La imaginación ofrece a la razón, en sus horas de duda, las soluciones que ésta en vano sin su ayuda busca. Es la hembra de la inteligencia, sin cuyo consorcio no hay nada fecundo”.
José Martí

jueves, 1 de junio de 2023

En el 39.° aniversario de una velada histórica en el Metropolitan Opera House

Uno de los icónicos saludos de Alicia Alonso a la audiencia, captado por el lente de William Sauro/The New York Times, en el Metropolitan Opera House, 1977.

Por Leonardo Venta

"Cuando baila en París nos hace recordar una de las más grandes épocas del ballet, y soñamos que desde un palco la contemplan Proust, Matisse o Braque. Si algún día Alicia Alonso se decidiese a mostrar la historia de sus gestos, de sus movimientos, qué deliciosa novela proustina no tendríamos", José Lezama Lima

     La noche del domingo13 de mayo de 1984, como parte de las celebraciones del centenario de su fundación, el Metropolitan Opera House de Nueva York, sede del American Ballet Theatre, celebró una gala histórica con algunos de los artistas más aclamados de la escena mundial.

     En aquella memorable velada, Alicia Alonso y su partenaire Jorge Esquivel bailaron una adaptación del Grand pas de deux del segundo acto de "Giselle", obra cumbre del ballet romántico, con cuyo rol protagónico debutara la Alonso, junto a Anton Doli, en el papel del príncipe Albrecht, el 2 de noviembre de 1943 en ese mismo escenario, en sustitución de Alicia Markova, una de las divas danzarias más aplaudidas en la escenificación de ese ballet blanco.

      "Es bien conocido el hecho de que está parcialmente ciega y acaba de sobrepasar los 60 años. Los neoyorquinos no la han visto en más de cinco años, y si uno no esperaba que fuera completamente igual, no era de extrañar que la esencia del papel aún la acompañara. En todo caso, parecía más una litografía del siglo XIX que nunca y, como de costumbre, sus fabulosos entrechats pusieron el teatro a sus pies", comentara Anna Kisselgoff, otrora crítica principal de danza del New York Times en la reseña "The Dance: Met Opera", publicada el siguiente día de la memorable función. 

     Concebido por el poeta Théophile Gautier, el argumento de "Giselle" se inspira en las "Lettres de l’Allemagne (Cartas de Alemania)" de Heinrich Heine, del siglo XIX, cuyo lenguaje poético, henchido de referencias míticas y paisajes fantásticos, sustentara la imaginación creativa del libretista Saint George, así como la de los coreógrafos Coralli y Perrot, y, finalmente, conllevara a la revisión del inigualable Marius Petipa.

     En la heroína de esta gema coreográfica se combinan los dos grandes tipos de bailarinas. En el primer acto, es la campesina terrenal, cuya pasión por la danza constituye el pretexto ideal para hacer derroche de una férrea técnica clásica. Sin embargo, un implícito halo envuelve sus estrenadas ingenuas emociones amorosas hacia la enajenación, como presagio de un vuelco hacia la sublime ingravidez del segundo acto. Atraviesa sentimientos que van desde la dicha compartida con Albrecht a la desilusión, la impotencia, la locura y la muerte.

     En el segundo acto, se transforma en un espíritu alado para hilvanar la más sublime poesía de la danza. Según el célebre crítico británico Arnold Haskell (1903-1980), existe un fuerte lazo dramático entre el primer y el segundo acto. Giselle, transformada en espectro de los bosques, supera los obstáculos que le tiende el desamor y la muerte, pero, al mismo tiempo, se debate entre su nueva naturaleza espectral, sujeta a las exigencias de Myrta, la vengativa reina de las willis, y una inmensa ternura por el Príncipe que la desairara en vida.

     Las características esenciales del personaje que acabo de describir con la ayuda de mi nada etéreo teclado, se arrebujaron de una manera casi mística, por la inexplicabilidad de su magia, en la Alonso, o simplemente Alicia, como preferimos evocarla aquellos balletómanos que tuvimos el privilegio admirable de sincronizar desde la butaca del teatro nuestro enternecido aliento con el de la más grande criatura romántica sobre el escenario. 

     Reconociendo mi insuficiencia expresiva para dignificar el esplendor sideral de nuestra prima ballerina assoluta, me veo precisado a acudir, como generalmente hago, a la genial pluma de Alejo Carpentier, a mi juicio el más grande crítico de ballet cubano, para sintetizar lo ocurrido en la gala inaugural de la versión cubana de "Giselle" en la Ópera de París, bailada por Alicia, el 24 de febrero de 1972, bajo el título "Como hubiese querido verla Théophile Gautier" y que nombrara originariamente “Alicia Alonso en la Ópera de París”. 

      "Después de la función se ofreció un coctel a Alicia en el Foyer de la Danza del Teatro, prestigiado por los retratos de Taglioni, la Grisi, Fanny Elssler y otras grandes de la coreografía del siglo pasado... Daniel Lesur, administrador de la Ópera, se acercó a nuestra gran bailarina: 'Alicia –le dijo– desde hacía mucho tiempo, desde el siglo pasado, Giselle era una pieza de museo, una cosa muerta. Usted con su genio, la ha revivido, nos la ha restituido. Gracias a usted la vimos esta noche como hubiese querido verla Théophile Gautier'. Creo que nada tendría yo que añadir a estas palabras", leemos en el texto carpenteriano.

     Por otra parte, el poeta y crítico cubano Gastón Baquero expresó, a raíz de una función de "Giselle" protagonizada por la Alonso en el Teatro Monumental de Madrid: “… lo único que se me ocurre es parodiar una frase de mi querido Raymond Chandler, y decir: es una bailarina, una bailarina capaz de hacer que un obispo rompa a pedradas una vidriera para mirar por un agujero”.

     La Alonso dejó de interpretar Giselle el mismo día que la estrenara, un 2 de noviembre, cincuenta años después, en 1993, acompañada por el primer bailarín cubano Lienz Chang, en el Gran Teatro de La Habana. Como puede apreciarse en una filmación de la susodicha función, a sus 62 años de edad y parcialmente ciega, nuestra Giselle eterna provocó con el lirismo inefable de su irrepetible genio artístico una reacción apoteósica en el exigente público que se dio cita en el templo habanero de la danza universal.

Pie de foto: Uno de los icónicos saludos de Alicia Alonso a la audiencia, captado por el lente de William Sauro/The New York Times, en el Metropolitan Opera House, 1977.



jueves, 21 de julio de 2022

Sófocles, un avezado en el sufrimiento humano

Por Leonardo Venta

Antígona, óleo sobre lienzo de Marie Spartali Stillman (1844–1927). La pieza representa la escena sofoclea 
en que la heroína llora a su hermano, en compañía de otra doncella. Los cuervos picotean el cuerpo de Polinices, 
mientras Antígona levanta una mano para espantarlos.

"¡Oh habitantes de mi patria, Tebas, mirad: he aquí a Edipo, el que solucionó los famosos enigmas y fue hombre poderosísimo; aquel al que los ciudadanos miraban con envidia por su destino! ¡En qué cúmulo de terribles desgracias ha venido a parar! De modo que ningún mortal puede considerar a nadie feliz con la mira puesta en el último día, hasta que llegue al término de su vida sin haber sufrido nada doloroso".  Fragmento de Edipo Rey, tragedia de Sófocles

     Nacido en Atenas hacia el 497/96 antes de Cristo, Sófocles –uno de los tres grandes dramaturgos de la antigua Atenas, junto con Esquilo y Eurípides– murió a los 90 años.

    En calidad de autor dramático, gozó de gran popularidad entre sus conciudadanos. Ganó su primer concurso trágico en las Dionisiadas del año 468, compitiendo con Esquilo; a partir de esa fecha, concursó en otras 29 festividades hasta el año de su muerte, obteniendo el primer premio en 18 ocasiones, y el segundo en 11 oportunidades.

     De sus numerosas obras dramática sólo se conservan siete tragedias: Áyax, Las Traquinias, Antígona, Edipo Rey, Electra, Filoctetes y Edipo en Colono. Sin embargo, se conoce la existencia de más de 120  de sus tragedias y dramas satíricos. 

