero – más encarecidamente a las damas – que la lean. Aquí les va el link: http://es.wikisource.org/wiki/Respuesta_a_sor_Filotea_de_la_Cruz (continuará...)
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