     El teatro de la época no era un centro de reunión para recrear el ánimo ni un calco exacto de la vida ateniense. Incluso, la comedia griega, que tomaba sus temas de la vida política y social contemporáneas, aderezaba con anécdotas una agenda más profunda y ambiciosa. La tragedia, a la que Sófocles dedicó su vida, se dirigía a lo más intenso de la conciencia individual y colectiva.

     Las tragedias helénicas se representaban durante ciertos días del año. El festival principal se celebraba en la primavera, cuando grandes contingentes de personas se reunían, por varios jornadas sucesivas y durante la mayor parte del día, en un teatro al aire libre que acomodaba alrededor de 17 mil espectadores para presenciar un ciclo de presentaciones teatrales en medio de una gran excelsitud cívica y religiosa. Los ejercitantes de la tragedia en Atenas llevaban sobre los hombros una gran responsabilidad. Pero, al mismo tiempo, eran recompensados tanto en prestigio como económicamente.

     Antes de ser representada, cada obra debía ser aprobaba por una junta de selección, y el mero hecho de ser aceptada para su escenificación le confería enorme prestigio a su artífice. Cada creación competía con las de otros dos autores escogidos, y se seleccionaba un ganador por el voto de un panel de jueces, influenciados por la reacción del público. Cada autor debía entregar una serie de cuatro obras: tres tragedias, independientes entre sí o formando una trilogía sobre un tema específico, y una sátira de carácter más ligero.

     El arte dramático persigue  expresar en esencia los sentimientos y reflexiones incitados por la lucha del ser humano contra las fuerzas eternas que parecen regir su destino, como expresa Sófocles, “los encuentros del hombre con algo más que el hombre”. 

     El elemento propiamente musical, que daba relevancia a las partes corales, y la nota religiosa caracterizaban estas producciones teatrales. El drama es recitado o cantado por un coro que lo interpreta, consolida y comenta. El coro sofocleo tiende un puente entre el espectador y la representación en sí. A su vez, se integra a los sucesos, empinando el dramatismo de la acción. Al igual que el coro, el espectador se transforma en una especie de agente que examina y emite juicios sobre la propuesta dramática. A la vez, habla lo que los personajes no pueden o no se atreven a decir, en otros términos, opera como una especie de subconsciente.

     La tragedia griega debía contar una historia ya conocida del pasado heroico y legendario. Como el público ya dominaba los hechos de la acción, el dramaturgo tenía plena libertad de adentrarse en cualquier contexto que eligiera con el fin de exponer su tema. La puesta en escena no se basamentaba en el factor suspenso, no procuraba satisfacer una curiosidad fortuita, sino reexaminaba y profundizaba en las propiedades principales de la verdad.

     Sófocles renunció a la trilogía establecida por Esquilo, es decir,  cada una de las tres tragedias era la continuación argumental de la que le precediera, confiriendo autonomía temática y argumental a cada una de sus creaciones. Por otra parte, incrementó el número de actores hasta tres. Inicialmente, sólo había dos actores, por lo cual, esa aportación profundizó la complejidad de la trama. Además de eso, introdujo decorados diseñados de manera especial para cada una de las obras.

     En contraste con Esquilo, Sófocles redujo en gran manera la extensión de las partes corales. Sin embargo, aumentó de 12 a 15 sus miembros, generando a través del coro una especie de personaje colectivo, con sus propias acciones y diálogos, admirable lirismo, profundidad religiosa y gran relevancia dramática. En otra dirección, el coro aportó dramatismo al prólogo, cuya tradicional función se concretaba únicamente en explicar el argumento.

 Con relación a la acción dramática, Sófocles incursiona –especialmente en su tragedia Edipo Rey, cuyo protagonista mata a su padre y comete incesto con su madre– en el inconsciente, el autoanálisis, la fragilidad humana, el destino, el conflicto de voluntades, la ironía trágica y el contraste entre personajes: Antígona frente a Ismene, Electra frente a Crisótemis, Creonte frente a Hemón, Edipo frente a Yocasta, Ulises frente a Neoptólemo, entre otros.

     En la obra de nuestro poeta trágico, no existe expiación a través del dolor. El conflicto de sus héroes y heroínas es irremediable, como es el caso de Antígona –quien paga con su vida haber enterrado a su hermano Polínices en contra de los deseos del rey Creonte de Tebas–, y cuya solución no radica en leyes o reformas, sino en entender que la razón, la prudencia, la justicia y las leyes humanas son limitadas, imperfectas y en numerosos casos injustas. Sus personajes son aniquilados por fuerzas superiores a su voluntad, como reflejo del enfrentamiento entre la ley humana y la ley natural, cuya comprensión íntegra no está a su alcance.

     Sófocles, según su contemporáneo Frínico, uno de los creadores del género de la tragedia, "fue afortunado en la muerte, así como en la vida". Hay quienes afirman que se ahogó comiendo unas uvas que le había enviado el actor Calipides en las Antesterias, un festival ateniense celebrado en honor de Dioniso. Otros aseguran que murió leyendo Antígona mientras pronunciaba una larga frase sin tomar aliento. Además, se ha atribuido la causa de su muerte al enorme júbilo que le produjo el éxito de su obra Antígona en la competición. 

sábado, 5 de febrero de 2022

Apuntes sobre el 44.° Festival de Cine de Sundance

 Por Leonardo Venta

Cartel oficial de “Utama (Nuestro hogar)", una coproducción de Bolivia, Uruguay y Francia rodada en quechua y español, la cual conquistó el premio del jurado en la sección internacional del Festival de Sundance, el certamen más importante del cine independiente.

Al igual que sucediera el año pasado, el utaheño Eccles Theater, sin la presencia habitual de los artífices y seguidores de la llamada filmografía independiente, la cual surge a partir del rechazo al modo comercial de producción hollywoodense, el Festival de Cine de Sundance volvió a celebrar una ceremonia de premiación virtual el pasado domingo, 30 de enero, a cuyo formato se refirió su cofundador Robert Redford como "una evolución emocionante de perspectiva".

Dentro del evento, hubo  nueve sustanciosas jornadas de documentales basados en la historia de notorias personalidades, desde la serie de tres partes "Jeen-yuhs" –título que en la jerga urbana estadounidense significa genial y creativo/inteligente–, dirigida por los legendarios cineastas Coodie Simmons y Chike Ozah, que aborda la vida del rapero Kanye West desde finales de la década de 1990 hasta la actualidad; "The Princess" –realizada en su totalidad con imágenes de archivo y sin un narrador– transporta a la audiencia al turbulento matrimonio de Diana con el príncipe Carlos y examina la nociva persecución de los medios a la llamada Princesa del pueblo. "Es como una tragedia de Shakespeare, pero una que muchos de nosotros vivimos, e incluso participamos", ha declarado el director Ed Perkins, nominado al Óscar 2019 en la categoría de mejor documental corto por "Black Sheep (Oveja negra)", una realización que denuncia la existencia de opresión racial en Gran Bretaña.

Otro muestrario en honor a grandes personalidades es el filme "Lucy y Desi", dirigido por la actriz, comediante, escritora, productora y directora estadounidense Amy Poehler, el cual narra la historia de Lucille Ball y su esposo Desi Arnaz, desde sus humildes comienzos en RKO, uno de los cinco grandes estudios de la época dorada de Hollywood, hasta llegar a definir toda una era y un estilo dentro del marco de la televisión de Estados Unidos. “Teníamos muchas ganas de contar la historia de Lucy y Desi”, expresó Poehler en la sesión de preguntas y respuestas posterior al estreno.

Por su parte, el documental "Tenemos que hablar de Cosby", narrado y dirigido por Emmy W. Kamau Bell –ganador de tres Emmy por su programa de CNN "United Shades of America"–, explora problemas sociales complejos de la sociedad estadounidense, especialmente relacionados con el racismo, ofreciendo una mirada indagante y objetiva a la triunfante carrera y caída de Bill Cosby, separando su valor artístico de su tumultuosa vida personal. “Soy un hijo de Bill Cosby”, confiesa Bell, quien alega haberse criado admirando los programas familiares creados y protagonizados por Cosby en una etapa en la que pocos artistas negros sobresalían en la pequeña pantalla.

Otra selección que tuvo su debut en el Sundace fue la comedia de humor negro “Emergency”, realización de Carey Williams –sin buenas valoraciones de la crítica especializada– que explora el racismo y el privilegio de los blancos en Estados Unidos, a partir de una trama en que dos estudiantes negros y un latino acuden en ayuda de una mujer blanca, lo que conlleva a un aumento de contingencias que guardan en sí una denuncia al cacareado "trato discriminatorio" a las llamadas minorías en la patria de Abraham Lincoln.

En sus espiraciones de estreno, el Festival fue testigo del documental “La Guerra Civil”, una producción de DAZN Originals dirigida por Eva Longoria, basado en el combate de boxeo entre Oscar De La Hoya y Julio César Chávez, en 1996, y la problemática de identidad que impuso entre mexicanos y estadounidenses de ascendencia mexicana. “Esa pelea realmente dividió a la comunidad mexicana en los Estados Unidos”, dijo Longoria. “Dividió los hogares”, agregó.

Merecedora del gran premio del jurado en la sección internacional, "Utama (Nuestro hogar)", una coproducción entre Alma Films (Bolivia), La Mayor Cine (Uruguay) y Alfa Violet Productions (Francia), aborda la crisis climática y la globalización apoyándose en el estoico amor que una pareja de ancianos quechuas le profesa a su suelo, al decidir no abandonarlo a pesar de una intensa sequía. “No podemos irnos porque nuestra tierra quedará silenciada”, es una de las expresiones recogidas por el director Alejandro Loayza durante las sesiones del rodaje en pueblos originarios, y que incorporara al guion de la cinta.

El principal laurel del Festival correspondió al suspenso "Nanny", dirigido por Nikyatu Jusu, la historia de una senegalesa que trabaja como niñera para una familia neoyorquina, en su noble afan de ganar suficiente dinero para traer a su hijo a Estados Unidos. "Quería colocar el foco en las mujeres que típicamente son personajes secundarios en las historias de otras mujeres", comentó Jusu, cuya familia es de Sierra Leona.

El intenso documental del cineasta Shaunak Sen "All That Breathes (Todo lo que respira)" –la única cinta india que fue seleccionada y proyectada en Sundance este año–, se impuso en la categoría de documental mundial. A su vez, la comedia dramática "Cha Cha Real Smooth", de Cooper Raiff, conquistó la aprobación de la audiencia en el renglón concerniente al mejor drama. El filme fue comprado por la plataforma de Apple TV+ durante el festival, por 15 millones de dólares, hasta el momento el mayor acuerdo de Sundance este año.

"The Exiles", una conmovedora realización que revisita la experiencia de los disidentes de la masacre de la Plaza de Tiananmen, en China, se alzó con el gran premio del jurado a la mejor obra dramática y documental; mientras que "Navalny", de Daniel Roher, basada en la experiencia del disidente ruso Alexei Navalny, fue honrada con el premio de la audiencia y elegida como la favorita del festival. "Quiero que cada ser humano en el planeta Tierra conozca el nombre de Alexei Navalny", dijo Roher. El público, al mismo tiempo, eligió el documental brasileño "The Territory" y el drama finlandés "Girl Picture" entre sus preferidos.

viernes, 7 de enero de 2022

"Avec Le Temps" - Céline Dion - Subtítulos en español y francés


“Estrellas de hoy se encuentran con las estrellas del mañana”

 Por Leonardo Venta

Natalie Steele, integrante de Dmitri Kulev Classical Ballet Academy, será parte de la gran gala que se celebrará este sábado. Foto: Cortesía del Straz Center.  

Daniil Simkin, una de las luminarias que bailará este 8 de enero, interpretará el pas de deux de “El Corsario” junto a la solista Evelina Godunova, ambos bailarines del Staatsballett Berlin. Fotógrafa: Andrea Mohin. 
Irene Rodríguez en la interpretación de su propia coreografía "Amaranto", en la cual se hace acompañar de un hermoso mantón de manila. Fotógrafo: Alfredo Cannatello.

Veronica Jaspers es una brillante trainee (alumna en formación) del Next-Generation Ballet. Imagen/ Bay News 9.


     "Representar a Next Generation Ballet (NGB) significa que puedo mostrar a los demás que soy integrante de una escuela especial {Conservatorio Patel]. He visto mucho crecimiento en mí, así como en otros estudiantes en los últimos años, y estoy orgullosa de representar a una institución que ha formado a tantos bailarines inspiradores. En realidad, es un regalo pertenecer a un entorno tan positivo y alentador".

            Veronica Jaspers

     Prominentes figuras de la danza mundial compartirán escenario con noveles bailarines y bailarinas en la gala “Estrellas de hoy se encuentran con las estrellas del mañana”, que tendrá como sede a Tampa luego de un obligado largo receso debido a la pandemia de Covid-19.

            “Youth America Grand Prix” (YAGP, por sus siglas en inglés) –considerado como el mayor evento competitivo internacional para estudiantes de danza y una plataforma para visibilizar las potencialidades de jóvenes figuras de la disciplina en todo el orbe– celebra una nueva edición con una gran velada en la Sala Ferguson del Straz Center este sábado, 8 de enero, a las 8 p.m.

            Desde su fundación, “Youth America Grand Prix” ha ofrecido oportunidades a numerosos jóvenes bailarines  –entre las edades de nueve a 19 años, de diversos orígenes étnicos y culturales– con el fin de ampliar su radio de acción, brindándoles dominio escénico, perfeccionamiento técnico e interpretativo, consolidando, a la vez, una red sólida dentro de la comunidad artística, al expandir sus oportunidades para desarrollarse y triunfar en el maravilloso y exigente universo de la danza.

            Desde su fundación, “Youth America Grand Prix” ha ofrecido oportunidades a numerosos jóvenes bailarines  –entre las edades de nueve a 19 años, de diversos orígenes étnicos y culturales– con el fin de ampliar su radio de acción, brindarles dominio escénico, perfeccionamiento técnico e interpretativo, consolidando una red sólida y duradera dentro de la comunidad artística, al expandir sus oportunidades para desarrollarse y triunfar en el maravilloso y exigente espacio de la danza.

            Como ya es tradición, el evento contará con un maravilloso programa donde participarán grandes figuras y destacados estudiantes. Entre los anfitriones tuvimos la oportunidad de departir con Veronica Jaspers, para quien "parte del viaje de la danza es descubrir a dónde perteneces". Ella bailará dos variaciones clásicas, la primera es la Kitri de "Don Quijote" e interpretará el papel protagónico de "Giselle". Jaspers afirma que "estas variaciones fueron elegidas para mí debido a su diversidad. Kitri es muy ardiente y enérgica, mientras que Giselle es suave y tímida, lo cual muestra una variedad de estilos y personalidades diferentes".

            Entre las estrellas invitadas a la Gala figuran Evelina Godunova y Daniil Simkin, solista y primer bailarín del Ballet Estatal de Berlín (Staatsballett Berlin); Lauren Lovette, bailarina principal del New York City Ballet; Julian MacKay, bailarín principal del San Francisco Ballet; Irene Rodríguez, coreógrafa y estrella internacional de flamenco; José Sebastian y Katherine Williams, provenientes de las filas del American Ballet Theatre; así como los multilaureados jovencitos Elisabeth Beyer y Yuma Matsuura, integrantes del American Ballet Theatres Studio Company.

            El programa en dos actos –que  intercala la presentación de ganadores de las pasadas ediciones del “Youth America Grand Prix”, semifinalistas de la presente competencia (las estrellas del mañana), y las citadas figuras invitadas–, tiene una significación peculiar este 2022.

            "No hubo evento de gala el año pasado debido a la pandemia, sólo la competencia en sí. De esa forma, el regreso de “Estrellas de hoy se encuentran con las estrellas del mañana” es realmente emocionante después de una pausa de dos años", resalta Philip Neal, decano de danza del Conservatorio Patel del Straz Center y director artístico del Next Generation Ballet.

            Neal –también otrora bailarín principal del New York City Ballet– nos comenta con su acostumbrada elocuente concisión sobre el debut de Irene Rodríguez en el Straz Center: "Ha coreografiado una magnífica pieza de base flamenca, titulada 'España'. Cuenta con 14 bailarines del Next Generation Ballet, 9 mujeres y 5 hombres. Irene, que se estableció recientemente en Tampa, les seguirá con su propio solo de flamenco acompañada de los músicos Cristian Puig, Marlon Fernández, Samuel Luna y David Pate. Espero que la comunidad de nuestra ciudad reconozca su tremendo talento".

            Sobre la pieza que interpretará, la propia Irene nos señala: "Es una composición mia llamada 'Amaranto', nombre de la planta de la cual se dice que no se marchita nunca. Esta es una coreografía flamenca muy dramática e intensa, la cual he interpretado con anterioridad en el Joyce Theater de New York y en el Jacob’s Pillow Dance Festival, en la cual me acompaña un mantón de manila".

            El programa lo cierra el pas de deux de "El Corsario", uno de los fragmentos de ballet clásico más famosos y representados, en el que, según nos confiesa Neal, "será la primera ocasión en que Evelina Godunova (Staatsballett Berlin) actuará en Estados Unidos. Ella es una artista internacional en ascenso y está asociada con el superastro del ballet Daniil Simkin".

            En palabras del director artístico del Next Generation Ballet, la comunidad de Tampa tiene una oportunidad única para disfrutar de un muestrario de los mejores bailarines del mundo. "Tenemos artistas del American Ballet Theatre, New York City Ballet, San Francisco Ballet y Ballet Estatal de Berlín, quienes nunca antes se habían presentado en el Straz Center. Por lo tanto, la audiencia de Tampa podrá disfrutar de nuevos bailarines aclamados internacionalmente", puntualiza Neal.

sábado, 25 de diciembre de 2021

Carta abierta de Navidad

Por Leonardo Venta
"La adoración de los pastores" (1650), óleo sobre lienzo de Bartolomé Esteban Murillo, Museo del Prado, Madrid.

Agradezco a Dios la posibilidad de depositar mis más entrañables inquietudes en el sagrario de al menos un alma receptiva, la cual pueda ofrecerme la satisfacción de compartir con ella pequeñas grandes verdades, no ideales ni prescritas, mucho menos concretas, elevándolas al esclarecido seno de esta sincera reflexión.

 Al no conseguir elucidar un mejor modo de compartir mis abstracciones en esta preciada época del año –¡albricias por una nueva visita del milagro de la Navidad!–, concurro a ese interlocutor ideal que pueda ofrecerme la posibilidad de abrir una digna brecha difícil de explayar en otros recusantes destinatarios. Es más edificante escribir que aletargar inquietudes en el contiguo y generalizado receptáculo de la indolencia.

 "Hoy les ha nacido en la Ciudad de David un Salvador, que es Cristo el Señor", leemos en Lucas 2:11. Setecientos años antes, Dios había dicho, por medio del profeta Miqueas, que su Hijo nacería en Belén. La celebración navideña –que no tiene nada que ver con el consumismo que prolifera en la conmemoración del nacimiento de Jesucristo– podría ser espejismo de un principio de amor y fraternidad damnificado por nuestras malas acciones, eludiendo la idónea dádiva del Creador para con nosotros.

La esencia del misterio de esta festividad anual que estamos celebrando no radica en sus múltiples manifestaciones de cordialidad y entusiasmo, sino en el ejercicio y la suma de virtudes y valores que nos identifican con la Segunda Persona de la Trinidad. El filósofo y teólogo Santo Tomás de Aquino, llamado el Príncipe de los Escolásticos, define la virtud como un “hábito operativo bueno", una disposición habitual y firme a hacer el bien.

 Narran los biógrafos de San Francisco de Asís que en el mes de diciembre de 1223, en una localidad italiana de la provincia de Rieti, región de Lazio, el Santo de los santos se lamentaba de que la observancia de la Navidad había sido ensombrecida por la tendencia desenfrenada a obtener y derrochar bienes, no siempre necesarios. Angustiado, congregó a varios amigos, junto con algunos animales, y recreó, en gesto de humildad, la escena del pesebre, conocida como la Natividad.

 La singular experiencia de Rieti fue ejemplar, y a lo largo de los años esa práctica –a la que se agregaron los villancicos– se integró a la celebración del nacimiento del Mesías, oficializada en el año 345 por influencia de San Juan Crisóstomo y San Gregorio Nacianceno, padres y doctores de la Iglesia Primitiva. Aunque hay quienes consideran que la celebración del 25 de diciembre es el resultado de la deformación que sufriera el cristianismo a manos del paganismo, sigue siendo la fiesta más importante del año eclesiástico cristiano.

 Sin embargo, hay rituales navideños que no son de origen pagano. En 1742, Georg Friedrich Händel estrenó en Dublín el oratorio "El Mesías", con su célebre coro 'Aleluya'. Como sugiere el título, la composición recorre el nacimiento de Jesús, su muerte, resurrección y ascensión. Una de las piezas más populares de la sección de Navidad se basa en Isaías 9: 6: "Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz".

 Frecuentados compromisos, aglutinados estreses, intemperantes efugios etílicos y gastronómicos, ineptos obsequios, campañas publicitarias, caprichos materialistas, producciones de "Cascanueces" integran la nutrida lista de elementos que aderezan esta conmemoración. Para lenitivo del autor de estas líneas, no todo es profano en las festividades decembrinas; hay acciones de edificante significación espiritual que impelen a un estado interior de comunión con Dios.

 La Navidad es el tiempo propicio para fijar la mirada en "el iniciador y perfeccionador de nuestra fe", cuyas enseñanzas nos exhortan a amarnos los unos a los otros, perdonarnos al igual que Él nos perdona; fraternizar –con amor de madre a hijo– en tiempos favorables y de conflictos; así como consolar y socorrer, sin cuestionamientos, a aquellos que, por la razón que sea, atraviesan aflicciones.

 No importa cuánto anhelemos la paz, vivimos en un mundo amenazado por la violencia, la discordia y la codicia. Queremos ser honestos, pero la impudicia nos tiende emboscadas. Procuramos repartir buenas acciones; sin embargo, nos dejamos atrapar por los afanes de la vida y así procrastinamos –o anulamos– dichos buenos propósitos. Necesitamos perdonar, pero no lo hacemos, o lo cumplimos a medias. Afirmamos proponernos el bien ajeno, pero nos deslizamos hacia el egoísmo, la manipulación, la enfermiza competitividad, las murmuraciones, la xenofobia, el racismo, los prejuicios y el pernicioso orgullo.

 No es el costoso obsequio, ni el humilde gesto de cumplido, ni la entrañable cena de Nochebuena, ni el rencuentro con ese distante ser amado, ni la magia que desvanece el desaliento para transformarlo en esperanza, ni la ociosa lágrima que se sublima en tierno detenido gesto. La Navidad es atesorar la más meritoria de todas las dádivas: Jesucristo, cuyo nacimiento celebramos para que –según establece Tito 3:7– "justificados por su gracia fuésemos hechos herederos según la esperanza de la vida eterna".

 Esta Navidad del 2021, en la que seguimos afectados por una terrible pandemia que ha cobrado la vida de más de 5 millones de personas en el mundo, así como por guerras y conflictos de toda índole, debemos reconocer el esfuerzo y entrega de quienes han engendrado múltiples milagros del bien a nuestro alrededor, superando las manifestaciones nocivas que nos asedian. Propongámonos, pues, ser agentes de amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza, y démosle la más cálida bienvenida al protagonista del pesebre en nuestras vidas.



jueves, 25 de noviembre de 2021

A propósito del Día de Acción de Gracias

 Por Leonardo Venta

A través de "We Pray (Oramos)", pintura de acrílico de 18 x 24 pulgadas, la artista Basia Christ legitima su gratitud a los héroes de salud pública del Hospital Longs Peak de Colorado y ofrece sus oraciones a todos los afectados, de una manera u otra, por la pandemia de Covid-19.

"Entre los pecados mayores que los hombres cometen, aunque algunos dicen que es la soberbia, yo digo que es el desagradecimiento, ateniéndome a lo que suele decirse: que de los desagradecidos está lleno el infierno. Este pecado, en cuanto me ha sido posible, he procurado yo huir desde el instante que tuve uso de razón, y si no puedo pagar las buenas obras que me hacen con otras obras, pongo en su lugar los deseos de hacerlas, y cuando éstos no bastan, las publico, porque quien dice y publica las buenas obras que recibe, también las recompensara con otras, si pudiera".

Fragmento de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, novela de Miguel de Cervantes Saavedra

             El cuarto jueves de noviembre se conmemora en Estados Unidos el Día de Acción de Gracias (Thanksgiving Day), ocasión en que la mayoría de las familias estadounidenses se reúne alrededor de la mesa para celebrar. Aunque hay quienes evaden el origen religioso de esta festividad, la misma se fundamenta en la gratitud al Dios judeo-cristiano por sus bondades.

`             En 1621, después de que los peregrinos puritanos de Plymouth Rock (actual Massachusetts) recogieran la primera cosecha, el gobernador William Bradford proclamó un día de acción de gracias y oración. Luego se impuso en Nueva Inglaterra la costumbre de celebrar cada año la acción de gracias después de la cosecha.

En 1863, en medio de la Guerra Civil, el presidente Abraham Lincoln designó esa festividad para todo el país. Sin embargo, no se establece de manera oficial por el Congreso hasta 1941, en plena II Guerra Mundial, bajo la presidencia de Franklin D. Roosevelt.

No es nuestro propósito enfocarnos en el consabido origen de esta celebración sino en su propia esencia: la gratitud, dando como establecido que se arrebuja en una devoción absoluta a la soberanía del Dios de Jacob, en darle las gracias por su cuidado o provisión, así como en el amor al prójimo.

La gratitud es un don inefable. Su antítesis, el desagradecimiento, induce desilusión. "Entre los pecados mayores que los hombres cometen, aunque algunos dicen que es la soberbia, yo digo que es el desagradecimiento", certifica el personaje protagónico de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha. Pierre-Marc-Gaston de Lévis, conocido como el duque de Lévis-Mirepoix, expresó: "La ingratitud no basta para desanimar a la caridad, pero sirve de pretexto al egoísmo".

Existe una gran diferencia entre dar las gracias y el estar agradecido. Dar las gracias pudiera formar parte de una simple norma de urbanidad, carente de sinceridad. El legítimo agradecimiento va más allá de la mera cortesía. Algunos desconocen las dádivas recibidas, o las retribuyen con prisa para no quedar moralmente endeudados. “Demasiado apresuramiento en pagar un favor ya es una muestra de ingratitud”, afirma el filósofo y moralista galo François de la Rochefoucauld. Los peores pagan con la traición. Llamamos Judas a alguien que ha cometido una traición, fundamentándonos en el episodio bíblico del apóstol que entrega a Jesucristo al Sanedrín, por 30 monedas de plata. Cuando consideró las consecuencias de su acción, se suicidó quizá agobiado por los remordimientos.

Hay quienes reciben favores como si se les pagara una deuda. Pero no sólo están expuestos a equivocarse en ese sentido los que reciben dádivas. Existen dadores, aunque se lea extraño, que pueden hacer más mal que bien al brindar ayuda. Dar para resaltar una generosidad inexistente, humillando al que recibe, es un acto despreciable. Ofrecer una mano para conseguir algún tipo de disimulado beneficio, es igualmente reprochable. Ciertas personas, después de ayudar, le echan en cara al "beneficiado" la ayuda otorgada, lo comentan en cualquier esquina, o emiten comentarios despectivos e imprudentes que violan la intimidad y buena imagen del receptor del aludido favor.

No existe dádiva más preciada que la desinteresada, fomentada en la relación vencedor-vencedor, a traves de la cual se benefician ambas partes. Debe causar la misma satisfacción dar que recibir. Uno de los grandes desafíos para nuestra altivez es aceptar que alguien nos ofrezca ayuda. Por eso, debemos saber cómo y cuándo pedir y dar. Toda ayuda que rebaje la dignidad y estima personal de quien la recibe, es perniciosa.

Cuando ofrecemos, no debemos esperar nada a cambio y realizarlo con alegría, tal como lo sugiere el apóstol Pablo: "Cada uno debe dar según lo que haya decidido en su corazón, no de mala gana ni por obligación, porque Dios ama al que da con alegría" (2 Corintios 9:7).

Por otra parte, debemos estar agradecidos por todo lo que tenemos. El filósofo griego Epicteto dijo: “Sabio es el hombre que no se entristece por las cosas que no tiene, sino que se regocija por las que tiene”. Incluso, aunque parezca contradictorio, aquellos que creemos en un Dios amoroso, debemos agradecerle las aparentes pérdidas y derrotas. El personaje bíblico Job así lo demostró: "Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré allá. Jehová dio, y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito".

De las muestras de ingratitud  aprendemos: nos profundizan en la búsqueda de la humildad, nos obligan a redoblar nuestros esfuerzos, a cultivar nuestra paciencia, a pulir nuestra templanza, a alcanzar mansedumbre, a mirar hacia adentro, así como a sensibilizarnos ante la desgracia ajena.  Comúnmente, el que otorga favores espera algo a cambio. Sin embargo, no siempre se reciben muestras genuinas de agradecimiento. El escultor francés Auguste Rodin, célebre por la gran fuerza psicológica de su obra, enuncia un lenitivo para aquellos que hemos sufrido las zarpadas del desagradecimiento: "Saluda a la ingratitud como una experiencia que enriquecerá tu alma".

Asimismo, debemos recibir favores con gozosa humildad. "Y cuando sea necesario, vayan por limosna. Y no se avergüencen, sino más bien recuerden que nuestro Señor Jesucristo, el Hijo de Dios vivo omnipotente, puso su faz como roca durísima, y no se avergonzó", comenta San Francisco de Asís, quien entendía el pedir como una virtud que genera la alegría y nutre la humildad, postulado que tuvo en bien plasmar en la Primera Regla que escribió para regir la orden religiosa que fundara.

Aunque no nos lo propongamos, siempre recibiremos favores; de la misma forma, nos veremos involucrados en situaciones que nos precisen a otorgar ayuda. Cuando expresamos nuestra gratitud nos encauzamos en las cosas buenas que hacen los demás, lo que nos edifica espiritualmente. En el Nuevo Testamento, el apóstol Pablo aborda el tema de la gratitud al menos en 46 ocasiones. Pero quizá su exhortación más precisa la podemos leer en la 1.ª Epístola de Tesalonicenses 5:18: “Dad gracias en todo, porque ésta es la voluntad de Dios en Cristo Jesús para con vosotros”.

viernes, 29 de enero de 2021

En el 168.° aniversario del natalicio de José Martí

Por Leonardo Venta

“Retrato de José Martí”, óleo sobre lienzo a tamaño real, obra de Raúl García Huerta y sus alumnos,
donado al Centro Histórico Cultural Cubano de Tampa, el 19 de mayo de 1991.


"Cuando hay muchos hombres sin decoro, hay siempre otros que tienen en sí el decoro de muchos hombres. Esos son los que se rebelan con fuerza terrible contra los que les roban a los pueblos su libertad, que es robarles a los hombres su decoro. En esos hombres van miles de hombres, va un pueblo entero, va la dignidad humana".

               José Martí


No hay sonido más agradable al oído de la virtud que el que se desprende al pronunciar el nombre de José Martí. Cada año, alrededor de esta fecha, cada buen cubano lo proclama asido al anhelo de "admirar y hacer admirar" su humilde grandeza. El 28 de enero de 2021, en el 168.° aniversario de su natalicio, nos sumamos a este empeño.

            Todo lo que se diga sobre Martí corre el riesgo de convertirse en expresión repetida, pues por más de un siglo un holgado inventario de publicaciones y merecidos elogios engalanan su memoria. Si bien, para aquellos que saben atesorar la dignidad en su esencia más universal, el sentir martiano se renueva cada día.

            En marzo de 1870, con sólo 17 años de edad, fue condenado a seis años de trabajos forzados por haber escrito una carta reprobando la conducta anticubana de un compañero de estudios. Este hecho precisó el inicio de su vía crucis hasta la muerte en Dos Ríos, a la edad de 42 años.

            “Cuando muere lo hace en una batalla para despedirse con misterio y hoy que le celebramos la aparición, rindiéndole las gracias, seguimos tocándolo y reconociéndolo despacio para justificar el surgimiento de su germen, como si lo igualáramos a la semilla que necesita de su tierra”, afirma el otro José cubano: Lezama Lima.

            Sacrificó su bienestar y el de su familia, así como la continuidad y atención de su carrera literaria por amor a la libertad. No obstante, su prosa diáfana, aguda, y su verso elfo, asidos a la justicia, a la verdad y al amor, trazaron la brecha del movimiento modernista en la América española.

            No fue un escritor de torre de marfil sino un sagrario de amor. La estética de su obra no responde a una voluntad de estilo estudiado y preconcebido, tal como lo confiesa en el prólogo a su Ismaelillo, dedicado a su hijo José Francisco: “Tal como aquí te pinto, tal te han visto mis ojos. Con esos arreos de gala te me has aparecido. Cuando he cesado de verte en una forma, he cesado de pintarte”.

            Sus dotes de oratoria –como certifica su coterráneo Manuel de la Cruz: “… según los que le oían habitualmente, pocos oradores han dado a su palabra el tono, el calor y la fuerza que imprimía a sus discursos”– hinchieron el patriótico espacio del Liceo Cubano en su primera visita a Tampa, el 26 de noviembre de 1891, al pronunciar el discurso “Con todos y para el bien de todos”.

            Allí expone “la fórmula del amor triunfante, alrededor de la estrella de la bandera nueva”, y estimula el ánimo de sus compatriotas hasta el éxtasis cuando proclama: “¡Yo no sé qué misterio de ternura tiene esta dulcísima palabra [cubano], ni qué sabor tan puro sobre el de la palabra misma de hombre, que es ya tan bella, que si se la pronuncia como se debe, parece que es el aire como nimbo de oro, y es trono o cumbre de monte la naturaleza!”.

            En el mismo Liceo, pronuncia al siguiente día otro ferviente discurso, "Los Pinos Nuevos”, en una velada en memoria del fusilamiento por el colonialismo español de ocho inocentes estudiantes del primer curso de Medicina de la Universidad de La Habana, el 27 de noviembre de 1871. “Lo que anhelamos es decir aquí con qué amor entrañable, un amor como purificado y angélico, queremos a aquellas criaturas que el decoro levantó de un rayo hasta la sublimidad, y cayeron, por la ley del sacrificio”, denuncia la voz conmovida y firme del Apóstol.

            Clareó y cortejó, aun tratándose de artículos periodísticos, la sensible elegancia del lenguaje en su espiración más pura. Desde sus primeros bostezos literarios hasta el sobrecogedor Diario que precediera su desaparición física, derrocha lirismo, humilde franca probidad y primoroso desbordamiento de talento.

            Evocar a Martí es palpar el costado más sublime de las entrañas del género humano, la entereza y la genialidad; saciar –trémulo hasta las lágrimas– "el hambre y sed de justicia" presentes en el espíritu de las bíblicas bienaventuranzas, paradigma de una existencia consagrada al mejoramiento humano, al extremo de inmolarse por esa noble causa.



domingo, 10 de enero de 2021

Coppélia – Por Alejo Carpentier

En 1870 –el año mismo de esa Guerra Franco-prusiana de que tanto hablaban nuestros abuelos y que hoy nos parece algo así como una Guerra Púnica–, se estrenaba en París la partitura de Coppélia o la doncella de los ojos de esmalte, de Léo Delibes. Hoy, después de haber escuchado sus principales melodías hasta la saciedad, nos resulta casi imposible admitir que los críticos franceses de la época –los mismos que habrían de probar las ratas asadas del Año Terrible– se expresaran de esa partitura en términos parecidos a los que saludaron, en 1912, la aparición de Petrouchka: “Instrumentación singular… Exceso de colorido orquestal… Rebuscamiento en el manejo de los timbres”… Lo cierto era que el ballet de Delibes, por un evidente cuidado de la factura, por la preocupación de seguir muy de cerca los elementos de pantomima del segundo acto, significaba un seguro paso de avance sobre el ballet a lo Adam, que dictaba normas, en París, desde hacía más de treinta años. Desde este punto de vista, podía considerarse como un intento renovador.

 Hablábamos ayer de la majestad de Alicia Alonso en el ballet clásico. Hoy habría que hablar de su gracia juvenil, de su frescura, de su delicado humorismo, en el papel de Swanilda, la maliciosa visitante del laboratorio del Doctor Coppelius. Uno de los momentos capitales de su interpretación se encuentra, a mi juicio, en la Danza española y la Escocesa –bailadas una tras otra, en contraste– del segundo acto. En ellas ha podido apreciarse la ductibilidad coreográfica de Alicia Alonso, y su admirable sentido de la estilización. Sobre una música nada propicia a semejante alarde, la gran artista nos dio como una síntesis de la danza española tradicional, en que lo fundamental de pasos y ademanes aparecía expresado en una dinámica sucesión de siluetas precisas, con calidad plástica de bocetos en movimiento. De inmediato, la Escocesa, con sus pasos tradicionales –folklóricos, podríamos decir– vertidos al lenguaje de la Academia, nos llevó al ballet romántico, a la estampa de Walter Scott, con una finísima ironía que transformó a Alicia Alonso en una de esas figuras que adornaban, en planchas iluminadas, hacia el año 1940, esos encantadores periódicos que solían titularse: La Moda o Recreo Semanal del Bello Sexo o Álbum Musical y Poético de las Señoritas. 

 Todo el segundo acto fue una delicia de interpretación. En particular la escena en que Swanilda y sus amigos –¿por qué pensé en las petites filles modeles de la Condesa de Segur?– se instalan en medio del escenario para ver trabajar a los autómatas de Coppelius; las explicaciones mímicas de Swanilda, la famosa Danza de la muñeca, resultaron estampas logradas, que en ningún momento pretendieron apartarse de la época en que fueron concebidas. En efecto: en ningún momento se ha pretendido modernizar –como demasiadas veces he visto hacerlo– el ballet de Delibes. Se le ha dejado su carácter, dentro de la coreografía de Petipá y Fokine –tal como la representara siempre Anna Pavlova– con sus cabales pretexto para danzar, sus pasajes humorísticos, sus personajes de pantomima, y hasta sus ingenuidades, que se hacen, con los años, divertidas viñetas, hermanas del Lenguaje del abanico y el Lenguaje de las flores. 

 En conjunto: un lindo espectáculo, en torno a una gran bailarina. 

 El Nacional, 11 de agosto de 1951.

domingo, 6 de septiembre de 2020

Entrevista a Arturo Sandoval, a raíz de uno de sus conciertos en Tampa

Por Leonardo Venta

La sala Ferguson del Tampa Bay Performing Arts Center será el escenario ideal para la presentación de Arturo Sandoval con su orquesta este sábado, 24 de mayo, a las 7:30 de la noche.

El concierto ha generado una gran expectación entre los admiradores del músico que vuelve a Tampa precedido de numerosos premios, reconocimientos y la reputación de ser uno de los mejores trompetistas del mundo.

Su maestría con la trompeta, su innegable destreza al piano y en la percusión, así como el desenfado de su personalidad en escena, son factores que le han coronado de gran popularidad.

En noviembre de 2000, el canal HBO presentó "Por Amor o Patria: La historia de Arturo Sandoval”, filme que cuenta con una excelente banda sonora, grabada por el mismo músico.

La cinta, cuyo protagonista es Andy García, aborda la conmovedora historia de Sandoval, sus vicisitudes en Cuba, su historia de amor, su decisivo encuentro con Dizzy Gillespie, y su consiguiente exilio en Estados Unidos.

“Yo fui consultor de la película. Trabajé en el guión y la música. Estuve todo el tiempo en la filmación para estar seguro de que la cinta iba de acuerdo con la realidad”, declaró Arturo Sandoval en entrevista reciente a este semanario.

Sandoval nació el 6 de noviembre de 1949 en Artemisa, un pueblo pequeño que discute su jurisdicción entre Pinar de Río y La Habana. “Cuando yo nací pertenecía a Pinar del Río, aunque en la actual distribución de las provincias pertenece a La Habana”, afirmó

“Yo empecé a estudiar música como a los diez años con señores de mi pueblo que me enseñaron un poco de lectura musical, solfeo y teoría. Ya a la edad de 11 años tocaba en fiestas locales”, agregó.

Sandoval estudió trompeta clásica en la Escuela Nacional de Artes de Cuba y a los 16 años consiguió un puesto en la renombrada Orquesta Nacional. Integró la Orquesta Cubana de Música Moderna. De allí se desprendió el grupo Los Irakeres, del cual fue uno de los co-fundadores.

Los Irakeres se convirtió en la agrupación de jazz más importante de Cuba en su momento, con integrantes como el saxofonista Paquito D'Rivera y el pianista Chucho Valdés. Muy pronto cobró fama internacional, y en su presentación en el Festival de Jazz de Newport en Nueva York, en 1978, el público estadounidense tuvo la oportunidad de ovacionar a sus integrantes por primera vez.

“Los Irakeres fue una etapa bien bonita de la vida musical de todos nosotros. Experimentamos con varios estilos y varias formas de hacer música, algo que fue muy bien recibido por el público, sobre todo en los setenta”, indicó Sandoval.

“To Diz with Love” es un emotivo tema en el que el trompetista caribeño rinde homenaje a la figura de Dizzy Gillespie, el maestro del ‘bebop’ y gran amante de la música afrocubana, a quien Sandoval considera su padre espiritual. Los dos músicos se conocieron en Cuba en 1977, y su amistad sólo fue estorbada por la muerte de Dizzy, en 1992.

Con la ayuda de Dizzy, "La trompeta de oro", epíteto con el que Sandoval es reconocido, consiguió abandonar Cuba en 1990, para radicarse en Miami con su familia. En 1991, grabó su primer disco en tierra de libertad: “Flight to Freedom”.

Al preguntársele, 17 años más tarde, cómo considera la idea de regresar a Cuba, respondió: “Primero tiene que haber un cambio radical. No es problema de cambiar un personaje. Tiene que cambiar el sistema”.

“En Cuba fui muy ultrajado, me sentí humillado muchísimas veces, me sentí completamente subestimado. La mayoría de los recuerdos que tengo de Cuba no son muy gratos. Por eso yo no participo de esa nostalgia de la que mucha gente habla. No, no, no. Yo no pertenezco al grupo de los nostálgicos. Pertenezco al grupo de los que somos felices en Estados Unidos”, agregó.

La prensa especializada coincide en darle el título de gran virtuoso de la trompeta a Sandoval. “Me he dedicado toda mi vida con mucho amor y entusiasmo a estudiar mi instrumento, me entrego con gran pasión y dedicación a la música”, indicó.

Sandoval mantiene una agenda muy ocupada. “Ayer regresé de Alaska, antes estuve en Nueva York. Pasado mañana voy a North Carolina, de allí voy a Los Ángeles por una semana, y así me mantengo viajando”, aseguró. Finalizado su concierto en Tampa, viajará a Canadá, República Dominicana y España.

Cuando le preguntamos si él es un adicto al trabajo, respondió: “No, yo creo que eso no se aplica a mí. Cuando estoy trabajando, que nosotros no le llamamos trabajar, yo le llamo ‘cuando estoy tocando’, para mí eso es un placer, es una bendición”.

Ha compuesto (e interpretado) varias bandas sonoras de cine tales como "La Familia Pérez" y "Los Reyes del Mambo”. Cultiva con igual maestría la música popular y la clásica. Ha tocado como artista invitado para diferentes orquestas sinfónicas de todo el mundo, así como ha impartido clases en talleres musicales a nivel internacional. “He trabajado por 19 años como profesor en la Universidad Internacional de Florida en Miami, en donde resido con mi familia”, dijo.

“Me presento con mi banda de seis músicos cubanos en el Tampa Bay Performing Arts Center, ofrezco un repertorio variado con música original mía, jazz tradicional y moderno, ‘latin jazz’, música cubana, bolero, de todo un poco”, agregó refiriéndose a su concierto de este sábado.

sábado, 5 de septiembre de 2020

Tristes son las calles de la vida

Edición gráfica: Carlos Rosillo para El País 


Por Orlando Venta 

 

Tristes son las calles de la vida,

muy tristes.

No podemos entender al hombre,

no podemos aliviar su suerte,

sólo Díos puede

aliviar nuestras cargas.

 

El hombre no puede entender al hombre,

no podemos vaciar sus bolsillos

para atenuar el hambre de los pobres,

sólo ofrecer nuestra riqueza

a Dios,

sólo llorar por los que no pueden llorar,

y ser felices por los que no pueden ser felices,

agregar un asiento a nuestra mesa,

y pedir al Señor que el necesitado lo ocupe.

 

El hombre, pobre hombre abatido,

no sabe ofrecer lo que no tiene,

no sabe compartir,

tiene miedo de dar y no recibir nada a cambio.

 

Debemos pensar qué podemos

hacer para que otros lo hagan,

sólo hay que creer,

confiar en lo que está hecho

y servirá mañana

declarar en silencio las palabras

que sólo Dios escucha

para que Díos haga.

 

Esta noche duerme en la paz

del Señor.

Él reconfortará tu alma

y la mía.

El tendrá misericordia

y multiplicará los panes y los peces,

y convertirá el agua en vino

y andará sobre las olas

y levantará al caído.

Esta noche el Señor pondrá suerte,

sanará al enfermo

y cuidará tu sueño.

 

Esta noche, y no la otra,

seremos llenos de su poder

y declararemos victoria

No estés más triste,

Él te ama con un amor infinito.


martes, 11 de agosto de 2020

Una mirada a Pedro Páramo

La estatua en bronce del escritor Juan Rulfo, sentado en una banca del Jardín Central del pueblo, leyendo un relato a un niño, es uno de los lugares más visitados en Comala.

Por Leonardo Venta

El novelista y cuentista mexicano Juan Rulfo es célebre por su novela Pedro Páramo (1955). El hablante narrativo nos relata cómo el protagonista, Juan Preciado, va en busca de su padre, Pedro Páramo, en dirección a Comala, un lugar espectral y misterioso. Juan descubrirá que muchos habitantes del pueblo son literalmente sus propios hermanos, y que Pedro Páramo está muerto.

      Apenas llega a Comala, Juan Preciado observa "que en la hora en que los niños juegan en las calles de todos los pueblos llenando con sus gritos la tarde. Ahora estaba aquí, en este pueblo sin ruidos". Ya más adentrado en la trama, confiesa: "Cada vez entiendo menos (…) Quisiera volver al lugar de donde vine". Sin embargo, queda atrapado allí.

      A raíz de la publicación, en 1994, de los borradores de los Cuadernos de Rulfo ha podido desglosarse el tenaz y meticuloso proceso que dio vida a esta novela, despojada de todo afeite narrativo, ausente de cronología e, incluso, primada del silencio y del 'espacio sin límites' al que se refiere Rulfo, cuando señala que “... los muertos no tienen tiempo ni espacio. No se mueven en el tiempo ni en el espacio. Entonces así como aparecen, se desvanecen”.

      Según el propio Rulfo, nos enteramos de que la novela estaba conformada originariamente por trescientas páginas, pero el autor las redujo drásticamente con la intención de acercarnos más tácitamente al ambiente desolado que reina en el pueblo de Comala. Después de terminada nuestra lectura, pudiéramos preguntarnos si hemos despertado de una  pesadilla. "Hay pueblos que saben a desdicha. Se les conoce con sorber un poco de su aire viejo y entumido, pobre y flaco como todo lo viejo. Este es uno de esos pueblos, Susana", leemos en la novela.

      Es imposible leer Pedro Páramo, catalogada como una de las obras precursoras del boom latinoamericano, sin advertir una nueva forma novelística –en que se quebranta la unidad de estilo, espacio y tiempo de la narrativa decimonónica–, y en cuya trama divagan almas en pena, fantasmas, en un espacio que ha sido asolado por la violencia. La atmósfera es de ultratumba, de intemporalidad. Al respecto, el crítico mexicano Carlos Monsiváis expresa: “En nuestra cultura nacional, Juan Rulfo ha sido un intérprete absolutamente confiable (...) de la lógica íntima, los modos de ser, el sentido idiomático, la poesía secreta y pública de los pueblos y las comunidades campesinas, mantenidas en la marginalidad y el olvido (...)”. Para Borges, “Pedro Páramo es una de las mejores novelas de las literaturas de lengua hispánica, y aun de la literatura”.

      Según Carlos Fuentes, “(…) es la versión jalisciense del tirano patrimonial cuyo retrato hemos evocado en las novelas de Valle Inclán, Gallegos y Asturias". De acuerdo al ensayista, poeta, narrador, docente y crítico literario paraguayo Hugo Rodríguez Alcalá, “el cacique en cierne dispone el primero de los asesinatos gracias a los cuales se impondrá a la comarca por el terror”.  Para el crítico paraguayo, el personaje protagónico es “un contraste entre una zona delicada de su espíritu y la crueldad feroz con que aparecería ante los demás”. Logra mediante la violencia el poder, tierras, mujeres. Si bien, es incompetente de obtener el amor de Susana San Juan, uno de los personajes femeninos más importantes dentro de la obra.

      La imagen de la Revolución Mexicana se puede analizar en Pedro Páramo a través de la devastación de Comala, como una especia de paraíso perdido. La agobiante atmósfera que se respira allí es –para la académica Silvia Lorente-Murphy – "un ejemplo del éxodo rural mexicano que siguió a la Revolución; éxodo de un proletariado campesino que se trasladó a la ciudad en busca de nuevas fuentes de trabajo". La obra igualmente sugiere el fracaso de la revolución así como el sentimiento de desengaño y vacío de los mexicanos que se abrazaron a este proceso.

      Al analizar el tratamiento que se le da a la iglesia en Pedro Páramo, se le imputa su silencio a la injusticia y los abusos del caciquismo. Para Lorente-Murphy, la novela “apunta al tipo de ministro religioso que ya sea por irresolución o por conveniencia personal, cierra los ojos ante la injusticia y coopera, consecuentemente, con el aplastamiento del pueblo en manos de tiranos”.

      Del cine, tomó Rulfo las tomas de "primer plano" y "la cámara lenta"; empleó, además, la retrospectiva, el multiperspectivismo, desplazando el papel del autor como sujeto omnisciente para originar diversos puntos de vista, a través de los cuales el subconsciente y las diferentes voces narrativas ejercitan su capacidad de desarrollar el pensamiento crítico.

      La novela consta de dos tramas, que interactúan en dos niveles: el diálogo de Juan con Dorotea y la biografía del caudillo de la Media Luna, Pedro Páramo. La segunda trama complementa la primera. No obstante, la genialidad de la novela no se apoya en los temas –universales– que aborda –el amor, la codicia, la muerte, la violencia–, sino en la forma inusitada que los expone.  

      Si no hay habéis leído Pedro Páramo –un breve texto de aproximadamente 136 páginas– los invito a hacerlo. Y si sois apáticos a la lectura, podéis intentar ver el filme dirigido por Carlos Velo, basada en el libro homónimo de esta  novela de Juan Rulfo, estrenado en 1967. De una manera u otra, no debéis perder la experiencia de acercaros a esta gema de la literatura universal. 

 

Un remedio para el alma en tiempos de pandemia

Una oración por el coronavirus. Foto: Kham, Reuters. 

Por Leonardo Venta

"No seas sabio en tu propia opinión; / Teme a Jehová, y apártate del mal; // Porque será medicina a tu cuerpo, // Y refrigerio para tus huesos".                                                                                                                                                                                                                                                                                                  Proverbios 3:7-8.

La pandemia de coronavirus, con el consiguiente encierro que hemos venido practicando durante más de seis meses para evitar el contagio, ha afectado –de una manera u otra– nuestra salud física y mental, ocasionando crisis de angustia, cuadros depresivos, sensaciones de aislamiento y soledad, dificultades para dormir o concentrarse, así como el lógico temor y ansiedad con respecto a una enfermedad tan perniciosa como desconocida.  

            Lo reconozcamos o no, la actual plaga ha tomado el protagonismo de nuestro diario vivir. Las redes sociales están inundadas de estadísticas temibles, aderezadas con indiscutibles arteros afanes políticos que ambicionan, entre otros propósitos, manipular y obstaculizar la naturaleza perfecta del amor solidario.

            A pesar de que aún no recopilamos suficientes datos confiables, arribamos a prematuras conjeturas sobre las formas en que esta pandemia puede seguir afectándonos. Los vientos caóticos que le acompañan incluyen la preocupación de enfermarnos o que se enfermen nuestros seres queridos, el sentirnos sin control al no tener claro cómo enfrentar el encadenamiento ineludible de los sucesos.

            Labramos nuestro destino, moldeamos hasta donde podemos nuestra realidad, en tanto elementos extrínsecos desabotonan el curso de nuestro peregrinar dentro de un incesante y sorprendente proceso de reajuste. Tratamos de ingeniar acordes consonantes a las numerosas interrogantes y temores que nos acechan: la irresolución se yergue como única respuesta.

            El ser humano –que experimenta en mayor o menor grado la necesidad de realización, vida plena y supervivencia– presagia, más allá de todos sus logros y expectantes anhelos, la muerte, una de las preocupaciones cardinales del ser pensante.

            Al momento de escribir esta nota, había más de 737 mil fallecidos en todo el mundo y más de 166 mil en Estados Unidos, a causa del coronavirus. Tenaces nubes –en su impasible búsqueda de un lugar definitivo en los niveles superiores de la atmósfera– parecen anunciarnos desde sus ensombrecidas luminosidades la temible amenaza de la muerte.

            Nuestras ineptitudes –aunadas a las culpabilidades que achacamos a quienes no comparten nuestras ideologías– punzan nuestra indecible sed y hambre de sobrevivencia e inmortalidad. Nuestra fe, cualquiera que sea, parece desfallecer, para luego dar señales  de recuperación; nuestro parvo entendimiento no logra asimilar con cabalidad el apremiante caos que nos circunda. Nos esperanzamos en el proceso de esperanzar. Nos agitamos entre la confusión y el recelo. Nuestros conflictos, que han existido desde que la espesa niebla del desaliento se incorporara por vez primera a nuestro horizonte, vagan sobre las enrevesadas limitaciones que nos saturan.

            Entre revisitadas rivalidades y aprensiones, se profundiza en cada rincón de la tierra una crisis social, sanitaria y económica. Es cierto que existen pocos remedios eficaces para afrontarla. No obstante, en el orden personal hay un remedio infalible, si lo ponemos en práctica con cuidado y constancia: servir al prójimo, olvidando las propias aflicciones.

            La voluntad radical de servicio a la que me refiero no viene determinada por el inexplicable instinto de fusión en otro organismo, egoísta al fin, ni por las repetidas frases huecas sin un destino fijo, ni en el discurso manipulador que procura sus propios beneficios, sino en olvidar nuestras propias necesidades para concentrarnos en las de otros.

            Cuando el desaliento y la tristeza parecen nublar nuestras esperanzas, incorporar a nuestras prioridades las necesidades de aquellos que sufren alrededor nuestro suscita un gran efecto regenerador. En la sencillez de la cotidianidad, incluso en medio de la crisis que atravesamos, radican las grandes silenciosas humildes conquistas del alma.

            Siempre habrá alguien que sufra más que nosotros. He ahí, cuando, resistiendo el impulso de autocompasión, debemos trasladarnos a la tramoya donde nos aguardan anhelantes las penas ajenas.

            Los miembros de nuestro cuerpo –manos, brazos, pies, labios– se transforman en instrumentos de amor. Nuestras palabras dejan de ser notas de lamentaciones para entonar notas de cadencia samaritana. Aunque no seamos de mucha ayuda, mitigaremos en algo el dolor ajeno; y, dentro de ese edificante proceso, nuestra alma recuperará la salud quebrantada.

            Generosidad, caridad, civismo, preocupación por las pequeñas necesidades ajenas; incluso, paciencia para soportar lo que nos desagrada, nos harán elevarnos sobre nuestras propias flaquezas. ¡Cuán admirable es alguien que colmado de penosas cargas ayuda a sobrellevar las ajenas! ¡Nada es más impresionante que repartir compasión en medio de nuestra propio infortunio!

            Como sugiere el epígrafe que he escogido  para esta reflexión, un alma saludable es mejor que cualquier medicina para el cuerpo. El remedio más efectivo para subsanar nuestros padecimientos es auxiliar al prójimo. Siendo de ayuda a otros, veremos nuestros sufrimientos esfumarse, y a la llegada del alba, cuando hayamos despertado de la presente pesadilla, "abrazaremos al primer hombre", con entrañable afecto vallejiano, para juntos echarnos a andar.